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CONTRA EL TERRORISMO 11 de Marzo de 2004. Madrid, Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia, Atocha. Cuatro trenes repletos de obreros y de hijos de la clase explotada, estallan. Más de 200 muertos, decenas de heridos y mutilados. A la carnicería le sucede la infamia. El gobierno clama sus hipócritas lamentos hacia una gente a la que desprecia, miserables que se hacinan en los barrios obreros. Acto seguido afirma, a tres días de las elecciones a su sucio parlamento, sin ruborizarse, ha sido ETA. Pero ETA nunca en su historia había actuando buscando como objetivo explicito la masacre de explotados "españoles". Había, sí, asumido los riesgos de "daños colaterales" en su particular conflicto contra el Estado español (conflicto interburgués pues ETA no deja de ser una fracción más de la burguesía, una fracción más de nuestro enemigo histórico), pero nunca buscó premeditadamente esos daños. La única posibilidad de que ETA hubiera efectivamente llevado a cabo esta demencia era que el Estado hubiera infiltrado su cúpula y ordenado la matanza; el dedo acusador del gobierno derechista y sus voceros se volvería en este caso hacia los que acusan. Al fin y al cabo sería otra de las tantas veces que un Estado capitalista desencadena una carnicería contra "su gente" (nuestra gente) para buscar la unidad en torno a su proyecto, acallar todas las voces disonantes y abrir de par en par las compuertas de la represión. Pero no, ni siquiera esta hipótesis se mantiene hoy en pie. No ha sido ETA, ni siquiera ha sido el Estado a través de ETA. Sólo dos hipótesis acerca de la autoría se mantienen en pie. La primera ni siquiera se menciona. Es demasiado "embarazoso" para el Estado que alguien la plantee siquiera. Pero la posibilidad real de que los servicios secretos estatales hayan decidido destripar a bombazos a unas cuantas decenas de miserables, de población superflua, no puede ser descartada sin más. Sólo quien ingenuamente crea en la bondad cándida de los gobernantes, sus sicarios y sus amos -los amos del mundo, los burgueses -puede desechar esta posibilidad. La segunda, la que corre de boca en boca, es que las bombas que los señores de la guerra Bush-Blair-Aznar hicieron caer sobre los barrios de Iraq nos hayan sido devueltas de esta atroz manera. Esto, a escasas horas de las elecciones en que el monigote de Mariano Rajoy en sucesión de Aznar espera ser aupado a la cabeza del Estado capitalista español, debe ser silenciado a toda costa. Pues de ser esta hipótesis confirmada, la búsqueda de la unidad nacional a través del terror, los intentos terroristas de acallar toda voz disconforme, de fortalecer su proyecto imperialista, de disciplinar la retaguardia, fracasarían estrepitosamente. La guerra imperialista en defensa de los negocios de los burgueses españoles tendría consecuencias también aquí, ya no serían sólo los explotados iraquíes los condenados a poner los muertos, sino también los explotados "españoles" (lo de "españoles" no deja de ser una falsificación, ha sido el proletariado internacional que sobrevive y es explotado en Madrid el que ha sido inmolado en estos atentados) y no naturalmente la burguesía autóctona bien protegida en sus mansiones. La barbarie desencadenada en Iraq y Afganistan se tornaría en barbarie desencadenada en Madrid, el ataque imperialista español se tornaría en ataque "fundamentalista" (fundamentalmente tan imperialista como el "nuestro"). Y, a fin de cuentas, los proletarios se verían impulsados a romper con el encuadramiento ciudadanista y socialdemócrata (que impidió la lucha contra “nuestro” Estado durante la guerra en Irak y favoreció así el envío posterior de mercenarios) para enfrentarse al proyecto imperialista español Esto no puede permitirse. El gobierno del imbécil Aznar exige "respeto" por los muertos (nuestros muertos, no los suyos), a los que ellos, explotadores, niegan el más mínimo respeto en vida, y exigen que nadie abra la boca. ETA debe ser, contra toda evidencia, la única posibilidad admisible. En fin, a pesar de todos sus intentos de falsificación, esta particular construcción de la verdad se resquebraja. Aunque el tiro le salga por la culata al gobierno actual, esta carnicería sigue siendo funcional para el Estado en su conjunto. Y así, claramente lo decimos: el responsable de estos atentados contra nuestros hermanos de clase es el capitalismo en su totalidad, es la burguesía en su totalidad, independientemente de quien haya colocado las bombas. O es una facción imperialista (la "nuestra") o es otra (la "islámica", presuntamente dirigida por el ex agente de la CIA Bin Laden). En esta guerra por intereses que nos son ajenos, nosotros, proletarios del mundo entero, estamos llamados a servir, simple y llanamente de carne de cañón. Nosotros ponemos los muertos: En Bagdad, en Kabul o en Madrid. Para ellos los beneficios. El imbécil Aznar lo ha dejado claro: "no debemos aspirar a nada que no sea la derrota del terrorismo". Traduzcamos: debemos renunciar a todo lo que no sea girar en torno al eje del Estado y su proyecto, debemos renunciar a nuestros intereses y nuestra lucha, debemos renunciar a todo salvo a fortalecer a ese Estado que nos asesina. Con la excusa del dolor nos quieren tapar la boca, dolor por nuestros muertos que nosotros sentimos y del que ellos son incapaces. Porque nosotros sentimos el dolor de todas las víctimas de la barbarie capitalista, mientras que nosotros somos para ellos simples peones en un juego macabro del que sacar tajada. Y no nos callamos. Afirmamos que nuestros muertos no deben dar lugar a un fortalecimiento del Estado, que ninguna solidaridad podemos esperar del Estado que nos asesina y que no debe encontrar ninguna solidaridad de nuestra parte. Esta masacre no debe servir para endurecer las cadenas que nos aprisionan, no puede servirles de excusa para lanzarnos a nuevas guerras, a nuevas masacres, no debe servirles para desarrollar nuevas armas represivas contra nosotros. Es preciso entender que sólo nuestro propio proyecto histórico, el comunismo, es capaz de oponerse a toda esta demencia, a todas estas carnicerías; es preciso convertir la guerra que hacen y que nos hacen en guerra social contra todos los explotadores. Y para ello es imprescindible ante todo luchar contra “nuestro” propio Estado, luchar contra “nuestra” propia burguesía. Solo así y no de otra forma podemos enfrentarnos a la carnicería capitalista evitando que “nuestro” Estado nos masacre a nosotros o a los proletarios de otro país. CONTRA LA GUERRA DE LOS RICOS, GUERRA CONTRA LOS RICOS OTRA GUERRA ES POSIBLE EL TERRORISTA: EL ESTADO CAPITALISTA U.H.P. |