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MUJER Y GLOBALIZACIÓN
: EL PLANETA DE LOS SIMIOS LOCOS
Por Victoria
Sendón de León
¿Cuándo
comenzó todo esto?
Estructuras
de la Globalización
Efectos
psicológicos de la Globalización
¿Qué
podemos hacer las mujeres?
Cuando a finales de marzo Marks
& Spencer decidió cerrar todas sus tiendas en la Europa continental,
reduciendo unos 5.000 puestos de trabajo, sus acciones subieron inmediatamente
en todas las bolsas europeas. Por las mismas fechas Danone eliminó
seis de sus fábricas y con ellas casi 2.000 empleados, y no porque
perdiera dinero, como alegaron los primeros, sino porque no habían
llegado a ganar todo lo previsto cuando la cifra de beneficios del 2000
se estimaba en unos 100.000 millones de pesetas.
España vende su empresa
pública de armamento Santa Bárbara a la compañía
estadounidense General Dynamics por 832 millones, pero esta privatización
nos va a costar -misteriosamente- 25.000 millones de pesetas. A su vez,
uno de los copresidentes del BBVA critica la iniciativa de algunos países
de América Latina por imponer gravámenes sobre las transaciones
financieras, ya que “supone una vuelta atrás”.
Por otra parte, la Corte Suprema
de Hiroshima dictaminó que Japón no tendrá que indemnizar
a las 200.000 mujeres que fueron obligadas a ejercer de esclavas sexuales
con los soldados del Ejército Imperial durante la II Guerra Mundial
al anular una sentencia contraria emitida en 1998 por un tribunal de rango
inferior que así lo prescribía.
Según un informe reciente
de la ONU, en Rusia existen unos 620.000 huérfanos sociales -abandonados
por sus padres y por el Estado- que son utilizados por las mafias de la
prostitución y la pornografía infantil, pero lo peor del
caso es que muchos de estos niños consideran estos abusos como una
“carrera prestigiosa” y el único modo de ganar dinero, ya
que no tienen ninguna otra preparación. Las ONG que trabajan en
la zona “sospechan que el hecho de que la policía rusa sea tan remisa
a actuar se debe a que no quiere incomodar a las mafias en una actividad
criminal que no es demasiado desestabilizadora para el Estado”. La apertura
de fronteras en Rusia ha favorecido enormemente el turismo sexual, sobre
todo para los “civilizados” ciudadanos de los países nórdicos.
Si he de responder a la
pregunta de qué es la Globalización he de decir que, en un
sentido amplio, supone la apertura de fronteras, la libertad absoluta de
mercados y transaciones financieras, la información y operatividad
al instante a través de Internet. Pero si tengo que concretar en
qué consiste la Globalización de hecho gestionada por el
neoliberalismo, diré que es todo esto a lo que me acabo de referir
y cosas aún peores. La realidad es que la Globalización está
ahondando más y más las desigualdades, no sólo las
sociales y económicas, sino también las provocadas por razón
de sexo.
La fundamentación teórica
del neoliberalismo procede del axioma proclamado por Adam Smith de que
“el mercado lo regula todo”. Tal vez su ingenuidad le llevara a afirmar
que las decisiones individuales en el mercado tendrían resultados
beneficiosos para la sociedad en su conjunto, y que el propio interés
dentro del marco capitalista contribuiría sin duda al bien general.
Tal vez no contara con la psicología del especulador que lo quiere
todo y a corto plazo. El lema de estos individuos es “¡Después
de nosotros, el Caos !” La prueba es otra noticia a añadir producida
en las mismas fechas a las que me he referido : Bush se niega a ratificar
el Protocolo de Kioto para reducir la emisión de gases contaminantes
a la atmósfera porque ello perjudica a la industria norteamericana.
El cambio climático y sus colaterales cataclismos, las epidemias
que pueden extenderse por todo el planeta o la reducción de la capa
de ozono le importan un bledo. El enriquecimiento inmediato y la depredación
feroz son los pilares sobre los que se sustenta su demencial política
económica.
La Globalización supone
la unión perversa de un capitalismo salvaje con un colonialismo
de nuevo cuño, no ya de los antiguos imperios sobre las tierras
conquistadas, sino del capital sin fronteras contra todos. Ellos se llevan
los beneficios mientras que el resto de la población cubrimos sus
pérdidas y riesgos. A esta sagrada unión hay que añadir
la concentración de los medios de comunicación en muy pocas
manos, manos sucias por cierto de los propios magnates de la especulación
más descarada. El colmo de semejante situación sería
que un personaje como Silvio Berlusconi llegara a gobernar un país
como Italia, que seguramente sería administrada a través
de las empresas interpuestas que inventa todos los días. Puede ser
hasta probable que los impuestos de los italianos fueran a parar a los
paraísos fiscales de las Islas Vírgenes o de las Bahamas.
