El Manifiesto comunista vio por primera vez la luz en 1848. La revolución ya había hecho irrupción en las calles de París y en los mese siguientes se extendió como un fuego salvaje a través de toda Europa.
En él Marx y Engels analizaron las contradicciones existentes dentro del sistema capitalista, así como marcaron las líneas y objetivos del Comunismo; fue la piedra angular de toda su obra. Esas contradicciones del capitalismo, explotación, imperialismo, la falsa izquierda, que ellos nos enseñaron a desenmascarar y analizar, injusticias que siguen existiendo y aumentando. Por eso, el Manifiesto Comunista debe ser lectura obligada para cualquier joven que se considere de izquierdas.
Mientras la mayoría de los libros escritos hace siglo y medio hoy tienen un interés exclusivamente histórico, en algunos aspectos las ideas expresadas en el Manifiesto Comunista tienen más vigencia hoy que cuando fueron escritas. En el tiempo en que Marx y Engels lo escribieron, el mundo de las grandes empresas multinacionales era aún música de un futuro lejano. A pesar de esto, explicaron como la "libre empresa" y la competencia conducirían inevitablemente a la concentración y monopolización de las fuerzas productivas. El proceso de centralización y concentración de capital ha alcanzado proporciones inimaginables hasta ahora. El número de absorciones ha adquirido un carácter epidémico en todos los países industrializados.
Esta concentración de capital no significa un crecimiento de la producción sino más bien todo lo contrario. En cada uno de los casos la intención no es invertir en nuevas plantas y maquinaria, sino cerrar las fábricas y oficinas existentes y despedir a un gran número de trabajadores para aumentar los márgenes beneficios sin aumentar la producción. La cifra mundial de desempleo y subempleo ha crecido hasta los 1.000 millones de personas.
Hoy más que nunca, aquellas palabras que ponían fin a la obra, siguen vigentes:
...Las clases dominantes pueden temblar ante la revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.