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La afirmación
del Delegado Provincial de Medio Ambiente sobre la inocuidad de
los vertidos en los barrancos de la Sierra de Bodíjar, no
convence a nadie.
Las personas
que han visitados estos vertederos pueden atestiguar el sufrimiento
casi insoportable de sus narices aguantando olores pestilentes y
vomitivos. Los envases que hay allí por centenares son de
productos fitosanitarios, luciendo su calavera de veneno, y considerados
por la legislación actual como residuos tóxicos y
peligrosos.
Si todos estos envases, así como las bandejas de hidropónicos
que han recibido estos productos químicos, no presentan contaminación,
desearíamos se nos explicara cual es el milagro, pues se
habría resuelto uno de los más grandes problemas ambientales
en la costa.
De todas formas, si estos residuos no eran tan malos, no comprendemos
cómo Medio Ambiente no los llevó a la planta de tratamiento
de Vélez de Benaudalla, al asimilarlos a urbanos. En su lugar
estos residuos fueron llevados a un vertedero ilegal, que fue clausurado
con fondos de la Unión Europea y que fue reabierto por el
Ayuntamiento de Motril. Como este vertedero tiene una orden de cierre
dictada por el Sr. Delegado de Medio Ambiente -con fecha 12 de julio
de 2002, donde se ordena la paralización de vertidos y encomienda
a los agentes de Medio Ambiente la vigilancia y adopción
de las medidas necesarias para la efectividad de la orden de paralización-,
no entendemos cómo el mismo Delegado incumple su propia orden
de cierre.
Con este ejemplo dado por las autoridades respecto al cumplimiento
de la normativa ambiental, podemos darnos por enterados sobre la
seriedad con que se toman el grave problema de los residuos tóxicos
en la Costa de Granada.
El Coordinador Provincial
Nota de prensa de 11 de noviembre de 2003
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