Si analizamos las noticias recientes
podemos comprobar qué es la Globalización gestionada por
el neoliberalismo : Cuando una empresa suprime mano de obra, lanzando a
miles de gentes al desempleo, suben las acciones de esa empresa en bolsa,
porque cuantos menos salarios más beneficios. Los beneficios no
se calculan ya por las ganancias concretas, sino por la previsión
de esas ganancias, es decir, que lo importante no es ganar, sino ganar
todo lo posible para aumentar el reparto entre los principales accionistas.
Al neoliberalismo ya no le interesan los beneficios, sino “crear valor”,
es decir la ganancia a través de acciones. La prueba es que en el
primer trimestre del año las multinacionales ya han anunciado hasta
600.000 despidos. Si se privatiza una empresa nacional, las condiciones
son tan beneficiosas para el comprador que a los ciudadanos nos cuesta
dinero, a cambio de que las ganancias le sean garantizadas. Las grandes
corporaciones, como los bancos, que se dedican actualmente a la diversificación
de su capital y a las transaciones especulativas, consideran un salto atrás
el tener que contribuir con ciertos impuestos o tasas por dichas operaciones.
Pero es que, además, los esquemas de funcionamiento de las grandes
empresas cada vez se parecen más a los de las mafias, por eso la
apertura de fronteras y la venta por Internet se están aprovechando
para el lucrativo negocio que suponen la prostitución y la pornografía,
sobre todo infantil. Y en esto quienes sin duda salen perdiendo son las
mujeres del mundo, carne de proxenetas y de clientes seguramente muy honorables
socialmente. En España el 45% de las páginas web visitadas
son de pornografía, que además alcanzan la mayor proporción
de venta por Internet. Con esta cínica mentalidad no es extraño
que la Corte Suprema de Hiroshima anule la sentencia que obligaba al Estado
japonés a indemnizar a las mujeres que fueron utilizadas como esclavas
sexuales.

¿Cuándo
comenzó todo esto ?
Los esquemas de dominación
en sí debieron de comenzar en la noche de los tiempos, posiblemente
cuando a aquel gorila de “2001. Una odisea del espacio” se le encendió
la bombilla de una incipiente inteligencia y utilizó el fémur
de un mamut para liquidar al primer congénere que se le puso a mano.
Pero, en fin, digamos que el capitalismo desde su inicio llevaba la semilla
de lo que es hoy la Globalización, que se ha iniciado cuando las
condiciones han sido propicias. Cuando más claramente comenzamos
a ver sus síntomas fue en la década de los ochenta durante
los gobiernos de Reagan y de la señora Thatcher en Europa. Un fantasma
recorrió el mundo : el paro. Y no un paro coyuntural, sino estructural.
Los sindicatos comenzaron a perder terreno y las corporaciones a ganarlo
gracias a leyes cada vez menos restrictivas para las grandes ganancias
y la acumulación de capitales. Pero la puntilla fue la caída
del muro de Berlín y todo el bloque soviético con el consiguiente
triunfo económico, político y psicológico de un solo
modelo de mundo, a lo que vino a sumarse la implantación de Internet
en todos los ámbitos de la sociedad.
Estas circunstancias dieron
lugar a lo que vino en llamarse “El Pensamiento Único”, cuya primera
formulación teórica fue el libro escrito por Francis Fukuyama
“El final da la Historia y el último hombre”, cuya tesis fundamental
consiste en demostrar que la dialéctica de la Historia nos ha llevado,
necesariamente, al triunfo de una sociedad unificada por el consenso respecto
a lo que el autor define como “la democracia liberal”, -una vez superados
el fascismo y el comunismo-, considerada como el único mundo posible,
lo que confirma que hemos llegado al final de la Historia, pero no porque
no vayan a seguir sucediendo más y más cosas, sino porque
el modelo conseguido es el más perfecto que cabe alcanzar, ya que
”la tecnología hace posible la acumulación ilimitada de riqueza,
y con ello la satisfacción de una serie siempre en aumento de deseos
humanos”, confundiendo progreso humano con desarrollo tecnológico,
acumulación ilimitada de riquezas con felicidad, y deseos, con cualquier
clase de caprichos que el dinero y la tecnología nos puedan proporcionar
al margen de una mínima justicia social. Un imbécil, pero
esta imbecilidad es la que rige el mundo actual. Pero lo peor es que no
es por imposición, sino por consenso.
