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El cuidado, ¿Opción u Obligación?

Primeras conclusiones del Encuentro Feminista en El Campello. 4 y 5 de junio de 1994

Assemblea de Dones d'Elx

Anuario 1994

 

Planteamientos generales

Actualmente, el "cuidado" es una actividad inmersa en el ámbito de lo privado: la familia (y dentro de ella, la mujer) es quien ha asumido la tarea del cuidado a hijas/os, enfermas/os, y ancianas/os. Sólo en las sociedades tradicionales, también la comunidad ha asumido una parte de esta tarea.

A la hora de abordar este tema queremos dejar claras una serie de cuestiones que permiten sacar a la luz la complejidad del mismo.

En primer lugar, aclarar que al hablar de cuidado no sólo nos referimos a los exigidos por la infancia y la vejez, sino también a los necesitados por personas discapacitadas.

Asimismo,  cabe diferenciar el cuidado proporcionado a hijas e hijos (es decir, personas tendentes a la autonomía) del necesitado por quienes tienden a una dependencia cada vez mayor, debido a la repercusión psicológica y al cambio de las perspectivas vitales que conlleva la asunción de esta tarea.

Además, consideramos que no sólo hemos de tener en cuenta los intereses de nuestro género, no hemos de olvidar a otros colectivos desfavorecidos, por tanto pensamos que esta cuestión no debe ser tratada sólo desde el punto de vista de quien cuida sino también desde la perspectiva de quien recibe el cuidado (¿cómo, dónde y por quién quiero ser cuidada? La respuesta a esta pregunta nos orienta en la formulación de propuestas de acción concretas.)

Además, al preguntarnos sobre el cuidado no sólo queremos aportar ideas destinadas a resolver cómo han de ser cubiertas las necesidades físicas propias de cada situación particular (soluciones que caen dentro de los ámbitos social e institucional), sino también propuestas dirigidas a atender las necesidades afectivas inherentes a toda persona (ámbito personal). Desde esta perspectiva cabría exigir a las instituciones públicas una serie de servicios encaminados a posibilitar que una persona, al necesitar cuidados, no se vea obligada a salir de su casa, de su pueblo... para acudir a una residencia o similar si no lo desea, es decir, medidas que eviten que nos sintamos "desplazadas" de nuestro medio habitual, puesto que ello conlleva, en la mayoría de los casos, infelicidad.

Todo esto nos da una idea de la diversidad de situaciones que podemos encontrar cuando hablamos sobre el cuidado. Diversidad que queremos recoger en nuestras propuestas concretas de acción. Ahora bien, a la hora de formular tales propuestas, reconocemos la dificultad de encontrar soluciones que no se vuelvan contra nosotras (como ha ocurrido en el caso de las licencias por maternidad/paternidad, que acaban siendo "disfrutadas" mayoritariamente por mujeres) y al  mismo tiempo también somos conscientes de que las propuestas muy radicales, como la insumisión (entendida como negarse a cuidar para que el trabajo sea visible y se universalice), pueden ser contraproducentes desde el punto de vista de la aceptación social del feminismo. No obstante, nosotras no nos pronunciamos por la insumisión, no porque pueda ser "mal vista" sino porque supone utilizar a otras personas y su sufrimiento como medio para hacer visible un problema. Aunque también podemos entender la insumisión en términos menos radicales: por ejemplo, repartir el tiempo de cuidado entre el grupo (familia, amistades, vecindario...) y que cada una/o asuma su "porción de solidaridad" ("si tú no cumples..., es tú responsabilidad"). Queremos que nuestros objetivos calen en la sociedad, que las propuestas sean efectivas y, para ello, habrán de estar adaptadas a cada una de las posibles situaciones en que podamos encontrarnos.

Y dentro de la familia, quien más tiempo dedica al cuidado es la mujer. Es necesario el reparto del tiempo entre hombres y mujeres así como que las instituciones sociales asuman su responsabilidad pues, como es sabido, a más tiempo libre más posibilidades de no renunciar a los proyectos personales.

