
| Cementerio nuclear |
|
CASTILLA Y LEON Y LOS RESIDUOS RADIACTIVOS
Las noticias sobre la ubicación del futuro almacenamiento definitivo de los residuos nucleares de alta actividad, vienen sembrando periódicamente una inquietud más que justificada en nuestra región.
El reciente fracaso de la ponencia del Senado que venía estudiando este asunto vuelve a posponer la decisión definitiva sobre el "cementerio nuclear", para eludir su coste electoral, confiando temerariamente en que un milagro tecnológico lo haga innecesario.
En la actualidad hay cerca de 2000 Tm de residuos radiactivos almacenadas en "piscinas"en los recintos de las propias centrales, algunas ya saturadas. Si esperamos a que finalice la vida útil de las centrales nucleares del Estado se habrán generado más de 6000 Tm cuya peligrosidad se prolongará durante miles de años.
La empresa nacional de residuos ENRESA pretende construir un Almacén Transitorio Centralizado en contenedores de superficie, para el que busca emplazamiento. También se anuncia que continuarán los estudios geológicos para determinar la ubicación del Almacenamiento Geológico Profundo (AGP), o cementerio nuclear definitivo.
Algunos políticos, pretenden "tranquilizar" a la opinión pública en relación con el controvertido asunto de los residuos nucleares. Por ejemplo, Juan José Lucas asegura que no habrá cementerio nuclear en Castilla y León, como si la Junta tuviera potestad para impedirlo.
Conocer las "áreas favorables" que manejaba ENRESA para la ubicación del AGP entre las que aparecían varias en nuestra región, que entraban así en un reducido grupo de localizaciones de entre las cuales saldrá la ubicación del "cementerio" nuclear. El lugar idóneo, según todos los indicios, vendrá determinado por estudios geológicos pero también por la existencia o no de respuesta social.
Desde Ecologistas en Acción, un colectivo alejado de oportunismos de última hora sobre el tema nuclear, manifestamos que la única postura política aceptable de rechazo al cementerio nuclear es la que rechaza al tiempo la generación de más residuos, porque si no se cae en la esquizofrenia: "sí a la energía nuclear pero no a sus residuos"; o en la demagogia: "aquí no, que se lleven el cementerio a la Moncloa o al País Vasco", desconociendo que la contaminación, y más la radiactiva, no conoce fronteras.
Así pues, si no queremos los residuos sólo queda una opción sensata, prescindir de las centrales nucleares mediante un proceso gradual de sustitución. Sobre cómo hacerlo hay varias propuestas y numerosos ejemplos en países de nuestro entorno. Hay que cerrar las centrales nucleares para evitar que el problema de los residuos nucleares continúe aumentando en magnitud y gravedad.
Para ser consecuentes también hemos de pedir la reconversión de la industria nuclear en nuestra región con contrapartidas económicas que permitan crear nuevos empleos.
En este debate no se puede dejar de lado la ruiniosa contabilidadde la energía nuclear: somos los ciudadanos y no las empresas eléctricas quienes hemos venido pagando con nuestros recibos de la luz el coste del "parón nuclear " y el de la gestión de los residuos. Tengamos en cuenta que los efectos externos (la radiactividad de los residuos y de los propios reactores cuando concluya su vida útil) de esta industria los sufrirán las generaciones venideras durante miles de años. Así pues el kilovatio nuclear es con diferencia el que más caro nos sale. La búsqueda de una solución, cualquiera que sea, para el problema de los residuos radiactivos pasa por detener primero su producción.