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GANE QUIEN GANE ¡TODO SIGUE IGUAL!
Por la extensión de la lucha más allá
del abstencionismo
-Reflexiones Insurreccionalistas en torno a la actualidad
mexicana.
Contribución a la crítica incendiaria
Otra vez el circo electoral “Mal de muchos, consuelo
de pendejos” (Refrán
popular mexicano que invita al conformismo)
Si leemos las publicaciones anarquistas que se editan en México
por estos
días, sean impresas o electrónicas, encontraremos
una constante: el llamado
unánime a no votar.
Sin importar a qué corriente representan el grito es
al unísono: ¡NO VOTES!
Con muy, pero muy pocas excepciones (¡Qué las
hay! Están los anarco-PRDistas
que nos hablan de las bondades de la “ciudad de la esperanza”)
que todavía se
atreven a señalarnos el espectáculo electorero
como “vía transformadora”. Pero,
aún dentro de esa banda de oportunistas que conforman
el anaco-PRDismo y la
“Autonomía” a merced del Instituto de la
Juventud del Distrito Federal, bajo
pomposas e infladas siglas (jugando con las mismas letras
y, siempre con
idénticos objetivos), la constante es la misma: ¡NO
VOTES! Quedando inmersos en
el doble juego de “apoyamos la otra campaña”
en la letra y, en los pesos,
perdón, en los hechos, “seguimos nuestro coqueteo
con el Sol Azteca”.
Pero, dejando a un lado a esta bola de “autónomos”,
“anti-autoritarios” y
“resistentes” y, toda la mierda oportunista que
representan, nos encontramos a
nuestr@s compañer@s –un@s adeherid@s a “la
otra” y, otr@s, en busca de
“otra” más anárquica y antijerárquica–
enrolad@s ¡tod@s1 en el llamado a no
votar.
Desde luego que coincidimos con esta convocatoria. También
compartimos los
mismos principios que nos invitan a no participar en este
circo y a no hacernos
eco de toda la ilusión que esconde el espectáculo
democrático disfrazado de
“oportunidad de cambio” y garante de la “paz
social”.
Conocemos el discurso mentiroso del Estado-Capital, para continuar
cambiando
de caretas dejando intactas sus bases: la explotación
y la opresión.
Sabemos que gane quien gane en esta contienda, todo seguirá
igual. L@s
oprimid@s y explotad@s seguirán sobreviviendo y resistiendo
los embates de la
hidra, quizá gozando de unos eslabones nuevos, unos
centímetros más larga la
cadena remachada a su grillete, pero continuarán sumidos
en su condición de
esclavos, ilusionad@s por la llegada de algún nuevo
profeta, algún Mesías
“revolucionario” que les conduzca al paraíso,
a la “sociedad sin clases”, al
“socialismo”, al “comunismo”, a la
“Anarquía”.
Es por eso que decimos: ¡LLAMAR A NO VOTAR TAMPOCO CAMBIA
NADA!
Si nuestro llamado se queda en letra muerta, en el papel impreso,
en nuestros
volantes y periódicos, en el ciber espacio que le da
“vida” virtual en nuestras
web, en los blogs y foros electrónicos. Si nuestro
llamado no golpea donde
duele, si nuestro mensaje no es el punto de partida para el
no retorno de esta
sociedad; si nuestra convocatoria no es para abandonar la
muerte y dar comienzo
a la alegría, al placer de vivir la anarquía,
somos tan cómplices del
espectáculo y tan continuadores de esta sociedad de
muerte (perpetuando las
bases del Estado-Capital) como el policía, el torturador,
el burócrata o el
líder sindical.
Acompañando la crítica a esta sociedad debe
ir el ataque implacable a sus
instituciones y guardianes; de la mano de nuestras palabras
ha de ir el fuego
destructor, la metralla liberadora, alimentando la teoría
con la práctica y la
práctica con la teoría; de lo contrario, nos
convertimos en falsos críticos, en
obstáculo para la libertad y, en reproductores del
sistema de muerte,
explotación y opresión, que decimos querer destruir.
