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OTRA GUERRA ES POSIBLE

El eterno retorno del espectáculo de la guerra imperialista vuelve a la primera página de nuestras vidas, haciendo sonar las alarmas de supervivencia de un proletariado que, en algún lugar del mundo, va a ser masacrado a bombazos. Tal es la "alarma" general ante semejante espectáculo, que no es de extrañar que salten a escena, a cumplir su "papel", todo tipo de "actores" del izquierdismo burgués nacional, lanzando proclamas en favor de la paz imperialista. Y es que bien saben los pequeños burgueses (ya sean artistas, políticos, profesores, escritores, jueces, curas, o incluso trabajadores privilegiados) de qué lado deben situarse para mantener el nivel de vida conseguido en luchas proletarias en las que eran otros los que morían y eran apaleados en las calles. Pero lo que toda esta ralea izquierdista no comprende (o lo comprende muy bien) es que además de perder el nivel de vida, pueden perder la vida misma. A nada que el proletariado salvaje comprenda que, lo que estos comerciantes de ideología capitalista envuelta en humanismo nos venden, es vivir bajo el terror de la paz democrática, la paz imperialista. Es decir, la guerra en la que uno de los bandos en ciernes se encuentra desarmado: el proletariado. Esa paz que cada año mata a miles de seres humanos con sus pequeñas "peleas pacíficas" por este o aquel trocito de mercado, que mata a miles de trabajadores en accidentes laborales o en accidentes de carretera, que saca al ejército en Argentina, Bolivia o Argelia, que lleva más de diez años bombardeando Irak cada "fin de mes" siendo ese el único salario que han cobrado multitud de proletarios de ese país en estos años. Por no hablar del sufrimiento en vida de millones de explotados en todo el mundo, que a costa de sangre y sudor consiguen adquirir sus medios de supervivencia. Estos hijos de puta lameculos, besaanillos y cazadores de subvenciones, unos no habiendo comprendido nada y otros habiendo comprendido todo, cumplen perfectamente su papel dentro del entramado de la economía mercantil mundial. Y este no es otro que el de inducir al proletariado a continuar malviviendo en la sociedad actual, pero despojándose de la concepción odiosa que se ha formado de ella. Quieren perpetuar las condiciones de vida inhumana de la sociedad mercantil sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Pero la cruda realidad es que estamos en guerra, y queramos o no queramos todos participamos en ella, por acción, por omisión, o por traición.

El eterno retorno de la crisis capitalista se cierne sobre nuestras condiciones de supervivencia con una gravedad como hace años no se vivía. Por supuesto, los platos rotos de los ricos los vamos a pagar nosotros, siendo bombardeados en Irak, siendo despedidos masivamente en Estados Unidos, siendo reducidas nuestras condiciones de subsidio en Europa, reducidos nuestros salarios en Brasil...... En definitiva, no apretándonos los famosos "cinturones", sino la soga que mantiene nuestra existencia en la miseria. El colapso de la economía mercantil sólo puede decongestionarse a patadas y empujones, es decir, con guerra. Porque la guerra no es un "mal" del capitalismo, es una de las bases de su funcionamiento y de su lógica: sólo puede producir mercancías, guerra, miseria y muerte. Quien afirma lo contrario, quien afirma que "otro capitalismo es posible", se sitúa automáticamente en frente nuestro y debe ser declarado enemigo, como amigo que es de esta sociedad que nosotros combatimos. Quien embellece las balas con las que nos matan en todo el mundo, merece estar situado en el punto de mira de un proletariado salvaje que no puede embellecer ninguno de sus propósitos: abolir mediante la violencia revolucionaria la sociedad de clases.

