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Jornadas Feministas "Juntas y a por Todas" Assemblea de Dones d'Elx Anuario 1994 |
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Sobre las Jornadas ya se ha escrito mucho. La característica fundamental es la de la diversidad. Diversidad de experiencias, actitudes, opiniones, teorías e incluso de prácticas políticas. En general, este rasgo ha sido valorado positivamente, si bien no han faltado personas que en ello vieron la amenaza de la dispersión. La diversidad vivida en las Jornadas se considera positiva porque refleja la realidad cotidiana de las mujeres y de los grupos feministas que acudieron. Bajo esta valoración subyace la concepción de que el feminismo, como proyecto emancipador, no puede ignorar que la realidad de las mujeres es variada, diversa y plural. Y, por tanto, si quiere conseguir su objetivo, la liberación de todas las mujeres, debe acoger en su seno toda esta diversidad. Sin embargo, la diversidad también ha sido calificada de "dispersión", de crisis de los fundamentos del proyecto feminista, es decir, que "las feministas ya no saben por dónde ir". Ciertamente el feminismo no ha quedado fuera del desconcierto que sufre cualquier aspiración de cambio social profundo. Pero crisis no es necesariamente agonía y muerte del feminismo. Crisis también es situarse en una perspectiva "crítica" para, así, revisar, repensar y reformular la teoría y práctica feminista. Y ésta es la actual situación del movimiento feminista, tal y como se evidencia en la autorreflexión que se hace desde este movimiento cuando se pregunta de nuevo ¿quiénes somos?, ¿qué queremos?, ¿hacia dónde caminamos?... Y sin hacer de la necesidad virtud, la tarea del movimiento feminista para por valorar positivamente la diversidad y por articular las "diversas" manera de hacer política feminista. Por tanto, se puede decir que ante la crisis de los proyectos emancipadores, el feminismo, en lugar de mirarse el ombligo, ha revisado sus planteamientos al tomar conciencia de que el camino de la liberación, como la realidad misma, no es uno, sino múltiple. Y, efectivamente, diversos fueron los caminos por los que llegaron, desde todos los punto del Estado Español, a la Facultad de Medicina, unas tres mil mujeres (amas de casa, académicas, cristianas, paradas, disminuidas físicas, ... En fin, mujeres). Y en Madrid nos encontramos todas, los días 4, 5 y 6 de diciembre de 1993, dispuestas a participar en las Jornada Feministas organizadas por la Coordinadora de Organizaciones Feministas del Estado Español. Esta Jornadas fueron un forum de diálogo que nos permitió reflexionar sobre temas que nos pre-ocupan y que nos ocupan mediante talleres y debates. Talleres preparados por mujeres que comparten rasgos de identidad: cristianas, transexuales, prostitutas; grupos de debate organizados por mujeres que no tienen como asunto central de su actividad el feminismo, como, por ejemplo: el grupo de mujeres de Aedenat de Madrid o el de la Secretaria Confederal de la Mujer de CCOO. También hubo talleres centrados en experiencias de trabajo, como el de Autodefensa, Mujeres y Prisión y otros basados en reflexiones sobre El feminismo y las instituciones, las mujeres jóvenes, las relaciones personales, El progreso y las mujeres (tema sobre el que hay un artículo en este anuario), el conocimiento académico y la teoría feminista. Además de ser objeto de numerosos escritos, las Jornadas produjeron asombro, no sólo a nosotras, que estábamos inmersas en aquel ambiente de entusiasmo, sino también a la opinión pública, diariamente informada por los medios de comunicación. Este sentido tuvieron las palabras de Françoise Collins, ponente francesa de una de las mesas redondas, quien, maravillada por la numerosa concentración de mujeres, empezó su ponencia diciendo: "¡es verdaderamente excepcional! Este es el único país de Europa donde una concentración semejante de mujeres es todavía posible... Me parece realmente sorprendente y necesitaré mucho tiempo para poder entender qué es lo que pasa entre las mujeres en España". Y lo que ocurre, entre otras cosas, es que aquí todavía tenemos la posibilidad de hacer realidad nuestras "ganas de confluir", dado el papel vertebrador ejercido por la Coordinadora. Las Jornadas, pues, fueron una prueba de que el feminismo no está agonizando, que no es una mera locura de un puñado de mujeres. Más bien es una reflexión sobre el ser humano y una manera de vivir. Quien defienda valores como la libertad, la solidaridad, la tolerancia, la autodeterminación... ¿puede no ser feminista? Desgraciadamente sí. Como ya