Un consenso forzado hasta tal
punto que desde la izquierda se vienen inventando “terceras vías”
para aplicar políticas económicas de derechas, pero salvando
la cara. Su principal representante teórico es Anthony Giddens,
aunque ya están apareciendo voces discrepantes, como la de Ulrich
Beck que pronostica que, por este camino, el Tercer Mundo será el
porvenir del Primer Mundo por una pobreza generalizada, al contrario de
lo que proponía Fukuyama, que auguraba el paso de los pueblos del
subdesarrollo hacia el modelo único de democracia liberal. La derecha
también se sube al carro de la tercera vía, con etiquetas
de centrismo y cosas por el estilo, para situarse en esa banda indefinida
que justifica cualquier decisión oportunista.
El gran problema es que estamos
dominados por un consenso que nos viene por la desinformación, publicidad
y propaganda ejercidos por los medios de comunicación ; por la pasión
desmedida de consumir y por la falta de otros valores y de cualquier otro
modelo de mundo en el que existan a la vez la justicia y la alegría
del corazón humano. Parece como que no existiera otra posible salida.
Todo se desarrolla como un presente continuo en el que no existe otra posible
novedad que la continua novedad sin cambio. También nos han hecho
confundir estos dos términos. Es lo que Lipovetsky llama “el imperio
de lo efímero” a través del consumo y la comunicación
de masas : “La seducción y lo efímero han llegado a convertirse
en los principios organizativos de la vida colectiva moderna (...) Y la
moda se presenta ante todo como el agente por excelencia de la espiral
individualista y de la consolidación de las sociedades modernas”.
En esta “hoguera de las vanidades”
en la que creemos que las mujeres hemos alcanzado nuestras metas reivindicativas
y de emanciapación, resulta que el 98% de las riquezas de la tierra
están en manos de los hombres y sólo el 2% pertenece a las
mujeres. Que las 225 “personas” más ricas del mundo acumulan el
mismo capital que los 2.500 millones más pobres, pero resulta que
esas 225 personas más ricas son varones y de los 2.500 millones
de entre los más pobres el 80% son mujeres. En armamento se gastan
780.000 millones de dólares frente a los 12.000 millones que se
gastan en la salud reproductiva de las mujeres. En la prostitución
infantil, el 90% son niñas y los beneficiarios en un 100%, hombres.
En las guerras de la ex-Yugoslavia ha retornado el esclavismo sexual, de
modo que en Kosovo las mujeres vendidas a sus proxenetas eran hacinadas
en barracones inmundos y estaban obligadas a recibir una media de treinta
clientes por noche, en su mayoría soldados y mandos de la
OTAN, así como miembros de las ONGs, según denunciaron en
su día James Petras y Mujeres de Negro. Y esto sin hablar de los
campos de refugiados, ocupados por mujeres y niños, ancianos y enfermos,
o de la situación desesperada de las mujeres en Afganistán.
El empobrecimiento extremo y las guerras étnicas y de religión
son también producto o táctica de la Globalización
en relación a una población que interesa más que se
maten entre sí o que se ocupen de sus paranoias internas de sangre,
territorios, tradición, lengua y otras urgencias que distraen de
la política económica internacional y confunden sobre quién
sea el verdadero enemigo.

Estructuras
de la Globalización
El poder económico ya
no es un poder piramidal mucho más fácil de detectar y combatir,
no. Ahora está organizado en redes que actúan en la mayor
oscuridad y con la mayor impunidad. Sin embargo, se han venido creando
una serie de organismos internacionales que han facilitado que las cosas
puedan ser así. Las redes del capitalismo neoliberal las han ido
organizando a fin de protegerse de cualquier posible obstáculo y
reforzar sus ya inmensos poderes, que a su vez van restringiendo más
y más el poder político con la consiguiente devaluación
de la democracia. Voy a señalar algunos de los organismos más
importantes.
Después del crack del
29, el pánico de los mercados financieros dio lugar al BANCO INTERNACIONAL
DE PAGOS (BIP) fundado en Basilea (Suiza) en 1930 con el fin de atenuar
cualquier posible quiebra bancaria que produjera una peligrosa onda expansiva.
