Según informan “Losdeabajo”, en Candeleda,
al sur de Ávila, y en su plaza más céntrica
fueron homenajeadas estas tres mujeres, víctimas de la
violencia fascista. En la mañana del 19 de octubre, casi
66 años después, más de un centenar de
personas rindieron un testimonio de respeto y de dignidad a
Virtudes de la Puente, de 53 años en el momento de su
asesinato, Pilar Espinosa, de 43, y Valeriana Granada, de 26.
Familiares y allegados de las víctimas, miembros de la
Asociación para la Recuperación de la Memoria
Histórica (ARMH) del Tiétar y la Vera, del Bierzo,
simpatizantes de las causas dignas y de la memoria histórica,
personas venidas de distintas partes de la peninsula... hicieron
ondear banderas republicanas y entonaron "La Internacional"
en recuerdo de las tres mujeres.
A lo largo de toda la mañana arqueólogos, miembros
de la ARMH, trabajaron para recuperar los cadáveres
de las tres asesinadas. La exhumación, realizada en
un paraje conocido como "la vuelta del Esparragal",
tuvo momentos de máxima tensión cuando aparecieron
los primeros restos que fueron acompañados por un sobrecogedor
silencio entre los asistentes. Allí estaba el histórico
líder sindical y comunista Marcelino Camacho, que destacó
la necesidad de "recordar el pasado para que no se repita".
Las flores con los colores republicanos, simbolismo de la
lucha por las libertades, estuvieron presentes en esos momentos.
Era la primera fosa común de la Guerra Civil que se
abría en Candeleda, pero la ARMH del Tiétar
y la Vera tiene localizadas y documentadas otras once fosas
en los alrededores, con un total de 115 personas que estarían
enterradas en ellas. Para Mariano López, delegado de
la asociación, "hay una deuda histórica
que el Gobierno debe recuperar para que se dignifique la memoria
de estas víctimas de la Guerra".
Según Santiago Macías, uno de los fundadores
de la Asociación para la Recuperación de la
Memoria Histórica, el resto de las fosas localizadas
en Candeleda tendrán que esperar. "En estos momentos
la asociación está desbordada ante la enorme
cantidad de familiares de víctimas de la Guerra Civil
que reclaman la exhumación de sus cuerpos, pero el
próximo año se organizarán campos de
trabajo en toda la comunidad y en el resto de España,
para dar salida a estas solicitudes lo más rápido
posible". Además las autoridades y las instituciones
no colaboran, ni parecen estar dispuestas a hacerlo, en nada.
La muerte de estas tres mujeres es uno de los 35.000 casos
que tiene registrados la ARMH.
En Candeleda está previsto que tras el estudio y la
identificación de los restos de Virtudes, Pilar y Valeriana,
se erija un monumento en su memoria y se dé a conocer
qué les ocurrió. Que estas acciones además
sirvan como homenaje a todas esas víctimas anónimas
que encontraron la muerte, víctimas de la "cruzada
nacional". Han pasado 66 años.
Era la noche del 29 de diciembre de 1936. Cinco mujeres fueron
arrancadas de sus hogares por 10 ó 12 falangistas,
a cuyo mando se encontraba Ángel Vadillo (apodado "el
501" porque asesinó a 501 personas en los pueblos
de la zona), y las introdujeron en un camión. Llovía.
La mayor era Virtudes de la Puente. Su delito: ser protestante.
A Pilar Espinosa la mataron por leer El Socialista. A Valeriana
por venganza. Completaban el grupo la hija de Pilar, Obdulia
de 14 años, y la hija de Valeriana, Heliodora de 2.
Nadie sabe bien porqué, al poco de arrancado el camión
los falangistas mandaron a las niñas de vuelta a casa,
quienes salvaron de esa forma la vida.
Obdulia recuerda con profunda tristeza lo sucedido aquella
noche. Algo hizo cambiar de opinión a su ejecutor.
"A unos 200 metros el camión se paró y
me dejaron bajar. Hoy tengo 82 años y aún recuerdo
a mi madre rezando mientras nos traían hacia aquí".
Heliodora relata que su madre, embarazada de cinco meses,
la entregó a Obdulia para que la cuidara, "si
mi madre no me hubiese soltado de sus brazos, también
me habrían fusilado a mí".
Las mujeres fueron ajusticiadas. A Valeriana le abrieron el
vientre, le arrancaron el feto, y la rellenaron de hierbas.
Los cuerpos quedaron a la intemperie. Como ejemplo y para
escarnio. Paula Carrera, de 82 años, recuerda que vio
los cadáveres a las pocas horas del fusilamiento, el
30 de diciembre de 1936, y cómo un vecino de Candeleda,
que murió "a causa de una depresión una
semana después", fue quien "los enterró
con sus propias manos y puso encima una piedra". La piedra
que sirvió para marcar el lugar y que 66 años
después pudieran ser recuperados los restos mortales.
La tragedia obligó a Obdulia a tener que abandonar
su pueblo. Dos meses después se fue a vivir a la localidad
toledana de Talavera de la Reina, donde reside desde entonces.
Obdulia no agradece a los asesinos de su madre que le salvaran
la vida. Ni mucho menos. Los odió y los odiará
toda la vida. Pero, según cuenta su hija, nunca transmitió
ese rencor ni deseos de venganza a sus vástagos.
Heliodora ha tardado más de cuarenta años en
regresar a Candeleda, ya que esta "herida de guerra"
nunca le ha terminado de cicatrizar, a pesar de que asegura
no tener rencor a los ejecutores de Valeriana. "Estas
exhumaciones tenían que haberse hecho antes; después
de 66 años no tiene sentido sufrir el dolor ahora y
volver a levantar viejas rencillas".
A Francisca, nieta de Virtudes, le apena que estos desenterramientos
no hayan tenido lugar antes, ya que los hijos de esta víctima
de la Guerra Civil lucharon por sacar a la luz su historia.
Aunque confía en que los ejecutores se arrepintieran
de sus actos. "De todos modos, no estamos de acuerdo
con que el cadáver de Virtudes entre en la iglesia
cuando se oficien los actos en su memoria. Nosotros somos
cristianos, pero vamos a respetar sus ideas como protestante",
declara su nieta.
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