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El 1 de Mayo y El 8 de Marzo Assemblea de Dones d'Elx Anuario 1994 |
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Desde finales del siglo pasado se celebra el 1 de mayo en recuerdo de los "mártires de Chicago", víctimas de la lucha por la reivindicación de una jornada de ocho horas. Desde 1911 se celebra también el 8 de marzo en recuerdo de las movilizaciones de las mujeres por el aumento del salario, la reducción de la jornada laboral, la eliminación del trabajo de menores, el derecho al sufragio y la mejora de las condiciones de vida y de trabajo ("pan y rosas", pedían). Dos fechas, pues, íntimamente relacionadas en cuanto al contenido: la lucha por la mejora de la calidad de vida de la población trabajadora en particular y de la humanidad en general. De aquellos objetivos de una jornada laboral de ocho horas, las mujeres nos reímos. La incorporación de la mujer al trabajo remunerado (es decir, al trabajo socialmente reconocido) no se ha visto equilibrada con la incorporación de los hombres a las tareas domésticas, consideradas todavía "faena de mujeres". Eso ha producido, pues, la doble jornada laboral femenina: una social, reconocida con un salario; otra privada, no remunerada, no valorada (cuidado a enfermos/as, a personas mayores y criaturas; cocinar, limpiar...). Si luchamos por una sociedad más justa e igualitarias debemos luchar, consecuentemente, por una cambio en las mentalidades en el sentido de compartir ("compartir", que no "ayudar en") las faenas de lo que es considerado el espacio privado. Todavía no hemos conseguido este objetivo y de nuevo la política socioeconómica de un gobierno pseudoprogresista atenta contra la sociedad en general y contra las mujeres en particular, en tanto que refuerza la idea tradicional sobre el papel de la mujer. Ahora, a la lucha por conseguir el reparto del trabajo doméstico, tenemos que añadirle, de nuevo, la lucha por el reparto del trabajo público, la lucha por el derecho a un trabajo digno que nos permita la independencia económica y personal a la que todo ser humano tiene derecho. Y es necesario insistir en la idea de "dignidad humana", porque nosotras entendemos el progreso como un desarrollo de la humanidad hacia la mejora de su calidad de vida, hacia la satisfacción de las necesidades de las personas (sin olvida el respeto al medio ambiente). Pero las reformas del mercado laboral emprendidas por el gobierno apuntan hacia la resolución de las necesidades, única y exclusivamente, de la productividad empresarial: propuestas como la movilidad geográfica y la variabilidad horaria exigen una total disponibilidad de las trabajadores y de los trabajadores ante la empresa. Vivir para trabajar y no trabajar para vivir. Y, centrándonos en las mujeres, si tenemos en cuenta la ideología dominante de la que anteriormente hablábamos... ¿cuántas mujeres pueden tener movilidad geográfica y disponibilidad horaria si sobre ellas recae la educación de las criaturas? En lo referente a los contratos de aprendizaje, hay que destacar el freno que suponen para conseguir el objetivo básico del movimiento feminista, que no es otro que la realización como "personas" de las mujeres, es decir, la consecución de un proyecto de vida propio y autónomo, libremente elegido. Estos contratos implican una denigrante prolongación de la adolescencia, de la dependencia, hasta los veintiocho años sin asegurar, además, "aprendizaje" alguno. O sí: sumisión, docilidad, limosnas como salario... Cabría añadir el obstáculo que para una maternidad libre y deseada supone la no cobertura de los permisos de maternidad que estos contratos reconocen. Maternidad será sinónimo de paro: una buena oportunidad para volver al espacio privado del que los sistemas nos sacan según sus necesidades de producción y al que nos devuelven cuando ya no les hacemos falta. Los contratos a tiempo parcial, por otro lado, se nos ofrecen como compensación por ese retorno al hogar: una vez tenemos resueltos los asuntos de los niños/as, ancianos/as, enfermos/as y de la casa, podremos salir a trabajar unas horitas a cambio de salarios también "parciales", es decir, miserables. Se establece, por tanto, una jerarquía de salarios: uno "completo"; el otro "parcial", una "ayuda". De nuevo una "dependencia". Finalmente, la consolidación del trabajo doméstico como tarea específicamente femenina le ahorrará al Estado toda una serie de prestaciones sociales que poco a poco iban siendo asumidas públicamente después de largos años de lucha, y que habían facilitado la incorporación de la mujer al mundo laboral. Las mujeres se convierten, así, en el colchón de la crisis desde el punto de vista social. Su proyecto vital queda de nuevo aparcado, hipotecado en tareas de solidaridad impuesta, de solidaridad "privada". Por todo eso, ante el tono festivo (1 de mayo) y frívolo (8 de marzo) que estas fechas corren el peligro de tener, desde la Assemblea de Dones d'Elx queremos recuperar su carácter reivindicativo, especialmente en estos momentos en que la política socio-económica del actual gobierno reaviva unas relaciones sociales que nosotras empezábamos a considerar agonizantes. |