
Los
navazos son explotaciones en forma de cubeta que permite el riego autónomo por el
ascenso capilar del agua y ayudado por el flujo de las mareas. El sistema, de
origen árabe, tiene un fundamento físico inverso al empleado en el
"enarenado" de Almería, y fue ampliamente generalizado en el siglo
XVIII. Su estructura se enmarca en unos bardos de arena laterales dispuestos a
modo de cortaviento y que se empleaba para el cultivo de hortalizas, con la
capa freática de agua dulce localizada a poca profundidad, y alta capacidad de
insolación y elevadas temperaturas interiores.
Denominamos, por tanto, navazo a un sistema
tradicional y casi exclusivo de Sanlúcar de huertas organizado en forma de
cubetas. Según parece, la etimología proviene del vocablo árabe
"nevaa" que significa manar agua, dado que el aporte hídrico no se realiza
con el riego sino aprovechando una propiedad física del agua: su ascenso por
capilaridad.
Aunque la primera referencia que tenemos es
del siglo XVI, este sistema de cultivo estaba muy generalizado a mediados del
siglo XVIII, según el Informe del Marqués de Campomanes, de 1772. En los
terrenos que van desde el Castillo del Espíritu Santo hasta Bonanza se formó en
aquellos tiempos una cordillera de meganos de arena voladera que sepultó una
parte del Barrio Bajo. Parece que "alarmados sus habitantes, se decidieron
a contener el movimiento de las arenas, sembrando pinos y construyendo
navazos". La cava de hoyos en los cerros que se habían creado permitió al
tiempo sujetar las arenas, y crear unas explotaciones agrícolas que se
demostrarían muy productivas hasta nuestros días. Según la bibliografía
consultada, su ámbito abarcaría las localidades de Sanlúcar, Rota, Chipiona y
El Puerto. En Sanlúcar, los navazos se localizan en la línea de costa, mientras
que las huertas se encuentran más al interior. En la actualidad sólo quedan
vestigios entre Sanlúcar, Bonanza y la Algaida, donde todavía queda el recuerdo
de sus estructuras originales.
La cualidad más destacada a simple vista es
su forma de cubeta que se debe a su peculiar forma de riego que era de abajo
arriba al contrario de la forma natural. Edafológicamente, se localizan sobre
arenas finas que permite el drenaje sin dificultad y bajo toda esta arena se
encuentra una capa de arcilla muy impermeable que retiene el agua. La duna es
sólo un soporte físico de la planta ya que no tienen componentes fertilizantes.
La principal dificultad del navazero era la de que la plántula alcanzara esta
capa freática y esto se hacía con riego manual planta a planta. Una vez
alcanzada la capa freática se abastecerá aprovechando los flujos y reflujos de
las mareas.
Resulta curiosa la observación que realiza
Juan Sánchez en el seminario de agricultura y artes en 1799: "El que no
esté acostumbrado a ver y observar semejante clase de cultivo en arena pura
tendrá por ilusión cuanto se diga acerca de su conversión en terreno abundante
por medio del abono y la laboriosidad de aquella clase de labradores". Y
también apunta: "Los abonos son en todo conforme a los que acostumbran a
las demás tierras, exceptuando el que no emplean arados, sino azadas para las
labores y jamás dejan de producir sin necesidad de otro descanso que el preciso
para el estercolado".
El navacero tenía que realizar una serie de
labores de acondicionamiento, excavando el terreno con la ayuda de bestias o
animales de tiro, apartando arenas en los bardos, etc. El terreno de labor se
dividía en cuarteladas a las que se descendía por un portillo, y en varias de
estas se excavaba un tollo o pozo en forma cónica, en que desembocaban las
gavias o canalillos de drenajes. Presentaba gran dificultad y trabajo extra
durante los años de gran sequía, cuando la capa quedaba demasiado profunda. Se
hacía necesario el riego diario mata a mata con jarras desde el pozo a la
planta hasta la llegada de los motores. Los navazos se anegaban también con
facilidad los años de muchas lluvias, por la elevación de la capa freática.
Para ello, los navazos se comunicaban en una compleja trama de acequias
destinadas a la evacuación de aguas de las aguas de lluvia (Juan Sánchez, 1799).
Se requería, por tanto, según el mismo
autor, "una primavera húmeda sin exceso, estío y otoño moderados, con un
invierno abundante de lluvias son los únicos requisitos que desean los
dedicados a esta clase de agricultura para lograr una abundancia que recompense
exorbitantemente sus tareas, pero aunque falten aquéllos, siempre la logran
suficiente". Y recientemente dos factores han contribuido a la sequedad y
salinización de los acuíferos de Sanlúcar y Chipiona: la excesiva extracción de
agua y las obras de relleno de enarenado de las marismas, que produjeron la
excavación de arena y viciaron la inclinación natural del drenaje. Otra
dificultad estructural era la esterilidad del suelo. Al tratarse de superficies
de arenas sílices, muy inertes y con pocas propiedades químicas, se hacía
necesario un abonado constante, tradicionalmente de contenido orgánico. Su
componente fundamental era la 'privá' o excrementos humanos, que los niños
recogían de los núcleos urbanos durante la madrugada; también las algas o
'verdinas' de la playa y el estiércol de caballo que recogían igualmente los
niños en los caminos.
