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Número 28

A REGALO DE EMPRESARIO, MIRALE EL DENTADO

Kois

El reloj no es tu regalo de cumpleaños, tú eres el regalo para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar

Voy a tratar de comentar y analizar lo que ha sucedido hace unos meses en Antena 3 televisión, un hecho que creo merece la pena ser socializado ya que tras él, a mi entender, subyacen gran parte de los mecanismos de control y coerción, muchas veces inconscientes, que cimentan este orden social.
Antena 3 es una de las pocas grandes empresas que quedan, debido al desplazamiento de las empresas a países donde exista una mano de obra más barata y una mayor desregularización del mercado de trabajo (Tercer Mundo), encontrándose además ahora mismo inmersa en un proceso de transformación al automatizar gran parte de los trabajos que hasta ahora habían desarrollado l@ s emplead@s. El esbozo del contexto se completaría añadiendo como, por un lado, se conjugan las relaciones paternalistas, que son herederas de esas dinámicas de la gran fábrica fordista, con las dinámicas del capitalismo moderno de inestabilidad, eventualidad, horas extras, competitividad y falta de compañerismo, ausencia de sindicalización y de sindicatos reales.

En medio de este entorno tan hostil y más o menos conocido por tod@s, pues forma parte de nuestras miserias cotidianas, no habría ningún fenómeno atípico salvo el que hace unos meses la empresa realizó un regalo a tod@s l@s emplead@s. Aun sabiendo que “el regalo es un soborno para que el trabajador trabaje más y para que el consumidor consuma más” [1], resulta extraño que estos regalos se hagan fuera de los tiempos rituales para ello, como podrían ser la Navidad o los cumpleaños, donde el intercambio de regalos es generalizado. El sujeto regalado contrae por ello una deuda y con ello un deber para con quien le regala.

El regalo, para mayor sorpresa, consiste en un cuento, en una fábula. Los cuentos en este caso son un discurso por parte de quien detenta el poder, es un decir, que trata de generar un hacer, siempre conllevan una moraleja. Esta sería una de las muestras más palpables de esos residuos paternalistas de la empresa como un padre o abuelo simbólico que transmitiera una forma de comprender el mundo a sus miles de “hij@s”. Una fábula que pierde la tradición oral debido a que con el paso del capitalismo de producción al capitalismo de consumo, también se pasó del control mediante cuentos (discursos religiosos o políticos, palabras en definitiva) al control mediante cuentas (estadísticas, números); ya no se trata tanto de convencerles como de generar en I@s emplead@s una opinión individualizada cuantificable, un dato. No se pretende reproducir el discurso, sino que a partir de él desarrollemos una opinión.

El regalo va acompañado de una carta del departamento de personal, en la que indica que les gustaría contar con el punto de vista del trabajador, porque como indica Santiago López Petit: “No estamos integrados en la sociedad como objetos, sino directamente como sujetos. Sujetos sujetados al diálogo asimétrico que tiene lugar en la sociedad-comisaría, sujetos sujetados al proceso técnico político que tiene lugar en la fábrica automatizada. Los obreros no tienen el derecho de hablar, sino la obligación de hacerlo, de tomar decisiones, de pensar, pero siempre según el código de la empresa. Si la comisaría asimetriza el diálogo cuando fija la identidad, el régimen de la fábrica moderna expropia la subjetividad cuando requiere la participación activa”. Estamos obligad@s a decidir entre términos indiferentes, a elegir el producto que más nos seduzca, y cómo no, a opinar sobre todos los temas; no a construirnos argumentaciones individuales o colectivas, sino simplemente a tener algo que decir (como en una encuesta). Ahora “el concepto de alienación parece hacerse cuestionable cuando los individuos se identifican con la existencia que les es impuesta y en la cual encuentran su propio desarrollo y satisfacción. Esta identificación no es ilusión, sino realidad. Sin embargo, la realidad construye un estadio más avanzado de la alienación [2]

Leer la fábula es una actividad que requiere un esfuerzo, podríamos decir que se trata por tanto de una prolongación del tiempo de trabajo, como puede serlo también el tiempo que empleamos en transportarnos hasta el lugar donde curramos. El hecho de que se sugiera o incite a utilizar el tiempo libre en leer y asimilar el código de la empresa es una muestra del chantaje simbólico al que son sometid@s l@s emplead@s.

