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Reflexiones en torno a la actualidad.

CIA -Coordinadora Informal Anarquista [México] 15.05.06

GANE QUIEN GANE ¡TODO SIGUE IGUAL!

Por la extensión de la lucha más allá del abstencionismo
-Reflexiones Insurreccionalistas en torno a la actualidad mexicana.
Contribución a la crítica incendiaria

Otra vez el circo electoral “Mal de muchos, consuelo de pendejos” (Refrán
popular mexicano que invita al conformismo)

Si leemos las publicaciones anarquistas que se editan en México por estos
días, sean impresas o electrónicas, encontraremos una constante: el llamado
unánime a no votar.

Sin importar a qué corriente representan el grito es al unísono: ¡NO VOTES!
Con muy, pero muy pocas excepciones (¡Qué las hay! Están los anarco-PRDistas
que nos hablan de las bondades de la “ciudad de la esperanza”) que todavía se
atreven a señalarnos el espectáculo electorero como “vía transformadora”. Pero,
aún dentro de esa banda de oportunistas que conforman el anaco-PRDismo y la
“Autonomía” a merced del Instituto de la Juventud del Distrito Federal, bajo
pomposas e infladas siglas (jugando con las mismas letras y, siempre con
idénticos objetivos), la constante es la misma: ¡NO VOTES! Quedando inmersos en
el doble juego de “apoyamos la otra campaña” en la letra y, en los pesos,
perdón, en los hechos, “seguimos nuestro coqueteo con el Sol Azteca”.

Pero, dejando a un lado a esta bola de “autónomos”, “anti-autoritarios” y
“resistentes” y, toda la mierda oportunista que representan, nos encontramos a
nuestr@s compañer@s –un@s adeherid@s a “la otra” y, otr@s, en busca de
“otra” más anárquica y antijerárquica– enrolad@s ¡tod@s1 en el llamado a no
votar.

Desde luego que coincidimos con esta convocatoria. También compartimos los
mismos principios que nos invitan a no participar en este circo y a no hacernos
eco de toda la ilusión que esconde el espectáculo democrático disfrazado de
“oportunidad de cambio” y garante de la “paz social”.

Conocemos el discurso mentiroso del Estado-Capital, para continuar cambiando
de caretas dejando intactas sus bases: la explotación y la opresión.

Sabemos que gane quien gane en esta contienda, todo seguirá igual. L@s
oprimid@s y explotad@s seguirán sobreviviendo y resistiendo los embates de la
hidra, quizá gozando de unos eslabones nuevos, unos centímetros más larga la
cadena remachada a su grillete, pero continuarán sumidos en su condición de
esclavos, ilusionad@s por la llegada de algún nuevo profeta, algún Mesías
“revolucionario” que les conduzca al paraíso, a la “sociedad sin clases”, al
“socialismo”, al “comunismo”, a la “Anarquía”.

Es por eso que decimos: ¡LLAMAR A NO VOTAR TAMPOCO CAMBIA NADA!
Si nuestro llamado se queda en letra muerta, en el papel impreso, en nuestros
volantes y periódicos, en el ciber espacio que le da “vida” virtual en nuestras
web, en los blogs y foros electrónicos. Si nuestro llamado no golpea donde
duele, si nuestro mensaje no es el punto de partida para el no retorno de esta
sociedad; si nuestra convocatoria no es para abandonar la muerte y dar comienzo
a la alegría, al placer de vivir la anarquía, somos tan cómplices del
espectáculo y tan continuadores de esta sociedad de muerte (perpetuando las
bases del Estado-Capital) como el policía, el torturador, el burócrata o el
líder sindical.

Acompañando la crítica a esta sociedad debe ir el ataque implacable a sus
instituciones y guardianes; de la mano de nuestras palabras ha de ir el fuego
destructor, la metralla liberadora, alimentando la teoría con la práctica y la
práctica con la teoría; de lo contrario, nos convertimos en falsos críticos, en
obstáculo para la libertad y, en reproductores del sistema de muerte,
explotación y opresión, que decimos querer destruir.

