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Dos años pasaron entre aquel 19 y 20 de diciembre y hoy.
Dos años sin los compañeros que cayeron, dos años
más con todos los que continuamos el duro, aunque fértil,
camino de la lucha, la rebeldía, la solidaridad.
A dos años de aquella gesta –que no fue la revolución
sino una de sus tantas batallas-, son las organizaciones populares,
sociales y políticas, de piqueteros y de asambleístas,
Madres de Plaza de Mayo y trabajadores de empresas sin patrón,
quienes se movilizan para recordar el levantamiento popular
y repudiar por siempre a los terroristas de Estado que nos
reprimieron y se cobraron la fuerza de la rebelión
en la vida de treinta y pico de los nuestros.
En estos últimos tiempos se ha informado que mientras
el pueblo se alzaba en las calles y la policía del
Estado lo asesinaba salvaje y cobardemente, personeros del
gobierno de la Alianza aprovechaban el humo de los gases y
el ruido de las balas para hacer desaparecer pruebas de las
coimas en el Senado, que permanecían ocultas en la
Secretaría de Inteligencia.
Más, en la semana anterior al segundo aniversario de
la gesta popular, un coimero arrepentido no de su condición
de ladrón sino de su silencio previo, opta por revelar
detalles del pago de sobornos a los senadores que alzaron
la mano y aprobaron la ley de flexibilización laboral.
Uno de los senadores denunciado es ahora gobernador provincial.
El declarante se busca un abogado de renombre y grandes contactos
para que lo defienda. Antes de confesar, se asegura la protección
de la justicia para su familia, esa misma justicia que no
evitó los fusilamientos del 20 de diciembre, ni protegió
a los familiares de los muertos, ni investigó la responsabilidad
política en la masacre. Por su parte, la Unión
Industrial Argentina exige rigor y orden en las calles, al
tiempo que prominentes empresarios demandan la continuidad
de esa ley manifiestamente fraudulenta. Ese es el contexto
de indignación, de hartazgo, de vergüenza, que
rodea el nuevo aniversario del argentinazo.
A partir de la declaración, esa ley de muerte contraria
a los intereses y la dignidad de los trabajadores puede estimarse
en otro precio aun más ultrajante que el ya conocido:
la flexibilización laboral que representa más
enfermedad obrera, más pulmones obreros, más
explotación obrera, más alienación y
destajo y menos gozo y esparcimiento obreros, le salió
al gobierno de De la Rúa, socio del imperialismo y
el FMI, cinco millones de pesos-dólares, pagados con
dineros públicos provenientes del fango de los fondos
reservados de la SIDE. Eso es lo que valen los trabajadores
para el "Honorable Senado de la Nación".
El pueblo, en cambio, tiene sus héroes de verdad, con
barro en los pies y en su práctica política
furia, ternura y responsabilidad. Son los piqueteros. Son
Kosteki y Santillán. Son las Madres de Plaza de Mayo.
Son los obreros que reabren las fábricas cerradas por
sus ex patrones y comparten el trabajo con los desocupados.
Son los campesinos que toman tierras ociosas para procurarse
su alimento sin depender de la limosna extorsiva de los señores
feudales que gobiernan las provincias del país.
Cortan rutas, sí. Ocupan las plazas, también.
Resisten con gomeras las balas de verdad de los gendarmes.
Miran a sus hijos a los ojos y les invitan pan ganado con
los juanetes de las manos. Enseñan a amar a sus compañeros
como a la revolución. No tienen un solo minuto para
sí en los noticieros de la radio o la tevé,
ningún centímetro describe sus virtudes en los
diarios de gran circulación. Sin embargo, trabajan
haciendo el mundo otra vez, abrigando al hombre nuevo con
gomas que arden en los caminos que ya no caminan las distancias
de la patria. No son, por suerte para la salud social de la
nación, senadores.
La historia de la dignidad y de la osadía de transformarlo
todo, debe a ellos el triunfo de no haber permitido que se
corte por lo más delgado el hilito sisal de la resistencia
y la lucha por la justicia y la igualdad. Pasaron dictaduras
militares, tirana civilidad, senadores, represiones, y el
sueño socialista no se acaba. Sigue. Viene del fondo
de los siglos, de los sótanos de la legalidad. Sopla
tempestades desde las alcantarillas, como la vez que fue 20
de diciembre en el sur, hace dos años, y cayó
jueves, como todos los días de las Madres de Plaza
de Mayo.
Conducción: Luis Iramain
Columnistas: Oscar Palacios, Demetrio Iramain, Inés
Vázquez, Marisa Gallego
Producción: Lucila D'Onofrio, Gerardo Nielsen
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