Al final de la Segunda Guerra
Mundial tuvo lugar la Conferencia de BRETTON WOODS (New Hampshire) en 1944,
en la que participaron los países aliados con el objetivo de regular
las políticas monetarias y favorecer así al mercado. De esta
conferencia surgieron dos instituciones gemelas : EL BANCO MUNDIAL (BM)
y el FONDO MONETARIO INTERNACIONAL (FMI) que han venido a confluir en una
política común desde 1979 : La concesión de un préstamo
de ajuste estructural conlleva medidas políticas de los Estados
favorecidos dirigidas a disminuir el papel del propio Estado a través
de privatizaciones y de recortes de gastos sociales, impuestos directos
e indirectos, etc. , así como de la restricción de aranceles
para fomentar la competitividad y el enriquecimiento de la industria multinacional
con la disculpa de equilibrar la balanza de pagos. Frecuentemente estos
préstamos favorecen a las capas más adineradas y a los propios
dirigentes de países cada vez más emprobecidos y corruptos,
cuya población no disfruta de ninguna de las ventajas de dichos
préstamos. Tenemos miles de ejemplos : Ceaucescu en Rumanía,
Duvalier en Haití, Marcos en Filipinas, Mobuto en el Zaire, Noriega
en Panamá, Suharto en Indonesia o Milosevic en Servia.
En 1947, se fundó el GATT
(Acuerdos Generales sobre Aranceles Aduaneros y Comerciales) para seguir
suprimiendo trabas al comercio y a las tarifas aduaneras. Actualmente ha
sido sustituido por la ORGANIZACIÓN DEL COMERCIO MUNDIAL (OCM),
que se configuró en 1994 en la ronda Uruguay y se firmó el
1 de enero de 1995. Se acordó que los estados miembros ya no puedan
poner obstáculos al comercio, y como expresó The Wall Street
Journal, “representa otra estaca en el corazón de la idea de que
los gobiernos pueden dirigir las economías”. La prueba es el golpe
de Estado por valor de mil millones de dólares que dio el financiero
George Soros contra la libra esterlina. La OCM se reunió en Seattle
en 1999 en donde actuaron airadamente los grupos anti-globalización,
ya que los países más pobres se dieron cuenta de que todas
estas medidas encaminadas al libre comercio sólo favorecían
a los países más opulentos.
Otra de las ceremonias más
reconfortantes para el poder económico tuvo lugar en 1995 en DAVOS
(Suiza) donde se celebró una Reunión de los principales dirigentes
políticos con 850 agentes económicos para crear el “ciberespacio
de las geofinanzas” sin traba alguna, sin contrato social ni sanciones
ni leyes, como glosa Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique : “ ‘Los
mercados votan todos los días’, estima George Soros, financiero
multimillonario, ‘fuerzan a los gobiernos a adoptar medidas impopulares
ciertamente, pero indispensables. Son los mercados los que tienen sentido
de Estado’ . A lo que responde Raymond Barre, antiguo primer ministro francés
y defensor a pesar de todo del liberalismo económico : ‘¡Decididamente
no se puede dejar el mundo en manos de una banda de irresponsables de treinta
años que no piensan más que en hacer dinero !”
En aras de la Globalización
la ORGANIZACIÓN DE COOPERACIÓN Y DESARROLLO ECONÓMICO
(OCDE) está elaborando un marco jurídico de los intercambios
a través del ACUERDO MULTILATERAL SOBRE INVERSIONES (AMI) a fin
de proteger a las empresas transnacionales de cualquier débâcle
originada por sus guerras financieras. Sería como una Constitución
para el gobierno económico mundial. Uno de los acuerdos del tratado
autoriza a dichas empresas a reclamar daños y perjuicios, ante la
justicia internacional privada, a los gobiernos cuya política económica
tuviera como efecto inmediato la reducción de sus ingentes beneficios.
Todo ello con nocturnidad y alevosía, pues como declaraba Jack Lang
en 1997 : “Ignoramos quién negocia qué y en nombre de quién”.
Lo que sí queda claro es que a las corporaciones les están
reservados todos los derechos, mientras que todas las obligaciones recaen
en los gobiernos, o sea, en los ciudadanos. Entre esos derechos figuran
el de invertir en tierras, recursos naturales, telecomunicaciones y divisas
sin restricción alguna, de modo que si los gobiernos deciden intervenir,
los inversores y empresas tendrían que ser indemnizados, pero no
sólo, sino que literalmente se añade en el capítulo
de “Derechos de los inversores” : “La pérdida de una oportunidad
de beneficio sobre inversiones sería un tipo de perjuicio suficiente
para dar derecho a una indemnización al inversor”. Y, como remate,
también los gobiernos tendrán la obligación de defender
a las multinacionales de cualquier tipo de desórdenes civiles como
protestas, boicots o huelgas. Sin embargo, los sindicatos, más que
cuestionar o enfrentar el Acuerdo en sus fundamentos, se han contentado
con proponer una “clausula social” para suavizarlo. Clinton no fue capaz
de firmar este Acuerdo, pero es muy posible que Bush sí lo haga.
