Y es que un@ ya está más que hart@ de ver salvapatrias en la tele, que sin tener ni idea de lo que están hablando (a fin de cuentas tod@s reconocen no haber probado un porro en su vida), se pongan a impartir clases de ética y moral a la juventud descarriada. Beatos morales de los del “haz lo que yo te digo y no lo que yo hago”, que es la única forma de justificar el ataque exacerbado a los “vicios” de la juventud sin plantearse los propios. ¿O es que aquí sólo nos emborrachamos l@s jóvenes? ¿Qué pasa, que la sidra y el vino los inventó nuestra generación? ¡Vamos, anda!
Lo del botellón es ya de escándalo. El PP, legítimo heredero del Caudillo, se siente en su obligación de ser padre (nos preguntamos si todopoderoso) de tod@s nosotr@s, y nos mete una ley en la que se nos prohíbe estar en la calle. La excusa: que manchamos y hacemos ruido.
¿Para qué hay servicios de limpieza? ¿No pagamos a empresas privadas para que limpien? ¡Pues que limpien! Y si un fin de semana se necesitan más contenedores en tal o cual plaza, que los pongan. Y si tienen que ampliar plantilla para limpiar un domingo por la mañana, que la amplíen. L@s parad@s les estaremos muy agradecid@s.
¿Los ruidos? Pero, ¿no hay una ley que regula la calidad de la vivienda? Pues que incluya la adecuada insonorización, que aparte del botellón también resultan muy molestos el tráfico y las obras dos meses antes de las elecciones.
Mientras, no se habla de los verdaderos problemas de la juventud. La Falta de perspectivas, un mercado laboral que sobreexplota, doblando el trabajo y diviendo el sueldo, sin una garantía de futuro. ¿Pensiones? ¿Qué son pensiones?
No se habla de la continua y continuada vulneración de los derechos de l@s jóvenes: a una vivienda digna (¿quién puede casarse hoy 18 años con un banco?), a elegir ocupación (¿qué prefiero, este trabajo basura durante seis días, o este otro durante cinco? — por supuesto, ninguno tiene que ver con la preparación que un@ pueda tener), y la remuneración económica no nos da ni para cerveza en los bares (será por eso por lo que las tomamos en la calle).
Pero “no preocuparse”, para cuando l@s jóvenes tenemos poca pasta, hay una gran multinacional del ocio, Narcotráfico S.A., que nos ofrece soluciones baratitas. Porque no nos olvidemos, las drogas son ante todo un negocio que mueve miles de millones al año. Y el negocio no es para el productor, los campesinos que cultivan adormidera o coca no tienen unas condiciones de vida tan envidiables. Tampoco para el comercial de calle de esa gran empresa, más conocidos como camellos, que arriesgan su libertad a cambio de cuatro duros, sin ningún tipo de cobertura social y siendo pieza clave de toda esta gran empresa. El camellito del barrio no tiene grandes casas ni buenos coches como el Sr. Sito Miñancos, ni les dejan salir de prisión cuando están deprimidos como al “Negro”. Sin embargo, sí son estos señores los que obtienen miles de millones de dinero negro. Pero este dinero no permanece negro, sino que se blanquea. Los bancos son las grandes lavadoras de los negros narcodólares, y por supuesto, ningún banco trabaja gratis.
No olvidemos que son estos, los que sacan grandes beneficios, los principales interesados en que l@s jovénes consumamos drogas, y para conseguir sus beneficios no les importa adulterarlas y causar muertes. Buscando el beneficio económico, multiplican los kilos de heroína mezclándola con cualquier sustancia por perjudicial que resulta, como pasa con las pastillas, tan de moda últimamente. ¿Qué pasaría si en lugar de aspirina en la farmacia nos dieran pastillas de sosa caústica? Tendríamos a quien reclamar. Pero, ¿qué pasa con los muertos por drogas adulteradas?, ¿son estas muertes desgraciados accidentes o deberíamos pedir responsabilidades por ellas?
Por supuesto, nadie nos pone una pistola en la cabeza para que consumamos drogas, pero la sociedad nos conduce a un ocio improductivo para el individuo, y sometido a relaciones comerciales. Frente a alternativas vitales y de ocio, frente a la educación en el consumo responsable (conocer las necesidades y los productos ofertados para poder elegir), medidas que favorecen la maduración personal, Papá estado opta por la represión, la criminalización y la desacreditación de un@s jóvenes a l@s que nos consideran lo suficientemente imbéciles como para no poder tomar nuestras propias decisiones. Somos su rebaño, y ellos nuestro pastor. Mientras, “señores respetables” se llenan los bolsillos atacando nuestra salud.