Resulta de lo más normal el percibir que le ha sido expropiado el sentido a tus actos, que algo o alguien ha decidido antes que tú la manera en que vas a comportarte, tu conducta es predecible a fin de que sigas encerrad@ dentro de la lógica del mercado o del ciclo económico. Ahora que la frontera entre ocio y trabajo se diluye, para pasar a vivir dentro del tiempo productivo a jornada completa, se trata de “no dejarse divertir, he aquí la revolución en la esfera del tiempo libre, como no dejarse explotar lo es en la del tiempo productivo” [3]. Si disfrutamos leyendo la fábula es sinónimo de que divertirse es obedecer.

Esto sería a mi parecer lo que se esconde tras el gesto de la empresa al regalar, pero es que si nos leemos la fábula llamada ¿Quién se ha llevado mi queso? vemos como el cristal ahumado al que pretendíamos asomarnos se torna transparente, esclarecedor. Se trata de la historia de dos ratones y dos personas que viven encerradas en un laberinto donde hay escondidas centrales queseras en las cuales existen montones de queso. Lo que ocurre es que un buen día se acaba el queso de la central donde viven nuestros personajes, los ratones deciden irse rápidamente a la búsqueda de nuevo queso y las personas se quedan manteniendo un dialogo en el que se preguntan quién se ha llevado su queso, por qué habrá sucedido eso ya que ellos tienen derecho a su queso. Las personas empezaron a discutir entre ellas si lo que había que hacer era analizar la situación y tratar de encontrar una solución o ponerse en marcha a la búsqueda de queso nuevo. Una de las dos personas, Kof, decide irse a la búsqueda de queso nuevo, superando su miedo al cambio y la incertidumbre, tras darse cuenta de que “a veces las cosas cambian y nunca vuelven a ser como antes. La vida se mueve y nosotros también debemos hacerlo”. En su recorrido por el laberinto va encontrando pedazos de queso como para subsistir, pero todavía no ha encontrado otra central quesera. Durante la búsqueda había cambiado de creencias, se había adaptado. Un buen día llegó a una nueva central quesera donde había montones gigantes de queso y allí se encontraban sus amigos los ratones. Había aprendido la necesidad de ser más flexible y moverse más deprisa, anticiparse a los cambios, Kof no volvió a ayudar a Kif debido a que él debía encontrar el placer del cambio por sí mismo, debía aprender a buscar su queso cuando este se mueve.

Un libro comentado en el prólogo y epílogo por empresari@s de todos los pelajes, que hablan de lo bien que les vino leerlo para comprender este mundo en constante cambio y la necesidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. Como ell@s mism@s cuentan: “hay personas que nunca cambian y pagan un precio muy alto por ello. Creen que tienen derecho a queso. Cuando el queso se mueve, se sienten víctimas y culpan a los demás”, “No puedo dejar de preguntarme dónde estaríamos hoy si hubiésemos vendido los terrenos de nuestras pequeñas tiendas y hubiéramos construido una gran superficie para competir” o “cuando nos dispusimos a cambiar, la empresa había llegado a un punto tal que tuvimos que prescindir de much@s emplead@s, entre ell@s algun@s amig@s. Fue muy duro para tod@s. Sin embargo, prácticamente todo el mundo, los que se quedaron y los que se marcharon, dijo que el cuento del queso les había ayudado a ver las cosas de otro modo y a adaptarse mejor a ellas. L@s que tuvieron que buscar un nuevo empleo dijeron que al principio les resulto muy duro, pero que recordar la historia les fue de gran ayuda”.

