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Las ocurrentes ideas del funcionariato argentino pueden
llegar a extremos sorprendentes y desorbitantes, siempre indecentes
a la hora de adoptar medidas a favor de quienes no dejan de
sufrir diariamente y que padecen del hambre, ese que los funcionarios
desconocen y del cual son los únicos responsables.
Los únicos. El nacimiento de los movimientos de desocupados
lo podemos encontrar desde mediados de la década del
´90 y en constante crecimiento, época ésta
que los dirigentes políticos disfrutaban de las bondades
que el “menemismo” les ofrecía a ellos
y de la que hoy se hacen los distraídos. Me refiero
fundamentalmente a quienes eran por entonces gobernadores
e intendentes, diputados y senadores, concejales y comisionados
municipales, que en sus funciones imitaban a esa rata en todas
sus acciones aberrantes -reelecciones, hegemonía, discurso
único, neoliberalismo aplicado a ultranza, privatizaciones
y concesiones por doquier, corrupción, mafias, etc,
etc, etc.-
Que la política en Argentina es prebendaria no es
ninguna novedad, sería una perogrullada hacer mención
sobre la misma y hasta insalubre, pero no por ello la dejamos
de condenar.
Olor a goma quemada, viene,
de los barrios de la hambruna.
Llama el bombo y el piquete,
corta la ruta.
Desde hace unos meses advertimos, casi imposible no hacerlo,
como desde los sectores más concentrados y retrógrados
del poder político, periodístico, empresarial
y religioso existe una animosidad, convertida por momentos
en agresión salvaje hacia los que reclaman pan y trabajo,
desde los cortes de calles, avenidas y rutas como en las movilizaciones
populares. En función de conseguirlos se confunden
en la forma de resistir y exigir ser escuchados y atendidos,
ellos son los piqueteros y todas las organizaciones y movimientos
de base.
Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales tenían
y tienen la obligación de actuar rápidamente
para paliar la enfermedad endémica de la desocupación
y la subocupación. No es posible que hace treinta años
no existían las desigualdades que hoy sufrimos todos
y que nadie se haga responsable, mirando cobarde y delictuosamente
hacia otro lado. Ya que han sido ellos los responsables y
ejecutores como parte de una clase política que ha
cooptado y secuestrado la totalidad del centro de la escena
democrática y han hecho de ella su fiesta de mentiras
y corrupciones.
Llamarada y humo negro, crecen,
y entre chispa y reverbero,
con perfiles de ceniza,
los piqueteros.
El hambre y la desesperación de la exclusión
no pueden esperar más, hay que decirle basta a este
modelo económico y sistema político que desde
hace años está al servicio del capital y las
finanzas, desde el cual no tienen ningún empacho, menos
vergüenza, en desplazar a millones a la pobreza y la
indigencia. Estamos hablando para que quede bien claro de
más de veinte millones de seres humanos, o sea seis
de cada diez habitantes de la Argentina.
Los políticos desde sus cargos conseguidos con una
democracia solamente representativa y bipartidista no han
realizado nada para solucionar estos temas, los han profundizado
y lo han permitido con sus votos o sus silencios. Son los
verdaderos traidores a la Patria. No lo son porque no apoyen
a tal o cual, como mandó a decir el último usurpador
de la presidencia, ése que el voto popular le había
negado serlo y desde el cual realizó un inmoral e inhumano
ajuste económico. Debemos denunciarlo y decir que no
permitimos ese perverso mensaje desde el cual se quiere poner
a un partido político y a sus empleados, con sueldos
de miles de pesos, en el lugar reservado ha ser castigados
por nuestra Constitución Nacional.
La dignidad de los libres del sur
que tantos han traicionado.
Yo en patas y hambreado
soy la violencia
y ellos armados hablan de paz...
Días atrás en Neuquén la anunciada
represión de la policía provincial y la federal
llegó de la mano de una imposición que el Gobierno
Provincial quiere hacer de entregar tarjetas electrónicas
para el pago de los miserables planes de asistencia para los
desocupados. Ésta idea no es propiedad intelectual
de ese gobierno sino del mismísimo poder central nacional.
Seguramente una decisión que tiene detrás a
los banqueros, que encontrarían en ello un negocio
adicional a los muchos que siguen teniendo e imponiendo, como
lo hizo el gobierno que salió disparado por las alturas
del antro de las decisiones políticas, con la bancarización
-prolegómeno de uno de los primeros robos del siglo
recién inaugurado-. Otra tarjeta famosa puso de relieve
las miserias de los senadores coimeros tres años atrás.
