| Satisfacción de los voluntarios de Ecologistas en Acción a su vuelta de Galicia por el trabajo realizado |
7/1/03
Hay que exigir indemnizaciones también por el trabajo de los miles de voluntarios y crear un fondo de solidaridad
El centenar de voluntarios de Ecologistas en Acción que se han desplazado estas Navidades al municipio coruñés de Muxía han vuelto a Cádiz con la gran satisfacción de haber colaborado activamente en la recogida del fuel vertido por el Prestige. Los voluntarios y voluntarias han trabajado en la limpieza de la playa de Nemiña y en los acantilados del mismo núcleo urbano de Muxía, donde ha llegado gran cantidad de fuel fresco en estos últimos días. En total hemos recogido más de 60 toneladas de chapapote, que no seguirá envenenando el litoral gallego.
Ecologistas en Acción valora muy positivamente la acogida de los vecinos, y muy en especial de la Cofradía de Pescadores y de Protección Civil, que se están haciendo cargo, con gran penuria de medios, de todo el dispositivo de alojamiento, comida y organización de los trabajos de limpieza. Para comprender la magnitud de este esfuerzo baste decir que un pueblo de 2.000 habitantes acoge a una media de 800 voluntarios, habiendo superado en época de vacaciones los 1.000. En Muxía no existe oficina ni dispositivo alguno de la Xunta de Galicia ni del Gobierno central. Allí, más del 90% de las personas que trabajan en la limpieza del litoral son voluntarios, el resto, un pequeño grupo de soldados y de empleados de una empresa contratada por el Ministerio de Medio Ambiente.
Por tanto, denunciamos como falsos los llamamientos del Ministro de Medio Ambiente para que no acudan más voluntarios, aduciendo que no hacen falta. El Gobierno central y la Xunta pretenden convencer a los ciudadanos de que la cosa no es tan grave, que en realidad no hay marea negra. Los que hemos vivido de cerca esta catástrofe podemos atestiguar lo contrario, el litoral gallego sigue muy afectado, hay miles de toneladas en las costas sin recoger, el fuel sigue llegando del Prestige y no se adoptan medidas eficaces ni para parar los vertidos del petrolero ni para regenerar el litoral.
Los pescadores de Muxía nos pidieron que no los olvidemos, que si dejan de ir voluntarios se terminará por echar tierra -o chapapote- encima de esta catástrofe, y los olvidarán cuando pasen las elecciones, que seamos su altavoces por todo el país, y vamos a cumplir con ese compromiso. Desde Ecologistas en Acción hacemos un llamamiento a la sociedad para sigan organizándose grupos de voluntarios a Galicia y el Cantábrico, grupos que deben ir bien organizados y formados.
Ecologistas en Acción considera que esta labor altruista no puede convertirse en una estratagema de la naviera del Prestige o del Gobierno para eludir sus responsabilidades de índole penal y civil. Que no se crea la naviera y el Gobierno que les va a salir gratis el trabajo de los miles de voluntarios. Todo nuestro trabajo debe contabilizarse a la hora de exigir indemnizaciones para que, como en el caso del Exxon Valdez en Alaska, se pague hasta el último euro en la recogida de fuel, en indemnizaciones a pescadores y en los trabajos de regeneración del litoral. Las indemnizaciones por el trabajo de los miles de voluntarios deben ir a un fondo solidario para campañas de protección del litoral a nivel de todo el país.
Más información: Juan Clavero (956 85 56 70) y Antonio Muñoz (677 51 74 19)
Cádiz a 7 de enero de 2003
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Croniquillas desde el chapapote ( y V)
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Un inoportuno enfriamiento me impidió acabar las croniquillas desde Muxía y por eso aprovecho este último envío para hacer balance.
9/1/03
El último día de nuestra expedición amaneció el temporal sobre nosotros. Después de tres días de sol, extraños en aquella tierra de tormentas, pensábamos que no podríamos bajar a la playa pero una hora después estábamos de nuevo sobre los camiones. Aquí llueve 364 días al año fue la lacónica razón, definitiva, de uno de los gallegos. Nos esperaba de nuevo la playa de Ermiña cubierta de galletones de chapapote que parecían champiñones negros nacidos en la noche anterior. Como si de una carrera de relevos se tratara, riojanos y gaditanos nos relevábamos para limpiar una extensión parecida a la playa de Valdelagrana. Cuando llegamos al final, el mar empezó a vomitar de nuevo bolas de alquitrán y se produjo una frenética pesca dentro del agua. Esperábamos que se retirara la ola y antes de que apareciera la siguiente recogíamos los huevos marrones antes de que se mezclaran con la arena o con las algas cercanas. Luego, a través de cadenas humanas se depositaban en los capazos o directamente en la pala de la excavadora.
El tiempo pareció suspenderse mientras saltábamos entre las olas empapados por culpa de la mala calidad de los materiales usados para impermeabilizar los trajes. Para mí, ese robo de los voluntarios y las voluntarias al mar, a la lluvia, al destino negro de ida y vuelta, fue una de las imágenes más dramáticas, más plásticas de todo el viaje. En varias ocasiones desbordamos la capacidad de recogida de las palas y los camiones disponibles. Eramos trescientas personas en la playa pero, a veces , me parecieron más tres mil.
Eso me ha llevado a pensar en la calidad humana de las personas que han participado conmigo en esta aventura y aunque omito los nombres por razones obvias sus rostros han quedado inscritos en mi corazón: las gallegas de Sanlúcar que lloraron al ver Muxía negra y arrancaban el chapapote cantando, entre otras cosas Me han dicho que el amarillo... Manolito Santander hubiera llorado emocionado de saber hasta quién, haya qué, hasta dónde llegaba su himno al Cádiz; la benjamina del grupo que con sus diecisiete era la última en retirarse de los lugares más difíciles sin que nunca se le oyera una queja; la gente de ventitantos que aprovechaba la juerga nocturna hasta el último momento pero que durante el día no se escaqueaba de meterse en los agujeros más negros y que terminaban la jornada borrachos de chapapote que no de copas, los ácratas de toda la vida que no estaban acostumbrados a recibir órdenes pero las recibían mascullando por bajinis por no perder el tiempo en discusiones, los que roncaban en las eternas noches insomnes del pabellón, las mujeres que sustituyeron el rímel del domingo por la sombra negra de chapapote diario en los ojos, etc....
Hoy, 100 personas más en Cádiz saben una parte de la verdad de la marea negra en Galicia. Son cien puntos más de información y de conciencia popular. Quizás esa realidad pese más que las ciento y pico de toneladas de chapapote que hayamos conseguido retirar del mar. Pero hay que seguir yendo a Galicia, no dejar solo a ese pueblo hermano. Contra lo que digan los ministros y los alcaldes, ir a Galicia. Que no separen el abrazo de los pueblos que se visten de blanco para que lo negro vuelva a ser azul.
Y el dia 18 de enero, todos a la mejillonada a favor de Nunca Mais en el bar La Bodegona de El Puerto, en la calle Jesús Nazareno detrás de la Ribera del Río al mediodía.
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