| El
puntapié inicial del gobierno de Néstor Carlos
Kirchner está basado en el Plan de Gobierno presentado
a la sociedad y en el cual al decir del actual presidente de
la Nación fue el resultado del trabajo de más
de 8.000 profesionales técnicos. En esas propuestas se
hace mención una sola vez al “capitalismo”
y extrañamente en el apartado que trata sobre el Sector
Agropecuario: “Hoy la Argentina se encuentra en condiciones
ideales de encarar la tercera etapa del sector, la revolución
de la competitividad agroalimentaria y agro industrial, que
potencie el nacimiento de un capitalismo con decisión
y con protagonistas nacionales”. Nos extraña desde
la mirada que éste sector el que mayor concentración
económica ha logrado en los últimos años
a manos de capitales transnacionales, que han destruido a la
mayoría de los pequeños y medianos productores,
y a los que todavía no han podido hacer desaparecer simplemente
los han convertidos en sus empleados. Sometiéndolos a
sus precios y condiciones de compra como también de tener
que ser proveídos únicamente por ellos.
Deberíamos coincidir que los enunciados de una plataforma
electoral nunca han sido respetados una vez que se toma el
gobierno y con el también el poder, siempre convertido
en hegemónico. Nos llama la atención que durante
la campaña electoral el candidato, por entonces, no
se haya referido al “capitalismo” que pensaba
aplicar y que ahora invoca con tanta insistencia. Las crónicas
periodísticas nos remiten a él en dos oportunidades:
en julio del 2002 en el estadio de Obras Sanitarias de la
Capital Federal “El país que quiere Menem no
es el que nosotros queremos construir. Nosotros buscamos un
capitalismo con decisión nacional, con mejor distribución
de la riqueza, y Menem plantea un modelo con mayor exclusión
social” y en marzo del 2003 decía en Tucumán
“En la década del ´90 hubo estabilidad
pero con exclusión social. Nosotros, en cambio, promovemos
un capitalismo que incluya a la gente y que, además,
tenga productividad y decisión nacional”.
En ambas ocasiones, como en la plataforma electoral nada
nos informaba sobre el momento y la forma que los ciudadanos
alcanzaríamos el estado del bienestar general, esa
piedra angular enunciada desde los mentores y los prácticos
del capitalismo.
El capitalismo no busca asegurar la satisfacción de
las necesidades sino realizar la mayor ganancias posible,
de la misma forma que nunca ajusta la producción a
la demanda. Las necesidades satisfechas son las que pueden
ser pagadas a los precios impuestos por los empresarios. Es
por eso que en el capitalismo se sacrifican las necesidades
vitales de la población -alimentación, vestimenta,
salud, educación y vivienda- en beneficio de las superfluas
que producen un mayor beneficio económico y financiero.
Si estas menciones no alcanzarían para comprender
hacia donde va el país podríamos supletoriamente
buscar lo que sucedió en la provincia de Santa Cruz
durante los doce años de poder ininterrumpidos con
reelección y elección indefinida de por medio.
Un estado provincial que contó con abultados presupuestos
más los fondos cobrados por el juicio de las regalías
mal liquidadas por el Estado Nacional y que, sin embargo,
no pudieron hacer posible la implementación del mentado
capitalismo. El modelo llevado adelante fue el de la concentración
económica, los bajos salarios, la política prebendaria,
el empleo estado-dependiente, el funcionariato enriquecido,
la inexistente inversión productiva privada, la obra
pública asignada a dos empresas manejadas por los amigos,
etc. Sobre estos temas ya nos hemos referido en anteriores
opiniones.
La ola del capitalismo que se quiere imprimir ha sido puesta
en escena mediática desde el mismo día de la
asunción el 25 de mayo del 2003 “En nuestro proyecto
ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un capitalismo
nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar
la movilidad social ascendente”.
En julio del 2003 le garantizaba personalmente al hijo de
.... George Bush que en la Argentina habría paz y que
se acabaría la inestabilidad al restaurar “un
capitalismo normal y sano”.
