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Fuera de sí, presa una vez más de un arresto
de rabiosa y especular imbecilidad, el pasado 20 de noviembre
el ministro del Interior, Aníbal Fernández,
retomó su hábito de colocar sobre la cabeza
de los piqueteros una aureola diabólica: "Aspiran
a una suerte de represión que justifique su existencia",
dijo.
El lenguaje que emplea Fernández habría de sumergir
en un estado de bruto letargo a cualquier filólogo.
¿Qué entiende él por "suerte"
de represión? La represión, que yo sepa, es
o no es. ¿O será que a juicio de nuestra suerte
de ministro disparar con balas de goma es una "especie"
de represión, y hacerlo con balas de plomo, en cambio,
comporta una represión a secas?
En octubre de 1994, cuando estaba a cargo de la Intendencia
de Quilmes, Fernández fue acusado de haber cometido
irregularidades administrativas por el juez Ariel González
Elicabe, quien finalmente ordenó su detención.
Fernández huyó de su despacho oculto en el baúl
de un automóvil y, por un par de días, se refugió
en alguna pocilga duhaldista. Me pregunto, ¿fue una
suerte de prófugo o un prófugo a secas?
Pero su perturbación mental alcanza una magnitud digna
de una suerte de sopapo cuando concluye que los trabajadores
desocupados procuran con ansia ser apaleados para "justificar
su existencia". ¿Dónde diablos anduvo Fernández
durante las últimas décadas? La existencia de
millones de trabajadores desocupados ha quedado cabalmente
justificada y probada, con razones y hechos, a causa de la
impía política económica que a lo largo
de las últimas décadas han impuesto los sucesivos
gobiernos, nacionales y provinciales, de los cuales, es dable
recordar, él ha formado parte alegremente.
Lo más penoso, con todo, es corroborar que uno de los
más acabados y toscos agentes de publicidad del gobierno,
Alfredo Leuco, formuló, palabras más, palabras
menos, idéntico despropósito el 24 de septiembre
pasado en el programa "Informe Central", de América
TV: "Da la impresión de que hay grupos piqueteros
que están esperando que los repriman para tener más
prensa". Y acostumbra repetirlo en su suerte de columna
diaria, o suerte de recado gubernamental, en el programa radial
"Aquí estamos".
Si consideramos la catadura de Leuco, y, por sobre todas las
cosas, su notoria falta de capacidad de discernimiento, resulta
imposible sospechar que asesora a Fernández. O sí.
Acaso entre ambos, y no sin sumo esfuerzo, en ocasiones logren
brindarle forma a algún pensamiento saludable.
Por una sencilla razón de respeto, bueno sería
que antes de abandonarse al análisis de alguno de los
actos de gobierno Leuco tuviera la honradez de recordarle
al fortuito oyente o lector que firmó una fervorosa
solicitada apoyando sin rodeos la llegada de Kirchner al poder.
Quizá no sea necesario. Basta leerlo o escucharlo.
En una entrevista reciente, Juan Carlos Camaño, secretario
general de la UTPBA y presidente de la FELAP desde hace pocos
días, se refiere largamente a ese infausto rebaño
de periodistas ubicuos e impenitentes, a quienes, con ingenio,
comprende bajo el mote de Periodista-CNN. Dice Camaño,
entre otras cosas: "Si hay algo que el Periodista-CNN
no deja de mencionar es la palabra democracia. Y si hay algo
que no deja de reivindicar es la democracia que conocemos,
la que hace de marco del desgarrador espectáculo que
caracteriza este tiempo de hambre, miseria, exclusión,
explotación y violencia cotidiana".
Leuco, suerte de periodista progre que soltó un lagrimón
del contento cuando asumió Fernando De la Rúa
y aduló a Duhalde. Fernández, suerte de homo
sapiens. Ponzoñosas almas gemelas.
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