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Crisis Económica y Mujeres

Anuario 1994

 

El día 9 de marzo, Maria Jesús Pinto, miembro de la Ejecutiva de CONC, Comisiones Obreras Nacionales de Cataluña, y de la Secretaria de la Mujer de este sindicato, dio una charla sobre la situación de las mujeres ante la reforma laboral. A partir del material que nos envió, hemos hecho el siguiente resumen.

El hilo conductor de la reforma del mercado de trabajo que plantea el Gobierno va en la más clara y contundente línea de desregularización de la normativa actualmente en vigor, que comporta una reducción drástica del derecho necesario y su sustitución por un derecho de "libre" regulación de las partes, que puede dejar trabajadoras y trabajadores en la más absoluta desprotección y indefensión, ya que amplia al máximo les facultades empresariales.

Estas medidas tienen unas características comunes claramente orientadas hacia fórmulas de tipo desregulador. Se caracterizan por reforzar el poder de dirección empresarial, en detrimento, no sólo de las garantías y derechos  del trabajador y la trabajadora individual sino también de las facultades de participación y control de su representación. Implican reforzar el poder empresarial, limitar y recortar los derechos y garantías de la gente trabajadora, precarizar y segmentar, abaratar y facilitar el despido y disponer casi absolutamente de la mano de obra. Al mismo tiempo implica una transferencia de recursos hacia las rentas del capital.

Esta nueva situación normativa puede generar una sociedad cada vez más dual y polarizada entre clases poderosas y clases populares, ricas y pobre. Pero, incluso entre la gente menos favorecida siempre habrá colectivos que por encontrarse entre aquellos que están tradicionalmente marginados, estarán en una situación más vulnerable ante la recesión y la crisis económica. Entre estos colectivos nos encontramos las mujeres, que veremos cómo se incrementan las dificultades para el acceso y el permanencia en el mercado laboral, si prosperan las medidas desreguladoras que el Gobierno pretende imponer.

Las mujeres pueden ser las primeras afectadas por las reformas estructurales del mercado de trabajo. Las medidas planteadas aumentarán, todavía más, la segregación social.

Situación de las mujeres en el mercado de trabajo

Para poder analizar el alcance de las medidas de la reforma hay que analizar cuál es la situación del mercado laboral en el que se aplicará. Esta situación se caracteriza por:

1. Elevado nivel de paro: 3,7 millones de personas. En el Estado Español están en el paro el 24% de la población activa. El paro afecta a más mujeres que hombres: el 29% de la población activa femenina, frente al 19% de la masculina

  • En 1.000.000 de hogares el paro afecta a todas las personas en edad de trabajar.

  • El paro de larga duración afecta al 50% de las personas en paro

  • Las mujeres constituyen el 47% del total de la población parada.

Todas estas cifras hay que relacionarlas con la reducida tasa de empleo de las mujeres: el 35% del 43% de media en los estado comunitarios.

2. Menor cobertura por desempleo.

  • Las mujeres paradas tan sólo están cubiertas por algún tipo de prestación en un 24,7%.

  • Los recortes en las prestaciones del subsidio hechos en diciembre de 1993 harán disminuir todavía más la tasa de protección.

3. Altos niveles de pobreza.

  • Una de las consecuencias del incremento del paro es el aumento de la pobreza, que ha adquirido nuevos rostros.

  • La pobreza se ha ido introduciendo entre la población en edad laboral a causa del aumento de paro de ciertos colectivos que cada vez están más alejados del mercado de trabajo y también a causa del crecimiento del paro de larga duración.

  • Las nuevas personas pobres que oculta la sociedad actual son mujeres, jóvenes con problemas de integración laboral, viejos y viejas con pensiones mínimas, gente en paro de larga duración, gente que ha sido despedida de sus empresas con veinte y treinta años de cotización, pero a quienes todavía les queda unos quince o más años para jubilarse.

  • Se produce una "feminización de la pobreza": las mujeres son más numerosas que los hombre a la hora de ocupar puestos de trabajo a tiempo parcial, en lugares poco atractivos y especialmente vulnerables a la crisis económica. Además, las estructuras de las familias registran un aumentos de familias monoparentales que, en más del 90% de los casos, tienen a una mujer como cabeza de familia. La tasa de pobreza es superior a la media cuando la cabeza de familia es del sexo femenino.

  • También las comunidades de inmigrantes están siendo más duramente afectadas por el paro.

4. Alto nivel de temporalidad. Más de 34 % de la gente asalariada tiene un contrato temporal. Más del 95% de las contrataciones realizadas en los últimos años son de carácter temporal.

5. Contratos a tiempo parcial fundamentalmente para las mujeres.

  • En los últimos 5 años los contratos a tiempo parcial han pasado de representar un 5,5% del total de contratos a un 13%.

  • Este tipo de contratación afecta al 15% de la población asalariada: el 14% de todas las mujeres ocupadas; el 3% en el caso de los hombres

6. Elevada participación femenina en la economía sumergida. El 42% de las mujeres ocupadas trabajan en la economía sumergida, ante un 19% de los hombres.