En setiembre del 2003 le pidió a la Unión Industrial
Argentina “un capitalismo serio” y reclamaba que
los banqueros “apliquen la liquidez disponible en créditos
para la producción”, y en la Casa Central del
Imperio norteamericano insistía con que “se está
construyendo un país serio y previsible, con reglas
de un capitalismo serio”, mientras que el magnate financiero
George Soros, muy conocido en estas pampas por sus inversiones
especulativas, de dudosa proveniencia y aliente a tráficos
de cualquier tipo, sostenía “nunca en ningún
otro país se ha visto la evolución que tuvo
la Argentina en los últimos meses”. Desde ya
que no se refería a la pobreza impuesta desde el Gobierno
Nacional.
En el mes de octubre del 2003 la apuesta iría creciendo
al sostener que su gestión tiene el compromiso, no
sabemos aún ante quién, de “promover un
capitalismo serio, nacional y competitivo” y frente
al presidente de la República Federativa del Brasil,
Luís Inácio “Lula” da Silva, aclaraba
que “construiría un capitalismo serio y que no
esté aislado del mundo con plena sustentabilidad interna”.
En éste mes de noviembre ante la Cámara Argentina
de la Construcción establecía que “debemos
diseñar un nuevo modelo de país, con un capitalismo
pujante e inteligente. Ubicamos al consumo en el centro de
esa estrategia de expansión”. Debemos aclarar
que el consumo puede solamente verificarse a través
de un mayor ingreso de la población, cuestión
ésta que brilla por su ausencia en los primeros seis
meses de gestión presidencial.
Ahora bien, si los argentinos hacemos un poco de memoria
y fundamentalmente miramos a nuestro alrededor encontramos
que el país está quebrado, endeudado, desindustrializado,
sin crédito público ni privado y con reservas
financieras no imaginadas después de la fuga de capitales
realizada bajo, y con el permiso, de los gobiernos de Carlos
Saúl Menem hacedor junto a todos los gobernadores provinciales
del capitalismo salvaje, del aliancista Fernando de la Rúa
quien huyó después de una masacre popular y
del peronista Eduardo Alberto Duhalde que ejerció el
poder sin que un solo ciudadano lo haya votado para tal función,
sino que fueron las manos de la partidocracia las que se alzaron
para colocarlo en la presidencia.
La recuperación de la recaudación impositiva
de estos meses es por efecto de las retenciones a las exportaciones,
soja y petróleo principalmente, y no porque la presión
impositiva se haya aplicado a quienes detentan loas mayores
rentas, riquezas y patrimonios, como se hace en los países
donde el capitalismo de mercado es aplicado también
con serias inequidades. La reforma impositiva está
ausente en la impronta gubernamental y el presupuesto nacional
para el año 2004 es una mera copia del anterior, con
tímidas e insignificantes variantes que no señalan
ningún cambio de rumbo ni modificación del modelo
del capitalismo imperante.
Si tomamos los índices de pobreza e indigencia, el
desempleo y subempleo, el empleo marginal, los salarios convencionales
de hambre gracias a la inacción de los engordados sindicalistas,
las jubilaciones y pensiones que condenan al sufrimiento a
nuestros mayores, entre otras barbaridades más que
existen; podemos advertir un panorama aterrador bajo el imperio
del capitalismo, al que ahora se lo quiere intentar maquillar
semánticamente, aunque su rostro de terror está
siempre ahí y condena a las grandes mayorías
populares.
Al analizar la concentración de la riqueza en pocas
manos no podemos más que seguir alzando nuestras voces
y protestas en contra de la distribución inequitativa
del ingreso y la renta nacional que imponen las practicas
del capitalismo.
La fuga de divisas, capitales e inversiones especulativas
que fueron autorizadas a salir de nuestras reservas desde
el Estado Nacional y de las compensaciones asimétricas
que todo un pueblo tuvo y tiene que pagar a la banca privada
nacional e internacional de la mano de las directivas del
capitalismo local y externo demuestran que productividad,
crecimiento y bienestar son algunas de sus mentirosas premisas.
