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Las
leyes que determinan las relaciones de producción entre nosotros, la
existencia de una clase dirigente y explotadora y de otra dirigida y explotada
se proyecta en las relaciones hombre-mujer en forma de explotador-explotada.
La
mujer es utilizada, usada por el hombre. De cuidar esta relación se ocupa el
sistema machista y patriarcal, desplegando todos los medios que posee y
favoreciendo una sociedad de fuertes y débiles, de vencedores y vencidos, de
grandes y pequeños, de superiores e inferiores.
De
los medios utilizados, son los de comunicación probablemente los de más
efectividad y los más sutiles -cuando esta efectividad desaparece, aparecen
los medios represivos- que controlan el pensamiento, el razonamiento de los
débiles dentro del marco establecido por la legislación.
Uno
de los sentimientos más odiosos que los "spots" publicitarios de
televisión crean en la mujer es el miedo. El miedo a envejecer (por lo que
hay que utilizar tal o cual crema). El miedo a quedarse sola (hay que utilizar
desodorante). A no poder competir (hay que usar tal o cual marca de
corsetería). A que nuestra ropa no esté tan blanca como la de la vecina. La
mujer acaba teniendo un miedo cerval a desagradar al hombre.
Por
un lado considerar que la paz, el progreso y todo lo bueno de los seres
humanos sea "cosa de hombres" es una solemne estupidez. Para colmo
es una linda muchachita la que aparece en una fábrica o sobre un tractor,
cantando las victorias de los hombres, que reciben dicho coñac.
Más
deliciosos "spots" sobre el tema, montando a horcajadas sobre un
caballo blanco, aparece una joven rubia, que no dice ni hace nada, sino que es
presentada como elemento decorativo.
También
aparece la señora que ante la pregunta de si determinado coñac es para ella,
contesta precipitadamente, incluso un tanto ofendida, que no, que es para su
marido y los amigos de éste. Ella es la recadera de los vicios de los demás.
Cuando
se habla de cosas serias o técnicas se recurre a los hombres. Los coches,
pisos, bancos, seguros de vida, etc. Son cosas demasiado importantes para que
la mujer intervenga.
Los
seriales mantienen junto al receptor a mujeres llorosas, identificadas con la
protagonista y, en los descansos, mientras se recuperan, escuchan los
productos que patrocinan el espacio, y que quizá adquieran como
reconocimiento por proporcionarles programas de tan alto valor, tanto
artístico como humano.
Jugar
con los sentimientos de mujeres (en caso de que las cartas sean ciertas) y
aprovecharse para vender una serie de productos de belleza, es una acción
casi, casi incalificable. Los consejos que suelen dar son de auténtica risa,
en comparación con las desgarradas cartas que se leen, y todo el negocio
montado alrededor de problemas ajenos es más bien vergonzoso.
Los
negocios suelen estar siempre montados alrededor de la mujer. El mito de la feminidad
debió aparecer al montarse la primera fábrica de productos de belleza, y la
mujer a falta de una ocupación que le permitiera vivir dignamente,
independiente económicamente, pasa las horas enriqueciendo a una serie de
personas que han montado un triángulo tan perfecto como el que nos ocupa. La
verdad es que con la tradición, la educación y la publicidad, la mujer está
convertida en una cosa, en algo que anda pero que salvo pequeñas y honrosas
excepciones, no produce, sólo consume.
Puesto
que a la mujer se le ha impedido su desarrollo como persona, se le han cerrado
sus aspiraciones a la creatividad, ¿qué otras posibilidades quedan a la
mujer sino hacerse del modo más perfecto, cosa erótica para el hombre? En
nuestra actual sociedad la relación entre hombre y mujer es totalizadora,
exclusiva y excluyente; tanto que no permite al mismo tiempo cualquier otro
tipo de relación como la que podría llevarse a cabo entre persona y persona.
El
ascenso social es alcanzado por una mujer mucho más fácilmente como objeto
de atracción para el varón, que como persona inteligente y sujeto creador,
cosa que podemos ver hojeando cualquier revista, en la televisión o en
cualquier otro medio de comunicación. Éstos miran a la mujer como belleza,
como madre, como esposa, pero muy escasas veces como individuo creador, a no
ser que ello les venga bien, por ejemplo en casos de emergencia o necesidad
(ejemplo: Nicaragua, Rusia, etc.). Las mujeres que han conseguido su plena
realización son escasas, tanto que no llegan a tener significancia social.
Pero a la hora de los aprietos el denominado "sexo débil" viene
realizando trabajos de idéntica categoría a los del "sexo fuerte".
En
definitiva, que la mujer tiene una capacidad igual a la del hombre y que por
tanto se haya en las mismas condiciones, aunque una cultura se haya encargado
de desfigurar su imagen.
Oponiéndonos
a la imagen que la publicidad da de nosotras, podríamos decir que la mujer no
es una cosa y nos oponemos a que se nos siga tratando como a seres estúpidos
y mezquinos.
Quizá
una solución sería boicotear aquellos productos que tanto daño nos están
haciendo y que tan poco saben, o intentan saber, lo que realmente es una
mujer.

1.
Éste fue el primer nombre utilizado por las mujeres que posteriormente
formaron l'Assemblea de Dones d'Elx. 
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