El eterno debate o el eterno retorno al Capital
“Aquellos que reclaman lo posible, jamás logran
nada. Pero aquellos que
reclaman lo imposible, al menos logran lo posible”.M.
Bakunin
L@s explotad@s y oprimid@s tienen callos por los siglos que
llevan
encadenados. Ya se acostumbraron a la cadena. La sienten parte
suya. Han llegado
a amarla.
La explotación asume formas y modelos ideológicos
diversos para garantizar la
acumulación capitalista, ofreciendo unos centímetros
más de cadena o,
acortándola, según sea el caso. Así,
dependiendo del grado de ilusión que
quieran vendernos, encontraremos modelos ideológicos
que ofrecerán cadenas
cromadas, cadenas de plata y, hasta cadenas de oro, para acotar
o alargar la
“libertad” de sus esclavos. Otros, permanecerán
atados por ferrosas cadenas en
modelos abiertamente despóticos
El Capital vende ilusión por realidad. Son l@s explotad@s
y oprimid@s quienes
la compran. Por eso, la tarea debe ser percatarse de la ilusión
y preocuparse
por individualizar la realidad.
Para el Capital las cosas marchan bien como están,
pueden estar fundadas
sobre el espectáculo ilusionista más grande
del mundo, no importa, las ganancias
serán mayores.
L@s explotad@s se conforman con la ilusión y sueñan,
de vez en cuando, con
fascinantes sublevaciones y baños de sangre que les
permitan vengarse por todas
las infamias y afrentas, pero se dejan llevar por la verborrea
de los nuevos
guías políticos. El partido revolucionario alarga
la perspectiva ilusoria del
Capital a horizontes que éste último por sí
sólo, no podría alcanzar jamás.
L@s explotad@s y oprimid@s se prestan al juego. Seducid@s
ante la ilusión
prefieren continuar con las cadenas a dejar de vivir en el
ensueño. Reprimen sus
deseos de libertad irrestricta, temen concretarlos y continúan
entregados a los
sueños. El temor al no retorno, al fin definitivo de
la ilusión, a la ruptura
total de las cadenas, evita que se concrete el deseo armado,
la anarquía
posible, que hace viable el ataque a la sociedad de la muerte,
opresión y
explotación.
La lucha tiene que entenderse como el ataque permanente a
la dominación. Aún
aquellas luchas específicas que nos parecen atractivas,
con fines concretos e
inmediatos, no podemos entenderlas de otro modo que no sea
el ataque constante
al poder del Estado y el Capital.
El contenido de las luchas específicas, no está
divorciado del objetivo que
nos incita: la destrucción del Estado-Capital. Sin
embargo, esta perspectiva que
inspira a la insurrección a tod@s l@s anarquistas,
no es la perspectiva que
asumen todos l@s explotad@s y oprimid@s. Esas luchas específicas
se enfocan a
las asquerosas reivindicaciones y se desarrollan dentro del
marco del “derecho”;
y esto no sólo abarca a aquellas que se gestan dentro
de los límites del “circo
electoral”, sino también al discurso que emana
de “el otro circo”, es decir, de
“la otra campaña”.
Esto nos invita a ser “compañer@s de viaje”
en todas aquellas luchas donde
encontremos un mínimo de componentes que las conviertan
en espacios de nuestro
interés y, por tanto, estemos dispuest@s a dar nuestras
energías. Un componente
indispensable es entender la lucha como ataque. Como insurreccionalistas,
no
sólo entendemos el ataque como la práctica que
en lo inmediato se traduce en
destrucción o daños materiales cuantificables
y/o acciones “espectaculares”
contra sus instituciones y sus guardianes; sino cualquier
manifestación concreta
de rechazo y/o ruptura con el poder que se combate.
Dentro de una óptica de lucha esto es muy importante,
porque pone en evidencia
que una actuación en perspectiva conecta toda una serie
de prácticas, acciones y
manifestaciones, en que la lógica del ataque es evidente
en el conjunto de la
intervención; aunque sus aspectos particulares no resulten
en lo inmediato como
ataque.
