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Entrevista a
Teresa Galeote

En su última novela, "Cosas que no se olvidan", se teje un fracaso matrimonial con los recuerdos de la guerra civil y la dictadura franquista, ¿cómo se hilvanan estos temas?

Yo quería reflejar situaciones de tránsito tanto en la vida de los personajes como en la situación general de nuestro país. Para ello era necesario la memoria ya que todos ellos padecieron el Franquismo; esa vida de hipocresía que el nacional catolicismo impuso no todos la pudieron aguantar. Quedaba el exilio o el silencio; también la cárcel a cuantos no comulgasen con el orden establecido por la dictadura. Luego estaban las delaciones, la miseria moral y la que imponía el hambre. Se ha escrito y se sigue escribiendo mucho sobre la guerra civil, pero ya es hora de hablar más del franquismo, de descorrer el tupido velo que supuso la larga noche del despiadado régimen y sus consecuencias. El tiempo y la memoria eran necesarios para trenzar la narración y eso es lo que he hecho.

Hay una temática general en su obra literaria, o abarca usted cuestiones diversas?

En mi obra existen diversas temáticas, pero siempre  sujetas a la memoria; recordar aquellas cuestiones que son necesarias recordar. Por ejemplo, Iberia son tres novelas de ficción enmarcadas en tres momentos históricos de nuestra península. Con ella pretendía hacer ver que esa España eterna es un invento de ese espíritu imperial que existió en España durante tantos siglos y sigue existiendo para muchos. El poso que dejó el franquismo es muy denso. Por nuestra península pasaron numerosos pueblos y las unificaciones por la fuerza siempre generan conflictos. Hay una intencionalidad y, sobre todo, el tiempo y la memoria.

A su tarea literaria se suman la de ensayista y articulista, ¿Cómo compagina estas tareas?

Siempre ha existido y existe esa trabazón entre la literatura y cualquiera de los apartados del periodismo; el reportaje, el artículo de opinión o el ensayo... Todo está sujeto a la percepción de la realidad de un momento concreto, aunque el periodismo es más inmediato y debe ceñirse a lo hechos tal cual. Otra cuestión es qué tipo de periodismo tenemos actualmente, pero eso es otra cuestión de la que podemos hablar en otro momento... Naturalmente, cada género solicita un registro diferente, pero todos ellos pueden formar parte de la narración. ¿No fue Galdós un gran cronista? Por citar  algunos nombres más actuales, ahí están, Truman Capote, Francisco Umbral o García Márquez, y qué decir de los escritores que comenzaron publicando sus cuentos o novelas seriadas en periódicos; el periodismo y la literatura siempre se han llevado bien. De cualquier forma, la narrativa suele servirse de la realidad para montar la arquitectura de su obra y es ahí cuando cada escritor toma los aspectos que le motivan más. Hay una tendencia a suprimir, o a pasar de puntillas por aquello que puede molestar o inquietar. Vemos cómo una misma noticia puede sugerir diversas cosas, todo está en qué aspecto se quiera incidir. De cualquier forma, la línea de demarcación entre novela, ensayo o reportaje es cada vez más tenue; la narración lineal está siendo sustituida por la fragmentaria.

¿Cómo considera esta novela dentro de su producción?

Es un eslabón más dentro de una cadena de necesidades. Necesito expresarme, crear personajes que se impliquen en la vida para que cuenten las cosas que otros no pudieron contar. La posguerra fue un tiempo de represión y penuria extrema; personas desnutridas, enfermas, mujeres que callaban y cargaban con su destino esperando mejor vida en el más allá, hombres que ahogaban ciertos comentarios por temor a que algún vecino envidioso los escuchara...

¿Cuál es su próximo proyecto literario?

Estoy trabajando en una narración que habla de las migraciones y de las conquistas,  viajes de ida y vuelta de hombres  y mujeres que buscan un destino mejor en otros países; ahí está de nuevo el tiempo. En ella hay mucha reflexión o ensayo, llámelo como quiera, hay historia y por tanto, memoria. Esa memoria que algunos pretenden arrinconar. Dos continentes; América y Europa, y viajes exteriores e interiores. Dominados y dominadores; desgraciadamente, la historia es recurrente en el tiempo, aunque las formas cambien. Es importante incidir en la condición humana en cada momento histórico, en sus contradicciones, aunque a veces resulte desolador. Se puede mantener una posición clara de compromiso con la realidad y a la vez con el arte. Permítame que para terminar deje una cita de Milan Kundera : “La lucha del hombre contra el olvido es la lucha del hombre contra la tiranía”.

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