cabecera
Eskilarapeko Ateneoa
Etxebizitza guztiontzat
Navegación por palabras clave:
Historia   Berdintasuna   Etxebizitza   solidaridad   Emakumea   Autogestión   foro   laboral   No time for love   libertari@   Informazioa   cultura libre   Ermua   Argazkiak  
Sitio desarrollado con SPIP
Valid XHTML 1.0 Strict
Valid CSS!
Licencia Creative Commons
Esta obra está
bajo una licencia
de Creative Commons
.
Portada del sitio > Global > Análisis del Existencialismo es un Humanismo de Jean Paul Sartre
Versión para impreimir Versión imprimir | Pincha para enviar este artículo por email Enviar por email
Análisis del Existencialismo es un Humanismo de Jean Paul Sartre
Domingo 19 de abril de 2009, por Romina Soledad Bada

Sobre el autor…

Jean Paul Sartre nació en París, el 21 de junio de 1905, hijo de Jean Baptiste Sartre y Anne Maire Schweitzer. El 17 de septiembre de 1906 muere su padre que era oficial de marina, a causa de una fiebre contraída en uno de sus viajes por el sureste asiático. Durante su infancia y los primeros años de su juventud Sartre será educado en un medio burgués e intelectual que marcará buena parte de su formación intelectual, pero que irá evolucionando hasta terminar por ser considerado un símbolo del pensador comprometido con los problemas de su tiempo.

En 1915 Jean Paul inicia sus estudios en el Liceo Henri-IV de París, donde conocerá a Paul Nizan, nacido el mismo año que él. Dos años después, en 1917, su madre, que se había vuelto a casar con Joseph Mancy, director de las fábricas Delaunay-Belleville, se traslada a la Rochelle, con el abuelo de Sartre. Jean Paul continuará sus estudios en el Liceo de la Rochelle, hasta 1920, en que volverá al Liceo Henri-IV, de París. En 1924 Ingresa en la École Normale Supérieure, donde coincidirá con Raymond Aron, Paul Nizan, Simone de Beauvoir y Maurice Merleau-Ponty. Tras finalizar sus estudios, en 1929 consigue el primer puesto de su promoción en la "agrégation" de filosofía (concurso para el desempeño de un puesto de profesor en los Liceos, equivalentes de nuestros Institutos de Bachillerato). Simone de Beauvoir, segunda de la misma promoción, se convierte en su compañera.

En 1931 toma posesión de su plaza como profesor de filosofía en el Liceo del Havre, puesto que ocupará posteriormente de 1936 al 1939, tras un periodo dedicado a su profundización en los estudios de filosofía. En el verano del 31, poco después de la proclamación de la República, realiza un viaje a España con Simone de Beauvoir. Dos años después, residirá en Alemania, donde permanecerá un año como becario en el Instituto francés de Berlín, completando así sus conocimientos de la fenomenología de Husserl, al tiempo que asiste a la expansión del nazismo. De nuevo en Francia, regresa a su puesto de profesor de filosofía. Durante el mes de febrero de 1935, y con el fin de investigar la percepción, Sartre consumirá mezcalina, lo que le conducirá a una depresión, acompañada de alucinaciones, que le durará seis meses.

En 1936 el "Frente popular" consigue imponerse en las urnas, en Francia, en una época en la que el avance del nazismo y del fascismo en Europa parece ya imparable, como se verá pronto con el golpe franquista contra la República española. Sartre es destinado al Liceo de Laon. Al año siguiente será destinado al Liceo Pasteur, en Neuilly, al lado de París, donde comenzará su proyección como literato y filósofo en 1938, con la primera edición de "La náusea", obra con la que alcanzará un gran éxito. Posteriormente, en 1939, publicará "El muro". En ese mismo año empieza a escribir "La edad de la razón" y "El ser y la nada".

