Manuel Vázquez Montalbán ha muerto y nos hemos quedado sin un gran escritor y un gran camarada. De pequeño quería ser mecánico pero acabó aprendiendo los engranajes de la vida y la literatura. En ambas cosas abogó por desmontar un sistema que aprieta las tuercas a los más desprotegidos, y engrasar la conciencia social como motor de cambio.
Era un hombre especial, un hombre comprometido que sufrió años de cárcel por luchar para que todos nosotros pudiéramos vivir en un país un poco más libre, y que cuando murió el Generalísimo siguió luchando contra las tentaciones totalitarias en democracia. Y no por eso se amilanó, a pesar de los problemas que ello le planteó con las personas de orden: demócratas de toda la vida, progres de diversos pelajes y neoliberales en flor. Ser del PSUC dejó de estar de moda hace mucho (algunos se apuntaron en su momento, cuando era imprescindible para tener caché, y luego se quitaron de en medio, cuando ya no era necesario estar por allí), y él seguía con su compromiso político, aunque apoyar esas causas no da dinero. Nadie se hace del PCE para lucrarse en la vida, ni apoya la revolución cubana y a Marcos para multiplicar sus números bancarios. Luego vienen los "pedantones al paño" que decía Machado, con su porte aristocrático, y dicen que eres un fanático, un desfasado, un comunista (¡qué grave insulto, por Dios!), un terrorista, un demagogo (desde ciertos sectores, a decir la verdad se le llama hacer demagogia), un politiquero y mil cosas más. Por eso, de Manuel Vázquez Montalbán decían éstos, torciendo la nariz, "es un gran escritor, pero tan comunista...".
Tan comunista y tan buen novelista. Inventó a un detective descreído que, en el fondo, seguía siendo un soñador del mismo estilo que Rick en "Casablanca". Mató al Secretario General del PCE y luego vivió en la realidad la escena del apagón en un par de ocasiones (Carrillo, con sorna, comentaba "esto del apagón es cosa de Manolo"). Se acordó de Galíndez cuando a nadie interesaba, ni aquí ni allí (y se me ocurren varios aquí y varios allí). Fue a ver a Marcos y definió "lo de Chiapas" como metáfora global que no solo atiende a las reivindicaciones indígenas como posibilidad de un nuevo Estado y un poder plural sino que es un vehículo de exportación de análisis autocrítico de lo que es la globalización.
Desde aquí te queremos decir que seguiremos con tu legado de lucha revolucionaria.