Cuba desde nuestro ombligo. Ayer tuve que hacer unas cosas en el centro de Madrid. Después de terminarlas y pasarme por la Casa del Libro para comprar el último ejemplar de Mondo Brutto( actualidad bizarra para brutos mecánicos) me senté en un banco a descansar en la Plaza de España. Al momento se acercó en mi dirección un policía, dirigiéndose al banco de al lado y pidiéndole la documentación a un ciudadano de origen asiático-oriental que trataba inútilmente de cazar algún rayito de sol en idéntica actitud a la mía. Si llegan a saber que yo estaba leyendo un artículo sobre la cultura pop del comunismo lo mismo… A continuación pude observar como el mismo “puto madero”( siento el exabrupto pero a estas alturas esta expresión es más fiel a mis pensamientos que “señor agente”) pululaba por la zona y paraba a otro viandante con aspecto latinoamericano para repetir idéntica operación. Realmente podría ser español perfectamente: era bajito y moreno, pero creo que le paró porque pensó que era latinoamericano. Alrededor paseaban decenas de rubios turistas haciéndose fotos en la estatua de Cervantes y sentándose en el césped. El otro día no se dejó acceder a José Moraga, Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Popular, en Cuba. Acudía allí acompañado de dos diputados holandeses para entrevistarse con miembros de la oposición cubana. Había solicitado un visado de turista y se le denegó la entrada. En España el asunto, extendiéndose a las relaciones diplomáticas con Cuba en su totalidad, se ha convertido en el centro del debate político. Quizá los dos párrafos anteriores no tengan relación alguna. Quizá sí. No se trata ahora y aquí de debatir sobre el régimen antillano sino una vez más, desde mi punto de vista, de la actitud de ingerencia claramente postcolonial y antimarxista (más allá del debate sobre si lo que hay en Cuba es o no es marxismo). Es decir, una vez más empeñarse en opinar sobre el demonio desde el paraíso terrenal autoasumido, de echarse las manos a la cabeza sin mirarse al espejo. Sobre Cuba opina todo el mundo: la derecha odiadora, la progresía de sillón y la masa bienpensante. Es el balneario intelectual de unos y la playa “calentorra” de otros, babosos y babosas repugnantes. Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a opinar, faltaría más (en casita me refiero, no tanto en la esfera política), pero con un poco de coherencia analítica. Lo lógico es analizar la situación de la isla en su entorno regional y de desarrollo, con Belice, Nicaragua, Haití, Jamaica, República Dominicana…¡No con nuestro Primer Mundo como se hace constantemente! Lo justo a la hora de opinar es abstraerse un poco de la ponzoña informativa, de la desinformación vinculada a intereses empresariales (conocidos son los intereses de Jesús de Polanco y la agresiva línea editorial de El País hacía la isla, lo mismo que con Venezuela). Esto nos llevaría a darnos cuenta de que en el tratamiento de estas noticias Cuba es el único país en el que toda la inmigración se considera política. Los mismos que utilizan a discreción el argumento de las cartillas de racionamiento niegan que la gente salga del país por motivos económicos (como por otra parte sucede en todos los países pobres: es de Perogrullo). Y en fin, así con todo. Entonces, y sólo entonces, desde una posición desalambicada del filtro mediático europeo, de prejuicios ideológicos, de ingerencias postcolonialistas y sobre todo de malas intenciones se puede debatir. Y debatiremos entonces con un brasero a los pies pero no en nuestro parlamento o en nuestros ruedos políticos, porque para esos ejercicios ya están los cubanos. Hay mucha pose en la izquierda europea en su relación con Cuba, pero también es cierto que quienes tensan la cuerda obligan a alinearse. Los mismos que por cierto aplauden las relaciones con, pongamos por caso Marruecos, Arabia Saudí o Estados Unidos, son los que propugnan el aislamiento de Cuba y de alguna manera te gritan furibundamente:”Elige, o Estados Unidos o Cuba” Y es entonces cuando uno, que no cree que tenga que elegir, que acostumbra a pensar en tonos más degradados, se ve obligado a elegir. Y elige Cuba claro, aunque deteste el culto a la personalidad política, aunque vea incoherente la tolerancia con el mercado negro del dólar , etc. Porque se te obliga a elegir, acosado por tipos agarrándote de las solapas y exigiéndote una posición. Seguramente en Cuba hace falta más debate interno pero nosotros,
en nuestra aparente libertad de expresión no es que necesitemos
“más” es que necesitamos empezar a tener “algo”.
En España más allá de hilos de voz nadie plantea
críticas profundas a nuestras estructuras, a nuestra perfecta
democracia parlamentaria, porque claro aquí tenemos un perfecto
estado de equidad social y jurídica. Luis.
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