El eterno debate o el eterno retorno al Capital
“Aquellos que reclaman lo posible, jamás logran nada. Pero aquellos que
reclaman lo imposible, al menos logran lo posible”.M. Bakunin

L@s explotad@s y oprimid@s tienen callos por los siglos que llevan
encadenados. Ya se acostumbraron a la cadena. La sienten parte suya. Han llegado
a amarla.

La explotación asume formas y modelos ideológicos diversos para garantizar la
acumulación capitalista, ofreciendo unos centímetros más de cadena o,
acortándola, según sea el caso. Así, dependiendo del grado de ilusión que
quieran vendernos, encontraremos modelos ideológicos que ofrecerán cadenas
cromadas, cadenas de plata y, hasta cadenas de oro, para acotar o alargar la
“libertad” de sus esclavos. Otros, permanecerán atados por ferrosas cadenas en
modelos abiertamente despóticos

El Capital vende ilusión por realidad. Son l@s explotad@s y oprimid@s quienes
la compran. Por eso, la tarea debe ser percatarse de la ilusión y preocuparse
por individualizar la realidad.

Para el Capital las cosas marchan bien como están, pueden estar fundadas
sobre el espectáculo ilusionista más grande del mundo, no importa, las ganancias
serán mayores.

L@s explotad@s se conforman con la ilusión y sueñan, de vez en cuando, con
fascinantes sublevaciones y baños de sangre que les permitan vengarse por todas
las infamias y afrentas, pero se dejan llevar por la verborrea de los nuevos
guías políticos. El partido revolucionario alarga la perspectiva ilusoria del
Capital a horizontes que éste último por sí sólo, no podría alcanzar jamás.

L@s explotad@s y oprimid@s se prestan al juego. Seducid@s ante la ilusión
prefieren continuar con las cadenas a dejar de vivir en el ensueño. Reprimen sus
deseos de libertad irrestricta, temen concretarlos y continúan entregados a los
sueños. El temor al no retorno, al fin definitivo de la ilusión, a la ruptura
total de las cadenas, evita que se concrete el deseo armado, la anarquía
posible, que hace viable el ataque a la sociedad de la muerte, opresión y
explotación.

La lucha tiene que entenderse como el ataque permanente a la dominación. Aún
aquellas luchas específicas que nos parecen atractivas, con fines concretos e
inmediatos, no podemos entenderlas de otro modo que no sea el ataque constante
al poder del Estado y el Capital.

El contenido de las luchas específicas, no está divorciado del objetivo que
nos incita: la destrucción del Estado-Capital. Sin embargo, esta perspectiva que
inspira a la insurrección a tod@s l@s anarquistas, no es la perspectiva que
asumen todos l@s explotad@s y oprimid@s. Esas luchas específicas se enfocan a
las asquerosas reivindicaciones y se desarrollan dentro del marco del “derecho”;
y esto no sólo abarca a aquellas que se gestan dentro de los límites del “circo
electoral”, sino también al discurso que emana de “el otro circo”, es decir, de
“la otra campaña”.

Esto nos invita a ser “compañer@s de viaje” en todas aquellas luchas donde
encontremos un mínimo de componentes que las conviertan en espacios de nuestro
interés y, por tanto, estemos dispuest@s a dar nuestras energías. Un componente
indispensable es entender la lucha como ataque. Como insurreccionalistas, no
sólo entendemos el ataque como la práctica que en lo inmediato se traduce en
destrucción o daños materiales cuantificables y/o acciones “espectaculares”
contra sus instituciones y sus guardianes; sino cualquier manifestación concreta
de rechazo y/o ruptura con el poder que se combate.

Dentro de una óptica de lucha esto es muy importante, porque pone en evidencia
que una actuación en perspectiva conecta toda una serie de prácticas, acciones y
manifestaciones, en que la lógica del ataque es evidente en el conjunto de la
intervención; aunque sus aspectos particulares no resulten en lo inmediato como
ataque.