De este modo, los gobiernos no serán más que meros gestores
de las multinacionales, y la libertad de la ciudadanía se reducirá
a la libertad de consumir.
Ante semejante panorama, Susan
George pronostica en su obra “El Informe Lugano” : “Abandonado a sí
mismo, el sistema económico creará demasiados pocos ganadores
y demasiados perdedores ; llevará a la sobreproducción y
al infraconsumo, a la destrucción ecológica, a concentraciones
de riqueza cada vez mayores y a un rechazo cada vez más grande de
los no aptos”.
Efectos
psicológicos de la Globalización
Una cuestión clave en
esta nueva situación consiste en indagar si el neoliberalismo, que
ataca de esta forma a instancias e intereses colectivos, puede dejar indemne
al individuo-sujeto.
Aparejado al sistema neoliberal
ha aparecido en el horizonte cultural la postmodernidad, que si en un principio
significaba la superación del pensamiento metafísico y suponía
un cambio en el estatuto del saber, sin duda ha derivado en el “todo vale”
de un consenso acrítico. Al ser superados los grandes discursos
de legitimación, sobre todo los políticos y los religiosos,
y al ser sustituido el concepto de ciudadano por el de consumidor, hemos
caído en el peligro que ya adelantaba Lyotard : “El antiguo principio
de que la adquisición del saber es indisociable de la formación
(Bildung) del espíritu, e incluso de la persona, cae y caerá
todavía más en desuso” . Un efecto inmediato ha sido
la sustitución de la comunicación por el concepto de información
a través de la Red ; así como el saber, unido a la formación
y a la experiencia, ha sido atomizado en pequeñas parcelas de conocimiento.
Ya no existen grandes sistemas de referencia, y en este vacío se
establece una nueva relación en la que neoliberalismo es a economía
lo que postmodernidad es a cultura.
Pues bien, ser sujeto implica
tanto “ser uno mismo” como “ser con los otros”, es decir, el desarrollo
de la individualidad junto al desarrollo en comunidad. Pero también
ser sujeto (subjectus) significa el que está sometido, sometido
a grandes constructos simbólicos que nos sirven como referentes,
algo que Lacan nombra como el Otro. Un otro que ha significado en diversas
etapas o contextos la Naturaleza, Dios, el Rey, el Pueblo, la Raza, la
Nación o la Ciudadanía. Pues bien, ninguno de estos referentes
existen ya con el suficiente prestigio en nuestras sociedades postmodernas,
mientras que otras más arcaicas se aferran a contenidos étnicos
o religiosos para investirse de una supuesta identidad.
Las generaciones actuales han
perdido en gran medida una vinculación moral o ética porque
éstas han de llevarse a cabo “en nombre de”, y ya no existe ese
nombre del Otro para sustentarlas. El único referente es uno mismo,
lo cual afecta de modo distinto a mujeres y a varones. Aunque el referente
sea la inmediatez absoluta consigo mismo en una especie de delirio narcisista,
el varón, por tradición, desarrolla más el ego,
el “ser uno mismo” por encima de todo ; mientras que la mujer sigue anclada
en “ser para los demás” con proyectos más afectivos y relacionales
que individualistas. Sin embargo, como el referente del sí-mismo
es endeble por naturaleza, ambos fluctúan entre la exaltación
del triunfo personal y la depresión del fracaso. El triunfo o el
fracaso en el espacio público para el varón, y lo mismo en
el espacio íntimo de los sentimientos para la mujer por muy incorporada
que se encuentre a ese espacio público que en gran medida le es
ajeno. En esos vaivenes es fácil que estalle la violencia entre
los jóvenes y otra violencia hacia sí mismas entre las chicas
con síntomas de anorexia o de pérdida de la autoestima. Así
pues, se va forjando un sujeto esquizoide entre la exaltación y
la depresión. Este sujeto esquizoide es en parte víctima
de una educación demasiado liberal que no acierta al imponer los
límites.