Objetivos a conseguir

A nivel personal: cambio global en las relaciones personales. La familia no es el único núcleo centralizador de todas las relaciones individuales. No hemos de cerrarnos en la familia, pues el hecho de que quien cuida sea un familiar no garantiza que las necesidades afectivas siempre queden cubiertas. Existen otras posibilidades que facilitan el apoyo mutuo. Dejemos de pensar que "de todos modos, al final, quien te echa una mano siempre es la familia y no las amistades". En este sentido, nuestro esfuerzo está dirigido a recoger las alternativas existentes a la familia así como a buscar otras nuevas y a ponerlas en práctica cuando se nos presente el cuidado. 

A nivel social: revalorización ético-social de la tarea del cuidado que facilite su reparto en la sociedad. Cambio global de las concepciones sobre la persona y el cuidado. En nuestro tipo de organización social es difícil entablar relaciones personales fuera del ámbito escolar, laboral... y ello conlleva que en la vejez las personas nos sintamos solas.

A nivel institucional: Aumento del gasto social, ayudas, permisos y licencias para quien realiza el cuidado, etc. Se trata de exigir que las instituciones asuman su responsabilidad, a fin de aligerar la carga que supone el cuidado, que quede garantizado que cada persona pueda llevar una vida independiente y que nadie se vea obligada a perder su independencia. La actuación de las instituciones debe permitir ampliar el abanico de posibilidades, que ahora está prácticamente reducido al cuidado exclusivamente en el núcleo familiar o el internamiento en residencias.

Propuestas de acción.

Todo lo habitual cuando sacamos a la luz un tema nuevo que muchísima gente se plantea a nivel individual, pero del que se habla muy poco sobre los aspectos sociales, al menos aquí, en el País Valencià:

1) Hacer visible y, por tanto público, el trabajo de cuidado en los medios de difusión que se encuentran a nuestro alcance, informando sobre:

* Qué presupuestos se dedican a los servicios sociales relacionados con el cuidado de personas.

* La valoración económica del trabajo "privado" invertido en el cuidado.

* Difusión de la realidad vivida por mujeres ajenas al feminismo, proponiendo su participación en debates radiofónicos o televisivos que les permitan compartir sus experiencias y participar en la lucha por la corresponsabilidad del cuidado.

* Charlas, presencia en los medios de comunicación, folletos, campañas...

* Además se ha visto de interés plantearlo a otras asociaciones de mujeres como las amas de casa, sindicatos de sanidad, trabajadoras sociales, etc.

2) Rechazar el principio vigente de que el cuidado es una  cuestión interna de la familia y de que las instituciones sólo deben actuar subsidiariamente, cuando la unidad familiar no puede asumirlo por falta de recursos económicos. A la vez, rechazar que sea considerado como una obligación exclusiva de las mujeres. Por tanto, exigimos corresponsabilidad de las instituciones y de los hombres.

* Como acción reividincativa, preparar un formulario de solicitud de prestaciones a Servicios Sociales, que recoja argumentaciones completamente diferentes a las de los formularios oficiales. En lugar de justificar que la unidad familiar no tiene recursos económicos para hacerse cargo del cuidado, o que no se tienen familiares, argumentar que es la sociedad la que debe hacerse cargo puesto que esa no es nuestra obligación. Se trata de hacer algo en esta línea que la gente pueda leer y, si quiere, rellenar y entregarlo en el registro de su Ayuntamiento, en plan numerito con la prensa.

* A fin de romper con la tradicional división de papeles, solicitar que la asistencia a domicilio procurada por los Servicios Sociales no sea realizada exclusivamente por mujeres. Exigir de las instituciones una política activa que rompa el tabú de que las mejores cualificadas para ofrecer cuidado somos exclusivamente las mujeres. En este sentido, creemos necesario, que las prestaciones sociales sean cubiertas indistintamente por hombre y mujeres.

* Exigir ampliación de permisos y licencias para hacerse cargo del cuidado, derechos que deben ser tanto para mujeres como para hombres, sea cual sea la relación personal (institucionalizada o no, es decir, de amistad, familiar, emocional, sexual...) que se tiene para con la persona necesitada de la atención.

3) Contribuir a la desculpabilización de las mujeres que optan por no cuidar mediante una concienciación social en torno a que la atención a los demás, el cuidado, ha de ser una opción, no una obligación exclusiva de las mujeres. Es la sociedad la que debe responsabilizarse del cuidado. La atención a otras/os, desde una perspectiva individual, no debe contemplarse como una obligación y, mucho menos, como una obligación asumible exclusivamente por las mujeres.

 

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