Carta enviada a la prensa con motivo del 8 de marzo de 2003 dinero para cuidar, no para matar La militarización de los conflictos, la violencia, la guerra no son métodos adecuados ni éticos para resolver los conflictos. La guerra es aplicar la ley del más fuerte, es decir, el eslabón final de una larga cadena de opresiones y discriminaciones (de eso, nosotras sabemos mucho). Es poner la fuerza por encima del diálogo. La dictadura por encima de la democracia. La guerra no es la solución. No, no lo es, simplemente, porque no resuelve los conflictos. La guerra es expresión de un plan maléfico. Primero, "calienta el ambiente": la guerra genera terror, hace del otro un enemigo; impone al fuerza al derecho; generaliza la arbitrariedad, la prepotencia y la xenofobia y, por tanto, la falta de derechos y libertades (¿ahora estamos en este punto?). Después "demuestra" su fuerza; destruye todo lo que toca: ciudades, casas, coches... madres, hijas, nietas, primas... (unas muertas, otras heridas, otras enfermas, otras violadas..., y casi todas sin dignidad, sin la libertad y los derechos que ya habían conseguido). I, sí, también destroza a los hombres. Cuando vuelven los hijos, padres, hermanos, nietos, novios, maridos... (si es que vuelven), ya no son los mismos. La brutalidad y la violencia destruye a las personas. Finalmente, deja la sociedad deshecha: la falta de recursos afecta a una gran parte de la población, se produce un incremento de las desigualdades, las diferencias en la riqueza se agrandan, aumenta la exclusión social, se impone la emigración. En definitiva, impera un estado de barbarie en el que la vida es muy difícil, sobre todo para las mujeres (hablamos de feminización de la pobreza). Pensemos en la Guerra Civil Española, Afganistán, Argelia, Bosnia-Herzegovina, Cachemira, Colombia, Chiapas, Kosovo. Chechenia... (el 2003 comenzó con más de treinta guerras). Y todo eso, ¿para conseguir qué? ¿Petróleo, gas, dinero, poder? Pero el fin no justifica los medios. Hay otras maneras de conseguirlo. Las causas de las guerras son diversas, sí, pero el sufrimiento de las mujeres es semejante en todas. Los cuerpos de las mujeres son utilizados como botines de guerra y aumenta la violencia de género (malos tratos, violaciones, raptos, injurias, vejaciones...). La violencia contra las mujeres se inflinge, sobre todo, para lesionar la identidad, el honor y el patrimonio del enemigo; y, al mismo tiempo, sirve para reafirmar la propia virilidad. Además, como gran parte de los hombres se dedican a destruir por doquier, las mujeres tienen que reconstruir. Sí, reconstruir, porque la vida continua. Los hombres, irresponsablemente, lo abandonan todo para ir a luchar, Mientras tanto, las mujeres se ocupan del cuidado y, la mismo tiempo, contribuyen activamente al "funcionamiento" de la sociedad. En tiempos de guerra, las mujeres se ocupan de la vida privada y de gran parte de la vida pública. Otra mirada sobre la utilización de la guerra ante los conflictos nos permite ver que, de la misma manera que "el marido" maltrata a "su" mujer para mantenerla sometida, el patriarcado utiliza la guerra para imponer los valores machistas (agresividad, dominación, fuerza, prepotencia...) y mantener vigente la idea de que las mujeres son seres a los que hay que proteger y por los cuales hay que luchar (es decir, seres débiles, dependientes e inferiores). Recordemos el uso que se hizo de las mujeres afganas para justificar el último bombardeo sobre Afganistán. Ahora, muchas de ellas continúan igual o peor que antes. La guerra, pues, no soluciona los conflictos. Responde, más bien, al deseo de dejar claro quien manda. Hay otras maneras de resolver los conflictos. La renuncia a la violencia suele ser considerada como un signo de debilidad. Ahora bien, ¿no se necesita mucho más valor para practica la no-violencia en la resolución de los conflictos que para pulsar un botón y dejar caer una bomba? Nosotras queremos paz. Queremos utilizar el diálogo, el respeto, la igualdad. Queremos acabar, de una vez, con la ley del más fuerte, con las discriminaciones. Queremos el bienestar para todas las personas. Nosotras decimos "NO A LA GUERRA". Y pedimos que el presupuesto militar sea destinado a mejorar los servicios públicos (educación, sanidad, bienestar social...). De este modo, la riqueza social se invertiría en cuidar, no en matar. Àngels Varó Peral de l’Assemblea de Dones d’Elx |
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