Aquí es donde la lucha contra la farsa democrática y el circo electoral
intenta alcanzar objetivos específicos parciales. Pero la guerra social no tiene
objetivos parciales; nuestros objetivos son la destrucción total del
Estado-Capital. De esta manera, se logra captar el interés de grupos más amplios
que actúan como catalizadores de la guerra, al coincidir en la necesidad de
desenmascarar la ilusión electorera, y nos permite ampliar los márgenes de la
guerra.

Señalamos la función catalizadora de estos grupos y la nombramos como tal, con
el fin de evitar confundirnos; ya que si bien activan el proceso de reacción y
varían la velocidad de la misma, permanecen sin alterarse y no modifican las
condiciones de equilibrio.

Sólo los sectores de l@s explotad@s y l@s oprimid@s conscientes de su
explotación y opresión estarán dispuestos a destruir la ilusión y la sociedad
que la genera. Ést@s son l@s que desean romper sus cadenas y alcanzar el punto
de no retorno. Y cuando nos referimos a l@s explorad@s y oprimid@s “conscientes”
de su explotación y opresión, no estamos suscribiendo el programa marxiano y sus
tesis metafísicas y demás chingaderas propias del misticismo protestante alemán
y sus pretendidas diferencias entre “clase en sí” y “clase para sí”, que,
lamentablemente algun@s compañer@s anarquistas admiten; y, a partir de esa
inadvertida contaminación, continúan las influencias burguesas sobre nuestras
ideas, asimilando la aritmética del poder y rindiendo pleitesía al Rey Ábaco.
Convirtiendo el eterno debate en el eterno retorno al Estado-Capital.

La ilusión reformista y la Anarquía “Nosotros no construimos, nosotros
demolemos; nosotros no anunciamos nuevas revelaciones, nosotros destruimos las
viejas mentiras”A. Herzeen.
A estas alturas del partido todavía hay compañer@s que enlistan sus sueños y
le hacen la carta a los Reyes Magos. Esperan que (después de portarse bien,
apostarle a la organización de “masas” y cargarse de paciencia para esperar la
llegada del día “D”) se les cumplan sus ilusiones y les traigan de regalo la
sociedad ideal, sin dios ni amo ni patrón.

Creer en la viabilidad de “las transformaciones” en las estructuras
productivas, sociales y culturales es prolongar la ilusión hipnótica, continuar
dándole vida al espejismo que nos brinda el Estado-Capital. Sin embargo, aún
subsisten dos instrumentos de referencia de “transformación”: la
social-democracia (donde convergen la mayoría de los partidos de izquierda
electorera), y el populismo “socialista” del Siglo XXI (donde confluyen la
mayoría de los movimientos sociales actuales, los residuos de las
autodenominadas “vanguardias” leninistas –sean grupos armados o frentes
populares– y, algunos partidos de la izquierda parlamentaria que recurren al
trasnochado nacionalismo revolucionario y al anti-imperialismo).

Ambos instrumentos (aparentemente opuestos en el discurso pero con idénticos
objetivos políticos), nos intentan convencer, cada uno desde su muy particular
óptica, que el modelo productivo –basado en la necesidad de un crecimiento
continuo y depredador– puede seguir funcionando (creciendo y acumulando) con tan
sólo un poco de maquillaje y/o, pequeñísimas intervenciones de cirugía estética
que lo hagan “más humano” y que el crecimiento que se genere permitirá una
redistribución “más justa”de la riqueza resultante.
¡Esto es totalmente falso! Esta nueva máscara “humanista” con que se pretende
cubrir el modelo productivo, no consigue ocultar su verdadero rostro: la
explotación.