Las peleas entre las distintas facciones capitalistas y sus diversas alianzas transnacionales, en nada nos incumben a nosotros, pues en ellas no están en juego nuestros intereses de clase, sino que son peleas en las que están en juego las tasas de beneficios entre aquellos que poseen los medios para producirlos. El proletariado, desposeído de los medios de producir su propia vida, sólo tiene un interés que es el de derribar a la clase capitalista, incluidas todas sus facciones y todos sus siervos de distintos colores. Porque lo que el hoy evidente nacionalismo europeo (ayer encubierto de histerismo "anti-yanki") pretende decirnos, es que en el mundo hay un único imperialismo más malo que el demonio, y que por lo tanto hay un capitalismo bueno, un capitalismo de rostro humano, una "globalización positiva". Pero nosotros no podemos ignorar que Irak (ayer Afganistán, mañana cualquiera) es tan solo el cuadrilátero donde los diversos imperialismos dirimen sus diferencias respecto al reparto del mundo. Por un lado, el imperialismo estadounidense(con sus países súbditos y satélites), que desde hace ya un tiempo viene resquebrajándose, peligrando seriamente su hegemonía y su situación privilegiada en el dominio de la economía mundial; y por otro lado el imperialismo europeo (Francia y Alemania junto a sus seguidores del resto de la unión europea, más Rusia y China), que con su alianza del Euro está siendo capaz de recortar poder económico a EE.UU. y afianzarse como primer rival y competidor en la lucha por el reparto del mercado mundial. Y no hay que hacer caso de las alianzas de ayer y hoy como la OTAN, porque una ley muy asentada del capitalismo es que el aliado de hoy es el enemigo de mañana, pues el capitalista sólo se une para competir y eliminar rivales, y una vez eliminados estos es el aliado, fortalecido por la victoria, el nuevo rival. Situarse en uno u otro lado no es más que elegir en qué imperialismo vas a explotar o ser explotado. O dicho de otra forma, situarse en contra únicamente de uno de los contendientes en liza revela la complicidad para con el otro. Y la izquierda europea, por supuesto, prefiere a la burguesía europea. Cada izquierda con su derecha.

La guerra no nació con el capitalismo, pero el capitalismo sí nació con guerra, siendo uno de sus pilares. Por ello la lucha contra la guerra imperialista es la lucha contra el capitalismo, en cualquier lugar del mundo. Consecuentemente, los distintos imperios que masacran a la humanidad tienen tentáculos en cada país y cada uno influye en el otro. Todas las clases capitalistas de todos los países están implicados de una u otra forma en una guerra que, aunque a veces sea como una película (como la del 11-S), no tiene buenos ni malos, sino sólo depredadores enfrentados por dominar mayores cotos de caza. Pero para nosotros todos ellos son la única y misma cosa: enemigos de clase, enemigos a derribar, a guillotinar una vez que la guerra imperialista haya sido convertida por el proletariado mundial en guerra revolucionaria.

El enemigo está en casa. La lucha contra el Capitalismo se libra en "nuestras" ciudades, en "nuestros" centros de trabajo, en "nuestras" calles, contra "nuestros" explotadores que son los de todo el mundo, y contra todos los defensores de todos los colores de una explotación "más humana". Porque la revuelta contra el Capitalismo debe situarse al nivel de la totalidad, pues aunque sólo se produjese en una sola ciudad, es una protesta del hombre contra una vida inhumana: porque empieza al nivel del mero individuo real, y porque la comunidad de la que el
rebelde se haya separado es la verdadera naturaleza social del hombre, la naturaleza humana: la superación positiva de la sociedad mercantil.

CONTRA LA GUERRA DE LOS RICOS, GUERRA A LOS RICOS


SU GUERRA Y NUESTRA GUERRA

"La guerra es la continuación de la política por otros medios" C. Clausewitz

Nos están tratando de vender una moto y hay quién ya la ha pagado por adelantado. Actores y políticos, políticas y actrices ¿quién es quién? Representan su papel en el escenario, falseando una realidad que ocurre acá afuera, cada día, en la calle, en los centros de producción y consumo, en las comisarías. Los artistas representan su obra contra la guerra en el teatro de los
diputados y los políticos les dan la réplica en el escenario colocado en la Puerta de Sol. Al final de las funciones cada espectador vuelve, emocionado por el acontecimiento, a su lucha por la supervivencia diaria. Es normal que, desde los medios del sistema y las instituciones políticas, sindicales y asociativas socialdemócratas se nos trate de vender la moto. Lo preocupante es cuando encontramos columnas y comentarios en los que se filtra el mensaje socialdemócrata en las publicaciones (auto-denominadas) anarquistas, antagonistas, revolucionarias... Por ello se hace necesario desenmascarar las mentiras del mensaje socialdemócrata que es el mensaje del capitalismo mundial en crisis abierta y dentro de poco también en guerra abierta.
Desenmascararlas para poder ver claramente lo que ocurre y evitar estrellarnos (con o sin moto) contra la dura realidad.