Aquí es donde la lucha contra la farsa democrática
y el circo electoral
intenta alcanzar objetivos específicos parciales. Pero
la guerra social no tiene
objetivos parciales; nuestros objetivos son la destrucción
total del
Estado-Capital. De esta manera, se logra captar el interés
de grupos más amplios
que actúan como catalizadores de la guerra, al coincidir
en la necesidad de
desenmascarar la ilusión electorera, y nos permite
ampliar los márgenes de la
guerra.
Señalamos la función catalizadora de estos grupos
y la nombramos como tal, con
el fin de evitar confundirnos; ya que si bien activan el proceso
de reacción y
varían la velocidad de la misma, permanecen sin alterarse
y no modifican las
condiciones de equilibrio.
Sólo los sectores de l@s explotad@s y l@s oprimid@s
conscientes de su
explotación y opresión estarán dispuestos
a destruir la ilusión y la sociedad
que la genera. Ést@s son l@s que desean romper sus
cadenas y alcanzar el punto
de no retorno. Y cuando nos referimos a l@s explorad@s y oprimid@s
“conscientes”
de su explotación y opresión, no estamos suscribiendo
el programa marxiano y sus
tesis metafísicas y demás chingaderas propias
del misticismo protestante alemán
y sus pretendidas diferencias entre “clase en sí”
y “clase para sí”, que,
lamentablemente algun@s compañer@s anarquistas admiten;
y, a partir de esa
inadvertida contaminación, continúan las influencias
burguesas sobre nuestras
ideas, asimilando la aritmética del poder y rindiendo
pleitesía al Rey Ábaco.
Convirtiendo el eterno debate en el eterno retorno al Estado-Capital.
La ilusión reformista y la Anarquía “Nosotros
no construimos, nosotros
demolemos; nosotros no anunciamos nuevas revelaciones, nosotros
destruimos las
viejas mentiras”A. Herzeen.
A estas alturas del partido todavía hay compañer@s
que enlistan sus sueños y
le hacen la carta a los Reyes Magos. Esperan que (después
de portarse bien,
apostarle a la organización de “masas”
y cargarse de paciencia para esperar la
llegada del día “D”) se les cumplan sus
ilusiones y les traigan de regalo la
sociedad ideal, sin dios ni amo ni patrón.
Creer en la viabilidad de “las transformaciones”
en las estructuras
productivas, sociales y culturales es prolongar la ilusión
hipnótica, continuar
dándole vida al espejismo que nos brinda el Estado-Capital.
Sin embargo, aún
subsisten dos instrumentos de referencia de “transformación”:
la
social-democracia (donde convergen la mayoría de los
partidos de izquierda
electorera), y el populismo “socialista” del Siglo
XXI (donde confluyen la
mayoría de los movimientos sociales actuales, los residuos
de las
autodenominadas “vanguardias” leninistas –sean
grupos armados o frentes
populares– y, algunos partidos de la izquierda parlamentaria
que recurren al
trasnochado nacionalismo revolucionario y al anti-imperialismo).
Ambos instrumentos (aparentemente opuestos en el discurso
pero con idénticos
objetivos políticos), nos intentan convencer, cada
uno desde su muy particular
óptica, que el modelo productivo –basado en la
necesidad de un crecimiento
continuo y depredador– puede seguir funcionando (creciendo
y acumulando) con tan
sólo un poco de maquillaje y/o, pequeñísimas
intervenciones de cirugía estética
que lo hagan “más humano” y que el crecimiento
que se genere permitirá una
redistribución “más justa”de la
riqueza resultante.
¡Esto es totalmente falso! Esta nueva máscara
“humanista” con que se pretende
cubrir el modelo productivo, no consigue ocultar su verdadero
rostro: la
explotación.