Sartre será movilizado en septiembre de 1940, ante la inminente guerra con Alemania, siendo destinado a la 70ª división, en Essey-lès-Nancy, y luego trasladado a Brumath y Morsbroon. La ofensiva alemana se inicia el día 1 de mayo. El 23, Paul Nizan muere en el frente. El 21 de junio Sartre es hecho prisionero en Padoux, sin haber llegado a pegar un sólo tiro, y llevado al campo de Trèves. Se fuga del campo de Trèves en marzo de 1941, haciéndose pasar por un civil. En abril retomará su puesto en el Liceo Pasteur de París. Una vez consumada la ocupación de París por las tropas nazis, tras el derrumbe inesperado del ejército francés, la actividad cultural se ve limitada y censurada, pese a lo cual publicará en 1943 la primera edición de "Las moscas", que será representada en París, en plena ocupación, y de "El ser y la nada". Simone de Beauvoir publica, ese mismo año, "La invitada". Sartre se adhiere al "Comité nacional de escritores" y colabora con los periódicos clandestinos "Combat" y "Lettres françaises". Conoce a Albert Camus. Sartre vive estos años un periodo de intensa creatividad, combinada con la actividad política, que continuará con éxito en los años siguientes.

En 1945 participa, junto con Simone de Beauvoir, entre otros, en la creación de la revista "Les Temps Modernes". También de ese año es la edición de los dos primeros volúmenos de "Los caminos de la libertad", a la que seguirán, en los años siguientes, en 1946, la primera edición de: "Muertos sin sepultar", "Reflexiones sobre la cuestión judía", "La puta respetuosa", "El existencialismo es un humanismo". En 1947, la primera edición de "Baudelaire" y del primer volumen de la serie "Situaciones".

También en 1947 defiende a Nizan, difamado por los comunistas. Rompe definitivamente con Aron. El existencialismo se encuentra en pleno auge, así como la fama de Sartre. En 1948 se publica la primera edición de "Las manos sucias". Su obra es puesta en el Índice por el Vaticano. Colabora con el periódico "La Gauche". Creación del R.D.R. (Rassemblement Démocratique Révolutionaire), que abandonará al año siguiente, en octubre. En 1949 publicará la primera edición de "La muerte en el alma". Albert Camus publica, en 1951, "El hombre rebelde", duramente criticado por los existencialistas y la revista "Les temps Modernes", dirigida por Sartre, crítica considerada como el preludio de la ruptura entre Camus y Sartre que se consumará al año siguiente. Por su parte, Sartre publicará la primera edición de "Le diable et le Bon Dieu" y, en 1952, la primera edición de "Saint-Genet, comediante y mártir". Tras anteriores disputas, malentendidos o confrontaciones entre ambos, se producirá un acercamiento entre Sartre y los comunistas. Dos años después, en 1954, se producirá la ruptura con Merleau-Ponty, a quien había conocido en su época de estudios en la Ecole Normale Supérieure. De ese mismo año es su primer viaje a la URSS. Es nombrado vicepresidente de la asociación Francia-URRS.

En 1956 participa en los actos que tienen lugar contra la guerra de Argelia, año en que publica también la primera edición de Nekrassov. En 1957 se produce la ruptura con el partido comunista francés (a consecuencia de la intervención soviética en Hungría). Ese mismo año publica la primera edición de "Cuestión de método", y trabaja en la "Crítica de la razón dialéctica". En 1960 publica la "Crítica de la razón dialéctica" y "Los secuestrados de Altona". También firma el manifiesto de los 121 sobre el derecho a la insumisión.

En 1963 tiene lugar la primera edición de "Las palabras". Continuando con su interés por el comunismo realizará una nueva estancia en Moscú, en vistas a constituir una "Comunidad internacional de escritores". En 1964 rechaza el premio Nobel de literatura. Ese mismo año participará en la edición del primer número de la revista "Nouvel Observateur", apadrinada conjuntamente por Pierre Mendès France y Sartre, y que jugará un papel de primer orden en la vida política francesa en los años siguientes. En 1968 Sartre apoya las reivindicaciones de los estudiantes, en las revueltas de mayo, y participa en las asambleas de la Sorbonne. Posteriormente acusará al partido comunista de haber traicionado la revolución de mayo.

