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---------- Juicio por la Verdad -----------
"NO PUEDO TRABAJAR PORQUE TODOS LOS DÍAS
TENGO QUE LLORAR", DIJO UN EX DETENIDO
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Declaró un sobreviviente de la represión ilegal
que todavía sufre consecuencias psicológicas
por su secuestro.
Por Francisco Martínez y Vanina Wiman (Secretaría
de Prensa)
LA PLATA (03dic03).- La Cámara Federal recibió
el testimonio de un hombre que durante la dictadura sufrió
un secuestro que le dejó hasta hoy graves secuelas
psicológicas y que lo perjudicó económicamente.
Se trata de Néstor Hugo Zingoni, quien hoy tiene 71
años, y fue acompañado por su esposa Margarita
Piccoli durante el emotivo testimonio que brindó a
los jueces. "No puedo trabajar porque todos los días
tengo que llorar", declaró.
El 25 de octubre de 1977, Zingoni fue secuestrado junto a
otro hombre (Luis Rosatti, fallecido) en la puerta de una
cerrajería de diagonal 74 entre 27 y 28 de La Plata.
En esa época, tenía un comercio en Lanús
y dos propiedades; hoy, vive en una vivienda que alquila en
la localidad rural de Lisandro Olmos y atiende un puesto de
choripán junto a su esposa.
El testigo señaló que al día de hoy sigue
sufriendo consecuencias psicológicas por su detención.
"Tomo pastillas a la mañana, al mediodía
y a la noche. Pesaba 82 kilos y hoy, 57", expresó.
Zingoni interrumpió varias veces su testimonio porque
se quebraba en llanto. Durante toda la audiencia su mujer
estuvo sentada a su lado, dándole palabras y palmadas
de aliento y tomándole la mano.
Esa tarde de octubre del '77, Néstor Zingoni fue llevado
a un centro clandestino de Arana, al que el ex detenido identificó
como "Cuatrerismo". El operativo fue protagonizado
por dos hombres que entraron a la cerrajería y le dijeron:
"Tenemos esta orden: si te resistís, te matamos".
La estadía en el centro clandestino duró un
día, en el que Zingoni estuvo alojado sin compañía
en un calabozo y sufrió torturas con corriente eléctrica
y golpes. "Me dijeron que me iban a dar una inyección
y de ahí no sé a dónde me llevaron".
El segundo lugar de detención podría ser un
centro clandestino del sur del Gran Buenos, ya que cuando
fue liberado Zingoni pudo llegar hasta la casa de unos amigos
en Quilmes.
"Allí todos los días a las 3 de la mañana,
cuando empezaba un programa de tango en la radio, era el momento
de la tortura", recordó el ex detenido. "De
3 a 6 de la mañana, todos los días", agregó.
Entre lágrimas, Zingoni continuó: "La tortura
más grande era con mi mujer y con mi hija. Me decían:
"Qué linda mujer que tenés, hoy te la matamos;
qué linda hija, mañana te la matamos. A tu mamá
le toca la semana que viene"".
Durante la audiencia no quedó claro cuál era
el motivo de la detención o porqué Zingoni fue
perseguido. Sin embargo, el testigo señaló que
tenía en su poder una carta que el ex presidente Juan
Perón le había dado de puño y letra a
su padre, militante justicialista. "Yo llevaba una fotocopia
de esa carta en el documento. Ellos pensaban que yo manejaba
a la Juventud Peronista. Y preguntaban (durante la tortura)
dónde tenía las armas. No sé porqué
se ensañaron tanto conmigo", afirmó Zingoni.
Tampoco pudo precisar bien el tiempo que estuvo detenido,
pero dijo que habría sido algo más de un mes.
"Después de eso yo tenía miedo. Mi hija
se fue a Europa y no volvió. No la puedo ver más",
expresó. Y agregó: "Quedó mi señora,
que es una gran compañera de toda la vida".
Margarita Piccoli declaró antes que su esposo. Contó
que en esa época "ya no me acostaba. Me bañaba
y esperaba que me llamaran para darme noticias". Y relató
que el día anterior a la liberación de su marido,
la llamaron por teléfono para avisarle que estaba en
Quilmes.
Tiempo después, un militar llegó a su casa.
Piccoli había dejado una carta en el Batallón
601 de Comunicaciones de City Bell, cuando su marido estaba
secuestrado. "El militar era un mayor, de apellido Amuchástegui,
y se presentó a decir que me daba garantías
para mi hija. Igual la mandé a Europa", explicó.
Volvió a su lugar de cautiverio
En tanto, también declaró el ex detenido Martín
Rodríguez, cuyos hermanos Oscar Argentino y Juan Enrique
están desaparecidos. Contó que fue detenido
ilegalmente en 1976 en la localidad de Dolores, y que fue
trasladado a La Plata, en donde vivía en el barrio
de Los Hornos.
Rodríguez señaló que permaneció
en cautiverio unos siete meses en el centro clandestino que
funcionó en 1 y 60, y que estaba en calidad de "rehén"
hasta que los represores encontraran a sus hermanos.
El ex detenido dijo que estaba seguro que el lugar era la
División de Caballería de la Policía
provincial dado que últimamente, como albañil,
estuvo trabajando en ese lugar. "Me torturaban en una
terraza", declaró.
En ese lugar conversó con una embarazada de nombre
Gladys, que tenía 18 o 19 años. Detalló
que la chica tenía un embarazo bastante avanzado, de
seis o siete meses. Además, dijo que había un
torturador apodado "René".
