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El Feminismo Ahora

Assemblea de Dones d'Elx

Anuario 1994

 

Las Jornadas Feministas de diciembre de 1993 pusieron de manifiesto la diversidad de intereses de las mujeres. La riqueza que esta diversidad aporta al feminismo (por lo que tiene de ampliación de la visión crítica de la realidad) puede ser interpretada también como una dificultad para su continuidad como movimiento social, porque... ¿qué puede unirnos ahora a las mujeres? ¿hacia dónde debe dirigirse el feminismo ahora.

Una tertulia sobre este tema podíamos abordarla, por una parte, centrándonos en la posible acción directa, las campañas concretas, las prácticas puntuales del movimiento -campañas por el derecho a la maternidad libre y deseada, lucha contra la discriminación salarial, campañas por la universalización del cuidado...- y, por otra parte, atendiendo al soporte ideológico del feminismo, a su base teórica. Esta segunda perspectiva fue la que centró la tertulia que l'Assemblea organizó el día 16 de diciembre de 1994. La otra, la de las cuestiones puntuales, será objeto de una segunda tertulia.

Las páginas que leeréis a continuación vienen a ser, más o menos, el material que utilizamos como punto de partida para el debate.

UN POCO DE HISTORIA

Tanto la primera ola feminista como el feminismo de la década de los sesenta de este siglo extraen su soporte ideológico de la filosofía de la Ilustración. El primer feminismo contemporáneo, como movimiento social (nacido durante el siglo XIX), pretendía extender a las mujeres los ideales ilustrados de libertad (es decir, autonomía individual) e igualdad, ideales que, tras la revolución francesa fueron patrimonio exclusivo, no sólo de una clase social, sino también de un sólo sexo. En este sentido debemos interpretar este feminismo como una radicalización de los ideales ilustrados: si la razón era una facultad de hombres y de mujeres no había motivo para privar a las mujeres de los derechos que disfrutaban sus compañeros. Por eso las mujeres empiezan a exigir el derecho a mantener la propiedad dentro del matrimonio, a acceder a los estudios universitarios, a ejercer trabajo remunerados... La diversidad de intereses entre las mujeres burguesas y las mujeres trabajadoras fue superada con la lucha unitaria por el derecho al sufragio.

La segunda ola del movimiento feminista (la de los años sesenta del presente siglo) tiene como base teórica el ya mítico libro de Simone de Beauvoir El segundo sexo. Se parte de la idea de que la mujer no nace, sino que se hace, es decir, la diferencia femenina es un producto cultural, una construcción social que supone la sumisión de la mujer al hombre. El feminismo que se deriva de ahí, conocido como feminismo de la igualdad, de la emancipación o racionalista, tiene como objetivo la superación de aquellas diferencias de género, culturales, que suponen la sujeción de un género (el femenino) al otro (el masculino). Siguiendo los ideales ilustrados, se considera a la mujer un ser racional que debe tener los derechos a la libertad y a la autonomía personal: sólo hay un ser humano, y se trata de que la mujer sea reconocida como tal, con los mismos derechos y los mismos deberes.

IGUALDAD VERSUS DIFERENCIA

Casi sincrónicamente, en la misma década de los setenta y principios de los ochenta, aparecen los primeros esbozos de lo que ha pasado a conocerse como el feminismo de la diferencia o de la especificidad. Esta corriente es fruto, en cierto modo, del de la igualdad ya que nació como consecuencia de la entrada de las mujeres a las universidades, al saber filosófico. La principal representante de esta corriente es la psicoanalista Luce Irigaray. Otras son el grupo de filósofas de la Universidad de Verona, conocido con el nombre de Diótima (principios de los 80) o el núcleo de mujeres que se mueve en torno a la Librería de Mujeres de Milán. De los Estados Unidos, podríamos incluir a los grupos de autoconciencia aparecidos en la década de los setenta.

Según esta corriente no hay un sólo modo de ser humano, sino dos. Con otras palabras: las mujeres y los hombres pueden tener idénticas funciones, pero la experiencia de vivir en un cuerpo femenino es distinta de la experiencia de vivir en un cuerpo sexuado masculino.

