
Mi adiós a un guerrero palestino.
Para Nayib y su familia.
“…Vengo con el fusil de combatiente de la libertad en
una mano y la rama de olivo en la otra. No dejen que la rama de olivo
caiga de mi mano…” (Yasser Arafat, 13 de Noviembre de
1974).
Tenemos
las referencias político-históricas sobre Yasser Arafat
en
la Bitácora de esta web, así que no me entretendré
en exponer tales hechos, pretendo dar una opinión sobre la figura
de este hombre y lo que significó, siempre desde mi punto de vista
y teniendo en cuenta que, cada uno, tendrá el suyo.
El secretario general de la presidencia de la OLP dijo que “Arafat
plantó las semillas de esperanza para su pueblo” y hay mucho
de cierto en estas palabras.
La historia comienza en 1948 cuando Arafat se convierte, al igual que
todos los palestinos en refugiado y crea en 1959 el movimiento de Al Fatal
para liberar Palestina de lo que era y es una ocupación ilegal
por parte del “Estado” de Israel (lo siento, no puedo evitar
entrecomillarlo). En 1965 comienza la lucha armada contra Israel y en
1968 se pone al frente de la Organización para la Liberación
de Palestina, esta lucha a través de las armas se llevó
a cabo hasta 1988 y consiguió darle la vuelta transformando un
asunto de refugiados en un asunto acerca del derecho de autodeterminación
de un pueblo, consiguió que Naciones Unidas reconociera este movimiento
de liberación nacional.
El amor de este hombre por su pueblo, por su tierra, por la paz le llevó
de la mano a la firma de los acuerdos de paz que permitieron la creación
de la Autoridad Nacional de Palestina en 1994 y ello propició el
reencuentro de familias rotas que hacía 50 años que no se
veían…50 años…se dice pronto (pensadlo). Este
acuerdo le costó la vida al primer ministro israelí Isaac
Rabin, que fue asesinado por sus propios conciudadanos, muerto a manos
de aquellos por los que también se firmó esa paz, ese acuerdo.
Yasser Arafat tenía carisma, algo entrañable en su rostro,
en su forma de hablar que supo acercar la causa del pueblo palestino a
mucha gente a lo largo de su lucha justa defendiendo los derechos no sólo
de un pueblo a conseguir una autodeterminación, luchó por
conseguir los derechos humanos que, no es que les fueran arrebatados sino
que primero los ingleses, después los israelíes nunca les
fueron reconocidos. Esto, a mi modo de entender es una grave cuestión
ya que incurre el “Estado” de Israel en delitos contra los
derechos humanos al amparo de EE.UU, promueven un terrorismo de estado
que, al menos para mí, es mucho más grave que el terrorismo
de cualquier organización al margen de lo que se suponen unas leyes
“democráticas” (Israel se vende a la opinión
internacional como el único gobierno democrático de Próximo
Oriente).
Las condiciones en las que viven lo palestinos son, en muchos casos, infrahumanas,
en los países árabes vecinos viven en campos de refugiados,
apartados y son los grandes olvidados y, a la vez utilizados por estos
gobiernos, se proclaman defensores de la causa palestina pero ni los integran
en su sociedad ni plantean verdaderas propuestas a nivel internacional.
Arafat no es un terrorista, no fue nunca un terrorista mientras vivió,
los actos llevados a cabo por él y la organización a la
que pertenecía no son actos terroristas, es el fruto de la lucha
armada que legítimamente lideró, una prueba de ello son
las batallas en las que participó contra el ejército de
Israel (1967 en el frente sirio, 1970 en la batalla de Ammán, en
la cuarta guerra árabe-israelí en 1973 dirigiendo a más
de 20.000 combatientes palestinos, posteriormente en Líbano contra
la operación Paz para Galilea desatada por Israel que supuso un
ejemplo de coraje reconocido a nivel mundial). Abu Ammar, como le llamaban
cariñosamente los palestinos, fue un guerrero, un hombre valiente
que luchó junto a muchos otros hombres valientes a los que, personalmente
admiro, hombres que lucharon y luchan por una causa justa y noble, familias
rotas, separadas durante medio siglo, vidas seccionadas y marcadas para
siempre por la soledad del exilio y la impotencia que trae la injusticia,
por el dolor y la rabia de saberse expulsados de sus tierras, de sus casas…
Todos los acuerdos que firmó Arafat, todas las negociaciones a
las que asistió (tuvieran mayor o menor fortuna) demuestran el
talante de este hombre, no hace falta que yo ni nadie le defienda de las
falsas acusaciones ya que sus acciones hablan por sí mismas de
lo que fue, pero me duele en el alma cada vez que oigo dichas delaciones.
El pueblo palestino nunca tuvo la oportunidad de crear su propio Estado,
nunca nadie se la dio, es más les fue arrebatada en el momento
anterior a conseguirla, estaban tan cerca… Sin embargo, la “visita”
de Ariel Sharon (criminal de guerra declarado y conocido por todos como
el carnicero de las matanzas de Sabra y Shatila) a la mezquita de Al Aqsa
en Jerusalén el 28 de Septiembre de 2000 trajo una nueva Intimada.
En esta provocación de Israel, se encontraba la idea de eliminar
físicamente a Yasser Arafat y también comenzó una
campaña internacional que pretendía ensuciar su imagen.
Ha vivido tres años un asedio constante por parte del ejército
israelí en la Muqata y ha resistido, pero era un hombre mayor y
la edad y la enfermedad no perdonan a nadie, es ley de vida que se suele
decir, aunque por mucho que se diga a mi no deja de resultarme muy triste.
Sinceramente espero que algún día sus deseos puedan cumplirse
y que sus restos descansen en una Jerusalén liberada y capital
de un Estado palestino legítimo, donde los palestinos puedan vivir
en paz, para siempre.
Mirentxu.
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