|
|
Isola Palermo ...
(Para Lalón.)
* * *
“...el fondo de nuestro pueblo sigue intacto. Es un fondo hecho de la reflexión griega y el éxtasis árabe.”
(Salvatore Lo Bue.)
* * *
Palermo es el cuerpo desnudo de Louis Bourgeois atravesado por centenares de callejuelas que han detenido el tiempo. Hay profundas arrugas que se llaman vía Butera o vía Volturna, agujeros secretos, árboles centenarios, un laberinto dulce y tranquilo por dentro, salado en sus fachadas, seductor por el contoneo de gentes, isocarros, motores... Se abren patios, se cruzan miradas indiscretas... Bajo edificios ruinosos explota la vida-gata. Abajo, la costa es un accidente, el mar no marca el reloj.
* * *
Se oyen sirenas azules y conversaciones familiares llenando las plazuelas. Cada fachada de la ciudad vieja es un mapa al descubierto de cables cruzados, depósitos, tuberías, andamios... Son las arterias de una ciudad entera sumergida bajo un quirófano invisible.
* * *
El mercado es el nudo del trato social, es mucho más que la suma de pequeños mercadeos, desaparece aquí la violencia de las cámaras de seguridad, de los uniformes y las cajas registradoras. Ballarò, Capo. Recorrer sus calles bajo un corredor de toldos, serperpentear, comprar un puñado de olives y oír voces solapadas de pregones originales. Se lucen con cierto orgullo las frutas, hortalizas, los quesos, los pescados, en pequeños garajes y en mostradores improvisados. Suelos adoquinados llevan estrechos ríos de olores cruzados. Horas más tarde los mismos lugares son tomados por el misterio, nada se mueve, todo duerme y la luz de las farolas inventa nuevos laberintos.
* * *
Hay un buen gusto que lo puede todo y una conciencia de la vida efímera, cada plato está cocinado con especial cuidado y se toma como un último deseo. La forma del tiempo está marcada por la naturaleza brutal del Etna. La vida amenazada. Toda la energía se desplaza entonces hacia el viaje papilar y el sensualismo: las fiori, cornettos, gelatis, el ricota, los capuccini... como pequeños regalos llenos de sentido.
* * *
Los besos parecen estar prohibidos. No las miradas sostenidas, se flirtea con un arte exquisito en las callejas de La Kalsa. ¿De dónde sacan tanta gracia estas ragazzas únicas que salpican toda la isla como pequeñas apariciones?
* * *
Las construcciones y pueblos que pueden verse camino a Milazzo no tienen nada de particular salvo su aspecto azaroso y caótico. La orografía montañosa del parque natural de La Madonie y del parque Del Nebrodi obliga al tren a desaparecer bajo tierra en algunos tramos. Cogemos un autobús de la AST hacia el puerto, el conductor insiste para que no paguemos el billete, dentro podemos refugiarnos de una lluvia tranquila. A las cuatro y media nos embarcamos en un transbordador de Siremar.
* * *
¿Hoy es martes o miércoles?, hacemos cuentas pero no lo sabemos con certeza, por arte de magia parece haber desaparecido un día del calendario.
* * *
Las Eolias son montañas volcánicas que asoman sus crestas sobre el mar Tirreno. Sus nombres tienen imán: Panarea, Alicudi... Lípari es el centro de gravedad. Encontramos una casa cerca del puerto y cogemos al vuelo un microbús que nos conduce a Quattropani, al oeste de la isla. Quizás podamos ver la puesta de sol. Empezamos a remontar la pendiente sur; ahí está Vulcano. Seguimos ruta. El viaje empieza a tener una cierta velocidad. De vuelta al puerto, paseamos, se repite la sensación laberíntica, y las calles y salitas se llenan de detalles arquitectónicos, de flores y plantas que acabamos de descubrir... En el lado oriental llegamos hasta las canteras de obsidiana y piedra pómez, bajamos a una playa, cogemos algunos esquejes de siempreviva, tiene espectáculo esta carretera que nos lleva ahora hacia Acquacalda. Ya de regreso nos encontramos de nuevo con Moretti, nos pimplamos, y tenemos que parar el autobús haciendo aspavientos y demás. Por fin ha salido el sol. Llegamos a la Spiaggia Sabbia Nera, en Vulcano.
* * *
La Sicilia interior.--Lejos de la costa, desde la ladera oriental del Etna hasta llegar a Trápani, el viaje tiene una intensidad especial. Encontramos una vida auténtica repartida por pueblos encaramados a montañas y peñascos; los antiguos castillos, fortalezas o iglesias han ido tejiendo en torno a sí calles intrincadas, hoy semiabandonadas, lugares diseñados para la defensa frente a los desastres naturales y los desastres humanos. Los turistas han desaparecido y quedan los naturales, que ocupan toda nuestra atención; su amabilidad es constante. Es abril mediado, primavera, el paisaje es una alfombra de pasto cruzada de caminos en una orografía de baja montaña, los rebaños de ovejas y cabras han encontrado aquí su mejor país. Las gentes de la Sicilia interior nos regalan algunos bombones en Corleone, naranjas en Nicosia, saludos en Troina.
* * *
En Céfalu nos instalamos en Cortile Siracusani, en el apartamento de un paisano que nos aborda a la salida de la estación de trenes. Nos dice que le dejemos las llaves mañana encima de la nevera y que tengamos buen viaje.
* * *
Ha anochecido y durante más de una hora zigzagueamos una ladera endemoniada camino de Taormina. No se deja tomar esta ciudad conquistada por el dinero de los millonarios. Las calles están desiertas y se despliegan como un lujoso y triste escenario del Teatro del Pupi. Piedras consagradas por la historia, explotadas por las multinacionales. Se escapa música por el ventanuco de un club, una chica se contonea apoyándose en una barra, se desnuda. Dormimos al raso junto a hoteles de cinco estrellas vacíos. Salimos rápido. Cansados, llegamos a Catania, donde nos sorprende la propaganda de la Fuerza Nueva italiana cerca de la estación. Sicilia está en campaña electoral y aparecen carteles de candidatos al consiglio comunale por todas partes. Uno de ellos, Francesco Damasco, con Italia dei Valori, es el mismo que nos sirve unos moscato, el vino dulce de la tierra, en una de las cantinas del Palermo profundo.
FIN

|
|
|