Entrevista a
Manuel Blanco Chivite
Estéticamente, la novela está agotada "
Miguel Baquero
Manuel Blanco Chivite es escritor de diversos géneros: novela policíaca y erótica, libros de viajes, biografías, ensayos literarios, colecciones de aforismos... Seguramente por ello, su último libro De bar en bar hasta llegar al mar, constituye una suma o, por no ser tan finos (a él no le gustaría) una mezcolanza de géneros. Bajo la forma externa de una novela, De bar en bar... incluye entre sus páginas sentencias, recortes de periódico, pensamientos fugaces, fragmentos de diálogo, reflexiones sobre el arte, incluso pintadas copiadas de paredes. Con tal miscelánea, Blanco Chivite busca dar una imagen veloz, disgregada y torrencial (no de otra manera, al fin y al cabo, es la vida) de nuestro país entre 1931 y 2005. "Si colocas una bomba en una novela, soporte libro, a la hora precisa, según temporizador, la dicha novela estallará en pedazos", dice el autor en la introducción; y es con estos fragmentos, a veces grandes, de varios folios, a veces mínimos trozos de cerámica, a veces simples frases recogidas al vuelo, con los que Blanco Chivite ha montado éste su artefacto (por supuesto, sin animo peyorativo, sino en su sentido etimológico de factura artística).
Le visito en la nave-taller donde escribe y organiza sus cosas. La nave es amplia y por allí pueden verse, en total confusión, caballetes, atriles, lienzos, pinturas, incluso un viejo tórculo para hacer grabados. Es que en la nave trabajan también, me cuenta, dos pintores; y a uno no le cuesta mucho imaginarse a Blanco Chivite afanándose allí, en un rincón, a la manera artesana, en la redacción de su collage literario.
Pregunta: De bar en bar hasta llegar al mar . El título puede parecer un juego de palabras, pero en realidad quiere significar cómo de la relación más cotidiana, más sencilla y más directa con los demás, del bar, venimos a confluir en el mar, en el conjunto de todo, en la vida social y la historia.
Respuesta: En el libro, el mar simboliza la vida, el origen de la vida, el lugar de la vida originaria y colectiva, la vida en sentido fáustico, global e individual al mismo tiempo, un canto al optimismo. Nada que ver con la visión tenebrosa de Jorge Manrique. Incluso la muerte se concibe como un eslabón más de la vida. Además, tal como se dice, el bar es donde la ciudad, artilugio hermético y hostil, se abre, donde con un vaso, apoyados en la barra o alrededor de una mesa, la gente se comunica, se cuenta historias, llora sus problemas y forja proyectos y sueños que suelen acabarse al salir camino de casa. Pero que ya han cumplido su objetivo enardecedor y vital.
P: El libro (no me atrevo a llamarlo novela) está compuesto de múltiples y heterogéneos fragmentos. Una forma inusual de contar una historia. En el libro, en una de las reflexiones sobre el arte, apuntas a que "lo importante es el continente. Marca el límite, la forma y la cantidad del contenido".
R: Yo tampoco me atrevo a llamarlo novela; además, ¿por qué habría de serlo? Es un mosaico que atrae nuestra mirada casi tanto como nuestra lectura. El o los narradores no cuentan, escuchan, son escuchadores de historias, de fragmentos de historias, además de intervenir con sus propios diálogos, sus reflexiones, aforismos, mini-panfletos, poemas en prosa,…hasta con sus altos en el camino mediante capítulos de “pasatiempos y amenidades”. Hay humor, drama, tragedia, escritura subjetiva y escritura notarial y distanciada, a veces, se juega con ambas; a veces, se teoriza la forma literaria y la escritura que el lector tiene delante… Es un continente multiforme y cambiante como multiforme y cambiante es la vida que nos contiene a todos. El continente hace al contenido, desde luego, no sabe lo mismo un vino bebido en vaso de plástico que bebido en vaso de cristal…
P: ¿Crees que la novela, escrita a su modo lineal y tradicional, ha entrado en una especie de inercia que conduce al agotamiento?