El apotegma del populismo “socialista” del Siglo XXI y de la socialdemocracia
de “crecer para después distribuir” es insostenible. En primer lugar, porque la
Tierra no permite que el modelo productivo continué creciendo cuantitativamente
de manera indefinida y, en segundo lugar, porque es inadmisible un mayor
crecimiento cuantitativo que, hipotéticamente, después redundará en beneficio de
los sectores más marginados de la sociedad mediante los mecanismos de
redistribución del Estado “revolucionario” (dentro del esquema del populismo
“socialista”del Siglo XXI) o del Estado del Bienestar (desde la óptica
socialdemócrata).

Y es aquí, conscientes de la ausencia de futuro, donde es preciso arremeter
contra todo lo existente, dinamitando las bases del crecimiento, la producción y
la acumulación.




La necesidad de librarse del determinismo y de todas las tesis metafísicas
marxianas
“... la revolución es necesario hacerla y no esperarla. He aquí porqué
cualquier acto contra el Estado y contra los demás pilares del actual régimen,
es necesario y, por tanto, plausible.”
Severino Di Giovanni

El marxismo es un producto decimonónico y, como todo lo que parió aquel
siglo, nació condicionado por la visión positivista de la evolución histórica y
del desarrollo tecnológico-científico, admitiendo al sistema industrial generado
por la burguesía como un instrumento de progreso, y considerando la
“interdependencia”de las fuerzas productivas como una “socialización” objetiva
de las mismas. Lo que explica esa pasión por el “progreso”, la “productividad” y
el “crecimiento” presente en casi todas las corrientes marxistas y en los
burócratas de la dictadura cubana y del Estado venezolano, así como en los demás
remanentes del capitalismo de Estado (Corea del Norte, Viet-Nam y China).

El marxismo, fundamentado en la teoría hegeliana de la historia, identifica
al proletariado como agente revolucionario en sí, con la ineludible misión
histórica de desarrollar el socialismo, a través de la dialéctica de la lucha de
clases, sin considerar que ha sido precisamente el capitalismo quien le ha dado
vida a la clase obrera y que sus intereses y capacidades están en función de las
fuerzas productivas, útiles –indiscutiblemente- a la racionalidad capitalista.

Hoy, el obrerismo marxista (y anarco-sindicalista) ya no puede imaginarse como
herramienta útil en el desarrollo de una práctica revolucionaria. Las viejas
ideas sobre la naturaleza de la clase (clase “en sí” y “para sí”) y la lucha de
clases no son adecuadas para analizar la actual situación. Sin embargo, much@s
compañer@s –carentes de perspectivas- intentan perpetuar la ideología sindical.

Las limitaciones del sindicalismo, no están exclusivamente determinadas por la
degeneración de su estructura (ligada al desempeño de sus funciones específicas
y al crecimiento de sus afiliad@s), sino que son típicas de la estructura de sus
relaciones con el capitalismo.

El programa concreto del sindicalismo se puede resumir en colaboración a la
estructura productiva del capitalismo. Dado que las funciones del sindicato (aún
los autodenominados revolucionarios y combativos) son de tipo reivindicativo y,
para reivindicar es necesario, primero, salvaguardar la vida y la eficacia de la
parte oponente. De lo contrario no tendría sentido la reivindicación y con ello,
el motivo mismo de la existencia del sindicato.

Concentración monopolista del Capital y concentración sindical del trabajo, se
contraponen en el justo balance. Pero esta crítica certera al sindicalismo puede
también ser utilizada de modo equivocado. L@s marxistas la han empleado (de
hecho la usan) para acarrear agua para su molino, llegando a la conclusión de
que la solución frente al sindicato es el Partido “Comunista”, el partido de los
trabajadores, el partido obrero (embrión de un Estado dentro del Estado
burgués).

Otra de las críticas tradicionales al sindicalismo son las que provienen de
l@s compañer@s anarquistas y que, precisamente, van dirigidas contra aquella
parte del movimiento anarquista que insiste en el anarcosindicalismo, como hace
tiempo hacían énfasis en el sindicalismo revolucionario, en forma unívoca, sin
intentar analizar los límites y las peligrosas contradicciones del sindicalismo
en general.