El apotegma del populismo “socialista” del Siglo
XXI y de la socialdemocracia
de “crecer para después distribuir” es
insostenible. En primer lugar, porque la
Tierra no permite que el modelo productivo continué
creciendo cuantitativamente
de manera indefinida y, en segundo lugar, porque es inadmisible
un mayor
crecimiento cuantitativo que, hipotéticamente, después
redundará en beneficio de
los sectores más marginados de la sociedad mediante
los mecanismos de
redistribución del Estado “revolucionario”
(dentro del esquema del populismo
“socialista”del Siglo XXI) o del Estado del Bienestar
(desde la óptica
socialdemócrata).
Y es aquí, conscientes de la ausencia de futuro, donde
es preciso arremeter
contra todo lo existente, dinamitando las bases del crecimiento,
la producción y
la acumulación.
La necesidad de librarse del determinismo y de todas las tesis
metafísicas
marxianas
“... la revolución es necesario hacerla y no
esperarla. He aquí porqué
cualquier acto contra el Estado y contra los demás
pilares del actual régimen,
es necesario y, por tanto, plausible.”
Severino Di Giovanni
El marxismo es un producto decimonónico y, como todo
lo que parió aquel
siglo, nació condicionado por la visión positivista
de la evolución histórica y
del desarrollo tecnológico-científico, admitiendo
al sistema industrial generado
por la burguesía como un instrumento de progreso, y
considerando la
“interdependencia”de las fuerzas productivas como
una “socialización” objetiva
de las mismas. Lo que explica esa pasión por el “progreso”,
la “productividad” y
el “crecimiento” presente en casi todas las corrientes
marxistas y en los
burócratas de la dictadura cubana y del Estado venezolano,
así como en los demás
remanentes del capitalismo de Estado (Corea del Norte, Viet-Nam
y China).
El marxismo, fundamentado en la teoría hegeliana de
la historia, identifica
al proletariado como agente revolucionario en sí, con
la ineludible misión
histórica de desarrollar el socialismo, a través
de la dialéctica de la lucha de
clases, sin considerar que ha sido precisamente el capitalismo
quien le ha dado
vida a la clase obrera y que sus intereses y capacidades están
en función de las
fuerzas productivas, útiles –indiscutiblemente-
a la racionalidad capitalista.
Hoy, el obrerismo marxista (y anarco-sindicalista) ya no puede
imaginarse como
herramienta útil en el desarrollo de una práctica
revolucionaria. Las viejas
ideas sobre la naturaleza de la clase (clase “en sí”
y “para sí”) y la lucha de
clases no son adecuadas para analizar la actual situación.
Sin embargo, much@s
compañer@s –carentes de perspectivas- intentan
perpetuar la ideología sindical.
Las limitaciones del sindicalismo, no están exclusivamente
determinadas por la
degeneración de su estructura (ligada al desempeño
de sus funciones específicas
y al crecimiento de sus afiliad@s), sino que son típicas
de la estructura de sus
relaciones con el capitalismo.
El programa concreto del sindicalismo se puede resumir en
colaboración a la
estructura productiva del capitalismo. Dado que las funciones
del sindicato (aún
los autodenominados revolucionarios y combativos) son de tipo
reivindicativo y,
para reivindicar es necesario, primero, salvaguardar la vida
y la eficacia de la
parte oponente. De lo contrario no tendría sentido
la reivindicación y con ello,
el motivo mismo de la existencia del sindicato.
Concentración monopolista del Capital y concentración
sindical del trabajo, se
contraponen en el justo balance. Pero esta crítica
certera al sindicalismo puede
también ser utilizada de modo equivocado. L@s marxistas
la han empleado (de
hecho la usan) para acarrear agua para su molino, llegando
a la conclusión de
que la solución frente al sindicato es el Partido “Comunista”,
el partido de los
trabajadores, el partido obrero (embrión de un Estado
dentro del Estado
burgués).
Otra de las críticas tradicionales al sindicalismo
son las que provienen de
l@s compañer@s anarquistas y que, precisamente, van
dirigidas contra aquella
parte del movimiento anarquista que insiste en el anarcosindicalismo,
como hace
tiempo hacían énfasis en el sindicalismo revolucionario,
en forma unívoca, sin
intentar analizar los límites y las peligrosas contradicciones
del sindicalismo
en general.
