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“¡A por ellos!”.

Info List-Anton [Iberia]. 23.06.06

 

Pronto entraremos en los octavos de final del mundial de Alemania 2006,
estamos pues en el ecuador del campeonato, o mejor dicho, de ese gran
mercado internacional donde exponer, comprar y vender productos a gran
escala: desde ropa y elementos deportivos, muchos de ellos, como los propios
balones de fútbol, fabricados por niños en cualquier país empobrecido de
Asia (Pakistán o la India son buenas ejemplos), hasta empresas
patrocinadoras, cadenas de televisión, aseguradoras, turismo y hostelería, y
por supuesto sexo, mucho sexo, o por lo menos así lo indica el alto número
de desplazamientos de mujeres de la Europa del Este hacia Alemania en fechas
próximas al mundial para trabajar como prostitutas.

El fútbol es lo de menos, lo importante es vender, y cualquier espectáculo
global de masas es el lugar y el momento adecuado. Millones de espectadores
en todo el mundo son bombardeados continuamente con mensajes publicitarios.
Hace ya mucho que los mundiales de fútbol dejaron de ser un espectáculo
deportivo y mediático limitado a los países europeos y latinoamericanos.

La FIFA calcula que ingresará en este mundial unos 1850 millones de euros
(2200 millones de dólares USA), éste puede llegar a ser, según diversas
estimaciones, el Mundial más rentable de la historia. Unos 1400 millones de
dólares USA provendrán de la cesión de derechos de televisión y de
retransmisión del torneo, los 800 restantes vendrán de los 15 patrocinadores
oficiales del evento que pagan esa suma para la utilización exclusiva del
nombre y del símbolo de la Copa del Mundo 2006, y de los seis proveedores
oficiales. Se ha calculado que los precios de las pautas de las trasmisiones
de los primeros partidos rondarán los 3.600 dólares USA por segundo, y en
los partidos finales los 480.000 dólares USA por anuncios de 30 segundos: es
decir, 16.000 dólares USA por segundo, lo que representa 142% más de lo que
costaba un spot de 30 segundos en la final del mundial Corea y Japón de
2002.

También a estas alturas, este mundial ya nos ha dejado momentos lamentables,
como las agresiones de sectores nazis de la hinchada alemana hacia los
seguidores polacos, mientras gritaban consignas fascistas y xenófobas de
apoyo al III Reich y alzaban el abrazo. Como si los polacos no hubieran
tenido bastante durante la II Guerra Mundial.

Mientras, en el Estado español, los medios de comunicación, en una campaña
sin precedentes de apoyo a la selección española, han contribuido a toda la
locura colectiva, alentada por los éxitos deportivos de la selección
española, frente a Ucrania primero y Túnez después, cuyo grito de guerra no
para de sonar por todas partes: “¡A por ellos!”.

Ese violento “¡A por ellos!” parece que se refiere más a un enemigo interno
que a un rival deportivo extranjero. Da la sensación de que a por quién se
quiere ir es contra aquel que no se siente identificado con la selección
española, por los motivos que sean, dándole la sensación de que se siente
solo y aislado.

En el Estado español no solamente está en juego un partido, una selección, o
un gran negocio, ya que de nuevo tenemos que hablar de patrocinadores, a los
que esta vez, y por ahora, el negocio les está resultando más rentable que
en ocasiones pasadas, debido a los éxitos deportivos; o de cadenas de
televisión, sin lugar a dudas La Sexta ha metido un golazo por la escuadra,
y nunca mejor dicho. En estos momentos, después del referéndum del Estatut
catalán, de proceso de paz en Euskal Herria, y de reforma del Estatuto
andaluz, la gran oligarquía española no solo aprovecha las circunstancias
para aumentar ventas, sino para afianzar ideológicamente su proyecto
histórico de España. En estos días, ha sido fácil encontrar en la prensa
artículos en los que se asociaban éxitos deportivos de la selección española
de fútbol con afianzamiento de la identidad nacional española, frente a
otras pertenencias identitarias peninsulares, pretendiendo así cerrar a
fuerza de goles, de una vez, esa constante discusión entorno a qué es
España, o cómo se tiene que articular.

Se han cuidado en esta ocasión mucho dos elementos: el primero, el fomentar
el “¡A por ellos!” entre la juventud, la de los botellones masivos, esa a la
que tanto se criticaba en los medios de comunicación, esa juventud parece
que ahora sí tiene algo en lo que creer y por lo que participar socialmente:
la selección española de fútbol, y nada más, ni luchar contra la
contratación basura, ni por una educación pública de calidad, ni la
especulación del suelo, nada de eso, solo fútbol. El segundo está siendo la
manipulación constante de lo andaluz, o de parte de las señas identitarias
andaluzas, como forma ridícula y estúpida de identificar lo español. Aunque
esto último no es nuevo en absoluto, si está siendo novedosa su utilización
continua, sin complejos ni ridículos.

Pero aún queda mucho mundial, a pesar de ese otro grito de “¡Sí, sí, sí, nos
vamos a Berlín!” y de la falsa euforia desatada, porque parece, según los
mismos medios de comunicación en su delirio españolista, que potentes
selecciones como Brasil, Alemania, Argentina, Italia o Inglaterra no son
obstáculos para la “furia española”. Todo pueda ser que esa locura que han
desatado y la manipulación que se esconde tras ella termine derrumbándose
ante un nuevo fracaso deportivo, y con él, una ocasión desaprovechada para
el afianzamiento del proyecto de España propio de la oligarquía imperialista
española.

De momento: ¡qué siga el negocio y la manipulación! Perdón, quise decir el
fútbol.

Antonio Torres, “Antón”

 

 

 


 

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