Con esto no queremos decir que el sindicato o el partido político, no puedan
conducir a la Revolución. Desde luego que sí, pero determinarían las condiciones
revolucionarias (paralelamente al desarrollo de otras condiciones) así como de
hecho (en el propio proceso de la explotación) las determina el capitalismo.

Si realmente queremos destruir al Capital y al Estado, tenemos que deshacernos
de los sindicato y de los partidos.

Si bien los sindicatos y los partidos no son un fin, tampoco son un medio.
Para que puedan considerarse como un medio, es necesario que sea entendido como
medio de preparación revolucionaria y no como medio para el mantenimiento de la
explotación, sino es que medio de preparación de la contrarrevolución. El
problema de la presencia del sindicato y el partido obrero en la sociedad es el
problema político de poder, como el de la presencia de cualquier otra
organización de poder concurrente al Estado. La dinámica concreta con que estas
maquinaciones se desarrollan asume características tan particulares que a veces
resultan difíciles de comprender las contradicciones superficiales, pero esto no
afecta en lo absoluto la verdadera sustancia del asunto.

El principio fundamental del anarquismo es que la elección de los medios acaba
por condicionar los fines. No es posible confiar en el papel de un sindicato o
en la autoridad de un partido, esperando su destrucción tras la revolución:
acabarían por transformar la revolución misma: No es posible confiar en las
tácticas del reformismo, creyendo alcanzar un objetivo preciso, porque este
objetivo se alejaría en el propio curso de la reforma. No es posible utilizar la
estructura estatal tras la revolución, como no es posible usar la ideología
productivista, porque la sola presencia de estas estructuras acaba por ser causa
de las mismas degeneraciones que en el período burgués.

Solamente basando la elección de los medios en la decisión autónoma de l@s
oprimid@s y explotad@s, se puede esperar que no se desvíe hacia falsos fines,
superpuestos a los verdaderos que la lucha debe perseguir. Esta elección en sí
es ya un hecho revolucionario. Es impensable una relación de “guía” en sentido
autoritario y tampoco la teorización sobre la inocuidad del fin en relación con
los medios. En otras palabras, si la Revolución Social (entendida como la
destrucción total de esta sociedad de muerte, como el fin del Capital y el
Estado), es el fin; los medios adecuados no podrán ser jamás un sindicato, un
partido guía, un mítico conductor o algo semejante.

La organización social actual no sólo retrasa, sino que impide y corrompe toda
práctica de libertad.
A partir de esta reflexión sobre el problema de la elección de los medios,
podríamos llegar a concluir que, en cuanto este punto de partida esté
garantizado, la consecución del fin propuesto se convertiría en un fenómeno
determinado desde el principio con toda certeza. Evidentemente, si razonáramos
de este modo, estaríamos totalmente equivocados. Continuaríamos arrastrando un
residuo determinista que, incluso, muchas veces está presente entre l@s
compañer@s que tienen en cuenta que el fin condiciona los medios.

Este es, de hecho, un principio que prevé la libre disponibilidad de la
voluntad humana, la capacidad de autodeterminarse, la estructura mínima de base
en forma autogestionaria; pero, al igual que todos los principios no puede
asumirse como absoluto.

Si la elección de los medios viene dada de manera que no se distorsione la
consecución del fin revolucionario, se tiene la certeza de que la acción en sí
misma se encamina hacia la dirección correcta; pero no garantiza que no
encuentre en el curso de su desenvolvimiento modificaciones por la parte
contraria, es decir, por parte del poder que se quiere destruir.

En la práctica, el razonamiento determinista, pasa por alto que el problema
revolucionario no se basa solamente en la relación entre medios y fin, sino que
también se ve afectado en la relación dinámica entre poder y fuerzas
emancipadoras, es decir, en la guerra social.