Con esto no queremos decir que el sindicato o el partido político,
no puedan
conducir a la Revolución. Desde luego que sí,
pero determinarían las condiciones
revolucionarias (paralelamente al desarrollo de otras condiciones)
así como de
hecho (en el propio proceso de la explotación) las
determina el capitalismo.
Si realmente queremos destruir al Capital y al Estado, tenemos
que deshacernos
de los sindicato y de los partidos.
Si bien los sindicatos y los partidos no son un fin, tampoco
son un medio.
Para que puedan considerarse como un medio, es necesario que
sea entendido como
medio de preparación revolucionaria y no como medio
para el mantenimiento de la
explotación, sino es que medio de preparación
de la contrarrevolución. El
problema de la presencia del sindicato y el partido obrero
en la sociedad es el
problema político de poder, como el de la presencia
de cualquier otra
organización de poder concurrente al Estado. La dinámica
concreta con que estas
maquinaciones se desarrollan asume características
tan particulares que a veces
resultan difíciles de comprender las contradicciones
superficiales, pero esto no
afecta en lo absoluto la verdadera sustancia del asunto.
El principio fundamental del anarquismo es que la elección
de los medios acaba
por condicionar los fines. No es posible confiar en el papel
de un sindicato o
en la autoridad de un partido, esperando su destrucción
tras la revolución:
acabarían por transformar la revolución misma:
No es posible confiar en las
tácticas del reformismo, creyendo alcanzar un objetivo
preciso, porque este
objetivo se alejaría en el propio curso de la reforma.
No es posible utilizar la
estructura estatal tras la revolución, como no es posible
usar la ideología
productivista, porque la sola presencia de estas estructuras
acaba por ser causa
de las mismas degeneraciones que en el período burgués.
Solamente basando la elección de los medios en la decisión
autónoma de l@s
oprimid@s y explotad@s, se puede esperar que no se desvíe
hacia falsos fines,
superpuestos a los verdaderos que la lucha debe perseguir.
Esta elección en sí
es ya un hecho revolucionario. Es impensable una relación
de “guía” en sentido
autoritario y tampoco la teorización sobre la inocuidad
del fin en relación con
los medios. En otras palabras, si la Revolución Social
(entendida como la
destrucción total de esta sociedad de muerte, como
el fin del Capital y el
Estado), es el fin; los medios adecuados no podrán
ser jamás un sindicato, un
partido guía, un mítico conductor o algo semejante.
La organización social actual no sólo retrasa,
sino que impide y corrompe toda
práctica de libertad.
A partir de esta reflexión sobre el problema de la
elección de los medios,
podríamos llegar a concluir que, en cuanto este punto
de partida esté
garantizado, la consecución del fin propuesto se convertiría
en un fenómeno
determinado desde el principio con toda certeza. Evidentemente,
si razonáramos
de este modo, estaríamos totalmente equivocados. Continuaríamos
arrastrando un
residuo determinista que, incluso, muchas veces está
presente entre l@s
compañer@s que tienen en cuenta que el fin condiciona
los medios.
Este es, de hecho, un principio que prevé la libre
disponibilidad de la
voluntad humana, la capacidad de autodeterminarse, la estructura
mínima de base
en forma autogestionaria; pero, al igual que todos los principios
no puede
asumirse como absoluto.
Si la elección de los medios viene dada de manera que
no se distorsione la
consecución del fin revolucionario, se tiene la certeza
de que la acción en sí
misma se encamina hacia la dirección correcta; pero
no garantiza que no
encuentre en el curso de su desenvolvimiento modificaciones
por la parte
contraria, es decir, por parte del poder que se quiere destruir.
En la práctica, el razonamiento determinista, pasa
por alto que el problema
revolucionario no se basa solamente en la relación
entre medios y fin, sino que
también se ve afectado en la relación dinámica
entre poder y fuerzas
emancipadoras, es decir, en la guerra social.