De la alianza entre la iglesia y la socialdemocracia nace siempre el mismo engendro. De estas dos instituciones, especializadas en la falsificación de la realidad, surge una ideología, el pacifismo humanista, que esta tratando de extender la confusión para su propio beneficio. El pacifismo humanista disfraza la realidad detrás de juicios morales. Usa conceptos surgidos de la tradición religiosa como la diferenciación entre "lo humano" y "lo inhumano", "lo cruel" y "lo pacífico" que, con su carga moralizante, solo sirven para ocultar la realidad de la explotación capitalista, de la represión estatal o del conflicto de clases. La guerra es "una calamidad que debería evitarse" eso lo dicen los políticos que las anuncian, los militares que las dirigen y los
empresarios que se benefician de ellas; son palabras vacías que solo sirven para elevar la imagen de "lo no-violento" a principio supremo en el cual se refleja el curso pacífico de la explotación capitalista. El pacifista es un moralizador en la irrealidad de los medios de comunicación que se olvida de la realidad bélica del proceso de explotación y represión que mantiene a este sistema en pie. La moralidad gratuita se vende bien en tiempos de guerra y el pacifista es un comerciante apasionado. De todo lo anterior se deduce que, en el mejor de los casos, el carácter pacifista es incapaz de percibir la realidad y actuar sobre ella, en el peor de los casos es profundamente hipócrita. Porque, casi siempre, este personaje aborrece la guerra pero
bendice al estado y babea por la democracia capitalista, por la paz imperialista.
El pacifismo nos desarma y nos ata, mientras la represión y el militarismo nos encarcelan y matan: es hora de desenmascararlos, situarlos en su sitio y combatirlos.

El 14 de Octubre del 2002 el F.B.I. y las autoridades locales investigan el destrozo, en San Jose (California) de una oficina de reclutamiento militar y el incendio de dos vehículos de esta
oficina en las cercanías. En un muro cercano la acción era reivindicada con la frase "Ataque preventivo". La antipatía hacia el imperio más poderoso es algo natural. Pero, cuando se agita el odio anti-yanki ¿No se olvida que estamos sometidos a otro imperio tan poderoso como aquel? ¿No se olvida que la lucha por el control de los recursos energéticos de Irak es sobre todo un pulso entre el imperio del dólar y el del euro? Hay algo aquí que huele mal. Un sentimiento espontáneo de odio al "opresor" ha sido manipulado por la socialdemocracia para hacer de él una bandera del nacionalismo europeo. Porque para el socialdemócrata el enemigo siempre es "exterior", siempre es "otro". Se nos está vendiendo una Europa "amable y civilizada" como oposición al capitalismo "salvaje y agresor" yanki. Olvidan (consciente o inconscientemente) quienes defienden esta postura que el capitalismo no es domesticable. El sistema capitalista funciona según sus propias reglas y necesidades sin importarle el apellido que se le quiera poner en según que territorio o situación. Sus objetivos y métodos son siempre los mismos: sacar el mayor beneficio posible de la explotación de los recursos naturales y de las personas.

