La ciudadanía debe reaccionar. Recientemente estuve discutiendo con un conocido sobre la legitimidad y la benevolencia(según él) de la dictadura de Primo de Rivera(1.923-1.930). Creo que toda argumentación sobre la legitimidad sobra, teniendo en cuenta que él mismo se denominaba con orgullo “dictador”. En cuanto a las virtudes del régimen, esta persona basaba su opinión favorable en el hecho de que no hubiera existido contestación social a gran escala. Y en esto tenía razón(conocida es la convivencia simbiótica del PSOE con el régimen por ejemplo), pero ello en absoluto justifica la falta de elecciones, la férrea censura de prensa o la represión(que se lo hubieran preguntado a un anarquista barcelonés en 1.924). Quiero expresar dos ideas con esta introducción: que el conformismo social no es legitimador absolutamente de nada y que la ciudadanía también tiene responsabilidades, y muchas, en los procesos históricos. La reciente ilegalización de Herritarren Zerrenda, como antes las de las listas de AuB o Batasuna, constituye un hecho que debiera ser intolerable para el conjunto de la ciudadanía del Estado. Según las bases de nuestra contemporánea civilización occidental ciertos derechos fundamentales no pueden ser substraídos sin sentencia judicial firme. Los derechos de reunión, manifestación, expresión, así como los derechos electorales, recogidos en el artículo 23 de la constitución, le están siendo arrebatados continuamente a miles de ciudadanos vascos. A miles de ciudadanos a secas. Soy de la opinión de que no se le puede exigir a la gente una actitud heróica, pero tampoco es moral no socorrer a un atropellado(este ejemplo tampoco es legal, en lo que nos ocupa las únicas penas tienen que ver con las de las conciencias). Se impone una reacción de la ciudadanía, de toda la ciudadanía, también de aquellos que no tenemos nada que ver con HZ, e incluso de quienes detestan a este grupo político, porque el ataque ni siquiera es a una ideología, es a nuestros derechos y a la esencia misma de la Democracia. Algunos no definiríamos como tal el actual régimen pero esa es otra historia. Nunca se debería dejar la política en manos de sus profesionales. Su misma esencia, como modo de interacción de la sociedad así lo exige frente a la delegación total de responsabilidad en las élites y la política-espectáculo actual. Menos aún deberíamos dejar que secuestren y maten a la política quienes no muestran el más mínimo interés por salvaguardar nuestros derechos primordiales. A los partidos que se llaman así mismo “de izquierdas”(evidentemente no hablo del PSOE) se les tendría que exigir algo más que una ambigua condena “sotevocce”. Tendría que ser exigible una actitud realmente beligerante ante semejantes atropellos ¿Podéis imaginar un plante electoral de IU, La Chunta, Ezquerra, Aralar,etc? La cosa sería sonada, sólo hay que echar una ojeada a los escaños del Parlamento, pero es difícil siquiera vislumbrar una escena así de épica en ese mundillo de gabinetes de imagen, cuotas económicas y rapiña del electorado. Es por ello por lo que la ciudadanía debe organizarse y actuar por su cuenta para defender sus derechos. Tiene el deber moral de socorrer al atropellado. Las maneras que cada cédula social tiene de mantener al día su conciencia ciudadana son diversas, las distintas estrategias van desde la actitud personal de un individuo dando la murga a sus compañeros de trabajo hasta los proyectos colectivos con un plan definido. Estos últimos (también en su diversidad) son los más eficaces, y deben aprovechar las posibilidades de descentralización y expresión alternativa que ofrecen las redes. Una propuesta posible: la vertebración a nivel estatal de una campaña a favor del voto nulo, aprovechando el efecto de multiplicación del mensaje en la red. Estas hubieran sido unas elecciones perfectas para ello: -Un escenario ya de por si poco democrático(la Unión Europea y sus instituciones) -Un sistema de circunscripción única. -Unas previsiones de abstencionismo abultadas. Mucha gente de izquierda tradicionalmente abstencionista votó el 14 de Marzo porque consideró que era una circunstancia especial. Había que echar al PP del gobierno como fuera. La abstención no será entendida en esta ocasión como señal de desconfianza hacia el sistema, sino que la amalgama de “no-votos” difícilmente discriminables se meterán en el mismo saco del hastío electoral. Pues bien, un aumento importante del voto nulo en toda España, no sólo en Euskadi, no dejaría espacio a manipulaciones del discurso y además trasladaría el problema a su escenario real: de ser asunto de unos cuantos independentistas pasaría a ser un asunto de la ciudadanía. Empezaba hablando de las responsabilidades de los pueblos. Esta es sólo una propuesta posible dentro del debate que necesariamente se debe fomentar, de la insustituible interacción social ciudadana. No deberíamos acostumbrarnos a que ataques que debieran ser intolerables se instalen en nuestra normalidad mientras seguimos levantándonos, trabajando, votando, comiendo... Luis. Textos
para el debate sobre el asunto.
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