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Banco Mundial, Género y Pobreza Sira del Río Integrante de la Asamblea Feminista de Madrid Abril 2001 |
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Si nos hablaran de dos informes titulados "Igualdad de género avanzada: del concepto a la acción" y "Hacia la igualdad de género: el papel de la política pública", seguramente no supondríamos que son dos documentos presentados por el Banco Mundial a la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en 1995 en Beijing. El BM se presenta a sí mismo como defensor de los derechos de las mujeres. En su documento La igualdad de género como llave del desarrollo sostiene: "Corresponde al Banco promover la igualdad de género como materia de justicia social y reforzar la participación de la mujer en el desarrollo económico ". Estas palabras resultan escandalosas para todas aquellas personas que conocen el significado real de las políticas del Banco Mundial y sus devastadores efectos sobre las poblaciones y en particular sobre las mujeres, pero no son más que otro ejemplo de la capacidad del poder para apropiarse de cualquier discurso alternativo y reformularlo. La introducción del concepto género en el discurso del BM es relativamente reciente. Entre los años 1950 y 1970 este organismo sólo consideraba a las mujeres en función de su capacidad reproductiva. Más tarde las inversiones también empezaron a tener como fin el aumento de la productividad y de la eficiencia de las mujeres pobres. Es ya en los noventa cuando aparece el enfoque de género. El Banco Mundial, cómo no podía ser menos, habla de un enfoque de género "orientado al mercado". La defensa retórica de la igualdad de las mujeres no tiene otro fin que hacerlas funcionales para el incremento de la eficiencia económica y para el avance de sus planes de desarrollo. Invertir en las mujeres tiene, para esta institución, algunos beneficios: "La inversión en la mujer es esencial para reducir la pobreza. Acelera el desarrollo económico al aumentar la productividad y fomentar el uso más eficiente de los recursos; produce una rentabilidad social considerable, pues mejora la supervivencia del niño, reduce la fecundidad y reporta importantes beneficios intergeneracionales " (1995)1 Del mismo modo que en los programas contra la pobreza, la situación de desigualdad de las mujeres se utiliza como argumento legitimador del despliegue de las políticas neoliberales. Ya no sólo se asegura que desaparecerá la pobreza si se desarrollan las políticas de libre mercado en todo el mundo, sino que también se producirá una situación beneficiosa para las mujeres. La ampliación de los mercados ofrecerá más posibilidades de empleo y nuevas oportunidades. Pero, para alcanzar este objetivo es necesario que se produzcan reformas estructurales. Hay que acabar con dos factores que, según el BM, están en el origen de la pobreza: la baja productividad de las personas asalariadas y los impedimentos de los Estados para el desarrollo de las instituciones de libre mercado2. Una de las reformas más relevantes es la del mercado laboral. En el Estado Español es habitual utilizar las dificultades que encuentran jóvenes y mujeres para encontrar empleo, como argumento para legitimar la flexibilización y precarización del mercado laboral. Por eso, cualquiera que se oponga a la pérdida de derechos laborales, aparece como una persona insolidaria que no quiere ayudar a los colectivos más desfavorecidos, que son el supuesto objetivo de estas políticas. Si en el mundo occidental se están desmantelando los derechos laborales y sociales, en los países más pobres cualquier demanda en este sentido no sólo aparece como irracional desde el punto de vista económico, sino como algo injusto que perpetuará la pobreza. Y la pobreza se ceba mayoritariamente en las mujeres. Por lo tanto, si queremos ser personas solidarias, si queremos la igualdad de las mujeres, no tenemos que oponernos a la globalización, ni a las políticas del BM o del FMI porque son la única garantía de desarrollo que tienen nuestras sociedades. Hay que aceptar este diagnóstico y, en todo caso, intentar limar sus aristas más afiladas. UNA FLORECIENTE SOCIEDAD CIVIL El Presidente del BM decía en una alocución