¿Hay realmente estados a favor y estados en contra de la guerra? ¿Otra vez buenos y malos? No es muy creíble esta afirmación ni siquiera para los más confiados. Si entendemos la guerra en su sentido completo: como el uso de la fuerza (efectiva o en forma de amenaza) para imponer objetivos políticos y económicos, entonces la esencia del Estado es la guerra. El Estado es la institución encargada de perpetuar la explotación capitalista por medio del uso (efectivo o en forma de amenaza) de la fuerza. Es un instrumento de dominación de clase para la perpetuación del sistema de explotación capitalista. Si nos limitamos al conflicto bélico de Irak, vemos como a la vez que cada Estado practica su propia guerra interior contra su propia población para controlarla y explotarla mejor, los intereses internacionales hacen que unos se enfrenten a otros
en una guerra económica por el poder que, hoy, toma como escenario Irak y mañana será otro territorio. En estos choques unas veces la herramienta son las armas convencionales y otras las sanciones económicas, los impuestos fronterizos, etc. La esencia del Estado es la guerra, así que hablar de paz es hablar de una invención interesada. Lo que el discurso de la socialdemocracia (y de los defensores del Estado-Capital en general) define como guerra no es más que el momento en el que se formaliza judicialmente (declaración de guerra, resoluciones de la ONU...) y mediáticamente el enfrentamiento. La frontera entre lo que llaman guerra y lo que llaman paz no está clara. La realidad cotidiana es mucho más bélica de lo que ellos anuncian. La guerra convencional no es más que la "continuación (...) por otros medios" de la lucha de clases. No hay estados a favor o en contra de la guerra, porque esta no depende de ellos sino de las condiciones económicas mundiales en las que están inmersos los diversos poderes político-económicos.

La paz de la que nos hablan no existe, lo que sí existen son períodos en los que el capitalismo se dedica a rearmarse (productiva y militarmente). El sistema se encarga de organizar la explotación, el adoctrinamiento, las fuerzas represivas, el ejército... de forma militar. El conflicto está aquí permanentemente: con sus muertos (en accidentes laborales, a manos de la policía, de los médicos, en accidentes de carretera, por alimentos envenenados, por experimentos como el del llamado "aceite de colza", enfermedades laborales degenerativas, etc.); con sus campos de concentración (cárceles, psiquiátricos, reformatorios, etc.); con sus beneficiarios y estrategas, etc.

¿Esto pasa por tener un gobierno facha? Pues no. Como mensaje publicitario para las próximas elecciones puede que esta frase valga pero no tiene nada que ver con la realidad. Se esté en el bando norteamericano o europeo, la implicación en la lucha por el control de Irak es la misma. Además parece mentira que quienes ayer nos trataban de convencer que la política de los Estados, con la globalización, ya no la decidían los gobiernos, nos insinúen ahora que con ellos "esto" no pasaría. No hay que ir muy lejos para ver como en Francia, donde gobierna la "derecha", tanto el gobierno como la oposición de "izquierdas" todos caminan unidos contra la estrategia yanki. Inglaterra, donde el gobierno es más bien "progre", se sitúa plenamente del lado norteamericano. Aquí, en España, durante la guerra del Golfo Pérsico el gobierno "socialista" no solo apoyó sino que participó enviando tropas al conflicto. Situada fuera de la realidad de la explotación capitalista, esta oposición a la guerra se coloca a caballo entre el pasatiempo político y el electoralismo. Su discurso pacifista, nacionalista europeo, defensor del Estado y de la "paz" capitalista no sirve más que para tratar de confundirnos y evitar que tomemos, con determinación y claridad de ideas, nuestra propia postura respecto a la situación actual.
Sin ser ni economista, ni experto en guerras hay cosas que saltan a la vista. El control del territorio de Irak interesa porque:

1) Las reservas (sin explotar) de petróleo del territorio iraquí, por las que compiten petroleras inglesa y americana contra las francesa, china y rusa, son probablemente las mayores del mundo. ¿Un almacén gigante para futuros momentos de escasez? ;

2) La situación geográfica de Irak es clave para controlar el paso de mercancías, recursos energéticos, etc. entre continentes;

3) Antes de ser arrasada en 1991, Irak era la primera potencia de oriente medio en la fabricación de maquinaria industrial, tecnológica y bienes de equipo. Mientras quede eliminado el competidor iraquí sus mercados se los reparten las potencias implicadas en su destrucción;

4) La salud de las economías occidentales depende, en gran parte, del funcionamiento correcto de la industria armamentística;

5) La guerra es la culpable perfecta tras la que encubrir medidas económicas y represivas tanto a nivel interior, en cada país, como a nivel internacional. Por ejemplo tras el 11-S las compañías aéreas estadounidenses anunciaron decenas de miles de despidos, achacándolo a la crisis posterior a los atentados cuando, realmente, la mayoría de esos despidos estaban planificados con anterioridad. –

