Eran trabajadores y estudiantes, con y sin papeles, como cualquiera de nosotr@s; iban en un cercanías, como nos podía haber pasado a cualquiera. Saltaron por los aires destrozados por la explosión, Madrid 11 de Marzo. Viendo las imágenes de los heridos ensangrentados en el suelo vemos a las víctimas mutiladas por las bombas integristas en Madrid igual que las víctimas de las bombas de racimo yankees en Bagdad. El tren despachurrado recuerda a los trenes yugoslavos bombardeados por la OTAN. Los muertos estudiantes de Madrid son como los de Tel Aviv, los jóvenes trabajadores como los de Cisjordania... Un mismo método, el terror. Un mismo resultado, la muerte.
Los comunistas hemos estado siempre en contra del terrorismo; reconocemos el derecho de los pueblos a resistir y luchar por su vida y su dignidad, pero rechazamos a los que en nombre de una causa matan inocentes y fomentan el odio. Los mismos que atentaron en Madrid lo hacen contra los civiles iraquíes buscando la guerra civil entre suníes y chíies; lo hacen desde redes islamistas nacidas de la actividad anticomunista de la CIA para desestabilizar los regímenes socialistas árabes de finales del siglo XX, entrenados por EEUU en Afganistán contra los soviéticos, financiados y nutridos por la teocrática Arabia Saudí.
Con el fin de la Guerra Fría los EEUU necesitaban de otro referente del mal para mantener la tensión mundial y justificar el gasto armamentístico y la desestabilización de las sociedades no sumisas. De esta forma los mismos que fueron sus colaboradores pasaron a ser sus enemigos por el bien del sistema capitalista.
Durante décadas Palestina ha sido el campo de pruebas de este orden mundial que habla de paz mientras bombardea, que produce armas mientras la gente muere de hambre y enfermedad. En Palestina los gobiernos sionistas imponen la esclavitud o la muerte al pueblo palestino, fomentando a grupos integristas como Hamás para así con sus atentados indiscriminados justificar la represión. Aznar, como buen aprendiz de Bush, supo que era mejor permitir un terrorismo residual que le permitiese un discurso electoralista, y detener de vez en cuando a algun etarra, a atajar el problema de una forma definitiva.
Las grandes estructuras capitalistas se benefician de los efectos del terrorismo a través de políticas industriales armamentísticas, y como disculpa para recortes legislativos de derechos. Mientras, las bombas rara vez afectan a los poderosos y sí se alimentan de la sangre de los trabajadores. O acaso no son hijos de trabajadores la mayoría de los soldados ocupantes en Irak, que no sirven más que de carne de cañón a los intereses de las petroleras, lleven casco yankee o de la ONU.
Bin Laden y Bush se necesitan, cada uno justifica al otro y tras su enfrentamiento se esconde un mismo modelo de sociedad monolítica, teocrática y autoritaria; cada uno usa al otro como razón para arrastrar a la sociedad a la guerra entre pueblos.