Sólo la constante verificación de las relaciones
con el poder, del conflicto
social, de las condiciones históricas de este antagonismo,
de los medios
escogidos para alcanzar los objetivos revolucionarios, puede
prever este
peligro. Y semejante proceso es de tipo voluntarista, hace
referencia
directamente al voluntarismo anárquico manifiesto en
l@s oprimid@s
sensibilizad@s sobre las posibilidades reales de lucha.
Pero la voluntad no tiene capacidades milagrosas. La voluntad
no puede
determinar acontecimientos que no corresponden a situaciones
ya existentes en la
realidad; sólo puede acelerar estos procesos, es decir,
puede contribuir a
cambiar el curso de la historia.
L@s anarquistas insisten en construir una organización
de la sociedad que
parta de la base que garantice la libertad de tod@s, las necesidades
y una igual
distribución de los bienes. Esta insistencia es una
acción voluntaria y
consciente que casi siempre encuentra una realidad social
muy diferente, reacia,
la mayoría de las veces, a esta solución. Nuestra
tarea como anarquistas es
actuar sobre esta realidad para dirigirla, tanto como sea
posible hacia las
expectativas insurreccionales.
En la realidad concreta actúan fuerzas de composición
y dirección muy
diferentes: Las fuerzas de la reacción, patrones y
servidores que sostienen la
explotación, l@s explotad@s que a veces luchan por
su liberación de manera
inconsciente, las minorías autoritarias que guían
a l@s explotad@s hacia la
construcción de un nuevo poder, de una nueva explotación,
de una nueva opresión
y no hacia la destrucción del poder, hacia la abolición
de la explotación, hacia
el fin de la opresión. Sobre esta realidad que llamamos
guerra social, debe
actuarse concretamente, sin idealizar las teorías ni
la misma acción. Así,
evitamos la peligrosa idealización del voluntarismo.
Su idealización nos
impediría una visión de la realidad.
La necesidad de confrontación y de verificación:
El ataque concreto y la
extensión de la lucha
“Nadie se excuse con el deseo de participación
en cosas más grandes: nadie
esconda su propia cobardía diciendo que no sale a la
calle si no es para cambiar
el mundo. ¡Poco, es mejor que nada!”E. Malatesta.
Si abandonamos definitivamente el ilusionismo y el determinismo
dialéctico,
encontraremos que l@s explotad@s no son portadores de ningún
proyecto
emancipador. Su única comunidad es el Estado-Capital,
de la que pueden escapar
sólo a condición de destruir todo aquello que
l@s hace existir como explotad@s:
trabajo, salario, mercancía, roles y jerarquías.
El capitalismo no sólo no
sienta la base material del Comunismo sino lo obstaculiza
–aquella famosa
falacia marxiana que aseguraba que la burguesía “forja
las armas que le darán
muerte”. La teoría marxista se equivocó
de plano al suponer que el desarrollo de
las fuerzas productivas podría ser la base material
del Comunismo.
L@s explotad@s no tienen nada que autogestionar, a excepción
de su propia
negación sobre su condición de explotad@s, autogestionando
la lucha. Sólo así se
librarán de sus amos, sus guías, sus redentores
y sus apologistas maquillados de
las más diversas maneras.
En esta “inmensa obra de demolición urgente”
debe encontrarse, cuando menos,
la alegría, el placer de destruir todos los puentes
de la recuperación, el gozo
de quemar todas las naves del retorno. Alejados, definitivamente,
del dolor.
El dolor es lo que ha caracterizado las luchas históricas
y lo que ha sido
totalmente recuperado a través del mecanismo de la
guía “revolucionaria”. Y con
este dolor, el sentido de religiosidad que le acompaña,
el sentido de “rescate”
y de “venganza”. Lo que ha sido recuperado íntegramente
es el sentido de
religiosidad de la lucha, ligado de manera indisoluble a la
situación de miseria
y sufrimiento de l@s explotad@s.