Pero es necesario ir más lejos. Es totalmente cierta la importancia del petróleo en la economía, pero relativamente. En primer lugar, con su compra y venta se realizan una cantidad de transacciones comerciales que, en última instancia, revierten financieramente en las economías compradoras occidentales, pues gran cantidad de petroleras de multimillonarios árabes conservan su dinero bien en bancos norteaméricanos, bien en bancos europeos. Ese dinero de los bancos es posteriormente invertido, a través del entrelazamiento de empresas (p.e. bancos-constructoras), en multitud de negocios, como el inmobiliario o la construcción de infraestructuras en cualquier lugar del mundo (comercio este en el que, por cierto, las empresas europeas también están quitando mercado a las estadounidenses, sobre todo en Asia).
Luego, obviamente, es utilizado como carburante para automóviles en general, pero sobre todo, como carburante para todo tipo de vehículos industriales (por ejemplo de la propia construcción), y además y lo que es más importante, es utilizado para el transporte de mercancías, factor imprescindible para realizar el ciclo del capital. Y por último no hay que olvidar que el petróleo también es utilizado en las centrales térmicas, que proporcionan buena parte de la energía eléctrica de los países occidentales. Por lo tanto, una subida del precio del petróleo provocaría una reacción en cadena de subida de gastos en la industria y a su vez una subida de precios, lo que desemboca en que los productos sean menos competitivos en el escaparate del mercado mundial. Pero esto sólo tiene importancia y efectos reales si otras industrias y empresas ("por ejemplo" las que conforman el imperialismo estadounidense) poseen de forma directa o indirecta el control del petróleo, por lo que podrían conseguir el petróleo más barato, y por lo tanto abaratar costes y precios, situándose en lugar privilegiado en la competencia mundial. Estados Unidos todavía posee ese control (directo o indirecto); la pelea es por que lo pierda. Pero el petróleo no es nada por sí sólo, es sólo una materia prima, y la lucha por su control no lo explica todo. Poseer sólo petróleo, como ocurre con gran cantidad de esos multimillonarios árabes, es poseer sólo dinero y palacios. Para constituir un poder económico es necesario tener detrás todo un entramado de bancos, empresas e industrias que , por sí mismos y con sus ramificaciones económicas, políticas, militares y sociales, conformen un "contingente" dispuesto a pelear, con todos los medios posibles, por el reparto del mundo. Como decimos, en el mundo actual existen principalmente dos "contingentes" (con todas sus múltiples ramificaciones económicas y subdivisiones nacionales), en una esquina el imperialismo estadounidense, el "campeón del mundo", y en la otra esquina el imperialismo europeo, el "aspirante". El lugar concreto donde provoquen peleas es más o menos circunstancial (aunque no azaroso). Como decimos, Irak es sólo un cuadrilátero, como puede ser
cualquier otro. Todas estas pequeñas peleas , en realidad, son sólo el prólogo, los entrenamientos. De la misma manera que el capitalismo occidental desde hace décadas exporta sus crisis a los países de la periferia, acercándose estas cada vez más al centro, también exporta sus guerras a la periferia, pasando una época de guerras locales (África, Yugoslavia, Chechenia,
Afganistán, Irak) hasta el desencadenamiento inevitable de la guerra en el corazón del capitalismo. Por eso, todavía serán necesarias nuevas guerras locales, hasta la confrontación abierta, la guerra mundial. Porque no hay que olvidar que la guerra es la salida que el capitalismo nos tiene preparada para salir de sus crisis. Esta es por tanto la verdadera causa principal del actual conflicto, el resto de razones son secundarias (aunque no sin importancia). Por eso se hace necesario comprender que vivimos en tiempos de guerra, por momentos encubierta, por momentos abierta, entre distintas facciones de la clase capitalista, con intereses opuestos, pero con el mismo objetivo de sacar beneficios, y por lo tanto reconciliables, y los que hoy se pegan mañana se abrazan; y por otro lado una guerra entre toda la clase capitalista en su
conjunto (incluida su izquierda, su socialdemocracia y sus antiglobalizadores) y la clase proletaria, con intereses opuestos a la otra, distintos objetivos, y además, por supuesto, irreconciliables. Pues sólo una revolución proletaria podrá parar este ciclo de explotación, miseria, guerra, destrucción y muerte.