En 1971 publicará los dos primeros volúmenes de "El idiota de la familia" (ensayo sobre Flaubert). Crea, con Maurice Clavel, la agencia de prensa "Libération", que se constituirá en un medio de expresión alternativo, frente al monopolio de los pesos pesados de la prensa francesa, y que, pocos años después, dará paso a periódico diario, que se sigue manteniendo activo en la actualidad. En 1972 publicará el tercer tomo de "El idiota de la familia". Un año después, editará "Teatro de las situaciones". También en 1973 se produce la publicación del primer número del diario Libération, el 22 de mayo, del que será director durante un breve período, al verse obligado a abandonar la dirección por razones de salud. Finalmente muere el 15 de abril de 1980 en el hospital Broussais.

Análisis de la obra

Lo primero que plantea Sartre es el concepto de existencialismo definido como una doctrina que hace posible la vida humana y que declara que toda verdad y acción implica un medio y una subjetividad humana.

La mayoría de la gente, según dice este autor, utiliza la palabra existencialismo sin saber realmente lo que significa; tiene tantos significados y se usa para describir tantas cosas que realmente acaba por no significar nada. Parece ser que el existencialismo se está convirtiendo en una moda.

Posteriormente platea la existencia de dos escuelas existencialistas: la «católica» y la «atea» a la que él pertenece. Estas dos escuelas tienen en común la idea de que la existencia precede a la esencia. Esto significa que el hombre empieza por existir y que si no es definible es porque empieza por no ser nada, es decir, conforme va creciendo y adquiriendo conocimientos se va convirtiendo en ese algo que esta formando el mismo. Por eso el autor dice que el hombre es el único que no solo es tal como el se concibe, sino como el se quiere.

A saber: el existencialismo ateo saca las teorías necesarias para afirmar la inexistencia de Dios. Considera que afirmar la existencia de Dios es afirmar que Él es un ser en el cual la existencia precede a la esencia, y que en la consecuencia, si se afirmaba que Dios no existía, debe haber otro ser en el cual la existencia precede a la esencia, y este otro ser es el hombre, la realidad humana. De allí que afirma este autor… el hombre surge en el mundo y sólo después se define por sus actos. Así, el hombre no es otra cosa que lo que él hace por medio de sus actos, y éste es el primer principio del existencialismo, del cual se deducen todas sus demás posiciones.

El hombre es proyecto: lo primero que establece es que el hombre es un proyecto que vive subjetivamente, y que el hombre será, en consecuencia, lo que él mismo haya proyectado ser. En este sentido, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Lo cual no indica que sea responsable de su estricta individualidad, sino del ser de todos lo hombres, esto porque la palabra «subjetivismo» tiene dos sentidos: (1) Por un lado quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo y (2) Por otro, indica la imposibilidad del hombre de sobrepasar la subjetividad de la humanidad.

De acuerdo al segundo significado, para los existencialistas, cada hombre se elige, pero al elegirse, elige también a todos los hombres, ya que al crear con nuestros actos al hombre que somos, subjetivamente creamos también una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser.

Así, al elegir ser esto o aquello estamos afirmando el valor de lo que elegimos, pues siempre que elegimos, elegimos el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo también para todos o para los otros. Por eso la responsabilidad va mucho más allá de nuestra pura individualidad, porque compromete a la humanidad entera.

El hombre es angustia: Debido a que el hombre no puede escapar al sentimiento de esta total y profunda responsabilidad, el único modo de hacerlo es por lo que Sartre llama «mala fe» que consiste en la actitud de enmascarar la angustia separándose de la responsabilidad de su acción, su elección, en relación con el resto de la humanidad, ya sea atribuyéndole esa responsabilidad a un ente superior (actitud cristiana) o declarando que de su modo de actuar no tiene por qué seguirse el modo de actuar del resto de la humanidad. Básicamente dice que el hombre, cada vez que actúa y que elige, se está decidiendo que ese acto es bueno y que, por lo tanto, toda la humanidad debe adecuarse a él.

Evidentemente, esta responsabilidad que el hombre siente le produce angustia, pero no es una angustia que lleve a no realizar ninguna acción o a estar inmóvil, sino, por el contrario, es la condición misma de toda acción.

