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Antes
de la IV Conferencia sobre la mujer que se celebró en Pequín, bajo el
título de 'Acción para la igualdad, el desarrollo y la paz', ya
sabíamos muchas cosas. Sabíamos que esta Conferencia Internacional,
como tantas otras (sobre le medio ambiente, sobre población y
desarrollo, sobre los derechos humanos...) sirven para muy poco ya que,
además de que los acuerdos a los que se llega son demasiado generales,
y por tanto ambiguos, no son vinculantes, es decir, suscribir los
acuerdos no obliga a ningún estado a llevarlo adelante, sólo suponen
una recomendación de políticas a seguir. Sabíamos
que en ningún momento se cuestionaría la economía de mercado
imperante, que favorece el empobrecimiento progresivo de cada vez mayor
número de personas, entre las cuales son mayoría las mujeres. Como
tampoco se hablaría de la deuda externa, que abre el abismo cada vez
más grande entre países ricos y países pobres. Sirva como ejemplo que
de los 2.800 millones de mujeres en el mundo, sólo 600 millones se
encuentran en los países desarrollados y, que, según datos de la ONU,
ha habido un aumento de la pobreza en la mujeres de un 47% desde 1970
hasta 1988. Sabíamos que no se permitiría cuestionar la
política militarista internacional (gastos militares, producción y
tráfico de armas...), aunque en esta Conferencia de Paz era uno de los
tres temas principales. Los gastos militares
afectan directamente los recursos que
en cada país se deben utilizar para promover el desarrollo de la
sociedad civil en general y el bienestar de las mujeres en particular;
como también afectan directa o indirectamente los conflictos armados
actuales que hacen que un gran número de personas (mayoritariamente
mujeres y menores) se vean desplazadas o refugiadas, situaciones en las
que los derechos humanos ha sido reconocida en la Conferencia, aunque en
ningún momento se ha criticado la inoperancia y la parcialidad de la
ONU en la resolución de estos conflictos.
También
sabíamos que el fundamentalismo religiosas (católico y musulmán)
formaría una barrera para frenar algunos derechos de la mujer,
cuestionándolos como derechos humanos (derechos reproductivos, derecho
a la libertad sexual...). Es muy sintomático que en junio pasado la
Santa Sede celebrar en Roma una reunión con tres organizaciones
islámicas internacionales con el objetivo de preparar la Conferencia de
Pequín.
Hemos
sabido que en esta Conferencia no sólo no se ha avanzado mucho respecto
de la anterior, celebrada en Nairobi en 1985, sino que además se ha cuestionado
derechos ya suscritos en anteriores conferencias internacionales (en la de Viena
de 1994, sobre los Derechos Humanos, se reconocieron los derechos de la
mujer como tales; los derechos reproductivos fueron suscritos en la
Conferencia sobre Población y Desarrollo en 1994 en El Cairo.
Por
otro lado nos sorprende este creciente interés de la ONU por la ONGs:
¿para legitimar la Conferencia...? ¿Descubrimiento tardío de la moda
de las ONGs y de su importancia política? Ya sabemos que el papel de
las ONGs ha sido hacer recomendaciones a la conferencia oficial, pero su
influencia ha sido mínimo, si no nula y lo que sí parece preocupante,
y nada sorprendente, es que se haya cuestionado si las asociaciones
feministas podían tener la categorías de Organización No
Gubernamental
Entonces,
¿para qué ha servido la IV Conferencia sobre la mujer?
Ha
servido, y desde esta perspectiva nos hemos planteado nuestra
participación en el foro alternativo desde la Coordinadora Estatal de
Organizaciones Feministas, para un debate internacional en el que hemos
podido conocer distintos
puntos de vista,
preocupaciones, reflexiones por lo que respecta tanto a grupos de
mujeres concretos como a redes internacionales muy especializadas en el
tema de la mujer. Nuestro interés ha estado más en el debate que se ha
producido que no en la propia conferencia.
Ha
servido para que, a través de los medios de comunicación conociéramos
cuál es la situación de la mujer en algunos puntos concretos del
mundo.
Ha
servido para que conociéramos algunas estadísticas espeluznantes,
facilitadas por la ONU, que, de todos modos, no dejan de ser pinceladas
sobre la situación mundial de la mujer.
Pero
para lo que sí nos debería servir es para saber que estas conferencias
interncionales de la mujer y los temas tratados o suscritos en ellas no
son más que algunas de las reivindicaciones feministas que la sociedad
ya empieza a reclamar como suyas, pero que son fruto de una lucha de las
mujeres. La situación de pleno derecho en una sociedad en la que
todavía la vida de algunas mujeres puede estar en peligro por el hecho
de pedir el divorcio, donde diariamente se producen denuncias por malos
tratos o violaciones, donde las 3/4 partes de la actividad de las
mujeres es trabajo no remunerado. Ya hemos visto que son muchas las
cuestiones pendientes; si no continuamos luchando existe el riesgo de
volver atrás, y eso es un lujo que no nos podemos permitir.
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