SOBRE LA PRENSA ALTERNATIVA

La clase obrera tradicionalmente ha necesitado de unos medios propios de prensa, por lo general escrita, con los que difundir su mensaje, sus ideas y su punto de vista de las cosas en contraposición al mensaje que se nos envía desde los medios oficiales y afines al poder. Estos tienen una doble misión: por un lado vender periódicos y ganar mucho dinero, y por otro hacer de voceros del sistema dominante y transmitir su ideología. Desde finales del siglo pasado, con el auge de los partidos de clase, han sido miles los periódicos, revistas y boletines antisistema que han aparecido y desaparecido, en función del apoyo y difusión que han encontrado o conseguido. Los ha habido y los hay muy modestos, pero también los ha habido con gran fuerza y difusión, llegando a ser los más leídos de su país. Aquí llega lo difícil de entender, ¿cómo un periódico, el más leído de su país, puede desaparecer de repente? En 1960 quebró The Daily Herald, el periódico socialdemócrata inglés, que tenía el doble de lectores que The Times, The Financial Times y The Guardian juntos. ¿Cómo se explica? Es fácil: la financiación. Un periódico salido de imprenta cuesta hacerlo, digamos, 300 ptas, pero te lo venden a 125 y ganan dinero (???). El resto viene de la publicidad y de la financiación del Estado. El dinero de la publicidad (muchos millones) hace bajar enormemente el precio de cada ejemplar, pero a su vez mantiene un control férreo sobre la línea editorial. Si desaparecen los anunciantes, quiebra el periódico, porque es de lo que viven de verdad (¿nunca te preguntaste como se reparte El Nora gratis y hay gente que vive de ello?).

Naturalmente, no se puede enfadar a los anunciantes, y eso significa no ir contra el sistema. Uno puede criticar algunas cosas, tener línea proPP o proPSOE, pero nunca atacar a las verdaderas bases del sistema, explicar las contradicciones del sistema capitalista (hay crisis y subida de los carburantes, pero Repsol gana 300.000 millones... ¡ni mencionarlo!), o denunciar el entramado económico de las grandes empresas.

¿Qué nos queda entonces?, si queremos contrastar la información "oficial" con otras versiones, sacar nuestras propias conclusiones y tener conciencia crítica?Pues la prensa alternativa. Lamentablemente, hay mucha menos. Del otro lado no hay tele, sólo unas pocas y modestas radios libres, y ningún periódico fuerte. Los que hay son más bien boletines en formato periódico con difusión limitada y generalmente con un "mercado" ya concienciado (Mundo Obrero, Güei, Molotov...).

Hay también muchos pequeños boletines, como este que tienes en tu mano, que trata de abrirse camino y poner su granito de arena en la batalla mediática antisistema, aunque somos conscientes de que ese "algo" que hacemos es insuficiente para contrarrestar las toneladas de ideología dominante con que cada día nos bombardean.

Los medios alternativos no nos financiamos con publicidad, ni con grandes partidas económicas ni subvenciones. El dinero viene de la colaboración desinteresada de mucha gente que lo paga (cuando lleva precio), se suscribe o da una aportación voluntaria. Esto lleva a una cierta precariedad económica, pero le da toda su fuerza a los medios alternativos al no depender de ningún grupo de presión. Como decía Lenin "prefiero que mil obreros den una copeica a que un solo hombre de mil rublos, porque eso significa que quiere cambiar la línea del periódico".

¿Por qué te contamos todo esto?

¡Ay, Carmela! lleva cuatro años en la calle, saliendo puntualmente, llegando a cada vez más gente y tocando temas "no convencionales" de todo tipo. En el recuadro de al lado puedes ver nuestras finanzas, y verás como aunque siempre conseguimos sacarlo a tiempo, estamos en permanente riesgo de quiebra. Por eso hemos sacado una campaña de SUSCRIPCIÓN, para que si quieres puedas ayudarnos a seguir sacando adelante un boletín consolidado y poder ampliar el proyecto. Naturalmente, el dinero que te pedimos por suscribirte es mucho más de lo que cuesta el ¡Ay, Carmela! y los sellos (basta con saber multiplicar). Se trata de una suscripción política. Con ese dinero podremos seguir repartiendo cientos a las puertas de los institutos, para difundir contrainformación entre la juventud, enviándolo a bibliotecas y asociaciones, colocándolo en bares de ambiente de izquierdas... Por dos duros al día, seguiremos haciendo eso y mucho más.

Nuestras cifras:

Cada ¡Ay Carmela! son

  • 21.000 pesetas de imprenta,
  • 3.500 de sellos
  • 500 para cola de las pegadas.
Al año son unas 100.000 pesetas.
 

Nuestro objetivo de autofinanciación sería conseguir 50 suscriptores anuales o asociaciones "con pasta", de 1.500 pesetas (o más), y 50 suscriptores anuales "con poca pasta", de 500 ptas., entre éste y el próximo ¡Ay, Carmela!