El hombre en el desamparo: dice Sartre que la responsabilidad y la angustia llevan al hombre al desamparo y al abandono. Esto es, si Dios no existe, con Él desaparece toda posibilidad de encontrar valores prioritarios. No hay un bien que sea para siempre y perfecto al cual nos sujetemos en nuestra acción porque no hay una inteligencia infinita y perfecta que lo piense. En consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. Esto muestra que no hay excusas que valgan para salirse de la responsabilidad y de la angustia. Y si bien, el existencialismo no cree en el poder de la pasión, si afirma que el hombre es entero y totalmente libre.

El hombre es libertad: En esta instancia muestra el autor que no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que hagan legítima nuestra conducta. El hombre está condenado a ser libre porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. Y como este «hacer» implica un «hacerse» (porque no está predefinido por una naturaleza) está condenado a cada instante a inventar al hombre. Con lo mencionado, destaco dos cuestiones: primero el hombre no puede buscar en sí mismo lo fundamentos de su acción, en sus instintos, en sus sentimientos, porque éstos se manifiestan en los actos mismos, por lo tanto su conocimiento es posterior a la acción, de modo que difícilmente puede construirse en su fundamento; y segundo no habría ninguna moral general que pueda establecer qué es lo que hay que hacer.

Otro elemento que se une a la angustia y al desamparo es la desesperación, pero no en el sentido que le dan los cristianos, sino en el sentido de que nos debemos limitar a contar con lo que depende de nuestra voluntad, los posibles en la medida en que están insertos en nuestra acción, pero no podemos obrar con esperanza cuando se entiende ésta como la confianza en posibles que escapan a nosotros, por ejemplo, no podemos confiar en la bondad humana, porque ello supone una naturaleza humana que no existe. Es decir, nos limitaremos a contar con lo que depende de nuestra voluntad o con el conjunto de probabilidades que hacen posible nuestra acción y nada más.

En definitiva, el único elemento que hace legítima nuestra manera de actuar es el compromiso con la misma acción, asumiendo la angustia, la responsabilidad y el desamparo, lo cual no es necesaria para la esperanza. Pero el no tener esperanza no lleva a estar estático, sino todo lo contrario, porque sólo hay realidad en la acción, el hombre no es nada más que su proyecto o el conjunto de sus actos, todo lo que está fuera de su acción no es real.

Esto transforma al existencialismo en la doctrina más optimista del hombre, puesto que pone su destino en el hombre mismo, no en la adecuación a una moral extrínseca a él, existe solo una moral de acción y de compromiso. Esto significa que dicha ciencia le brinda al hombre la posibilidad de escoger lo que quiera, no como el cristianismo que pone el destino de los hombres en manos de un ser superior dejando al hombre sin libertades, cosa que jamás se le podrá quitar.

La subjetividad: Sin duda el punto de partida del existencialismo es la subjetividad humana. El «pienso luego existo» de Descartes es la verdad absoluta de la conciencia captándose a sí misma, fuera de esto, todos los objetos de conocimiento son sólo probables, y para definir lo probable, para hacerlo verdad, hay que partir de una verdad absoluta, que se alcanza en el captarse a sí mismo sin intermediarios, con ello el hombre no puede ser considerado como objeto, y en esto se encuentra la raíz de la dignidad humana.

¿Por qué humana y no de cada individuo? Porque la subjetividad del cogito no es una subjetividad individual, ya que en el cogito no solo se descubre uno a sí mismo, sino a sí mismo frente a otro, de modo que el otro es tan cierto para nosotros como nosotros mismos. El descubrimiento de mi libertad me hace descubrir inmediatamente la existencia de una libertad colocada frente a mí, que es tan necesaria como la mía propia. Así, lo que se ha mencionado como subjetividad es más bien una intersubjetividad, en el cual cada uno decide lo que es y lo que son los otros.

La condición humana: Si es imposible encontrar una esencia universal que constituya la naturaleza humana, existe, sin embargo, universalidad humana de condición. Por condición debe entenderse el conjunto de límites prioritarios que bosquejan su situación fundamental en el universo, ya que para nadie varía la necesidad de estar en el mundo, de estar en el trabajo, de estar en medio de los otros y de ser mortal. Estos límites tienen una faz objetiva porque se encuentran en todo y son en todo reconocibles y una faz subjetiva porque son vividos y no son nada si el hombre no los vive, es decir, si no se determina libremente en su existencia por relación a ello.

