El cine ha tenido siempre una doble función. Por un lado es un arte (a veces no llega a tanto), un medio de entretenimiento, un modo de aprender, distraerse o contar una historia. Por otra parte, es un vehículo de transmisión de ideología, por lo general la dominante, ya que el cine alternativo o independiente tiene muchos menos medios, producción y por supuesto público.
Dentro de esta transmisión ideológica, desde hace tiempo se sigue la
tesis del "enemigo común", alguien a quien tod@s debemos temer y odiar
siguiendo la figura del enemigo público del Gran Hermano (no el de
Telecinco, el de la novela de Orwell). Primero fueron japoneses y coreanos,
y luego el favorito, los comunistas (siempre hablando de cosas raras, con
cara de mal fario y queriendo destruir el mundo), los vietnamitas... Con el
tiempo este enemigo dejo de ser creíble o desapareció, y tuvieron que buscar
otros. Aparecieron otros, como los fundamentalistas árabes (desde Jomeini),
hasta que a principios de los noventa apareció uno, el más utilizado
actualmente, los iraquíes y Sadam Hussein. Se emplea también la figura del
terrorista, ese loco que quiere destruir cosas sin ningún motivo, al que en
seguida se relaciona con cualquiera de los demás (es un malísimo
ex-comunista o un loquísimo pro-árabe).
A estos "enemigos" se les sataniza, se exagera y deforma la realidad, y se reduce todo a tópicos, que se reproducen película tras película y van calando en la mente del público. Todos los vietnamitas son sádicos y saben artes marciales, todos los rusos son serios y disciplinados...
Ahora están buscando otro, Cuba. Llega a nuestras pantallas "13 días", donde el guapo y bueno Kevin Costner salvará al mundo de unos cubanos comunistas malísimos que quieren destruir el mundo con unos misiles nucleares. La "crisis de octubre" fue otra cosa, toda la psicosis fue a nivel de prensa, provocada por las tensiones propias de la Guerra Fría, y todo se arregló a base de diplomacia y a nivel de despachos. La cuestión es que los cubanos nunca han tenido misiles (durante unos días estuvieron allí, pero eran soviéticos) ni los tienen ahora, ni son una amenaza para los EEUU... aún así aguantan a escasos kilómetros del gigante yanqui, que no consigue acabar con la Revolución ni con su criminal bloqueo ni con las provocaciones desde la base de Guantánamo ni con acciones terroristas.
Caso aparte es la película de Bardem "Antes que anochezca". Este es un caso del que hablar y debatir, y sobre el que debe hacerse autocrítica. El problema del machismo y la homofobia está presente en todas las sociedades (hace un par de años asesinaron en un instituto a un joven americano por ser gay, en el "país de la libertad", y en nuestro país un joven gay es fácil que no tenga una adolescencia bastante agradable).
La cuestión es que en Cuba se supone que este tipo de errores no deberían producirse, pero ocurrió. Eso sí, que no traspasen el caso concreto a toda la Revolución, y nos pinten una Cuba donde todo es vicio y fornicio por un lado, y malísimos represores por el otro. Una crítica debe hacerse en base a la realidad, sin exageraciones ni manipulaciones. De los problemas de Cuba son conscientes los propios cubanos, y los reflejan en sus películas con total libertad, haciendo una autocrítica consciente que sirva para corregir esos problemas en un futuro. "Fresa y Chocolate", "Guantanamera"... (películas premiadas internacionalmente y conocidas por todos), reflejan esos problemas cotidianos: las distintas escaseces, la burocracia, el trato discriminatorio con los homosexuales, pero desde una óptica real, sin tópicos, sin que aparezcan personajes estereotipados ni otras invenciones cuyo único fin es la difamación y provocar el rechazo.
Cada país tiene sus problemas. Podrás ver películas cubanas sobre escasez de gasolina, problemas burocráticos, machismo... pero nunca sobre paro, explotación, gente sin techo, niños o ancianos abandonados, analfabetismo, chabolismo o exclusión social... porque no tienen esos problemas. A lo mejor lo que hace falta son más películas españolas o yanquis que reflejen la realidad de forma constructiva y crítica, y menos folletines construidos en base a tópicos que no vayan más allá del entretenimiento o la búsqueda de beneficios en taquilla.