Entropía: Palabra acuñada del griego
de em (en, -en, sobre, cerca de,…) y de
sqopg (tropêe -mudanza, giro, alternativa…).
La entropía contradice la visión
mecanicista del mundo típicamente moderna,
en la que la idea de progreso es tan natural e
ineludible que ni si quiera merece ser discutida.
Esta visión mecanicista pone énfasis
en lo que se ordena sin considerar el desorden
causado por la ordenación. La entropía
socava la idea de historia como progreso, destruye
la idea de que ciencia y tecnología crean
un mundo más ordenado.
La entropiactiva pone de manifiesto lo pernicioso
y perverso que resulta la persecución,
la ambición, la búsqueda, el deseo
de un mundo más ordenado. El orden como
meta limita las posibilidades, estructura las
ideas dentro de los límites de lo imaginable,
obviando aquellas visiones, invisibles bajo el
prisma de seres sólo capaces de interpretar
lo vivido, de reformular lo existente, obligándonos
a ver el mundo bajo una óptica domesticada.
La entropiactiva desecha la idea de progreso,
difiere en la posibilidad de racionalizar la tecnología,
de adaptarla a nuestros fines, de dotar de un
nuevo y prometedor significado a un significante
que deviene la garra que mece nuestras vidas,
que ha sido creado para fortalecer un poder que
jamás podremos ni querremos tener de nuestro
lado.
La entropía pone de manifiesto la tendencia
en el mundo actual de medir la productividad en
función a la cantidad de bienes económicos
producidos en un periodo de tiempo sin tener en
cuenta los gastos humanos, energéticos,
animales…que ello conlleva.
La entropiactiva no persigue la creación
de un mundo sostenible en el que se establezca
un equilibrio entre consumo y producción,
entre capitalismo y medio ambiente, eso lo dejamos
para polític@s del civismo, oenegistas
pringad@s y pervers@s, manifiestaccionistas seguidor@s
acérrimos de los ritmos caribeños,
buenrrollistas que hacen del fumeteo y el manuchaismo
su bandera, filósofos de manos blancas
y sucias conciencias, ecologistas que hacen el
juego al sistema y demás calaña
fundamentalista del respeto y la tolerancia. A
nosotras nos la suda la sostenibilidad, porque
no queremos sostener nada, porque el consumo y
la productividad no merecen ser sostenidos y no
somos nadie para sostener el medio ambiente ni
tampoco para destruirlo y apropiárnoslo.
Sólo se protege aquello que consideras
tuyo, la protección como baza para su futura
utilización en propio beneficio, y no amig@s
la naturaleza no nos pertenece, no es un bien
de consumo. Seamos salvajes. Recuperemos
nuestra animalidad. Construyamos ecología,
destruyendo al Estado y a cualquier forma de autoridad.
Reciclemos el vidrio para la guerra social y no
para su capitalismo verde. Si la basura les incomoda
en sus “bonitas” ciudades, a nosotras
más nos incomoda esta basura de vida (no
vida). Que la mierda se vea.
La entropía es la medida de desorden de
un sistema, la tendencia universal de todos los
sistemas (incluidos los económicos, sociales
y ambientales) a pasar de una situación
de orden a creciente desorden. La entropía
hace hincapié en el orden que precede al
caos, en el orden como generador de desorden.
La entropiactiva, no pretende canalizar este desorden,
prevenirlo en pos a la paz social o encauzarlo
del modo más racionalmente eficaz. La entropiactiva
no busca imaginar un mundo futuro, perfecto, igualitario,
no pretende dar las claves para llegar a alcanzarlo.
Estamos convencidas que no podemos imaginar las
infinitas posibilidades que nacerían de
las mentes de individuos libres, porque administrar,
mejorar, volver más justo e igualitario
su orden, es sólo eso, seguir manteniéndolo
como suyo.
El orden que ordena, que regula. El orden que
nos ordena en categorías, que a su vez
están ordenadas jerárquicamente
y que se nos imponen para prevenir el orden en
forma de orden. En forma de orden previa al discurso,
preexistente al individuo fruto de siglos y siglos
de acumulación de poder y autoridad. Nuestras
acciones no son gobernadas por nuestras intenciones,
sino que son eco de una acción anterior,
que acumula poder y autoridad a través
de la repetición de un conjunto de prácticas
autoritarias precedentes. Ninguna de nuestras
acciones puede eludir la historicidad que la precede,
que condiciona sus usos contemporáneos,
una historicidad del poder que se acumula y que
se oculta tras los perversos velos de la libre
elección en las modernas democracias.
El género, la fábrica, los centros
psiquiátricos, la escuela, los centros
penitenciarios… todos ellos tienen en común
al menos una cosa, son los elementos ordenadores
del sistema. Mediante ellos nos castigan pero
mediante ellos también nos ordenan en categorías
a las que somos adscritas nada más nacer
o en función de nuestro camino predeterminado
por la historicidad que precede nuestro entorno
social más inmediato.
La entropiactiva no es nada y es todo. Es algo
que pertenece al aquí y al ahora fruto
de lo que aquell@s que lo llevamos a cabo queramos
que sea. Es un intento de mandar a la mierda la
historicidad coercitiva y limitadora. Nace ahora
o nació ayer y desaparecerá mañana
o nunca. Nos movemos, nos convertimos, nos camuflamos…
No sentimos nostalgia por lo pasado, por lo abandonado,
hemos nacido hoy y todavía no habéis
podido controlarnos, ordenarnos, todavía
mantenemos la rebeldía del recién
nacido que provoca la protección del bienestar
en el útero materno.
Pero cuidado no nos dejamos engañar, no
podemos más que odiar este sistema, sus
seguidorxs y sus falsxs críticxs, lxs mejoradores
de lo existente, los canalizadores del desorden
amparados tras sus macroestructuras políticas
y sindicales.
No nos equivocamos ni confundimos enemig@s; nuestrx
enemigx es todo aquel que mantiene y favorece
cualquier estructura de poder, en ocasiones hasta
nosotras mismas…. Pero nuestras lenguas
viperinas no conocen la compasión hacia
aquellxs que pretenden robarnos la LIBERTAD.
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