En consecuencia, todo proyecto, por más individual que sea, tiene un valor universal, en el sentido de que todo proyecto es comprensible para todo hombre. Esta universalidad del hombre no es una universalidad dada, ajena a él, sino que es una universalidad constantemente construida por su acción libre, por lo tanto, esta universalidad no niega la relatividad subjetiva de cada individuo y de la situación que le corresponde vivir.

La moral: La subjetividad de la que se menciona no implica una absoluta gratitud en la acción, el poder hacer lo que uno quiera, ya que el actuar absolutamente libre no es asimilable a actuar por capricho, ya que actúa de acuerdo a una situación en la que está comprometido por su acción, y en la que compromete con su elección a la humanidad entera, construyendo su moral como se construye una obra de arte, en la cual haya una absoluta libertad pero no capricho. Pues si bien no hay valores prioritarios anteriores a la acción, se descubren valores posteriores en el resultado de la acción y su coherencia con la voluntad de creación.

Por lo tanto, si bien no se puede juzgar el proyecto de otro de acuerdo a una moral objetiva, se le puede juzgar en cuanto a que el elegirse puede fundar su elección en la verdad o el error, y de este modo se puede decir que un hombre es de mala fe cuando funda su elección en el error (la excusa en sus determinaciones). Pero este es un juego lógico, no moral. La mala fe es una mentira, porque esconde la total libertad del compromiso.

El único juicio moral posible es el que se deduce de la afirmación de que la libertad no puede tener otro fin que quererse a si misma, es una condición lógica al desamparo al que nos referimos, puesto que nada hay más allá del hombre, y el hombre se hace en la libertad, su fin debe ser la búsqueda de la libertad.

Al querer la libertad nos damos cuenta de que depende enteramente de la libertad de otros, y que la libertad de otros depende de la nuestra, por lo tanto, al tomar como fin nuestra propia libertad, necesariamente debemos tomar como fin también la libertad de los otros.

El reconocimiento de esto, de que en el hombre no está precedida la existencia por la esencia, y de que no puede menos que querer la voluntad propia y de otros, se denomina autenticidad total, y con ella por la voluntad de la libertad ya mencionada, se puede formular juicios sobre los que tratan de ocultar toda su libertad.

De este modo, se podría llamar cobardes a los que intentan ocultar toda su libertad e inmundos a los que tratan de mostrar que su existencia es necesaria. Así, esta moral de la autenticidad, si bien en su contenido es variable, tiene cierta forma universal.

El contenido es siempre concreto, y por lo tanto imprevisible, pues en él siempre hay invención. Lo único que tiene importancia es saber si esa invención se hace en nombre de la libertad, pero en el plano de lo concreto, se puede elegir cualquier cosa si es en el plano del libre compromiso.

En cuanto a los valores existencialistas, dice Sastre… si se ha suprimido a Dios es necesario que alguien invente los valores, lo que significa que la vida no tiene un sentido prioritario, le corresponde a cada uno darle un sentido, y el valor no es otra cosa que el sentido que se elija y que se inventa.

Finalmente expone su visión de lo que es el humanismo que lo interpreta como una teoría que toma como fin un valor superior. El existencialismo, sin embargo, no tomará jamás al hombre como fin porque está siempre por realizarse.

El sentido en que el existencialismo es humanista está en que entiende que el hombre está continuamente fuera de sí mismo… proyectándose, actuando existe el hombre, por lo cual está en un constante rebosamiento de sí mismo, trascendiendo, pero esta trascendencia es en el mismo universo humano, porque no hay otro. El estar presente constantemente en el universo humano es lo que, en definitiva, es el humanismo existencialista.

Bibliografía

Sartre. J. P. (2000), El existencialismo es un humanismo, Ed. Edhasa, Barcelona.

Fuente: http://www.webdianoia.com/contempor...

Comentar este artículo



Puedes participar en la vida de este sitio comentando los artículos publicados. Si quieres participar más activamente ponte en contacto con nosotr@s escribiendo a ermukoateneo@nodo50.org. También puedes subscribirte a nuestros boletines informativos en este enlace.