Sólo la constante verificación de las relaciones con el poder, del conflicto
social, de las condiciones históricas de este antagonismo, de los medios
escogidos para alcanzar los objetivos revolucionarios, puede prever este
peligro. Y semejante proceso es de tipo voluntarista, hace referencia
directamente al voluntarismo anárquico manifiesto en l@s oprimid@s
sensibilizad@s sobre las posibilidades reales de lucha.

Pero la voluntad no tiene capacidades milagrosas. La voluntad no puede
determinar acontecimientos que no corresponden a situaciones ya existentes en la
realidad; sólo puede acelerar estos procesos, es decir, puede contribuir a
cambiar el curso de la historia.

L@s anarquistas insisten en construir una organización de la sociedad que
parta de la base que garantice la libertad de tod@s, las necesidades y una igual
distribución de los bienes. Esta insistencia es una acción voluntaria y
consciente que casi siempre encuentra una realidad social muy diferente, reacia,
la mayoría de las veces, a esta solución. Nuestra tarea como anarquistas es
actuar sobre esta realidad para dirigirla, tanto como sea posible hacia las
expectativas insurreccionales.

En la realidad concreta actúan fuerzas de composición y dirección muy
diferentes: Las fuerzas de la reacción, patrones y servidores que sostienen la
explotación, l@s explotad@s que a veces luchan por su liberación de manera
inconsciente, las minorías autoritarias que guían a l@s explotad@s hacia la
construcción de un nuevo poder, de una nueva explotación, de una nueva opresión
y no hacia la destrucción del poder, hacia la abolición de la explotación, hacia
el fin de la opresión. Sobre esta realidad que llamamos guerra social, debe
actuarse concretamente, sin idealizar las teorías ni la misma acción. Así,
evitamos la peligrosa idealización del voluntarismo. Su idealización nos
impediría una visión de la realidad.

La necesidad de confrontación y de verificación: El ataque concreto y la
extensión de la lucha
“Nadie se excuse con el deseo de participación en cosas más grandes: nadie
esconda su propia cobardía diciendo que no sale a la calle si no es para cambiar
el mundo. ¡Poco, es mejor que nada!”E. Malatesta.

Si abandonamos definitivamente el ilusionismo y el determinismo dialéctico,
encontraremos que l@s explotad@s no son portadores de ningún proyecto
emancipador. Su única comunidad es el Estado-Capital, de la que pueden escapar
sólo a condición de destruir todo aquello que l@s hace existir como explotad@s:
trabajo, salario, mercancía, roles y jerarquías. El capitalismo no sólo no
sienta la base material del Comunismo sino lo obstaculiza –aquella famosa
falacia marxiana que aseguraba que la burguesía “forja las armas que le darán
muerte”. La teoría marxista se equivocó de plano al suponer que el desarrollo de
las fuerzas productivas podría ser la base material del Comunismo.

L@s explotad@s no tienen nada que autogestionar, a excepción de su propia
negación sobre su condición de explotad@s, autogestionando la lucha. Sólo así se
librarán de sus amos, sus guías, sus redentores y sus apologistas maquillados de
las más diversas maneras.
En esta “inmensa obra de demolición urgente” debe encontrarse, cuando menos,
la alegría, el placer de destruir todos los puentes de la recuperación, el gozo
de quemar todas las naves del retorno. Alejados, definitivamente, del dolor.

El dolor es lo que ha caracterizado las luchas históricas y lo que ha sido
totalmente recuperado a través del mecanismo de la guía “revolucionaria”. Y con
este dolor, el sentido de religiosidad que le acompaña, el sentido de “rescate”
y de “venganza”. Lo que ha sido recuperado íntegramente es el sentido de
religiosidad de la lucha, ligado de manera indisoluble a la situación de miseria
y sufrimiento de l@s explotad@s.