Un filósofo francés
actual, Dany-Robert Doufur escribe : “El sujeto postmoderno parece encaminarse
hacia una condición subjetiva definida por un estado límite
entre neurosis y psicosis, parece entrampado cada vez más entre
melancolía latente, imposibilidad de hablar en primera persona,
ilusión de omnipotencia y huida hacia delante en falsos “uno mismo”,
en personalidades prestadas, es decir, múltiples, ofrecidas profusamente
por el mercado”. Y aquí está la clave para relacionar
estas nuevas personalidades con la Globalización propia del neoliberalismo,
en la que los referentes necesarios para la construcción del sujeto
parece que no pueden ser otros que los ofrecidos por la relación
con el mercado a través del consumo nunca satisfecho. Mercado que
también ofrece la posibilidad de aquellas personalidades múltiples
a través de la imagen. Eso explica el éxito de programas
televisivos como “Gran Hermano” en el que gentes corrientes se hacen famosas
y se convierten así en un espejo en el que mirarse.
En este salto cualitativo a la
sociedad postmoderna y globalizada, lo que ciertamente ha sucedido es la
desvalorización de la figura del Padre, de modo que el complejo
de Edipo, por el que nos introducíamos en el mundo simbólico
de un Patriarcado que ha ido tomando diversas formas, ha sido sustituido
por el complejo de Narciso, lo cual ha servido al feminismo para laminar
cierta escala de valores patriarcales, pero que, sin embargo, no ha afectado,
en este sentido, tanto a las generaciones jóvenes, que no perciben
la discriminación real ni simbólica. Su referencia son ellas
mismas, carentes de cualquier sentido histórico, instaladas en la
pura inmediatez y sometidas al juego de las apariencias, apariencias que
en las chicas son tendentes a imitar a las modelos.
Según Doufur, las consecuencias
más inmediatas de este estado de cosas puede derivar en diversas
opciones a la búsqueda de un Otro que no aparece con nitidez en
el horizonte simbólico de los jóvenes : la pandilla como
identificación ; la secta como seguridad ; la toxicomanía
como evasión ; la violencia como explosión de una falsa omnipotencia
; la tecnología virtual, que los traslada más allá
del aquí y ahora ; y la tecnociencia, capaz de franquear la diferencia
genética y de sexo a base de prótesis y metamorfosis que
darían lugar a lo que Haraway llama el cyborg.
Un botón de muestra de
esta desestructuración del sujeto es la cantidad de crímenes
cometidos por jóvenes del tipo “asesinos natos” de Taranttino, incluso
en el seno de las familias. En Italia, por ejemplo, este número
de asesinatos ha aumentado un 100% en los últimos años, casi
todos dirigidos contra la madre. Y en España, los cachorros de ETA
siguen el mismo esquema o, mejor, se aprovecha esta situación límite
para nutrir sus filas de un ejército de jóvenes sin escrúpulos
ni atisbo de culpabilidad alguna. Mención aparte, recordar a las
dos menores que acaban de matar a una compañera de colegio para
ser famosas y experimentar qué se siente matando a alguien.
Total, que tal vez estemos en
el final de un Patriarcado de corte más tradicional, pero en el
inicio de otro más terrible en el que no es la figura del Padre
la que domina, sino la de una especie de hidra que multiplica sus cabezas
cada vez que se cercena alguna de ellas. En este panorama las mujeres no
somos los sujetos activos, aunque en muchos casos consintamos pasivamente
muchos de los horrores : La amenaza de la biotecnología con su galería
de monstruos de repertorio o con los transgénicos ; el agotamiento
y la contaminación producida por las energías no renovables
; las guerras contra la población civil y el comercio de armas ;
los radicalismos religiosos y étnicos ; el gran negocio de la droga
con sus secuelas sociales ; la prostitución y la pornografía
infantil ; la venta de órganos ; la quema de los bosques ; el monopolio
de las patentes a través de la farmacología ; la extinción
de pueblos primitivos ; el flagelo del hambre y la contaminación
de las aguas ; el tráfico y explotación de emigrantes y toda
la barbarie que nos rodea de modo más o menos visible, más
o menos oculta. Los agentes activos son en su mayoría hombres, hombres
sin escrúpulos ni sentimientos humanitarios que son a los que me
refiero como “los simios locos”, locos de ambición, de megalomanía,
borrachos de poder y de riquezas, paranoides y asesinos que deberían
estar en un frenopático o en la cárcel y que son sin embargo
quienes dirigen el mundo : los sátrapas, los señores de la
guerra, los capos de la droga, los proxenetas, los líderes religiosos
o nacionalistas, los jefes de grandes laboratorios, los grandes banqueros
y finacieros, muchos consejos de administración, los presidentes
de gobiernos corruptos ... en fin, incontables e innumerables jinetes del
apocalipsis. Como realmente están locos, se les empieza a ir de
las manos : los cataclismos que ya son evidentes por el cambio climático,
las epidemias humanas y animales, las migraciones masivas o las explosiones
de violencia incontrolada sin aparente motivo.
