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GANE QUIEN GANE: LA BANCA GANA El Estado capitalista tiene a bien concedernos, cada cierto número de años, la oportunidad de “elegir” qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastarnos desde el parlamento. He aquí en qué consisten las elecciones, he aquí el parlamentarismo. Y ante esta situación y no otra nos encontramos ahora, frente a las elecciones del 14 de marzo. La elección que se nos plantea, las nimias decisiones que se nos permite tomar -y las que en muchos países se nos fuerza a tomar, mediante el voto obligatorio -son ciertamente ridículas, irrisorias. Elegir entre programas distintamente idénticos, que en ningún caso se salen un milímetro del marco del Estado capitalista, de la explotación y la barbarie: esto y no otra cosa es lo que nuestro voto puede hacer. En cualquier caso, esta elección está limitada enormemente: el mero apoyo financiero y propagandístico de los grandes grupos capitalistas vale muchísimo más que centenares de miles de votos. Así el PsoE pudo salir de la nada y gestionar el capitalismo español durante catorce años. El Estado es el órgano de dominación de una clase para someter a otra. Bajo el capitalismo el Estado no es otra cosa que el Estado de la clase burguesa, la máquina mediante la cual la burguesía aplasta al proletariado para asegurar la buena marcha de sus negocios. Por eso no puede ser nunca usado por el proletariado para alcanzar sus fines, presente la forma que presente y sean los que sean quienes tenga en sus manos el timón de este Estado . Si alguna vez los revolucionarios (algunos) albergaron esa ilusión, hace ya mucho que se ha desvanecido por completo ante la experiencia histórica. Usarlo, fomentar la ilusión de que la democracia puede ser en determinados momentos funcional y útil para alcanzar nuestros objetivos revolucionarios, es contribuir conscientemente -o desde una estupidez patológica -al mantenimiento del orden. Sin embargo esto que lees no es un texto por la abstención, no es un llamamiento a no votar. No inferimos de los resultados electorales y la tradicional victoria del “partido de la abstención” alucinantes conclusiones, delirantes “boicots” conscientes al régimen democrático. Votar o no votar, votar a un partido o a otro, nos resulta tan indiferente como la elección de la marca de papel para el culo. Ciertamente buena parte de la abstención expresa el hartazgo, el asco, la repugnancia de buena parte de los explotados hacia ese circo que son las elecciones. Pero nada más. Por eso no llamamos a la abstención, porque esto no basta. Lo necesario, lo imprescindible, es luchar como clase, desde nuestros intereses de clase, por nuestro proyecto de clase: el comunismo. El antagonismo entre clases es lo que hace necesaria la existencia del Estado burgués, y es sólo mediante la exacerbación de ese antagonismo en la lucha lo que acabará con el y barrerá la democracia. Contra la dictadura del Capital |