A un cambio objetivo en el sufrimiento y la explotación, corresponde un cambio
en la religiosidad. No debemos, sin embargo, confundir religiosidad con
religión. La religión comporta un sentimiento de religiosidad en el pueblo que
no deriva en modo alguno de los absurdos mitos de la religión, sino de la
situación de sufrimiento en la que el pueblo se encuentra. Abolir la
explotación significa la desaparición de la religión. En este sentido por
religiosidad de l@s explotad@s entendemos la necesidad de guía, de punto de
referencia, la necesidad de un partido. .

Y esta necesidad es la que ha sido recuperada constantemente en la historia
porque el sufrimiento ha sido constantemente reconstituido, aunque bajo
diferentes formas y distinta intensidad.

Contra los vestigios de “religiosidad” el anarquismo debe luchar con todas sus
fuerzas, intentando empujar a l@s explotad@s a la lucha emancipadora en primera
persona, explicando que el deseo de “venganza” tiene sus orígenes “en la oscura
noche bíblica de la religión del pasado, que hoy debe ser visto objetivamente
como residuo irracional que las élites ascendentes aprovechan para relanzar una
vez más a las masas a la desesperación y al embrutecimiento” (A.M.Bonanno).

Si el punto de partida de la lucha son objetivos específicos, el circo
electorero, por ejemplo; no tiene que golpearse necesariamente a las
estructuras-instituciones relacionadas con la ilusión del voto democrático. Los
partidos políticos, el Instituto Federal Electoral (I.F.E.) y demás
instituciones dedicadas a legitimar esta farsa, son sólo una parte, un aspecto
de la manifestación real del Estado-Capital, cuya existencia depende de la
interrelación entre cada una de sus partes: desde las instituciones
político-militares-judiciales, a las de control y manipulación de la
información; los centros productivos y de distribución de la mercancía así como
las sedes del Capital financiero.

Esta complejidad de interrelaciones y estructuras son el enemigo real, por
tanto, nuestra lucha no puede limitarse a golpear un sector específico, un
aspecto, o durante un momento particular. Más allá del tiempo de elecciones
continúa la lucha.

De este modo, los objetivos que nos propongamos en la lucha contra la farsa
electoral, han de ser objetivos válidos en otras situaciones diferentes que
superan este momento concreto. Estos objetivos podrían catalizar e interesar
además de l@s abstencionistas conscientes, a sectores de l@s explotad@s
sensibles a la lucha.

La lucha por lo tanto no puede enfocarse sólo al circo electoral y al
movimiento existente alrededor del abstencionismo consciente; además de que no
podemos limitarla al contexto geográfico; el Estado mexicano no es más
responsable de esta farsa que los demás Estados y que el Capital con quien se
interrelaciona y de quien representan tan sólo aspectos específicos llamados a
controlar un territorio determinado para que la explotación y la ganancia puedan
actuar con la garantía necesaria para la estabilidad social.

Si a esto le añadimos el hecho de que la lucha más eficaz, es aquella que se
hace propia, sin necesidad de esperar, en palabras de Malatesta “cosas más
grandes”, ampliándola en las áreas donde vivimos, se puede concluir que la
extensión de la lucha, sea en el plano territorial o en la individualización del
enemigo, es un momento imprescindible que nos involucra a tod@s directamente.

Se trata de darle a la lucha continuidad y sintonizarla en el ataque concreto
para que sea más incisiva.

Estamos conscientes que de la mano de la extensión de la lucha se
intensificará la represión estatal ¿Alguien lo dudaba? La represión comparte la
existencia misma del poder y se concreta en todo momento, manifestándose de mil
maneras y haciendo uso de mil ciento un rostros, cubriendo todos los aspectos de
nuestra existencia.

La represión actúa constantemente sin siquiera molestar la “paz social”,
porque el Estado-Capital se perpetúa en el consenso social generalizado. El
actual régimen democrático, esencialmente creado y sostenido, directamente o
indirectamente, por el consenso generalizado o por la ausencia de movimientos
abiertamente antagónicos e insurreccionales, no admite situaciones de choque
generalizado porque significaría reconocer la inexistencia de los cimientos
sobre los cuales se sostiene y se reproduce.