Podemos decir que el apoyo en apariencia incondicional del gobierno español a la estrategia guerrera estadounidense es producto más de razones diplomáticas y políticas, que directamente económicas. Por un lado, España es partícipe de manera incondicional de la política del Euro, pero políticamente todavía depende en muchos aspectos de EE.UU. Por eso el gobierno se está viendo obligado a hacer genuflexiones ante los estadounidenses (con los que, por ejemplo, compiten en el mercado latinoamericano) mientras participa a su vez en le enésima reconstrucción de la Nueva Vieja Europa. Así no es de extrañar que la izquierda nacional afirme no entender las razones del gobierno para apoyar esta guerra en contraposición (aparentemente) a "nuestros" vecinos europeos. Porque Aznar cuando en estos momentos habla desde los medios no lo hace dirigiéndose a los ciudadanos, ni siquiera a sus votantes, sino que está lanzando mensajes a otros gobernantes: Bush por un lado, Chirac y Schroeder por otro. La economía española tiene capacidad para escalar puestos en la economía mundial, pero entre otras cosas su ejército es nulo, y la eficacia de su poder político-económico para influenciar en otros países es insuficiente. Entonces una óptima diplomacia se antoja necesaria para, como mínimo, pelear por no salirse de la foto y, a nada que se pueda, competir por estar en primera fila.

La guerra que se nos vende desde los medios no es mas que un momento concreto de la guerra permanente que libra el Capital contra nosotros y nuestros hermanos explotados de todo el mundo. Es también un momento concreto de la competición que libran los capitalistas entre sí por el reparto del pastel. Por eso es imprescindible entender la guerra en su sentido completo: como continuación de la política y la economía por otros medios. La represión que cada Estado ejerce sobre su población es parte de la Guerra Interior imprescindible para la continuidad de la explotación "pacífica" del proletariado. No hay más que ojear cualquier libro de economía para
comprobar que las decisiones sobre el tema económico, tanto de los capitalistas como de los políticos, responden a una lógica militar: son decisiones que forman parte de la Economía de Guerra. En definitiva todo responde a la perpetuación de la explotación y dominación de una parte de la población sobre otra, de una clase sobre otra, de la lucha de clases: de la Guerra Social. No tenemos más remedio que re-elaborar teórica y prácticamente los conceptos "anti-militarismo" y "solidaridad".

Hay que sentar las bases para el desarrollo de un anti-militarismo positivo, es decir, no pasivo sino ofensivo. Un anti-militarismo que ponga el punto de mira en los intereses que hay detrás de cada confrontación militar, que sea capaz de canalizar el rechazo social al ejército hacia un rechazo total de las estructuras, las ideas y los intereses que lo sustentan. Hay que sentar las bases para el desarrollo de una solidaridad que vaya más allá de la caridad o la victimización. El enemigo está aquí, cerca de nosotros, son "nuestros" explotadores, "nuestros" dirigentes políticos, la socialdemocracia y los medios de comunicación que tratan de manipular nuestra percepción de la realidad... La mejor manera de evitar la masacre de Irak, así como la masacre y la explotación en cualquier parte del mundo, es luchar aquí y ahora contra nuestros propios opresores y asesinos. La única lucha posible y necesaria es la lucha por nuestras condiciones de vida y de lucha. El mejor mensaje de solidaridad que podemos mandar al proletariado iraquí es nuestro enfrentamiento con nuestra propia burguesía.

Conocer al enemigo, sus movimientos y proyectos es imprescindible para elaborar nuestros propios planes de intervención en el entorno en que nos movemos. Un entorno cuya principal característica es la de la guerra social, el enfrentamiento (abierto o latente) entre explotadores y
explotados, dominadores y oprimidos. Una guerra (social) en la que, lo queramos o no, participemos activamente o no, estamos implicados. Ya está bien de sufrirla solamente, intervengamos en ella.

¡Por la abolición del trabajo asalariado y de la mercancía!
¡Gripemos el motor de la máquina capitalista!


U.H.P.
Madrid, febrero del 2003

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