

Hanna Arenth designa tres actividades fundamentales en el hombre: labor, trabajo y acción, las cuales denomina vita activa. Son fundamentales porque cada una corresponde a una de las condiciones básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida en al tierra. Labor es la actividad que corresponde al proceso biológico del cuerpo humano, está ligada a las necesidades biológicas. El trabajo es la activada que corresponde a lo no natural del hombre, es decir, proporciona un “artificial” mundo de cosas. La acción, una actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, sólo él es capaz de desempeñarla, y su condición es la pluralidad, tal condición es la que permite la vida política. Por lo cual, si los hombres fueran de una misma manera, la acción sería un lujo innecesario, una inconsecuente interferencia en las leyes generales de la conducta, si los hombres fueran de manera interminable repeticiones reproducibles del mismo modelo, cuya naturaleza fuera la misma para todos y tan predecible como la naturaleza de cualquier cosa. La pluralidad es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá. Si los hombres no fueran diferentes, no necesitarían el discurso ni la acción para entenderse.
En el hombre confluyen, de manera imprescindible discurso y acción. Debido a la configuración de esta unidad, se produce, en los hombres, el enlace necesario entre singularidades y pluralidad. El hombre es un ser único, absolutamente original e inconfundible con respecto a los demás, y entre todos conforman una totalidad, a lo que la autora denomina pluralidad, lo que se caracteriza por estar constituidas por individuos totalmente diferenciados entre sí. Revela la cualidad de ser distinto, así los hombres se diferencian en vez de ser meramente distintos, son, los modos en que los seres humanos se presentan unos a otros, no como objetos físicos, sino como hombres. Una vida sin acción ni discurso está literalmente muerta para el mundo, ya que por ellas nos insertamos en el mundo humano. Actuar, significa tomar la iniciativa (comenzar), poner algo en movimiento. Acción y discurso está tan estrictamente interconectados porque el acto primordial y humano debe contener al mismo tiempo la respuesta a la pregunta trazada a todo recién llegado: “¿Quién eres tu?” la respuesta a esta pregunta es alguien tanto en sus palabras como en sus actos, pero la conexión entre discurso y revelación, es mucho más cercana que entre acción y revelación, al igual que la afinidad entre acción y comienzo es más estrecha que la que existe entre discurso y comienzo, sin embargo la mayoría de los actos se realizan en modo de discurso. Sin el acompañamiento del discurso, la acción no sólo perdería su carácter revelador, sino también su sujeto. De esta manera, puede ocultarse en silencio y perfecta pasividad, y su revelación se da manera involuntaria, es decir, que el “quien” se presenta inconfundible a los demás. Esta cualidad reveladora del discurso y de la acción pasa cuando las personas están con otras. La acción debido a su inherente tendencia a descubrir el agente junto con el acto que sólo es posible en la esfera pública. Por lo cual, sin la revelación del agente en el acto, la acción pierde su específico carácter y pasa a ser una forma de realización entre muchas, y el descubrimiento sólo resulta del acto mismo. La fusión de acción y discurso tiene gran relación con la esfera de asuntos humanos, ya que se da entre los hombres y a ellos se dirigen. La relevación del “quien” mediante el discurso, y el de un nuevo comienzo a través de la acción.
La acción no es posible en aislamiento, estar aislado es lo mismo que carecer la capacidad de actuar. La acción y el discurso necesitan la presencia de otros, al igual que la fabricación requiere la presencia de la naturaleza para su material y de un mundo en el que colocar el producto acabado. Porque el actor siempre se mueve entre y relación con otros seres actuantes, pero nunca es simplemente un “agente”, sino que siempre y al mismo tiempo es un paciente. Ya que la acción actúa sobre seres que son capaces de sus propias acciones, la reacción (que siempre es una respuesta) continuamente es una nueva acción que toma su propia resolución y afecta a los demás. De esta manera, la acción y la reacción entre hombres nunca se mueven en círculo cerrado y nunca pueden limitarse a dos participantes.
Acción y discurso implican impredictibilidad, el hombre es principiante por sí mismo, mediante el discurso se revela a sí mismo, son elementos primordiales en la configuración de la identidad, ya que allí convergen universalidad y particularidad. La acción como el discurso exceden lo particular, y sólo cobran existencia al interior de una comunidad, cualquiera que esta sea, se trata del espacio de aparición, el espacio donde aparezco ante otros como otros aparecen ante mí, y los hombres existen no meramente como otras cosas vivas, sino que hacen su aparición de manera explícita. Este espacio no siempre existe (todos los hombres son capaces de actos y palabras), estar privado de esto significa estar privado de realidad. La realidad del mundo está garantizada por la presencia del otro.
Para concluir, digo, conocer la constitución antropológica, cómo es el hombre estructuralmente, cuáles son sus necesidades y prioridades, nos permitirá tener una visión más completa y acabada en situaciones, en donde el hombre vive una situación límite, determinando en él aquello que le es esencial.