El resumen del mensaje que transmite la fábula es que el complejo mundo en el que vivimos no es, ni puede ser, susceptible de interpretación y mucho menos de transformación, solamente exige nuestra adaptación. Pensar no conduce al queso, la razón es un estorbo y por tanto debemos recuperar nuestra capacidad animal de ser flexibles, de funcionar en un orden social que se escapa a nuestra comprensión. Como nos contó Jesús Ibáñez “el orden social para que funcione tiene que ser inconsciente, puesto que si la gente supiese lo que hace y para quién lo hace, no lo haría. Los mandados deben obedecer sin saber que obedecen, cumplir las órdenes olvidándose de que se las han dado y olvidándose de que se han olvidado” [4], por ello, la salida no es simplificar el mundo (come queso, calla y muere), sino complejizarlo, problematizarlo (resistirnos, buscar soluciones).

En una empresa como Antena 3, en pleno proceso de automatización, esto se convierte en una advertencia para que l@s emplead@s se adapten al código de la empresa si quieren seguir dentro de ella o para que se adapten a las leyes del mercado si tienen que encontrar el queso fuera de ella (debido al recorte de plantilla que se avecina). Se trata, ni más ni menos, de una apología de la sumisión a un mundo mutante en constante cambio, cambio que por otra parte nunca puede ser intencionalmente construido por la acción de un sujeto o una comunidad.

Ahora va y resulta que el regalo se convierte en una amenaza, una amenaza cargada de violencia simbólica. Una violencia invisible y casi invivible, a través de la cual volvemos a redescubrir esa deuda y deber contraídos por el trabajador para con el empresario. Antes de regalar la fábula la empresa ya le había regalado un puesto de trabajo, le había seleccionado entre los millones de parad@s que hay en este país. L@s emplead@s ya habían contraído una deuda psicológica con el empresario. “¿No defiende el asalariado de corazón el nombre de la empresa (e incluso hace huelga si el propietario es secuestrado por l@s “terroristas”) y se identifica hasta tal punto con su logotipo y su publicidad que los fines de semana en la sierra viste una camiseta o una gorra con sus siglas para cortar el cesped?” [5]. Esta violencia, que no se ejerce físicamente y no reprime directamente los cuerpos, no es algo por lo que la sociedad crea que haya que prcacuparse, no genera intranquilidad, es inconsciente
El universo de lo simbólico es algo a lo que deberíamos demostrar más interés, un frente en el que todo está por descubrir. Toda transformación social supone un cambio en el imaginario social. Con este análisis de un hecho concreto quería soltar la liebre sobre la relevancia con que desde los movimientos sociales se trata este tema. Generalmente no lo estudiamos en nuestra vida cotidiana, ni en nuestros análisis políticos. Por ello, considero muy importante por un lado el tratar de desvelar lo oculto de los actos sociales, los lazos inconscientes e invisibles que nos anudan a la sociedad para poder ser capaces de transformarla; y por otro lado valorar este universo simbólico a la hora de construir formas y modelos de acción política.

Debemos ser capaces de crear símbolos que cortocircuiten la realidad establecida y que puedan servir como aglutinadores y referentes, como los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, Ias barbas de la revolución cubana, los pasamontañas de los zapatistas, los monos blancos de los tutti bianchi... o las casitas de la Escuela Popular de La Prospe en Madrid. Desarrollar la imaginación para construirnos símbolos que refuercen y desvelen a la sociedad nuestros discursos y no meras imágenes o modas para el consumo de signos de la sociedad espectacular en la que vivimos.


[1Por una sociología de la vida cotidiana, Jesús Ibáñez.

[2El hombre unidimensional. Herbert Marcuse.

[3El hombre unidimensional. Herbert Marcuse.

[4El regreso del sujeto. Jesús lbañez.

[5Las reglas del caos. Santiago Alba Rico.