sabemos, históricamente los movimientos revolucionarios han estado protagonizados por hombres y mujeres. Pero cuando han tenido éxito, ha sido el hombre quien ha tomado el poder y la mujer quien ha continuado estando oprimida. Esta situación podría cambiar si entendiéramos el feminismo, no como una apéndice de los movimientos revolucionarios, sino como una fuerza de cambio social, ético y político, es decir, de cambio global. Y esta es nuestra tarea: construir una sociedad diferente, más justa y solidaria, ya que son muchas las mujeres conscientes de que nuestra lucha no va a concluir con la igualdad legal. La igualdad de derecho no nos sirve si de hecho todavía hay discriminación. Tenemos que dejar de ser uno de los objetos de la concepción patriarcal del mundo (donde el sujeto es el hombre y los objetos son todo aquello que le rodea). Pedimos ser sujetos (históricos, políticos, sociales, éticos). Y para conseguirlo todavía nos queda mucho por recorrer. Dado que el libro sobre las ponencias de las Jornadas ya está publicado, en lugar de hacer un resumen del contenido de los talleres y debates que hubo, sintetizaré las intervenciones de las dos mesas redondas que allí se hicieron, ya que de ellas se puede extraer una ligera idea de por dónde va la teoría feminista. Diversos enfoques de la teoría feminista En la mesa redonda sobre Diversos enfoques de la teoría feminista participaron Cristina Molina Petit, del Instituto de Investigaciones Feministas; Clara Jourdan, del grupo de la Librería de Mujeres de Milán; Rosa Mª Rodríguez Magdá, profesora de filosofía; y Françoise Collin, del Centro Parisino de Estudios Críticos. Cristina Molina defendió las posibilidades emancipatorias del feminismo ilustrado. Feminismo que, frente a la postmodernidad, duda que haya llegado el fin de la Historia, sobre todo si tenemos en cuenta que las mujeres todavía no hemos entrado en ella. Éste debe ser un feminismo que no renuncie a su labor crítica y destructora de los esquemas de género; un feminismo que se articule entorno a un sujeto fuerte y que deje atrás una larga historia de objetualización; un feminismo, en definitiva, que establezca los fundamentos éticos que apoyan la lucha de las mujeres. Y eso, a pesar de que el proyecto de la Ilustración, en principio, dejó fuera a las mujeres y de que la Razón ilustrada era (y todavía continúa siéndolo) razón patriarcal. Clara Jourdan expuso un modo particular de feminismo de la diferencia. La base de la práctica de la diferencia es el affidamento (que viene a ser una relación de confianza entre mujeres). En esta relación se reconoce en otra mujer autoridad y saber y, al mismo tiempo, se reconocen las diferencias entre las mujeres, no respecto a su común opresión, sino a sus diferencias y saberes. Con la práctica de la diferencia, la relación entre mujeres se convierte en una mediación entre la mujer y el mundo (Entre yo y el mundo, otra mujer), mediación diferente a las que se producen en el mundo masculino (el dinero, el papel social, el derecho...) y que modifica el orden simbólico dominante. Según Clara, cuando los grupos feministas no parten de la práctica de la diferencia, frecuentemente actúan contra los intereses de las mujeres. Algunos ejemplos de estos tipos de actuación son, en su opinión: la petición, en Italia, de una ley contra la violencia sexual, ley que subordinaba la libertad femenina a las exigencias genéricamente sociales por pretender obligar a la mujer a participar en el proceso contra el violador; la política de igualdad de oportunidades, que quiere resolver un problema de la democracia, pero no de las mujeres; o las mujeres que aceptan la manera masculina de hacer política y entran en las instituciones, en el Parlamento... La mediación femenina es un acontecimiento simbólico que no implica estar siempre entre mujeres. De hecho, se puede estar entre mujeres y tener un punto de vista masculino, como en los ejemplos anteriores. Con la mediación femenina, la presencia masculina no destruye la libertad de las mujeres: cuando una mujer tiene en cuenta qué dicen y hacen otras mujeres, los hombres perciben el límite puesto por la existencia del sexo femenino: se crea, entonces, un mundo donde existen mujeres y hombres en un orden simbólico diferente. Por su parte, Rosa Mª Rodríguez Magdá empezó situando la teoría feminista ante la polémica modernidad/postmodernidad y terminó proponiendo una teoría feminista transmoderna. En primer lugar, presentó algunas características de la modernidad (conceptos como autonomía de la razón, sujeto, Historia, progreso...) y destacó que sus construcciones teóricas han dejado fuera a la