Y ante este panorama, me pregunto
:
¿Qué
podemos hacer las mujeres ?
Esta es la eterna pregunta de
cualquier grupo político que haya intentado cambiar el estado de
cosas y que se haya planteado tácticas y estrategias que guíen
su lucha. Y al decir mujeres incluyo también a muchos hombres que
no estén en el bando del Patriarcado ni en la lucha hobbesiana.
Este apocalipsis que he venido
exponiendo es, por desgracia, real, pero no es toda la realidad ¡afortunadamente
! La Globalización nos ha traído también beneficios
que en parte ya estamos utilizando, como la informática y la facilidad
para comunicarnos, la democratización de la información y
la posibilidad de formar redes a través de Internet, una herramienta
indispensable que deberíamos potenciar más y más.
Muchas campañas, sólo posibles en la urgencia de la inmediatez,
se llevaron a cabo a través de redes de mujeres, e incluso el debate
de ideas está renaciendo gracias a ellas. Se están visibilizando
muchas realidades que los “medios” ocultan o ignoran, pero también
podríamos potenciar otras funciones que actualizarían la
olvidada democracia participativa.
Un ejemplo a tener en cuenta
es el del movimiento zapatista (EZLN), la primera guerrilla postmoderna,
sin grandes relatos de referencia, pero de una gran eficacia por haberse
difundido a través de la redes, ganando así la batalla de
la opinión pública y dándonos una lección de
lo que puede significar esa democracia participativa a la que me refiero.
La Globalización gestionada
por el neoliberalismo rebaja sin duda las cotas de democracia alcanzadas
en
Europa. Cuando se firme el AMI,
esa Constitución económica a la medida de las altas finanzas,
podemos sufrir un auténtico descalabro en relación a las
libertades conseguidas, por ejemplo. Sin embargo, no tengo noticias de
que el tema se haya tratado en ninguno de los parlamentos españoles.
Los políticos tienen cada vez menos poder y, por tanto, los ciudadanos,
que somos sus representados. Por otro lado, las mujeres políticas
están a punto de conseguir la “paridad”, un término que ha
hecho fortuna, pero cuyos resultados no son muy evidentes, ya que estas
mujeres “que son metidas en las listas” sólo están ahí
para obedecer las directrices de los que realmente tienen poder dentro
de los partidos y producir así la ilusión ilusa de que hemos
llegado. Sin embargo, la paridad sólo tendrá sentido cuando
las representadas formemos un importante frente de opinión pública
y exijamos que ellas actúen en nombre nuestro. Ahora mismo es posible
realizar este propósito gracias a Internet y a las redes, que pueden
presionar todos los días y durante las veinticuatro horas bombardeando
los correos electrónicos de diputadas, concejalas, consejeras y
eurodiputadas con propuestas y preguntas que han de ser respondidas. La
única forma de que la paridad tenga algún sentido es elevar
a nuestras representantes al rango de portavoces de las mujeres. De lo
contrario, nunca tendrán poder dentro de sus partidos ni en la política
local o general. Es decir, que la paridad no es suficiente ni eficaz si
no pasamos a construir una democracia participativa. De este modo, además,
lucharemos contra la Globalización entendida como hasta ahora, uno
de cuyos objetivos claros es la devaluación de la política
por una inflación del economicismo que lo invade todo.
Susan George, en el Anexo de
su Informe, cuando propone una serie de alternativas, escribe : “La más
eficaz es dar educación y posibilidades de elección a la
mujer, algo imposible con los programas de austeridad y ajuste estructural
vigentes.” Imposible según la lógica del FMI
y de BM, pues cuando conceden un préstamo a un país con grandes
carencias, lo primero que se le exige es el recorte en gastos sociales,
lo que supone que ese país no saldrá nunca de su pobreza,
pero existen ONGs que se dedican a dar microcréditos a las mujeres,
que normalmente cumplen, pagan y van sacando a sus familias adelante. Sin
embargo eso tampoco debe interesar mucho a determinados organismos que
deberían precisamente remediar esas carencias, pues anteriormente
a su conclusión, Susan George nos relata una anécdota muy
significativa : “A mediados de 1994, como presunta experta en cuestiones
Norte-Sur, me invitaron a hablar en un coloquio de la UNESCO sobre ‘¿Qué
ha pasado con el desarrollo ?’ Estaba presente el director general de la
organización”. Pues bien, Susan George, después de demostrar
que todo estaba saliendo según lo previsto porque las desigualdades
iban profundizándose, el medio ambiente deteriorándose y
la educación y la sanidad privatizándose o desapareciendo
para poner en evidencia el cinismo y la hipocresía de los grandes
organismos internacionales, añade : “Al lector apenas le sorprenderá
saber que no me han vuelto a invitar, pero al menos no participé
en juegos estúpidos”. Y ligo esto con una noticia aparecida
en LA VANGUARDIA el 1 de abril que titula así : “Las ONG crean en
Barcelona una red global para tener una sola voz ante las superpotencias”.