7. Salarios inferiores a la media percibida por los hombres. Según diversos estudios, la discriminación global del salario medio del conjunto de las mujeres está alrededor de 20 punto por debajo del de los hombres.

Análisis de la reforma: el trabajo a tiempo parcial.

Se puede afirmar que las mujeres están mayoritariamente presentes en lo que hemos llamado mercado de trabajo secundario o periférico con contratos temporales, trabajando en pequeñas empresas donde se constata la fragilidad y precariedad de las condiciones de trabajo.

Los altos niveles de precariedad i discriminación en la relación laboral se verían multiplicados con la introducción de medidas tales como las relativas a incidir en una mayor desprotección durante la relación labora y que afectará a:

  • La pérdida de garantías y controles en materia de ordenación del tiempo de trabajo, movilidad funcional, geográfica y modificación sustancial de las condiciones de trabajo. Por tanto, un incremento de los poderes del empresario con vistas a la actualización y disposición unilateral de las trabajadoras.

  • La reducción o limitación para determinados colectivos de gente trabajadora de los niveles de cobertura de la Seguridad Social y exclusión de la protección por desempleo (contratos de aprendizaje, determinadas contrataciones a tiempo parcial.

Entre las medidas aprobadas destacaremos los contratos a tiempo parcial y sus consecuencias.

Aunque no se formule explícitamente, es un tipo de contrata que afecta especialmente a la mujeres. El trabajo a tiempo parcial, que ocupa un destacado lugar entre otras medidas de las políticas neoliberales de flexibilización laboral, sigue una lógica infernal. Un contrato a tiempo parcial no crea un puesto de trabajo, sino que viene a sustituir, en general, a un puesto de trabajo estable y a tiempo completo. Esta tendencia es todavía más clara en momentos como el actual, marcados por la recesión económica y la destrucción de puestos de trabajo.

El crecimiento del trabajo a tiempo parcial no ha significado la incorporación de las mujeres a nuevos ámbitos, más bien, al contrario, ha intensificado la segregación del empleo femenino en determinados sectores. Si contemplamos la experiencia europea, una mayoría abrumadora de las mujeres está en el sector servicios: 91% en Bélgica, 88% en el Reino Unido, 86% en Dinamarca... Igualmente, no son unos servicios cualesquiera, son los mismos servicios en que, ya en el pasado, la participación de la mujer era mayoritaria. Servicios en los que los niveles de remuneración y de cualificación son reducidos: camareras, vendedoras, trabajadoras del servicio doméstico.

El trabajo a tiempo parcial tal y como es practicado en algunos sectores, como el del comercio o el de la limpieza, está muy lejos de hacer posible una mejor combinación de la vida profesional con la familiar. En el caso de trabajos a tiempo parcial son mucho más frecuentes los horarios irregulares y variables de un día para otro y el trabajo de fin de semana y nocturno, que en los contratos de jornada completa.

Se presenta, falsamente, el trabajo a tiempo parcial como una opción de las propias mujeres. En nuestro país sólo un 5,5% de las desempleadas buscan trabajo a tiempo parcial. Más que un "tiempo elegido" es, para muchas mujeres, la única oportunidad que tienen de obtener algún trabajo. Determinar, por tanto, los grados de satisfacción y de elección voluntaria es algo especialmente difícil. Se puede esta completamente "satisfecha" de tener un trabajo a tiempo parcial en lugar de esta en el paro, de la misma manera que se puede haber "elegido" un trabajo a tiempo parcial porque las limitaciones familiares son excesiva o incluso porque se trata de una imposición de la empresa. En todos estos casos los límites entre la elección y la obligación, la satisfacción y la resignación son, evidentemente, difusos.

El desarrollo del trabajo a tiempo parcial, ya sea éste el resultado de la voluntad o de la imposición, tiene unos efectos que son muy negativos para las condiciones de trabajo, los salarios, la cualificaciones, las prestaciones de jubilación y desempleo, y para la trayectoria profesional y personal de la mujer.

Las mujeres sabemos la gran falta de tiempo que tenemos, que el reparto desigual de las tareas nos aboca a una doble o triple jornada y a un hambre permanente de tiempo. Queremos tiempo, sí, pero sobre la base de una nueva reestructuración de los trabajos de mujeres y de hombres. Queremos cuestionar el modelo productivista y consumista y elaborar alternativas sociales y de relaciones interpersonales diferentes a las actuales, más solidarias, más igualitaria, con tiempo para la afectividad y el cuidado de las personas, por parte de mujeres y de hombres, con tiempo para el desarrollo personal, para el trabajo colectivo. Poder elegir el propio tiempo y no vivir sólo para trabajar. Las mujeres -más que nadie- queremos trabajar menos horas, claro que sí. Tanto en el trabajo asalariado como en el doméstico. Pero eso debe ser sobre bases muy diferentes a las de la precariedad, el rápido aumento de la miseria y la segregación social.

 
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