Acto con Carmen Tagüeña Parga en Madrid.
22 Mayo 2008

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Carmen Tagüeña Parga en el acto promovido por Gefrema. Foto Antonio Cruz.

Invitado por la asociación GEFREMA asistí a la visita que hacía Carmen, la hija de Manuel Tagüeña y Carmen Parga, a Madrid. Con este motivo y tomando como referencia los dos principales libros de su padre y de su madre, Testimonio de dos guerras y Antes que sea tarde, tomó en primer lugar la palabra Isabel Díaz para rememorar brevemente, la figura de Carmen Parga y la de Manuel Tagüeña, introduciéndolos en lo que más tarde iba a ser una exposición de sus obras y de sus vidas.

Para aquellos escépticos que piensan que nuestra república y guerra civil es cosa de libros y de naftalina, asistimos a un incidente que no por breve, fue significativo. La protesta, en cuanto comenzó el acto, de un asistente que se confesó republicano y comunista y que se fue muy ofendido porque allí no se iba a hablar de lo que el quería. En realidad queremos significar que aunque parezcan historias antiguas, el stalinismo está ahí, y no falta siempre una voz discordante que aparece con un piolet en la mano, en este caso hipotético, dispuesto a reventar un acto de la Memoria. Por cierto, que este buen señor se sorprendió muy mucho, cuando se le dijo desde la Ponencia, a la que interrumpió sin solicitar la palabra (¡faltaría más!), que Tagüeña perteneció al Partido Comunista. En fin el incidente no tiene mayor importancia, sobre todo por la exquisita educación que mostramos ante tales sujetos, hijos del sepulturero de la Revolución.

Después de la explicación de Isabel, que encima se disculpó, pensando que no había hecho nada malo, como así fue, tomó la palabra el historiador Antonio Quirós, quién a través de una presentación informática nos fue ilustrando sobre el libro de Tagüeña, Testimonio de dos guerras, que no es otra cosa que la trayectoria militar y civil de quién fue teniente coronel del ejército popular de la República. Tagüeña que aparte de físico, fué militar comprometido, afiliado al Partido Comunista, y fiel defensor de los ideales de la República en su lucha contra el fascismo, profesor de la academia militar Frunze en la URSS, militar reconocido en todos los libros de estrategia militar por su singular y ejemplar retirada del ejército popular en la batalla del Ebro, quién además consiguió acabar la carrera de Medicina en Brno (Checoslovaquia), ejerciendo como docente allí y más tarde en el duro exilio de México, al que consiguió llegar con su familia, una vez desaparecido Stalin, pudiendo salir entonces de la esfera soviética. Tagüeña en sus escritos dejó reflejada su decepción por el cariz de los acontecimientos que tomó la URSS con Stalin, el culto a su personalidad, la persecución de todo lo que oliera a la Revolución del 1917, la separación de la economía socialista, para realizar un Capitalismo de Estado, y la persecución sistemática, primero de todos los que pretendieran recordar a Lenin, Trostky y la Revolución, después a los derechistas del partido que en un principio le apoyaron, Zinoviev, Kámenev, Bujarin, y más tarde a los procedían de la guerra de España, comenzando por Antonov-Ovsenko y terminando hasta por los jefes de los servicios del GPU como el asesino Yagoda. La destrucción masiva de todo lo que le rodeara y fuera sospechoso, motivó la resistencia de muchos y la decepción de otros. Entre estos últimos estuvieron Tagüeña y Carmen Parga.

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Un momento de la intervención de Isabel Díaz. Foto Antonio Cruz.

En lo que discrepo, no sin cierta pena, del ponente es en lo de "anticomunista". No he encontrado en ninguno de los escritos y cartas y libros de Tagüeña, ni tampoco en las memorias de su mujer, Carmen Parga, que se definieran como anticomunistas. Si echaron pestes de Stalin (¿Quién no?), fueron antiestalinistas, pero conservaron los amigos, aquellos amigos de México, que habla Carmen en su libro, entre los cuales había comunistas, socialistas, republicanos de varias tendencias, etc. etc.