Esta convocatoria ha sido realizada por el señor Mayor Zaragoza
a fin de que la unión entre las grandes ONGs facilite un diálogo
“que evite reacciones violentas o manifestaciones aisladas” y de este modo
“oponer la cultura del diálogo y la comprensión a la cultura
de la fuerza y la imposición”. Y la verdad es que no sé cómo
interpretar estos planteamientos grandilocuentes y generalistas, pero la
propuesta en sí ya me parece una trampa : “La integración
de grandes conglomerados económicos, políticos y mediáticos
a escala internacional aconseja, con el fin de obtener el equilibrio deseable,
la creación de una asociación similar de la sociedad civil”,
lo que me suena a intento descarado por controlar precisamente a esa sociedad
civil a través de las ONGs, a las que tratarán de convertir
en grandes organizaciones burocratizadas y subvencionadas, dispuestas a
seguir órdenes y aceptar consejos y directrices.
La verdad es que ya existen muchas
organizaciones que intentan hacer un frente común, como hemos podido
comprobar en la reunión de Porto Alegre, que coincidió con
el último Foro Económico Mundial en Davos. Y no digamos en
el movimientos de mujeres, tal como se vio en Pekín en 1995 y recientemente
en la manifestación de Bruselas del 14 de octubre del 2000, en la
que 25.000 mujeres europeas y también kurdas, afganas, argelinas
y de otros países del mundo árabe se unieron en contra de
la “política neoliberal”, conscientes de que la pobreza, de la que
son las principales víctimas, constituye la mayor lacra del mundo
actual. Pepa Roma, en su magnífico libro “Jaque a la globalización”,
realiza un exhaustivo recorrido por los movimientos de mujeres que luchan
en el Mundo, no tanto contra la Globalización, sino a favor de una
globalización de la justicia, como la juez sudafricana Navanethem
Pillay, o de la paz, como la norteamericana Jody Williams, impulsora de
la Campaña anti-minas.
Estoy convencida de que las mujeres
tenemos por delante una lucha antiglobalización propia, dado que
también desempeñamos un papel muy específico como
impositoras, asalariadas, consumidoras y generadoras de opinión
pública. La política de la globalización neoliberal
es algo que nos incumbe en todos los aspectos de la vida cotidiana por
sus múltiples frentes, por lo que tendremos que luchar en red, estableciendo
tanto una resistencia como una reacción también globales.
Desde consumir productos biológicos o del Comercio Justo a negarnos
a ser medicalizadas con fármacos cuyas contraindicaciones son espeluznantes,
sobre todo los neurofármacos. Tendríamos que presionar para
que la homeopatía y la acupuntura estuvieran incluidas en la Seguridad
Social o utilizar en red todos los organismos de protección de los
consumidores o de reclamaciones de los ciudadanos.
Y aun iría más
lejos. Tal vez tendríamos que plantearnos la creación de
sindicatos, no de clase, sino de género, ya que la feminización
de la pobreza es un hecho que nos afecta de modo alarmante y creciente,
al igual que la violencia contra las mujeres ; así como proponer
que el BANCO MUNDIAL DE LA MUJER pudiera establecerse como un auténtico
banco, más allá de su mera función de Fundación.
Se trata, en definitiva, no de
una vuelta atrás en la Globalización, sino de una reformulación
de la misma. El reto consistiría en liberalizar aquellos sectores
a los que nunca llega : a la democracia, a los derechos humanos, al medio
ambiente, a la paz, a las oportunidades para las mujeres, a la educación
y a la sanidad, por ejemplo.
Mientras tanto, sólo nos
queda seguir luchando cada una en su parcela, pero con los ojos bien abiertos,
y teniendo en cuenta quién es el enemigo y cómo defendernos
de sus zarpazos. Ya sé que es una exageración, pero tal vez
nos incumba el destino, en este momento histórico, de salvar a la
especie humana en este planeta de simios locos.
Victoria Sendón de León
Conferencia pronunciada en Madrid
el 20 de abril del 2001.
organizada por la Plataforma
de Derechos Humanos de las Mujeres, el 20 de abril del 2001
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