mujer como sujeto del discurso y de los derechos. Después hizo un breve repaso de las posiciones postmodernas (crisis de los grandes relatos -marxismo, psicoanálisis-, fin de la Historia, crisis del sujeto...) y de algunas aportaciones del pensamiento postestructuralista. Finalmente recogió algunas de las posiciones feministas ante la crisis de la modernidad: feminismo ilustrado (continuación del proyecto de la modernidad), feminismo de la diferencia (rechazo de la modernidad). Y planteó las siguientes cuestiones: ¿Nos afecta y engloba la crisis de una Modernidad, que no nos incluye? ¿Hemos de reconstruir a destiempo nuestra Modernidad, nuestra Ilustración pendiente? O ¿podemos aceptar nuestra época postmoderna considerando que la crisis de la Modernidad es también la crisis de la razón patriarcal? Estos interrogantes permanecen todavía sin respuesta, y más en lo que respecta al discurso feminista, que estuvo ausente de esa Modernidad. El postmodernismo evidencia una crisis y una ruptura en la que nace nuestro presente. Ahora bien, ni para el hombre, en general, ni para la mujer, en particular, Rosa Mª cree que ésta sea la época post, sino el comienzo de la trans. Transhistoria, transvanguardia, transpolítica, transexualidad... En suma, Transmodernidad. Su propuesta de un feminismo transmoderno parte de una reelaboración de los últimos temas de debate en la polémica modernidad-postmodernidad-feminismo, con la intención de asumir la cultura postmoderna pero rescatando la posibilidad operativa, emancipatoria y crítica del sujeto femenino. Finalmente, Françoise Collins destacó dos líneas teóricas basadas en la concepción de la identidad femenina. Por un lado, la que, procedente de Simone de Beauvoir, se puede situar dentro del feminismo ilustrado y que defiende que la identidad es un hecho cultural, adquirido; la diferencia sexual es una construcción del poder que está llamada a desaparecer en un mundo igualitario en el que "hombres" y "mujeres" no serán categorías pertinentes. Superada la sumisión de las mujeres a los hombres, no quedaría más que un sujeto desalienado. Según esta posición, igualdad se confunde con identidad. Ser iguales significa ser idénticos, y ser diferentes, ser desiguales. Encontramos aquí la huella del pensamiento ilustrado: sólo se puede ser hombre de una manera. Y la asimilación se piensa siempre como identificación con el modelo dominante. La destrucción de la alienación es destrucción de la diferencia. La otra posición es la que sostiene que ser hombre o mujer son dos maneras de ser diferentes, irreductibles la una a la otra. Hay un sujeto femenino (igual que hay un sujeto masculino). La tarea feminista consiste en desarrollar la dimensión específica de las mujeres, que ha sido ocultada u olvidada. Esta es la posición denominada de la diferencia. La dominación ha disimulado una diferencia identificable, una identidad femenina. Ante estas dos posiciones aparentemente irreconciliables, François Collins no quiere tomar partido sino que trata de mantener las dos posiciones al mismo tiempo, no por simple estrategia, sino de conformidad con la experiencia personal, la experiencia vivida en cada momento. Resumió su planteamiento con esta frase: "Yo soy una mujer, pero yo no es una mujer". Sexualidad y Género En la mesa redonda sobre Sexualidad y Género participaron Alicia Puleo (Instituto de Investigaciones Feministas), Raquel Osborne (profesora de la UNED) y Dorelies Kraakman (profesora del Departamento de homosexualidad y lesbianismo de la Facultad de Sociología de Amsterdam). Alicia H. Puleo hizo un repaso exhaustivo de las diversas conceptualizaciones de la relación existente entre género y sexualidad, partiendo de la idea de que "son dos categorías de análisis con una estrecha relación, lo cual no significa que puedan resumirse una en la otra". Sistematizó en tres las formas de analizar la relación entre sexo y género: la primera, la habitual, es la del pensamiento acrítico común que considera que el género traduce la sexualidad. Se trata de un punto de vista naturalista que considera la sexualidad como una esencia oculta que aflora materializándose en femenino y masculino. En este tipo de enfoque la anatomía es el destino y la heterosexualidad es la única posibilidad considerada válida por ser "lo natural". Una segunda posición es la defendida por el feminismo de los años 70, que denuncia el género como una construcción social. Las posiciones más radicales de este feminismo ponen en evidencia el carácter político, no natural, no sólo del género, sino también de la sexualidad. Por último, Alicia Puleo se centró en esa posición