Cuba Siglo XXI

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El Sistema del Poder Popular y la participación socialista

Jesús Pastor García Brigos :: 18.11.16

El sistema del Poder Popular, como for­ma de organización de nuestro Estado desde 1976, es la única institución política de nuestra sociedad en cuya labor podemos y debemos intervenir todos (Publicado en Granma)

Acabamos de pasar por el proceso de consulta popular de dos documentos de nuestro Partido Comunista llamados a ocupar un importante lugar en nuestra vida cotidiana luego de su aprobación definitiva por el Comité Central. Pero no significa que los intercambios sobre los temas abordados en los documentos se detengan: todo lo contrario.

La conceptualización de nuestro proceso de construcción socialista tiene que ser una tarea permanente. Como Fidel acertadamente señala en su entrevista con Ignacio Ramonet, «…la teoría y la práctica del socialismo están por desarrollar y por escribir»[1].Y en ese mismo lugar más adelante, refiriéndose a la economía, nos alerta del peligro de utilizar las categorías del capitalismo «como instrumento en la construcción del socialismo»[2], algo que es válido para todo lo concerniente a nuestra actividad social, si lo entendemos con la profundidad re­querida. Uno de los temas que reiteradamente se menciona en los documentos partidistas es el de la participación.

Hablamos de «participación activa del pueblo», «participación y control populares», «participación ciudadana», que «los colectivos laborales participan», etc. Pero ¿nos estamos refiriendo siempre a lo mis­mo?, ¿qué nos dicen cada una de esas expresiones, qué contenidos podemos en­tender que ellas nos quieren transmitir y qué contenidos necesitamos que ellas nos transmitan?

Podría parecer que se habla mucho sobre la participación en nuestra sociedad. Pero en realidad, ¿se habla lo suficiente, y, sobre todo, se debate y profundiza sobre lo que es necesario para avanzar en este decisivo aspecto de nuestro proceso de construcción socialista?

Por encontrarnos ante un nuevo proceso de reuniones de rendición de cuenta de los delegados de circunscripción, nos detendremos solamente en este aspecto de la participación en la labor de nuestro sistema del Poder Popular.

El sistema del Poder Popular, como for­ma de organización de nuestro Estado desde 1976, es la única institución política de nuestra sociedad en cuya labor podemos y debemos intervenir todos, y el único cu­yas decisiones son de obligatorio cumplimiento para todos por igual. Esto refuerza su importancia en el momento actual de importantes cambios en nuestra actividad económica, que tenemos que garantizar tributen eficiente y eficazmente a la consolidación y sostenibilidad de nuestro socialismo indiscutiblemente próspero.

Subrayar su lugar decisivo en nuestra sociedad, no significa ignorar su necesaria articulación con otras importantes instituciones políticas de nuestra so­ciedad, todo lo contrario. En primer lugar con nuestro Par­tido Comunista. Y —precisamente co­mo expresión concreta para nuestras condiciones de lo que debe ser la participación en la construcción socialista—, su articulación con la amplia red de organizaciones existentes, muchas de ellas creadas por la revolución. Muy im­portante en este sentido su articulación con la CTC y los sindicatos, la Unión de Jóvenes Co­mu­nistas, los CDR, la FMC, la ANAP, y las organizaciones estudiantiles, continuadoras de la herencia de luchas de la Federación Es­tudiantil Univer­si­taria.

El General de Ejército Raúl Castro, Pri­mer Secretario de nuestro Partido, en la clausura al seminario impartido a los De­legados electos para la experiencia de Matanzas en 1974 señalaba que en la medida que ellos «van a ejercer gobierno, a intervenir en to­das las decisiones estatales que afectan a la comunidad, que van a tener facultades para apoyar y contribuir al desarrollo de todas las actividades económicas y sociales de trascendencia nacional que tienen lugar en esta provincia, en la medida en que, a través de esos representantes, las masas van a participar sistemática y regularmente en los asuntos del gobierno de la sociedad y en la discusión y solución de todos los problemas estatales, es significativa y trascendente esta experiencia».

Es muy importante volver una y otra vez a estudiar su intervención en esa actividad, igual que otras intervenciones que ha hecho sobre el tema, y sobre todo lo que Fidel ha insistido en múltiples ocasiones, analizando el contenido de la actividad estatal, en particular de sus órganos representativos. No en busca de recetas, sino contextualizando y desarrollando con­secuentemente sus ideas de acuerdo con nuestra propia experiencia, y atendiendo a los estudios que sistemáticamente se realizan por los investigadores. Hoy podemos y debemos profundizar en lo que debe ser la labor de gobierno en la sociedad, lo que es necesario y posible luego de más de 50 años de obra revolucionaria, y en la necesaria atención a los cambios ocurridos en la misma, para en­frentar tendencias que no contribuyen al desarrollo socialista, y demandan especial atención del Estado.

En tal sentido, es muy necesario reflexionar acerca del importante momento en el ejercicio del gobierno socialista que constituyen las reuniones de rendición de cuenta de los delegados de circunscripción, empezando por preguntarnos: ¿son las reuniones de rendición de cuenta efectivamente espacio para gobernar?

