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En 1910 Freud, en una de las cinco conferencias que pronunció
sobre
Introducción al Psicoanálisis en Estados Unidos
(Universidad de Clark),
explicó al auditorio la concepción de represión
con una metáfora. Señaló que
si en ese momento de la conferencia, seguida muy atentamente
por el
auditorio, se levantara de su silla uno de los participantes
gritando,
diciendo frases obscenas y riéndose a carcajadas, el
sector del auditorio
más atento a la conferencia le impediría continuar
con la batahola y lo
llevaría fuera del salón, impidiéndole
su entrada a la conferencia
nuevamente. Ante la posibilidad de que el iracundo señor
"insistiera" en
volver al salón, dos o tres participantes del evento
permanecerían cercanos
a la puerta para impedir una nueva irrupción. Con esta
metáfora, Freud
intentaba aclarar los conceptos de represión y resistencia.
Cuando hablamos de "represión" de los piqueteros,
¿de qué hablamos?
Se trata según las estadísticas del método
preferencial elegido por un gran
sector de la población para acallar las protestas sociales
de los
desocupados. La mayoría de la clase media volátil.
Estos nuevos sujetos
sociales (los piqueteros) se vuelven tan molestos e impertinentes
como el
señor de la conferencia de Freud y convendría
"reprimirlos" para que no
sigan alterando el buen orden de la ciudad.
Sobre si conviene reprimirlos o no se centra la gran temática
actual. El
tema que los medios han llevado casi a la exaltación.
¿Qué pasará el 20?
Parece ser la gran preocupación que tiene el Gobierno
en estos días. Cuando
la clase media en su mayoría "ve" a los piqueteros,
queda "capturada" por
una molestia insostenible: la de los piqueteros perturbando
y subvirtiendo
el orden ciudadano. Quedan "capturados" en esa imagen.
Pero si miramos más
atentamente, la protesta de los piqueteros expresa también
la Argentina
"monstruosa", la Argentina "deforme",
que necesita ser "reprimida" al
inconsciente.
Los piqueteros son la expresión diaria y visible de
los "petisos" sociales,
de los niños muertos de hambre por día, de las
bocas desdentadas, de las
caras de los menores buscando alimentos de la basura, de la
falta de
higiene, de los daños neurológicos irreparables
de un sector de la población
que no podrá pensar jamás, por no recibir la
alimentación adecuada en sus
primeros años, de la promiscuidad y el hacinamiento,
de las caras famélicas,
de los niños con panza por el raquitismo y el marasmo,
de los 1400 niños que
entran por día en nuestro país en la indigencia,
de los 20.000.000 de pobres
y 10.000.000 de indigentes profiriendo gritos horribles de
hambre y de
necesidades básicas. Griterío ensordecedor de
desdentados. Todo eso expresan
los desocupados. La Argentina "deforme", la Argentina
"monstruosa", la
Argentina de la desigualdad social más importante de
Latinoamérica. La
Argentina que los piqueteros nos muestran pero no estamos
en condición de
"ver". Vemos sólo lo manifiesto en la protesta
y las molestias causadas,
pero tenemos que "reprimir" al otro país
monstruoso (nuestra propia
monstruosidad). Reprimir en el sentido freudiano.
Un piquetero entonces no es sólo un cortador de rutas,
es también el 50 por
ciento de los niños hambrientos con sus bocas abiertas
desdentadas gritando
desesperadamente pidiendo pan y tal vez un poco de leche.
Los piqueteros
"insisten" en la protesta intentando hacer visualizar
la Argentina famélica.
Esas bocas tienen que permanecer ocultas, tenemos que "reprimirlas",
alejarlas de la conciencia. Pero los piqueteros "insisten"
como el
inconsciente.
Hay dos tipos de represión: la que se discute hoy en
el Gobierno y en las
cúpulas de opinión y en los medios. Es un problema
político a resolver. Pero
la otra represión no es sólo política
y ocurre en el aparato psíquico, es
aquello que queremos mantener alejado de nuestras buenas conciencias,
como
el hermano "bobo" que se encerraba en algún
cuarto de la familia para que no
se viera. Lo monstruoso encerrado en otro lado.
Me parece que el Presidente percibe inteligentemente que si
"reprimiera", la
"insistencia" sería mayor. Los efectos serían
más dañinos. Porque así como
el inconsciente insiste, en los actos fallidos y en los sueños,
los
piqueteros insisten diariamente con sus marchas sin cansancio
intentando
mostrarnos la otra Argentina. El problema es la insistencia,
no los
piqueteros. El Presidente tiene una gran virtud: es rápido
y sabe del
peligro de las "insistencias" y de sus desventajas
sociales futuras y quiere
prepararse bien, ante la posible "pesadilla" que
pueda surgir en un futuro
próximo con sus aliados volátiles. La clase
media no "insiste" como los
piqueteros, se metamorfosea siempre con el poder de turno.
Siempre ha sido
un "como si". Se mimetiza. Se cansa rápido.
No tiene densidad, que es lo que
les sobra a los nuevos sujetos sociales con la insistencia
militante
piquetera.
El hambre no tiene tácticas moderadas.
El hambre tiene hambre.
Lo que se "reprime" es la inhumanidad del hambre.
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