que parte de la elaboración cultural de la diferencia y que enfatiza el derecho a esa diferencia. Desde un punto de vista pragmático, considera que las que mantienen esta posición aceptan la necesidad de la existencia de los géneros y reclaman, además, la libertad de optar por el género que el individuo prefiera. Estas feministas consideran que el género simboliza el sexo y, a veces, ocurre lo contrario. Raquel Osborne, analizó las dos posiciones divergentes que se han producido en el feminismo en relación al peso de la sexualidad en nuestra opresión, posiciones que se corresponden con dos definiciones de la sexualidad; una que la entiende básicamente como opresora y otra que la entiende como un lugar en el que también puede haber posibilidad para la liberación. Explicó cómo estas concepciones han dado lugar a dos posturas. Una habla de las dos caras de la sexualidad, placer-riesgo, y aboga por fomentar sus aspectos positivos y controlar los negativos. La otra afirma que hablar de liberación sexual es una manera de extensión del privilegio masculino, y aboga por controlar los aspectos negativos con políticas restrictivas en las que no se menciona los aspectos positivos de la sexualidad. A lo largo de su intervención fue desgranando las consecuencias políticas que tiene la postura que considera la sexualidad como un constituyente del género, criticó la sobredimensión que se hace de los componentes sexuales de la opresión en detrimento de los factores económicos y sociales, así como la visión tan victimista que desde estas posiciones se hace de la sexualidad femenina. Por último, Dorelies Kraakman, desde una posición que ella misma definió como postmoderna, destacó algunos cambios teóricos en el campo del estudio sobre la sexualidad que han tenido lugar en Norteamérica y en algunos países europeos en los últimos veinte años. Y se detuvo, en la última parte de su intervención, en ver cómo se pueden valorar los efectos políticos de estos cambios. Dorelies Kraakman comenzó explicando cómo, a principios de los 70, las feministas acuñaron el concepto de género para denominar la construcción social de la mujer y el carácter femenino. Según expuso ella misma, "el género se convirtió en el concepto por el cual se podían entender todas las diferencias transhistóricas y multiculturales entre hombres y mujeres. Estas diferencias se entendieron en términos de poder desigual, opresión, discriminación, explotación y, al contrario, en términos de resistencia... porque nadie tenía duda respecto a la universalidad de la opresión de la mujer en el sistema patriarcal." Explicó cómo se le llamó sistema sexo/género (causa de la posición subordinada de las mujeres). Señaló, además, que la sexualidad representa un problema para este paradigma, ya que se pensaba que sólo el género es variable, mientras que el sexo es fisiológico. Eso plantea el debate sobre si la sexualidad pertenece o no al domino de la naturaleza. Así, ella misma dijo que "aunque muchas feministas se han adherido a la idea de que la sexualidad es natural, al mismo tiempo han demostrado que la sexualidad femenina es completamente socio-cultural". A lo largo de su intervención, cuestionó el concepto de sexo/género como concepto que sirva para explicar la construcción histórica de la sexualidad y se preguntó por qué la política y los estudio feministas "que han realizado la deconstrucción del 'carácter natural de la mujer' y del 'carácter femenino' o feminidad se han detenido en el cuerpo. ¿Por qué no analizar que el sexo, como categoría biológica, está tan culturalmente construido como el género? ¿Por qué concebir el cuerpo femenino como lo que produce la diferencia esencial con el cuerpo masculino? Una de las posibles hipótesis que aventuraba para contestar a estas cuestiones es que "el feminismo es una perspectiva política y teórica que depende de la diferencia como su principio básico" y puede ser que por ello necesite mantener la diferencia del sexo para conservar su legitimidad. Por último, como consecuencia política de sus posiciones teóricas, subrayó que, al hablar de asuntos tales como la violación, el abuso y el acoso sexual, incesto, etc. "quizá deberíamos innovar nuestro discurso político, en el sentido de que deberíamos negarnos a llamarlos asuntos sexuales: son casos de violencia y de abuso de poder, ligados a asuntos culturales como la familia, la participación de las mujeres en la esfera pública de las carreras económicas y del ocio. Afirmando que estos son temas sexuales, las feministas reproducen la idea de que esto es de lo que trata la sexualidad masculina, en contraposición a la femenina". |