Debemos señalar que lo acontecido en La Quiaca (Jujuy)
y en Tartagal (Salta), por cierto provincias muy peronistas
ellas, no ha sido una casualidad, sino más bien una
advertencia a la que debemos sumar las realizadas por algunos
seudos dirigentes de la tierra y la vivienda que se quieren
convertir en la “guardia blanca” del Gobierno
Nacional, las amenazas de miembros del Ejecutivo Nacional,
de la dama manzanera dueña de un cementerio privado
y unos cuantos otros filibusteros políticos que gozan
de fortunas, casonas, campos, vehículos de todo tipo,
cuentas y propiedades en el exterior conseguidas a través
del ejercicio de la política. Que debería ser
considerada como ilegal cuando de ella se hace una profesión
habitual y de por vida, como en muchos casos también
familiar y hereditaria.
Ellos saben que el movimiento de los excluidos va creciendo
y afortunadamente lo hace desde la izquierda de las convicciones
e ideales políticos y sociales. Es justamente desde
el miedo que a ellos le produce que hablan de control, tarjetas
magnéticas, criminalización, judicialización
y brigadas antipiqueteras. Disimulan su impronta e incapacidad
con falsas promesas y presupuestos nacionales ajustados a
las necesidades de seguir pagando la odiosa deuda externa
y continuar bancando a los bancos que han sido la válvula
de escape de la fuga de divisas, por cierto especulativas
ellas. Tampoco dudan en seguir entregando las concesiones
a los mismos que de ellas han hecho una actividad delictiva
durante muchos años. El tema de los peajes, mejor dicho
pillajes, es un claro ejemplo de ello.
El Programa Jefas y Jefes de Hogar Desocupados es de carácter
universal, y según la reglamentación es un “Derecho
Familiar de Inclusión Social” para asegurar la
protección integral de la familia, asegurar la concurrencia
escolar y la salud de los hijos de los desocupados. Debe quedar
claro que universal comprende a todos y no solamente a los
que desde un despacho deciden quienes entran y salen, además
de ser un “DERECHO”. De ahí que la manipulación
y la diatriba oficial nos ofende a todos, como ofende que
su cuantía en los doscientos pesos que autoriza la
reglamentación como absurdo tope no es la pagada y
que teniendo en cuenta el incremento del costo de vida producido
desde enero del 2001 debería ser de por lo menos trescientos
cincuenta pesos mensuales. El Gobierno paga actualmente ciento
cincuenta pesos.
Entonces no comprendemos el motivo y la negación
a que participen todas las organizaciones sociales para garantizar
la transparencia y la eficiencia. No cumplirlo así
coloca a las autoridades en una situación ilegal que
está por cumplir dos años de vigencia.
Y van al corte compadre, firmes,
frente a la gendarmería
y en las ollas populares
clama la vida.
Hay una verdad que los políticos, los comunicadores
sociales adictos al poder y los reaccionarios de siempre jamás
lo dirán públicamente, no por pudor sino porque
se han acostumbrado a mentir y a tergiversar la realidad,
y es que sencillamente les molesta que los movimientos de
trabajadores desocupados abrazan la horizontalidad en sus
decisiones, actúan de forma solidaria y con fraternidad,
no aceptan las mentiras de la política, ejercen una
democracia participativa en la elección de sus representantes
con la revocabilidad de sus mandatos, entre otras virtudes.
Han nacido y se han formado en la resistencia, en la lucha,
en los piquetes y las movilizaciones; no les hace falta ir
a la unidad básica o al comité para recibir
ordenes, no los pueden manejar desde esa extensión
macabra del brazo de la politiquería que son las intendencias
y sus concejos deliberantes.
Les molestan los cortes y las movilizaciones que los ponen
de frente a una realidad que desde hace muchos años
desconocen. Cuanto quisieran, ellos desde ya, que se produzcan
desbordes y es por eso que a las organizaciones las intentan
infiltrar con servicios y punteros políticos. Es la
misma policía la que en más de una oportunidad
hace que los cortes parezcan más “terriblemente
molestos” a los que guardaron las cacerolas hace largos
meses atrás, porque hubo justicia y tibia recuperación
para algunos e injusticia para las mayorías empobrecidas
por el sistema capitalista liberal que cada día está
más astillado y no brinda ninguna solución a
sus acuciantes problemas de trabajo digno y bien remunerado.
De la reindustrialización no se habla, ni se hace nada
para lograrla; menos para lograr la justicia social.
Es ese sistema abatido al que deseamos verlo terminado,
como necesariamente sucedió en muchos países
con el comunismo producto de sus aberrantes excesos y alejamiento
de los intereses de las mayorías populares, como también
de las corrupciones que engendraron al apartarse de los altos
y nobles principios que reivindicamos y que jamás deberían
haberse abandonado.
Una mujer piel y huesos, marcha
y en sus pechos consumidos,
va amamantando otro hambriento,
recién parido.