El no haber tomado una posición de enfrentamiento
y negación con el proyecto imperial para las Américas,
ALCA, hace que estemos esperando que con acuerdos bilaterales
nos impongan más capitalismo. Desde la ampliación
del MERCOSUR y de una verdadera unión de los países
latinoamericanos que se nos viene negando realizar vamos permitiendo
que el avasallamiento del capitalismo imperial siga apretando
y condicionando a los países del centro y sur de nuestra
América Latina.
La entrega de las empresas nacionales, rematadas a vil precio
y concesionadas convenientemente, a manos de capitales e intereses
privados nacionales e internacionales durante el “menemato”
han demostrado la ineficacia del capitalismo, sin embargo,
éste gobierno solamente llama a nuevas licitaciones
que tienen como beneficiarios a los mismos de siempre y ni
siquiera tiene el pudor de intentar administrar a las empresas
de servicios públicos que en otros países son
eficientemente administrados por el Estado y que cumplen una
función social irrenunciable.
La salud y la educación públicas están
atravesando la peor y más macabras de las crisis y
desamparos históricos, la falta de expectativas para
el desarrollo de nuestros hijos es sencillamente un callejón
sin salida por culpa de todas y cada una de las políticas
del capitalismo que nos ha gobernado y nos gobierna, siendo
en las últimas décadas llevado delante de forma
impúdica y temeraria.
Por lo expresado es imposible pensar, y menos creer, porque
no nos gustan las medidas y las mentiras, que el problema
está en no haber hecho y realizado un capitalismo diferente.
Aquellos que se rasgan las vestiduras hablando, promoviendo
y proponiendo el capitalismo provienen de esa clase política
que les ha permitido ir haciéndose del poder como gobernantes
y legisladores, a la que le han dado dedicación exclusiva,
se han enriquecido con sus sueldos, dietas, gastos de representación,
corrupciones de todo tipo, manejos espurios de los fondos
públicos y han obtenido fortunas que a nadie pueden
explicar ni justificar. Ellos lo han logrado sin el trabajo
personal y la inversión productiva dentro de ese capitalismo
que tanto defienden ciegamente y el cual garantiza su bienestar
mientras más de la mitad de la población argentina
está debajo de la línea de pobreza.
Entonces, ¿A quiénes pueden convencer o conmover
con las siguientes palabrejas que lo adjetivan?
Capitalismo con decisión nacional
Capitalismo con protagonistas nacionales
Capitalismo inclusivo
Capitalismo productivista
Capitalismo normal
Capitalismo sano
Capitalismo nacional
Capitalismo con movilidad social
Capitalismo serio
Capitalismo sustentable internamente
Capitalismo pujante
Capitalismo inteligente
El tema central que hoy debemos discutir es cómo
se debe hacer para acabar con el capitalismo. No es un problema
de adjetivaciones. Lo único que hacen es postergar
el verdadero cambio que se debe realizar, no solo en el país
sino en el mundo entero. La humanidad se debate en la pobreza
en todas las regiones del orbe bajo la hegemonía política
y económica impuestas desde el capitalismo.
Ese cambio que necesariamente, más temprano que tarde,
deberá ser progresista, solidario, humanista, socialista
y revolucionario, si es que deseamos recobrar nuestra dignidad,
soberanía, independencia y autodeterminación
para que los que nos continúen puedan ser mujeres y
hombres libres el día de mañana. Y no simples
esclavos, miserablemente humillados ante el capitalismo que
concentra riquezas, empresas, poder, corrupción, narcotráfico,
terrorismo, muerte y exclusión social por doquier.
No queremos más capitalismo, ni siquiera el que se
viene bajo el eslogan de la presidencia de la Nación,
“Argentina, un país en serio”, y que está
disfrazado simplemente como Kapitalismo.
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