El navazo presenta una serie de propiedades
agroclimáticas que recuerda, aunque de forma más atenuada, las propiedades de
un invernadero. El suelo arenoso se calienta, y al estar protegido por los
bardos crea un microclima caracterizado por la elevada humedad ambiental por su
cercanía al mar y a la vez a la capa freática. Esto hizo de los navazos un
marco idóneo para el cultivo de hortalizas tempranas de gran calidad,
productividad y amplia variedad, de afamado nombre en los mercados locales y
comarcales.
La producción navacera se ha dirigido desde
antiguo al mercado. La proporción destinada al autoconsumo era escasa. La
superficie se aprovechaba al completo con la plantación en los bardos de pitaco
o pitas, higueras, cebollas, calabazas, cidra, membrillos, cepas, pomelos e
incluso cebada. También algunos frutales como ciruelos, damascos, albérchigos,
que favorecían la contención de las arenas de los bardos. El 'vallao'
(vallado), cuya función era el marcar las lindes e impedir el robo, era la
'hatuna' o chumbera. Los cañaverales crecían alrededor de los toyos que
impedían el desmoronamiento del mismo y en los contornos de los navazos se cultivaban
frutales como granados, moreras, limoneros, olivos para elaborar aceitunas de
mesa, etc.
Los informes de la Cooperativa de la
Colonia de Monte Algaida demuestran que en cada parcela de La Algaida tenía
entre 10 y 20 árboles frutales, cosa que hoy por hoy no ocurre, siendo muy poco
frecuente en la zona el cultivo de frutales. Los cultivos básicos del navazo
hasta los años 70 era coliflores, papas, maíz, sandías, melones, 'frijones' y,
en ocasiones pimientos. Se regía tradicionalmente por el ciclo de la papa que
era muy apreciada:
- En enero la 'papa de
temporá', que se recogía en abril o mayo.
- En septiembre la
"papa de otoño".
La papa ha sido un cultivo temprano que se
podía llegar a adelantar unos 20 días, se asociaba con productos no asociados
al mercado como haba o maíz para aprovechar el rastrojo para el ganado. Pero el
navazo era, sin duda, una unidad de explotación integrada y diversificada.
Hasta los años 30 era habitual tener más de una vaca, becerros, cerdos, y otros
animales en cada unidad familiar. La presencia de ganado se deriva de varios
factores:
a) El ganado
equino ha sido fundamental en la realización de muchas labores como el riego
transportando el agua, los movimientos de arenas, la recogida de 'privá' o el
transporte de la producción al mercado.
b) Vacas,
gallinas, pollos y cochinos eran utilizados para el autoconsumo durante los
periodos de paro.
c) La
existencia de un excedente de mano de obra poco cualificada, como niños o
mujeres que podía quedar cubierto con trabajos menos duros como sacar a pastar
a las vacas, o criar los gallos de pelea que eran deberes de los niños. La cría
de gallinas era un trabajo femenino por excelencia.
d) La obtención
de estiércol.
e) Su valor
como moneda de cambio. Sus limitaciones estructurales condujeron a los
navaceros a combinar el trabajo autónomo con el trabajo asalariado en fincas
vitícolas, constituyendo mano de obra altamente cualificada. Al igual que sus
descendientes, los navaceros vivían en casas anejas a sus explotaciones donde
la mano de obra familiar era flexiblemente utilizada.
En los años sesenta, la mecanización hizo
excedentaria la mano de obra, surgiendo la primera crisis que se saldó con
respuestas estratégicas como la emigración, la movilidad profesional o la
ampliación de superficies de cultivo mediante el allanamiento de los navazos y
la rotulación ilegal de zonas de bosque. En los setenta, seguían siendo
agricultores innovadores. Los años ochenta marcan una transformación radical en
las estrategias que constituye el paisaje social actual sanluqueño. Tras una
segunda crisis, se optó por la "nueva agricultura", la agricultura
intensiva que permitía el reparto a mayor número de hijos. Esta reconversión ha
sido apoyada por la política estatal y por la administración autonómica, siendo
esta agricultura de pequeños propiedades, inferior a una hectárea, con cultivos
forzados bajo plástico que permiten producciones extratempranas y que requieren
altas inversiones de capital. Ante esta segunda crisis hubo agricultores que
optaron por la no división o la mínima división de tierras que dieron como
resultado la horticultura no protegida de tubérculos mayormente (patatas y
zanahorias).
A diferencia de otras zonas, como el
litoral onubense con el fresón o la horticultura almeriense, en la costa
noroeste de la provincia de Cádiz no se ha conseguido crear una industria
subsidiaria. Esto, unido a la dependencia de los mercados europeos, hace que el
agricultor participe escasamente del valor añadido que genera su producción
primaria. Podemos decir entonces que los antiguos navaceros sanluqueños, con su
mentalidad de horticultores (muy diferente a la de los agricultores extensivos)
propiciaron la floricultura de hoy. Esta mentalidad describe un perfil de
agricultores muy trabajadores que se las habían ingeniado para ser de los
primeros focos andaluces de horticultura a pesar de concebirse tradicionalmente
a Andalucía como tierra de extensivos.
El cambio de mentalidad con el paso de
generaciones ha pasado de pensar que a más tierras más riqueza a otra
concepción muy distinta, que es a más capital invertido más beneficios. Podemos
decir pues que el sector hortícola es un sector en constante evolución y cabe
esperar que seguirá evolucionando. Hoy por hoy se está ampliando la gama de
especie de flores cultivadas. Se ha dejado de cultivar sólo claveles y
clavellinas, y también se pretende introducir el cultivo del verde de corte.
Exposición de la historia
y de los productos agrícolas de los Navazos de Bajo de Guía, realizado por l@s alumn@s del Centro de
Adultos de Sanlúcar