Los desocupados con un gran esfuerzo van logrando sus talleres
de trabajo -bloqueras, carpinterías, herrerías,
marroquinerías, etc.-, huertas y granjas comunitarias,
panaderías, guarderías, centros de apoyo escolar,
centros de asistencia médica y farmacias, comedores
y merenderos populares, y muchas otras actividades como talleres
de periodismo, educación popular y bibliotecas, clases
de educación sexual y salud reproductiva, cooperativas
para la construcción de viviendas, confección
de ropa, etc., que fundamentalmente son ejemplos de solidaridad
y clara pertenencia de clase. Las fábricas recuperadas
bajo control obrero y autogestionadas son otro digno ejemplo
de que los sectores desplazados quieren trabajar, que los
vagos son justamente sus detractores que han optado por formar
parte de las diferentes mafias que todos conocemos y que son
ellos los violentos a la hora de establecer políticas
y legislaciones, como asimismo administrar injustamente la
Justicia.
Les molestan las consignas que hacen mención a la
resistencia y a la lucha por pan, trabajo, cambio social,
dignidad, distribución equitativa del ingreso, reforma
agraria, socialismo, etc. Les molesta que se vayan amalgamando
con las luchas de los pueblos originarios y los campesinos.
Les molestan esas combativas y siempre presentes banderas
del Che Guevara, nuestro querido y cubano ejemplo si los hay.
Les molesta que reivindiquemos los ejemplos de nuestros pueblos
hermanos de Bolivia, Cuba y Venezuela.
Olor a goma quemada, temen,
que se chamusque la historia.
Dos cosas que les espantan,
pueblo y memoria.
Los otros, los del poder, tienen una clara mirada burguesa
y populista de derecha. Esa es la pertenencia que tienen,
en la que se han formado y reproducido como alimañas,
y que cada vez les hace más difícil de disimular,
ya ni lo intentan, desde ese atrio donde deciden sobre la
vida de todos nosotros, sobre nuestro trabajo, hambre, desesperación
social, salud, educación, jubilaciones y futuro. Los
piqueteros y movimientos de desocupados piden trabajo, no
dietas, ni gastos de representación, ni jubilaciones
de privilegios y tampoco gastos reservados.
Son los políticos los que tienen la incapacidad de
llevar adelante políticas nacionales y populares. Sus
decisiones y pensamientos no les permiten enfrentarse con
el Imperio que con sus usureros organismos de crédito
internacionales y sus alianzas como el ALCA son claros e irrefutables
ejemplos de dependencia y marginación social impuesta
con el beneplácito del poder corrupto que ha sido y
sigue siendo capitalista y neoliberal.
Para mi pueblo Argentino, salúd,
la libertad y el trabajo.
La dignidad de los libres del sur,
que tantas veces cantamos.
Por todo esto es que también denunciamos los arrebatados
pasos en defensa de los Derechos Humanos que lleva adelante
el presidente de la Nación, porque nosotros no nos
escondimos en todos estos años sino que luchamos por
la verdad, la justicia y el castigo de cárcel para
todos los genocidas y colaboracionistas. No descubrimos el
25 de mayo del 2003 que a nuestros familiares y compañeros
les arrebataron la vida y las ilusiones. También tenemos
memoria y recordamos que fue desde un gobierno peronista cuando
comenzó la persecución, las desapariciones y
el genocidio que la dictadura militar asesina llevó
a los indignos extremos por todos conocidos. Es por eso que
nos preocupa que algunos desde el Gobierno Nacional demuestren
su nerviosismo en declaraciones y decisiones que podrían
llevarlos a repetir funestas experiencias. Las que no aceptaremos
ni permitiremos que vuelvan a suceder.
Es imprescindible que el próximo 19 y 20 de diciembre,
como fechas emblemáticas, renovemos nuestras fuerzas,
nuestras militancias, nuestras resistencias y desobediencias,
que alcemos bien altas nuestras banderas y le hagamos sentir
a todos los políticos que tienen una sola salida, que
es sencillamente que hagan todo al revés de como lo
han hecho hasta ahora. Ellos han traicionado una vez más
el sentir popular mayoritario y se han quedado. Muy alejado
de haberse ido todos, muchos nefastos personajes han vuelto
y estarán sentados en las bancas legislativas a partir
de unos días.
Es por todo esto y muchas cuestiones más que les molesta
el “Olor a goma quemada” como bien canta Rafael
Amor y que algunas estrofas hemos reproducido acá.
Hay una pregunta que la sociedad debería responderse
en voz bien alta. ¿Estamos con los desocupados o con
los políticos?
Nosotros contestamos: Estamos con los desocupados y los piqueteros.
Siempre los acompañaremos en sus reclamos hasta que
la cultura del trabajo quede instalada en nuestro país
para no irse NUNCA MÁS.
2 de diciembre del 2003
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