Este parece ser el ideario de aquellos que sólo ven la solución de la represión policial para las consecuencias de la movida del fin de semana, midiendo por el mismo rasero a aquell@s que simplemente pierden el control por efecto del alcohol y aquell@s que se escudan en el alcohol para llevar a cabo su particular "lucha contra todo y contra tod@s".
Pero se debe hacer una clara distinción entre ambos. Los primeros, los que pierden el control con el alcohol no son delincuentes ni gamberros, sino el fruto de una tradición bien arraigada en nuestra sociedad, de incluir el alcohol como elemento fundamental de la fiesta. Hasta aquí todo bien, el problema viene cuando entre los jóvenes, concretamente los más desfavorecidos económicamente, se implanta esta costumbre, y la búsqueda de la máxima rentabilidad paga semanal/número de litros les impide acceder al alcohol de calidad y se ven obligados (para ello están los empresarios dispuestos a aportar rentables soluciones) a ingerir no alcohol destilado, sino productos químicos diluidos en agua, que producen una distorsión y efectos del alcohol. Porque, no nos engañemos, la bebida más popular entre los jóvenes, el kalimotxo, no se elabora con Rioja sino con sucedáneo de vino que no se produce en bodegas sino en laboratorios químicos. Si la cantidad de productos químicos ingeridos en cuatro litros de kalimotxo se ingiriese concentrados en una píldora, no estaríamos hablando de alcohol, sino de drogas de diseño, no sería mos borrachos sino drogadictos.
Por eso es muy importante que mientras se educa a los jóvenes en el consumo de alcohol, no es tan difícil explicar: que hay que comer bien antes de beber; que bebamos despacio para poder controlar fácilmente el punto, en lugar de que te suba de golpe; que no es recomendable mezclar diferentes tipos de bebidas; que se controle la calidad del alcohol que se vende durante la movida.
No es que los "mayores" sepan beber. Es que pueden permitirse pagar alcohol de calidad y llegar más tarde a casa. En ningún caso la solución puede ser "más madera", porque la presencia masiva de policía provoca malestar y produce represión, lo que se convierte fácilmente en rabia por efecto de la química bebible. Ya se sabe "nada mejor que las fuerzas del orden para provocar el desorden".