El testigo señaló que presenció la detención
de su hermano Oscar Argentino, en una casa de 74 y 138, ya
que lo llevaron a reconocerlo. Del operativo participaron
personas de civil que se movían en una camioneta Dodge
de la Policía y otros dos autos.
Rodríguez dijo que compartió el cautiverio con
su hermano, aunque no en la misma celda. Cinco días
después, Martín fue liberado: lo tiraron vendado
a un arroyo en San Francisco Solano y se pudo soltar las ataduras.
De su otro hermano, Juan Enrique, señaló que
fue secuestrado en San Antonio de Areco (norte de la provincia
de Buenos Aires), junto a su novia y su suegra.
Los tres hermanos eran militantes de la Juventud Peronista.
Martín Rodríguez dijo que en 1981 u 82 tuvo
un accidente de tránsito, fue detenido y se enteró
que tenía pedido de captura en el marco de la ley 20.840,
la "antisubversiva".
Al terminar su declaración, expresó: "Venía
con la esperanza de que me den algún dato más.
Poder saber dónde están mis hermanos".
"En la Unidad 9 se golpeaba como sistema"
Por último, prestó declaración el ex
detenido Eduardo Rubén Andrade. Relató que en
poco más de un mes pasó por seis centros clandestinos
de detención, y que luego estuvo detenido a disposición
del PEN durante tres años en el penal de Devoto y la
Unidad Nº 9 de La Plata.
Andrade era militante gremial en la fábrica metalúrgica
"Santa Rosa" y presidía la Junta Vecinal
de Ciudad Evita (La Matanza), en donde vivía.
El 27 de marzo de 1976 una "patota" de civil de
la Policía de la provincia de Buenos Aires lo secuestró
en su casa. "Mi esposa de ese entonces fue la que hizo
la denuncia en mi contra porque teníamos diferencias
ideológicas", indicó el ex detenido.
En primer lugar, Andrade fue llevado a la subcomisaría
de Ciudad Evita, en donde fue torturado. Después, fue
introducido en un vehículo y presenció el secuestro
de Cirila Benítez, quien terminó compartiendo
el cautiverio con Andrade en el resto de los centros clandestinos.
Ambos fueron llevados a otro campo de concentración,
en el cual fueron alojados "en una parte que estaba bajo
tierra, como un sótano". Por este dato, se dedujo
en la audiencia que podría tratarse de "El Vesubio".
Allí, Andrade, Benítez y varios otros detenidos
fueron torturados con picana eléctrica, submarino "seco"
y "mojado", golpes y simulacros de fusilamiento.
El destino siguiente fue la Brigada de Investigaciones de
Quilmes. "Ahí había mucha gente detenida.
Uno era un chico del PRT-ERP que era hijo de un farmacéutico
de Lobos", recordó el ex detenido.
Unos días después, Andrade fue trasladado junto
a otros detenidos a lo que cree que era el Regimiento III
de Infantería de La Tablada, en donde indicó
que "había colimbas que nos cuidaban". En
este centro clandestino volvió a sufrir torturas "con
lo que se les ocurriera".
El sobreviviente contó que luego fue llevado, con el
mismo grupo de detenidos, a una comisaría de Adrogué.
"Estábamos en una pieza muy chiquita. Fueron cerca
de 15 días, es donde más tiempo estuve",
afirmó. "En Pascua apareció un sacerdote
para hacer una oración y nos dejó facturas",
recordó el testigo. "Seguro que fue el hijo de
puta de Von Wernich", agregó entre risas.
El último lugar en el que estuvo secuestrado fue otra
comisaría, esta vez en la localidad de Monte Grande,
a donde fue trasladado a principios de mayo de 1976. "El
comisario nos destabicó, dejó que lo viéramos
y nos dijo: 'esto es una cosa política, yo cumplo con
mi deber'. Y nos comunicó que íbamos a pasar
a disposición del PEN", rememoró.
A partir de allí, Eduardo Andrade pasó varios
meses en la cárcel de Villa Devoto, hasta que en septiembre
de ese mismo año fue trasladado a la Unidad Nº
9 de La Plata.
"En la Unidad 9 se golpeaba como sistema. Siempre tenían
una excusa", subrayó el ex detenido. "En
los 'chanchos', que eran las celdas de castigo, nos reventaban
a golpes. A raíz de eso y de los chorros de agua fría
que nos echaban en invierno, hoy soy asmático",
contó, y añadió que como consecuencia
de las torturas y los malos tratos que sufrió en el
penal "se me declaró una psicosis paranoica y
estuve internado en Sanidad más de un mes. Hoy estoy
bajo tratamiento y jubilado por esa razón".
Andrade indicó que estando internado, en noviembre
de 1978, "vi como reventaron a golpes a un muchacho y
después lo llevaron a curar". El ex detenido se
enteró que era profesor de filosofía, pero nunca
supo su nombre y si sobrevivió a la golpiza.
El testigo también dijo que en el penal existía
"una Oficina de Tratamientos, que era de inteligencia
interna". Relató que el personal de ese área
lo interrogó en varias oportunidades y que los encuentros
eran registrados "con un grabador colocado debajo del
escritorio".
Eduardo Andrade fue liberado el 11 de octubre de 1979, pero
el período de tiempo posterior "me siguieron a
todos lados".
De las audiencias de hoy participaron los jueces Leopoldo
Schiffrin y Julio Reboredo; el fiscal general Carlos Dulau
Dumm; el defensor oficial ad hoc Jorge Cozzi; y las abogadas
de la APDH La Plata Alicia Peralta y Marta Vedio.
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