QUIEN SIEMBRE VIENTOS RECOGE TEMPESTADES

Resulta tópico ya decir que el mundo no va ser el mismo después del 11 de septiembre de 2.001. Aunque parezca que todos estamos de acuerdo con esta afirmación debemos hacer algunas matizaciones. Sabemos que la información reiterada en los medios consigue el estatus de verdad absoluta con una pasmosa facilidad. Las imágenes, sin embargo, en el televisor no nos engañan y por primera vez muchos de nosotros somos espectadores en directo de desgracias humanas de tal magnitud. Pero día tras día la resaca deja distinto sabor en cada uno. En EEUU sabe a venganza irracional, a quema de mezquitas y a palizas injustificadas. Es una resaca cuyo principal síntoma es la sed de sangre y una súbita ceguera que hace que impere una distinción maniquea entre buenos y malos, si no estás con los yanquis estás contra ellos.

No queda espacio para la reflexión y para un análisis cabal. Los bárbaros (encabezados por Satán Bin Laden) atacan sin ninguna razón al mundo "civilizado". Algunos lo llaman "fanatismo" queriendo restringir el término al ámbito de lo religioso y ocultando así, un gran número de "fanáticos del derecho a una vida digna" que también nos podría servir como criterio divisor del mundo. El perro ha mordido la mano de quien le dio de comer. La catástrofe ha ocurrido gracias al entrenamiento proporcionado por EEUU a miles de integristas durante la guerra de Afganistán y parece ser que a uno de sus mejores ex-agentes de la CIA, Osama Bin Laden. Nos piden que globalicemos la lucha contra el terrorismo cuando ellos han globalizado la miseria y el hambre. Hoy más que nunca resulta necesario gritar que el máximo culpable de lo ocurrido en Nueva York es el propio gobierno norteamericano que se ha pasado la vida sembrando vientos, y les toca como siempre a los ciudadanos recoger las tempestades.

 ¡NO A LA GUERRA! 
La situación actual no es nada fácil. Estamos en guerra y no sabemos muy bien cual es nuestro bando. Quizás es que no tengamos ninguno o quizás esta no sea nuestra guerra. Desde luego en nuestra manera de ver el mundo no existe la "guerra santa" ni el "proud to be american", tampoco la raíz divina del poder ni mucho menos la pena de muerte aunque surja de un pacto social "democrático". No partimos de un mismo análisis y por eso es difícil que lleguemos a las mismas conclusiones.

No podemos correr una cortina de humo sobre los bombardeos de EEUU sobre Libia, Sudán y Afganistán en las últimas dos décadas. Todos sabemos que ante toda acción surge una reacción y la lucha resulta encarnizada contra la desesperación de los que no tienen nada que perder.

Las represalias se desarrollan. Mueren y morirán más civiles tan inocentes como los de las torres gemelas. Y a nosotros nos duele tanto la muerte de las personas en el World Trade Center como la de los jóvenes y niños asesinados cada día por el ejército israelí, las víctimas de los bombardeos norteamericanos en Iraq o Yugoslavia, los hombres y mujeres torturados y asesinados por el imperialismo y sus representantes en todo el mundo, los caídos en accidentes de trabajo evitables, los millones de muertos por desnutrición y enfermedades curables en este mundo, a los millones de seres humanos que huyen del hambre y la miseria, para encontrar en el Estrecho de Gibraltar o en la frontera yanqui con México el maltrato y la muerte que es lo único que les tiene reservado a los pobres del mundo nuestro llamado "estado de bienestar".