Charles Chaplin nace en Londres a mediados de abril de 1889, día más o
día menos, sin que se sepa muy bien la ascendencia de su familia; se conoce
con seguridad una raíz judía, pero el resto de orígenes familiares van desde
Francia o Alemania hasta Escocia, dependiendo del historiador. Tras una
infancia en un hogar de lo más humilde, marcada por diversos problemas
familiares, es enrolado con ocho años en una compañía de variedades, pasando
por varias hasta que en 1910 emigra a los Estados Unidos, y en 1914 realiza
su primera película con la productora Keystone. Su carrera se vuelve
imparable desde ese momento, llegando a realizar más de 80 películas, hasta
que se exilió a Suiza por motivos personales y políticos.
Hasta aquí puedes leer los datos biográficos que podrás encontrar en cualquier enciclopedia o libro sobre cine. Pero, como es habitual en esta sección, queremos resaltar la otra faceta de Charlot, la que no se destaca en los libros porque es "políticamente incorrecta". Chaplin, como tantos otros artistas, era un hombre de izquierdas, y su arte, sus películas, tienen esa carga ideológica de un modo incluso demasiado explícito para su época.
Sus ideas lo llevaron a sufrir la Caza de Brujas de McCarthy en los años cincuenta, donde fue perseguido por "peligroso comunista" y a punto estuvo de terminar sus días en la cárcel, lo que evitó teniendo que optar por exiliarse. Entre los pueriles argumentos para terminar con él, los "guardianes de la libertad" esgrimían el de que nunca pidió tener la nacionalidad norteamericana, cosa que para los orgullosos yanquis era imposible de entender. ¿Cómo puede alguien no querer ser norteamericano? Más aún, cuando podía haberla obtenido fácilmente por tener dinero; ya sabemos todos que las barreras de la inmigración se rompen a golpe de talonario. Fue perseguido y boicoteado por todas las organizaciones puritanas yanquis, acosado por la prensa, e investigado por el FBI. Recientemente se ha hecho público su expediente, y aparecen notas ya desde los años veinte, algunas del tipo de "coincidió en un bar con un peligroso dirigente sindical".
Chaplin no era sólo ese señor tan divertido del bigote y el bombín, y sus
películas no son sólo bromas y chistes fáciles sobre hombres enredados en
máquinas y pobres huyendo de la policía, como nos intentan hacer creer a
base de emitir sólo escenas sueltas (las graciosas) sin destacar las tristes
o las que dan que pensar, y por supuesto nunca hay un análisis serio de lo
que significa cada cosa (no olvidemos que en la época del cine mudo, el
lenguaje empleado era muy metafórico). Los comentarios, si alguna vez se
oyen, y no en tertulias emitidas a las tantas de la madrugada, giran en
torno a movimientos de cámara, iluminación y otros datos técnicos... pero
nunca al significado, a esa serie de personajes que Chaplin dibujó y repitió
en sus películas de forma alegórica: el capitalista, el pobre, el policía,
el trabajador, el inmigrante... y sus actitudes: el hombre sometido a la
máquina, como si fuese una parte más de ella, importando sólo el rendimiento
para el capitalista y no su seguridad; el policía, que siempre persigue al
pobre por orden del capitalista, sin importarle si es o no culpable, cuando
su único delito era intentar comer... Situaciones éstas sobre las que
reflexionar, y que ochenta años después se siguen repitiendo.
Tal vez su obra más conocida sea "El gran dictador", que con los años ha sido vendida como una genial parodia que simboliza la victoria de los aliados sobre los nazis, atreviéndose a plantarle cara y ridiculizar a Hitler en el cine. Nada más lejos de la realidad: la película es anterior a la II Guerra Mundial, era un proyecto personal de Chaplin, y tuvo serios problemas con la censura, la prensa y el gobierno para llevarla a cabo porque en aquellos días no se podía enfadar a Hitler, con el que las naciones aliadas colaboraban o miraban para otro lado.
Charles Chaplin murió en el exilio por no querer abandonar sus ideas, y desde aquí queremos hacer justicia a su memoria y recordar todos estos datos, que a los redactores les deben parecer anecdóticos, pero que creemos que ayudan a comprender mejor la vida y obra del genial Charlot, todo un genio del cine y una gran figura del siglo XX, le pese a quien le pese.