R: Estéticamente creo que, efectivamente, está agotada, aunque eso no quiere decir que no se lea, ni que vaya a dejarse de leer, contar, relatar así las cosas, con sencillez, linealmente, puede tener su encanto, depende, claro está, del escritor; aunque creo que, incluso en esa linealidad, el verdadero creador ha de hallar recursos nuevos, expresar inquietudes formales…La linealidad puede también explorarse… La cuestión es que no suele hacerse… Se impone lo rutinario y lo rutinario, con una buena campaña publicidad y un sello editorial potente, puede vender y mucho.
P: En todo caso, siempre es tarea de un escritor buscar su forma propia de expresarse.
R: Ciertamente. Pero no por el mero afán de singularizarse; sino porque, realmente, se necesite; porque, realmente, la unidad indisoluble continente-contenido pugne por manifestarse de manera propia; porque se busque, y no es fácil encontrar, algo propio e intransferible para mostrar: la mirada del autor, no la contenida en el mirar dominante que nos muestran cánones y academias, medios de comunicación y universidades…
P: Pese a la fragmentación del libro, existe al fondo una línea cronológica que empieza en 1931, el día de la proclamación de la Segunda República, y acaba en 2005. Esta línea cronológica, además de estructurar en lo que cabe el libro, sirve de argumento para la idea principal, y es que muy pocas cosas han cambiado desde entonces hasta ahora...
R: Tampoco ha pasado tanto tiempo…Incluso podría decirse que para tan poco tiempo como ha pasado, los cambios se perciben (y las constantes también, desde luego) y, al menos superficialmente, no han sido pocos. Lo que ocurre es que el libro, levantando acta de alguna manera de estos cambios, cala más hondo y encuentra las constantes, ya no sólo de un periodo histórico, sino también, en cierta manera, las constantes del propio ser humano… En tal sentido y como se dice en el libro: sólo avanzamos los restos del naufragio.
P: Aparecen viejos milicianos; más tarde, observadores atónitos y dolidos de la crueldad de posguerra; luego, luchadores contra el franquismo; y, llegando a nuestros días, jóvenes confundidos y desnortados. ¿Crees que todos vienen a formar parte del mismo tipo humano?
R: Supongo que sí. La cuestión es ¿cuántos tipos humanos existen? Y si es posible clasificarlos de una u otra manera y si esa presunta clasificación es fiable…Creo que cada persona es, entre otras cosas, un tipo humano diferente, capaz en todo momento de mostrar nuevos matices, nuevas reacciones, capaz de cambiar en cualquier momento,…otra cosa es que lo haga, que, realmente, conozca, reconozca y ponga en marcha estas sus capacidades. No suele suceder, pero podría, sí, y quizás resultase maravilloso.
P: En un determinado momento, hablas de la escritura "ausente" y de la atracción del silencio y de la página en blanco. Sin embargo, escribes...
R: La contradicción hace a la persona y a todo lo existente. Un cadáver es una persona carente por completo de contradicciones. La escritura ausente y la escritura presente, tal es la contradicción del escritor: el juego o la dialéctica del silencio y la palabra; del discurso establecido y enunciado por un lado y la libertad por otro. La página en blanco, en principio y al principio, es la tarea de cada día, el desafío cotidiano del escritor. La conquista final, sin embargo, es el silencio. No el silencio inicial, que no se nos alcanza, sino el silencio de larga conquista, el que resulta como producto de la palabra. Silencio que, a su vez, es como un nuevo inicio... ¿Qué discurso narrativo después de Samuel Beckett…?. Volver a empezar, volver a explorar, pero hacerlo sabiendo que Beckett estuvo ahí… La palabra es tan solo un instante mil veces repetido entre el silencio inicial y primordial y el silencio final, cargado de pasado y de significación, de sugerencias,… Y ambos silencios, como la palabra, repetidos una y otra vez, iguales y diferentes a cada vuelta, a cada escritura y a cada escritor… Del silencio surge la palabra y el silencio es el destino de la palabra.