ante la OIT en 1997: "Hace 15 años 1.000 millones de personas vivían en una economía de mercado, hoy en día son 5.000 millones de personas (...) Gracias al sistema de mercado y a los acontecimientos que se han producido, nos encontramos, actualmente, ante una sociedad civil floreciente". Esta manifestación se producía instantes después de haber afirmado: "Hay 3.000 millones de personas que viven con menos de dos dólares por día y 1.300 millones que viven con menos de un dólar ". Lo que puede parecernos una sorprendente paradoja no es tal. El Presidente del BM nos pide un acto de fe. Aunque estemos viendo que la extensión de la economía de mercado está produciendo efectos catastróficos en todo el mundo, debemos confiar en que si se lleva esa política hasta sus últimas consecuencias el milagro sucederá. Por eso hay que insistir en los programas de ajuste estructural, a pesar de sus terribles efectos: incremento del desempleo y la pobreza, caída de los salarios, degradación del medio ambiente, deterioro de la asistencia médica y expansión de enfermedades, aumento de la mortalidad y la morbilidad, migraciones masivas... Estas políticas tienen en las personas pobres sus primeras víctimas y son mujeres el 70% de los 1.200 millones de personas pobres en el mundo. Las mujeres somos más vulnerables en el trabajo asalariado. No sólo estamos más limitadas por las responsabilidades familiares, sino que ocupamos los puestos más precarios, más inseguros y con menos salario. La falta de ingresos y la disminución de servicios sociales por la caída del gasto público hace que haya que incrementar el trabajo doméstico y de cuidados, que realizamos las mujeres casi en exclusiva. La invisibilización de los miles de millones de horas de trabajo doméstico y de cuidados realizado por las mujeres en todo el mundo, oculta que el actual sistema económico flota sobre un inmenso volumen de trabajo no remunerado, sin el cual no sería posible su supervivencia. Pero el impacto del neoliberalismo en nuestras vidas no solamente nos afecta en el terreno económico, sino también en muchos otros ámbitos como nuestra autonomía, nuestra sexualidad, nuestros derechos reproductivos, nuestros cuerpos e incluso nuestros sentimientos. MUJERES, ONGs Y BANCO MUNDIAL Algunas ONGs de mujeres critican las políticas neoliberales, pero consideran la globalización capitalista como una tendencia irreversible y la inclusión del enfoque de género en el Banco Mundial cómo un éxito, a pesar de que la evaluación de los últimos cinco años indica que esta institución sigue sin incrementar la inversión dirigida específicamente a las mujeres, lo que ha contribuido a profundizar la pobreza3. Desde estos sectores se sigue demandando al BM un aumento significativo de los recursos y las inversiones en proyectos dirigidos a combatir la pobreza de las mujeres, cuando son, precisamente las políticas del propio Banco y del FMI las que la originan. Se ocultan así las causas estructurales de la pobreza y el papel que juegan las reformas macroeconómicas. De este modo, por ejemplo, favorecer la incorporación al trabajo temporal en la agricultura de exportación, a pesar de su precariedad, aparece como una alternativa para aquellas mujeres que fueron expulsadas del campo por la reestructuración agrícola, que se vieron privadas de sus medios de subsistencia y "liberadas" para el mercado. Por otro lado, la aplicación de proyectos de crédito destinados a mujeres rurales, en el marco de los programas de crédito micro del BM requiere la previa desreglamentación de las instituciones financieras y la eliminación de las cooperativas de crédito rural, lo que genera pobreza a gran escala. Sin embargo, muchas otras mujeres consideramos que la lucha feminista no puede ser ajena a la lucha anticapitalista, porque este sistema está íntimamente relacionado con la subordinación de las mujeres. Pensamos que la lucha feminista implica un cambio radical de la sociedad y no la integración de un determinado "enfoque de género" en la lógica económica dominante, para conseguir algunos derechos políticos o civiles. Por eso la lucha contra la globalización económica y contra sus instituciones también es nuestra lucha.
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