A un cambio objetivo en el sufrimiento y la explotación,
corresponde un cambio
en la religiosidad. No debemos, sin embargo, confundir religiosidad
con
religión. La religión comporta un sentimiento
de religiosidad en el pueblo que
no deriva en modo alguno de los absurdos mitos de la religión,
sino de la
situación de sufrimiento en la que el pueblo se encuentra.
Abolir la
explotación significa la desaparición de la
religión. En este sentido por
religiosidad de l@s explotad@s entendemos la necesidad de
guía, de punto de
referencia, la necesidad de un partido. .
Y esta necesidad es la que ha sido recuperada constantemente
en la historia
porque el sufrimiento ha sido constantemente reconstituido,
aunque bajo
diferentes formas y distinta intensidad.
Contra los vestigios de “religiosidad” el anarquismo
debe luchar con todas sus
fuerzas, intentando empujar a l@s explotad@s a la lucha emancipadora
en primera
persona, explicando que el deseo de “venganza”
tiene sus orígenes “en la oscura
noche bíblica de la religión del pasado, que
hoy debe ser visto objetivamente
como residuo irracional que las élites ascendentes
aprovechan para relanzar una
vez más a las masas a la desesperación y al
embrutecimiento” (A.M.Bonanno).
Si el punto de partida de la lucha son objetivos específicos,
el circo
electorero, por ejemplo; no tiene que golpearse necesariamente
a las
estructuras-instituciones relacionadas con la ilusión
del voto democrático. Los
partidos políticos, el Instituto Federal Electoral
(I.F.E.) y demás
instituciones dedicadas a legitimar esta farsa, son sólo
una parte, un aspecto
de la manifestación real del Estado-Capital, cuya existencia
depende de la
interrelación entre cada una de sus partes: desde las
instituciones
político-militares-judiciales, a las de control y manipulación
de la
información; los centros productivos y de distribución
de la mercancía así como
las sedes del Capital financiero.
Esta complejidad de interrelaciones y estructuras son el enemigo
real, por
tanto, nuestra lucha no puede limitarse a golpear un sector
específico, un
aspecto, o durante un momento particular. Más allá
del tiempo de elecciones
continúa la lucha.
De este modo, los objetivos que nos propongamos en la lucha
contra la farsa
electoral, han de ser objetivos válidos en otras situaciones
diferentes que
superan este momento concreto. Estos objetivos podrían
catalizar e interesar
además de l@s abstencionistas conscientes, a sectores
de l@s explotad@s
sensibles a la lucha.
La lucha por lo tanto no puede enfocarse sólo al circo
electoral y al
movimiento existente alrededor del abstencionismo consciente;
además de que no
podemos limitarla al contexto geográfico; el Estado
mexicano no es más
responsable de esta farsa que los demás Estados y que
el Capital con quien se
interrelaciona y de quien representan tan sólo aspectos
específicos llamados a
controlar un territorio determinado para que la explotación
y la ganancia puedan
actuar con la garantía necesaria para la estabilidad
social.
Si a esto le añadimos el hecho de que la lucha más
eficaz, es aquella que se
hace propia, sin necesidad de esperar, en palabras de Malatesta
“cosas más
grandes”, ampliándola en las áreas donde
vivimos, se puede concluir que la
extensión de la lucha, sea en el plano territorial
o en la individualización del
enemigo, es un momento imprescindible que nos involucra a
tod@s directamente.
Se trata de darle a la lucha continuidad y sintonizarla en
el ataque concreto
para que sea más incisiva.
Estamos conscientes que de la mano de la extensión
de la lucha se
intensificará la represión estatal ¿Alguien
lo dudaba? La represión comparte la
existencia misma del poder y se concreta en todo momento,
manifestándose de mil
maneras y haciendo uso de mil ciento un rostros, cubriendo
todos los aspectos de
nuestra existencia.
La represión actúa constantemente sin siquiera
molestar la “paz social”,
porque el Estado-Capital se perpetúa en el consenso
social generalizado. El
actual régimen democrático, esencialmente creado
y sostenido, directamente o
indirectamente, por el consenso generalizado o por la ausencia
de movimientos
abiertamente antagónicos e insurreccionales, no admite
situaciones de choque
generalizado porque significaría reconocer la inexistencia
de los cimientos
sobre los cuales se sostiene y se reproduce.