Por ello, la atención especial prestada a todos aquellos grupos que,
saliéndose del control y de las vías estériles de la protesta reglamentada y
tergiversada de los organismos "políticamente correctos", se arriesgan a
personificar en el contexto social los referentes sobre los que se podrían
captar atenciones y catalizar movimientos más amplios de la población excluida
de los actuales modelos de existencia. De aquí el creciente intento de
criminalizar a compañer@s y grupos antagonistas, con la intención de
presentarlos como casos aislados y anormales, negando la existencia de
expresiones de divergencia y disentimiento en el seno de los estratos sociales
excluidos.

Si el creciente intento de criminalizar a compañer@s y grupos antagonistas,
cumple esta función y se materializa con esas intenciones, es evidente que la
lucha que desarrollamos no se puede desligar del contexto social, de l@s
oprimid@s y explotad@s, que participando en ella intranquilizan al poder en
tanto que abren perspectivas insurreccionales reales radicadas en las
necesidades de los estratos sociales excluidos. Es decir, de esta manera
nuestra lucha se transforma en la lucha de tod@s l@s que participen en ella, de
quienes la hacen propia.

Mientras más logre extenderse la guerra social, más fuerte y violenta será la
represión. Asimismo, aumentarán las manipulaciones directas para desvirtuar las
aportaciones de los componentes antagónicos de los estratos sociales que la
desarrollan. No faltarán “compañer@s” que nos señalen y hasta nos entreguen
cumpliendo con su cuota ciudadana conforme al actual estancamiento
revolucionario.

Dejar de actuar y de suministrar provocaciones y metodologías concretas para
que la lucha se desenvuelva en los términos del ataque, a pesar de los
operativos represivos que de vez en cuando nos golpean, sería apoyar al
Estado-Capital en su faena defensiva, víctimas del discurso de pacificación
social.

Es importante desarrollar un minucioso análisis que nos permita explicar las
fuerzas en juego, y hacer evidente que el objetivo real que persigue el
Estado-Capital no es la criminalización de l@s revolucionari@s y grupos
antagónicos, sino aplastar la propia lucha.

Es por esto que consideramos impostergable centrar las actividades futuras en
mantener y extender la lucha, explayando el llamado a través de nuestros
instrumentos editoriales, junto a las aportaciones y conspiraciones de los
estratos sociales interesados y partícipes que contribuyen abiertamente a poner
en peligro la estabilidad del sistema.

La extensión de la lucha entendida así, nos da una perspectiva bien diferente
a la actual, deslindándose del “otro circo”, de la farsa antielectoral del
Subcomediante Marcos, que nos invita a dar el viaje en círculo para terminar en
el punto de partida. Es decir, para continuar en el Estado-Capital pero con una
nueva constitución que le maquille y nos muestre un rostro “más humano”.

Como anarquistas, conocemos que nuestra tarea es la destrucción de las
veleidades capitalistas de retorno a la explotación. Ha quedado atrás el
“accionar” al margen que nos obligaba a comportarnos como “observadores”. Hacer
frente al estancamiento manifiesto de la lucha, a los límites del movimiento y a
los problemas emergentes de la guerra social es nuestra principal tarea.

Estamos en tiempo de elecciones y la elección es nuestra: ¡Volvamos a ser su
peor pesadilla!
Coordinadora Informal Anarquista (C.I.A.)


CIA -Coordinadora Informal Anarquista

"La perspectiva violenta, la acción directa gestionada desde la base, el
sabotaje, no son actos "más a la izquierda" que cualquier otro que esté "a la
izquierda"; son elecciones determinadas que dicta la autonomía de los intereses,
elecciones en las cuales la presencia anarquista activa tiene una grandísima
importancia".

A. M. Bonanno.

"¡Hace falta que la verdad suba de los infelices, porque de lo alto sólo vienen mentiras!"

Las drogas: otro medio de control social.
Huye de la iglesia
Ateneo libertario del besos


entropiactiva@nodo50.org

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