En estos momentos de recuperación de la Memoria, hay un cierto sector que cayendo en el revisionismo, como cita magníficamente en su prólogo de La Gran Tentación, el historiador Manuel Ros Agudo, caen en el pecado de la interpretación histórica a través de las coordenadas del presente y lo que es más grave, de la ideología del presente.

Voy a citar una anécdota que cita Carmen en su libro, relativa a su hija Carmiña, la que luego nos hablaba de muchas anécdotas omitiendo ésta, que por cierto, es bastante graciosa. Estando en el exilio, cuenta Carmen Parga que entre los niños había un dicho que calificaba de alemán a lo que fuera malo. "Esta sopa sabe mal, sabe a alemán" decía Carmiña. Entonces Carmen con la confianza y la capacidad para tratar a la gente que la caracterizaba, señaló a Carmiña, que lo de alemán no se debía decir, porque en el pueblo alemán, había gente buena y gente mala, no todos eran malos. Más tarde hablando del cuento de Caperucita Roja y de los lobos que eran malos, Carmiña le contestó: a los lobos les pasará lo que a los alemanes habrá lobos buenos y lobos malos. ¡Había aprendido espléndidamente la lección!

Pues bien, traigo esta anécdota a colación de que también podíamos referirnos, ante las calificaciones de Quirós, que también había comunistas buenos y comunistas malos, y que no necesariamente los que criticaban a Stalin, sufrían su represión, caían ante sus fusiles o sus verdugos, tenían por qué dejar de ser buenos comunistas.

Tagüeña se salió del PC, y Carmen terminó de presidenta de una agrupación del PSOE en México. No me atreveré yo a criticar sus opciones, pero de eso a decir que eran antisoviéticos o anticomunistas va un trecho. Vamos a dejarlo como que eran antidogmáticos de un socialismo real, que estaba muy lejos del socialismo humano ideado por Rosa Luxemburgo, o por el mismo Trostky, que cuando le propusieron detener a Stalin, en el 1923, sublevando al Ejército Rojo, Trostky, quizá respetando demasiado al enemigo, con una visión humana extraordinaria, vino a decir que había que respetar los medios y no mirar sólo los fines. Todavía confiaba que el Partido con democracia interna pudiera acabar con el sepulturero de la Revolución, como llamó a Stalin en la Revolución Traicionada, obra de la que se deduce que fue la que le costó la vida, precisamente en Coyoacán, México. El mismo México que acogió a Tagüeña en su periplo-huída de Stalin.

Después el ponente Quirós en su epílogo se atrevió a ejercer de futurólogo, ¿qué hubiera pasado si…? Otra tentación en que no debe caer un historiador que se precie. Pero además reflejar en una seria tesis doctoral, las fotos de Gónzalez, Guerra, Lula, Miterrand y Willy Brandt, viniendo a decir que Tagüeña, si hubiera vivido más allá de 1971 hubiera apostado por ellos, me parece poco serio y con alto sentido de la demagogia. También se hubiera podido decir que con la seriedad y humanidad de Tagüeña, podría haber apostado por Fidel, Evo Morales, Chavez y Correa. Pero en Historia hay que narrar los hechos y no las posibilidades.

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Otro momento del acto con los tres intervenientes: Quirós, Carmen Tagüeña Parga e Isabel Díaz. Foto Antonio Cruz.

Magistral fue la exposición de Carmen (Carmiña en el libro) Tagüeña Parga. Su humanidad, su sencillez, supo cautivar a toda la gente de la sala, que por cierto fue numerosa y entusiasta de la ponente.

Carmen nos contó muchas anécdotas de su infancia, de su paso por países que ya no existen (URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia) de sus estudios, de su cariño por su padre y por su madre, dos padres excepcionales, interesados muy mucho en la educación de sus dos hijas, Carmen y Julia. Las historias de su abuela, de su tía, de las situaciones del exilio. Lo que hizo que con la recuperación de esta historia, nuestra Historia, esta vez con mayúscula, se viera iluminada con tanta sencillez, humanidad y dulzura.

Gracias Carmen por venir y por continuar la labor de tus padres, Manolo y Carmen.

Antonio Cruz González
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