Por ello, la atención especial prestada a todos aquellos
grupos que,
saliéndose del control y de las vías estériles
de la protesta reglamentada y
tergiversada de los organismos "políticamente
correctos", se arriesgan a
personificar en el contexto social los referentes sobre los
que se podrían
captar atenciones y catalizar movimientos más amplios
de la población excluida
de los actuales modelos de existencia. De aquí el creciente
intento de
criminalizar a compañer@s y grupos antagonistas, con
la intención de
presentarlos como casos aislados y anormales, negando la existencia
de
expresiones de divergencia y disentimiento en el seno de los
estratos sociales
excluidos.
Si el creciente intento de criminalizar a compañer@s
y grupos antagonistas,
cumple esta función y se materializa con esas intenciones,
es evidente que la
lucha que desarrollamos no se puede desligar del contexto
social, de l@s
oprimid@s y explotad@s, que participando en ella intranquilizan
al poder en
tanto que abren perspectivas insurreccionales reales radicadas
en las
necesidades de los estratos sociales excluidos. Es decir,
de esta manera
nuestra lucha se transforma en la lucha de tod@s l@s que participen
en ella, de
quienes la hacen propia.
Mientras más logre extenderse la guerra social, más
fuerte y violenta será la
represión. Asimismo, aumentarán las manipulaciones
directas para desvirtuar las
aportaciones de los componentes antagónicos de los
estratos sociales que la
desarrollan. No faltarán “compañer@s”
que nos señalen y hasta nos entreguen
cumpliendo con su cuota ciudadana conforme al actual estancamiento
revolucionario.
Dejar de actuar y de suministrar provocaciones y metodologías
concretas para
que la lucha se desenvuelva en los términos del ataque,
a pesar de los
operativos represivos que de vez en cuando nos golpean, sería
apoyar al
Estado-Capital en su faena defensiva, víctimas del
discurso de pacificación
social.
Es importante desarrollar un minucioso análisis que
nos permita explicar las
fuerzas en juego, y hacer evidente que el objetivo real que
persigue el
Estado-Capital no es la criminalización de l@s revolucionari@s
y grupos
antagónicos, sino aplastar la propia lucha.
Es por esto que consideramos impostergable centrar las actividades
futuras en
mantener y extender la lucha, explayando el llamado a través
de nuestros
instrumentos editoriales, junto a las aportaciones y conspiraciones
de los
estratos sociales interesados y partícipes que contribuyen
abiertamente a poner
en peligro la estabilidad del sistema.
La extensión de la lucha entendida así, nos
da una perspectiva bien diferente
a la actual, deslindándose del “otro circo”,
de la farsa antielectoral del
Subcomediante Marcos, que nos invita a dar el viaje en círculo
para terminar en
el punto de partida. Es decir, para continuar en el Estado-Capital
pero con una
nueva constitución que le maquille y nos muestre un
rostro “más humano”.
Como anarquistas, conocemos que nuestra tarea es la destrucción
de las
veleidades capitalistas de retorno a la explotación.
Ha quedado atrás el
“accionar” al margen que nos obligaba a comportarnos
como “observadores”. Hacer
frente al estancamiento manifiesto de la lucha, a los límites
del movimiento y a
los problemas emergentes de la guerra social es nuestra principal
tarea.
Estamos en tiempo de elecciones y la elección es nuestra:
¡Volvamos a ser su
peor pesadilla!
Coordinadora Informal Anarquista (C.I.A.)
CIA -Coordinadora Informal Anarquista
"La perspectiva violenta, la acción
directa gestionada desde la base, el
sabotaje, no son actos "más a la izquierda"
que cualquier otro que esté "a la
izquierda"; son elecciones determinadas que dicta la
autonomía de los intereses,
elecciones en las cuales la presencia anarquista activa tiene
una grandísima
importancia".
A. M. Bonanno.
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