P: Paralelamente al hilo cronológico, hay un hilo de pensamiento, un fondo intelectual que poco a poco va progresando y en los últimos retazos habla sobre el afán desmedido por el dinero que parece poseernos a todos hoy en día. La vieja lucha entre pobres y ricos parece haberse convertido en la lucha de cada quien por hacerse rico...
R: No hay hoy en día muchas opciones para hacerse rico; para cuando uno ha terminado de pagar el piso, el coche, el chalet, los impuestos, las multas, la plaza de garaje, todo eso tan caro que rodea y encadena la libertad de tanto ciudadano acomodado, ¿queda tiempo para hacerse rico?. Como decía hace años el dramaturgo alemán Peter Weiss: ”vosotros, los que os creéis ricos, sabed que los verdaderos ricos se ríen de vosotros”.
P: Hoy en día parece haber un aserto, cada vez más general, en el sentido de que la novela tiene que ser entretenida y no remover conciencias ni nada parecido. De hecho, si miras lo que se vende más hoy en día, los libros de historia, así como los de magia, los de fantasía, y los de aventuras, parecen arrasar. Imagino que estarás en contra de esta corriente...
R: Creo que la mayor parte de la actual literatura de entretenimiento que tanto se vende (¿se vende otra?) resulta un auténtico peñazo: retórica por todas partes, cursilería en la expresión de sentimientos, páginas de relleno a tutiplén, repetición de situaciones, personajes estereotipados, falta de vida, falta de ideas… Conan Doyle, Simenon, D. Hammet, José Mallorquí, Stevenson, Baroja, Chandler, A. Christie, Jim Thompson, R. Heinlein,… y tantos otros siguen siendo los más entretenidos. Muy pocos nombres contemporáneos cabría añadir a estos y otros como estos… aunque los hay, desde luego… pero muy escasamente en España.
P: También eres editor. ¿Qué debe tener para ti una novela para que sea buena, o al menos interesante?
R: No hay regla. Como yo digo, en cualquier parte, en cualquier género, a cualquier hora puede surgir la calidad, depende de un montón de cosas difícilmente clasificables. Lo que sí sé es que surge con harta escasez, pese a que los suplementos tipo Bobelia, Cultural,… descubren cada semana varias obras maestras en las editoriales que pueden dedicar millones a campañas de publicidad o que pertenecen a los grandes grupos de comunicación.
P: ¿Y cómo ves el panorama, en general, de lo que se publica hoy en España?
R: Se publica mucho, incluso en exceso, pero bueno, que cada cual publique lo que quiera… Ahora bien, la calidad media es escasa, abunda lo aburrido, lo superficial, lo rutinario, lo intrascendente, el peñazo, vamos. Lo mejor quizás esté en determinados autores y autoras que ocupan la segunda o tercera fila en las ventas, cuando no la cuarta. Gente más modesta, menos dedicada al espectáculo y más preocupada por aportar algo, más preocupada por qué decir y cómo decirlo, más preocupada por dar un mayor calado a su obra…Los hay, afortunadamente, aunque no aparezcan en los HOLA literarios y televisivos, ni figuren en las listas de grandes ventas, listas en las que se puede figurar de la misma manera que en los grandes escaparates y mesas de novedades: basta con pagar. Claro que el dinero, ya se sabe, lo tienen unos pocos.
P: Por último (y esto, afortunadamente, todavía sigue siendo un lema en nuestro país), hay que ir a los bares. Hay que ir mucho a los bares.
R: Es un buen consejo; contra televisión que aborrega, bar en el que discutir, convivir, contar y soñar… Ya sabes, de bar en bar hasta llegar al mar… y vuelta de nuevo, siempre habrá historias que contar, historias que escuchar…
(subir)