La reivindicación de la desaparición de las diferencias entre hombres y mujeres ha sido vista, por este feminismo, con cierto recelo por el peligro que supone de integración en la cultura opresora, que minusvalora, social y culturalmente, aquello que es considerado femenino. Por otra parte, esta tendencia aporta "el orgullo de ser mujer". El problema es qué es "ser mujer".

El feminismo de la igualdad es el que, desde un punto de vista practico, defiende la igualdad de oportunidades, igualdad de oportunidades que se plasma en medidas concretas en materia de trabajo, de distribución de recursos, de derechos humanos, de paridad en la democracia parlamentaria (exigencia de cuotas femeninas en los partidos políticos), exigencia de que el Estado del Bienestar asuma la realización de las tareas tradicionalmente consideradas como femeninas... Por su parte, la diferencia propone un "vacío de normas", vacío que lleve a las mujeres a decidir por ellas mismas qué es lo que necesitan. Precisamente en este punto critican a las mujeres de la igualdad porque éstas reivindican derechos que van más allá de la experiencia personal, derechos que "liberan" de la experiencia personal cuando, según las mujeres de la diferencia, ésta debe ser el punto de partida: "partir de una misma es imprescindible para una interpretación de la realidad", dicen. Acusan también a las de la igualdad de ser excesivamente victimistas y reivindicativas, y de condenar por reaccionarias formas de vida que muchas mujeres reivindican, por traicionar los valores positivos desarrollados por las mujeres. El problema es si las mujeres "hemos decidido" desarrollar esos valores o no. Y si no "hemos decidido" desarrollarlos puede ser por dos causas: bien porque los otros -los hombres- nos lo han impedido (y, por tanto, reivindicarlos supone aceptar los valores, positivos o no, que la sociedad patriarcal nos ha asignado) o bien porque nos son consustanciales, es decir, son esenciales en una de las dos formas de ser de las que hablábamos antes. Con otras palabras, innatos. Y esto nos lleva a la crítica de esencialista y de determinista que este feminismo (o, mejor, feminismos) de la especificidad ha recibido: se trataría de la reaparición de una nueva mística de la feminidad, especialmente peligrosa en este momento de crisis económica y de reacción social: la mitificación de la maternidad y de la esfera privada puede ser una sutil invitación a hacernos volver a los lugares de los que nunca deberíamos haber salido.

Otras críticas recibidas han sido las de "separatistas", "elitistas" e "ineficaces" desde un punto de vista político. En cuanto al separatismo, es interesante la matización aportada por Mª Milagros Rivera, del Centro de Investigación Histórica de la Mujer de la Universidad de Barcelona: separatistas... sí, del orden patriarcal, ya que éste destruye la "casa materna", pero no pretende marginar del mundo de las mujeres. Respecto de la crítica de ineficacia política, tal vez se confunda "política" con los mítines. Sería interesante conocer las experiencias del grupo de mujeres de la ciudad de Mestre, en Italia, conocidas con el nombre de "Vecinas de la Casa" y que según Clara Jordan, de la Librería de Mujeres de Milán, "han llegado a ser autoridades reconocidas que no se han contentado con una 'Casa de mujeres', sino que han decidido que toda la ciudad sea la casa de las mujeres, y han inventado prácticas adecuadas para llevarlo a cabo, prácticas basadas en un principio de autoridad femenina, o sea, no reivindicando ni sustituyéndose maternalmente, haciendo lo que el ayuntamiento no hacía, sino poniendo al ayuntamiento 'en condición de cumplir su deber' ".

¿Qué puede unirnos ahora a las mujeres, a las de la igualdad y a las de la diferencia? ¿Qué puede hacernos coincidir a las de la especificidad y a las de la emancipación? Como lo que yo diga no será más bonito que el silencio, dejad que sea Paloma Uría quien lo diga: " no sé si es posible hablar hoy de un proyecto global de liberación de la mujer... Puede ser que nuestra lucha tenga que ser más modesta, contingente, pero sin renunciar al pensamiento crítico, a la justicia y a la dignidad". Seremos nosotras, las de la igualdad y las de la diferencia, las que en cada instante decidiremos. Y eso vale la pena.

 

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