La rendición de cuenta no se limita al delegado de circunscripción. Es un ejercicio esencial en el funcionamiento del modo de gobernar la sociedad. En ella se realiza el derecho de quienes eligen, de co­nocer, valorar, y pronunciarse en consecuencia acerca del desempeño de los elegidos como parte del sistema —sean órganos o personas—, y la obligación de estos, de expresar su responsabilidad ante quienes los eligieron. Es un principio esencial en el funcionamiento de la sociedad.

La reunión de rendición de cuenta del delegado de circunscripción tiene que comprenderse y consecuentemente de-sarrollarse de manera efectiva como un acto de gobierno estatal, vital para el cabal ejercicio de lo que Raúl indicaba en Matanzas, para que «las masas» puedan «participar sistemática y regularmente en los asuntos del gobierno de la sociedad y en la discusión y solución de todos los problemas estatales…».

¿Hemos reflexionado lo suficiente acerca de lo que puede y debe ser hoy «participar sistemática y regularmente en los asuntos del gobierno de la sociedad y en la discusión y solución de todos los problemas estatales?; ¿acerca de lo que puede y debe ser gobernar la sociedad en un proceso de transformación socialista?

Desde su accionar en las reuniones de rendición de cuenta, los ciudadanos tienen la posibilidad, el deber y el derecho de intervenir en el gobierno del país, labor que en términos prácticos se traduce en cuestiones tales como la elaboración y control de la ejecución de los planes locales y la planificación general de la sociedad cubana; tienen el espacio, la posibilidad para ejercer el derecho y cumplir con el deber de intervenir y controlar como Estado todo el funcionamiento de la sociedad cubana.

Fuera de ese acto, el ciudadano interviene a través de su delegado y los delegados provinciales y diputados electos por ellos, lo cual subraya la importancia de estos representantes.

Estas reuniones son el único espacio del que dispone un ciudadano para intervenir directamente, de forma individual en un importante ejercicio colectivo, en la labor de gobierno estatal (además, por supuesto, del acto de nominación de de­legados de cir­cunscripción y, como individuo, en los procesos de votación). La reunión de rendición de cuenta tiene que materializar la esencia socialista del go­bierno estatal de la nación cubana, que no puede delegar poder en los representantes: como se ha reiterado, el po­der lo tienen los electores.

Ello no le resta autoridad a los representantes, todo lo contrario. Tienen la autoridad que emana de realizar una labor tal que haga efectivo el involucramiento de quienes lo eligieron, y la responsabilidad de garantizar el poder del pueblo en nuestra democracia socialista. Es una tarea nada sencilla, que no podemos reducir a la simple transmisión de demandas y explicaciones, «respuestas a planteamientos», ni a la imprescindible atención a los problemas más inmediatos de la vida cotidiana de una comunidad; tenemos que materializar cada vez con mayor fuerza, sobre la base de las propias potencialidades que ha desarrollado la Revolución, que los ciudadanos participen «sistemática y regularmente en los asuntos del gobierno de la sociedad y en la discusión y solución de to­dos los problemas estatales» y que se ga­rantice el ejercicio efectivo del poder de los interesados en la consolidación de nuestro de-sarrollo socialista: el poder del «pueblo». Porque al hablar de pueblo hoy, de poder del pueblo, participación popular, y todas esas expresiones que a diario empleamos, no po­demos dejarnos arrastrar por el lenguaje neutral y desmovilizador, por formulaciones abstractas que pueden incluso abrir las puertas a enfoques liberales que hoy se nos ofrecen como «novedosos» planteamientos de­mo­cra­tiza­dores; el poder del pueblo hoy más que nunca no se puede asumir como alegoría, se tiene que comprender e implementar pensando en el actor concreto del proceso, el pueblo en política: «pueblo, si de lucha se trata», como lo convocara Fidel en La Historia me absolverá, que hoy tiene que expresarse con su presencia plena en el desarrollo de la actividad política para conducir las necesarias transformaciones económicas, garantizando la consolidación del contenido socialista de nuestro desarrollo. Con­firma la importancia de esta afirmación el modo en que transcurre el proceso de restablecimiento de relaciones entre Cuba y Es­tados Uni­dos, con las nada ocultas intenciones de este último de materializar en la sociedad lo que sus tanques pensantes han diseñado para destruir el desarrollo socialista.

No podemos descuidar la importancia de unirnos en el barrio para arreglar una calle, limpiar un terreno, o enfrentar las actividades delictivas y antisociales en nuestro entorno más inmediato. Pero hoy podemos y es inaplazable, consolidar sistemáticamente estas reuniones como espacio de participación ciudadana en la labor de gobierno estatal de la nación, indispensable en el ejer­cicio del Poder del pueblo para la lucha en las condiciones actuales, participando sistemática, regular y efectivamente en los asuntos del gobierno de la sociedad, en la discusión, solución, ejecución y control de todos los problemas estatales, como parte de nuestro sistema en constante perfeccionamiento.

El necesario debate está planteado.

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* Investigador Titular del Instituto de Fil­o­sofía, Citma

Notas
[1] Ver ‘Cien horas con Fidel. Conver­sa­ciones con Ignacio Ramonet’, Tercera Edición, Oficina de Publicaciones del Consejo de Es­tado, La Habana, 2006, p. 440.
[2] Idem., p 441.


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