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Luis Garrido

(A propósito de la nueva edición de su libro "Los niños que perdimos la guerra")

"Me quedo con el barrio de ahora"

(Aparecido en Gaceta local del barrio de Salamanca, 1 de abril de 2004)

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Vecino de toda la vida del barrio de Fuente del Berro, que no superó la morriña cuando por circunstancias se hubo de trasladar a Canillejas para volver después a su hogar, librero, cartero, escritor, perdedor de la guerra "como todos los niños de la época", ganador de la paz "como alguno de los niños de la época", conversador, observador, paciente, Luis Garrido rememora cómo era su barrio, Fuente del Berro, durante la posguerra civil, cómo sobrevivieron los niños de aquella época y cómo ha evolucionado el barrio y sus gentes.

Luis Garrido, al igual que Paco, el protagonista de su libro Los niños que perdimos la guerra, cuya cuarta edición acaba de ser presentada por Vosa en el Buenavista, es un superviviente. Un superviviente de la época más gris de la historia de España en el último siglo: hambruna, amistades, familia, amores, trabajo, pi-caresca y juegos de calle llevan al lector a identificarse con la vida de los por entonces adolescentes.

Desde Marques de Zafra atiende su pequeño negocio, justo desde aquella vía a la que los chavales apodaban la "calle cobarde, porque se llamaba Ayala donde nacía, entre los palacios del barrio de Salamanca, para pasar a llamarse Marques de Zafra, al cruzar Doctor Esquerdo y adentrarse en las chabolas de Fuente del Berro", y al igual que Paco, el lugar donde llegó a cumplir su sueño y establecer una librería en una operación inmobiliaria lejana a los números y trueques de la edad, ya que consiguió un local donde poder exponer y vender sus libros a cambio de un solar que proporcionase no malas ganancias a un oportuno constructor.

Ahora, a sus 78 años, reconoce haber tenido problemas con la censura —la novela fue escrita en 1963— y "a pesar de poder contar cosas como la venta de tabaco o el estraperlo, no se podía decir toda la verdad". Pero a pesar de los cambios, admite que "el barrio sigue manteniendo el ambiente de pueblo de sus orígenes, gracias a los vecinos que se conocen de toda la vida y se saludan”.

Rememora Luis Garrido, al hablar de aquel barrio, cómo se bañaban en los charcos que se formaban en las pendientes con la lluvia, cómo acudían a la actual plaza de Peñascales a ver partidos de fútbol, cómo empezó su negocio con un quiosco hecho con tablas en 1952, cómo se fomentaban "las dos Españas" y, en definitiva, cómo sobrevivieron a aquella época "los niños que perdimos la guerra".