Hace aproximadamente un mes que ha empezado la Navidad, o eso parece ser
en comercios y anuncios.
La Navidad es esa "entrañable" fiesta en que celebramos el milagro del
capitalismo y del consumismo voraz.
Con las bases de una celebración religiosa de dudosa cronología (¿quién?
puede asegurar que ¿nació? ¿en estas fechas?) se ha cambiado la celebración
de un dios de mármol en una cruz de madera por la celebración de un dios
verde de papel.
El espíritu navideño, tan traído y llevado en su sinfín de películas,
comienza a partir de múltiples gastos: cavas, turrones, dulces, adornos,
opíparas cenas, vestiditos, etc. Hay una de serie de listados consumistas
que son imprescindibles para vivir unas felices navidades, pero lo más cruel
de todo es ver como se arrastra a esa vorágine a los cachorros. Sí,
cachorros, porque el día de mañana serán auténticos lobos capitalistas y
consumistas.
Se les bombardea con miles de anuncios de juguetes. Se les induce a la
necesidad superflua de consumir sin más, en la gran orgía del gasto del 6 de
enero. Pero no nos preocupemos; tenemos la bendición de la única persona
infalible del Mundo: el Papa, representante del Dólar en la Tierra.
Sin más, queremos desearos a todos Felices Gastos y una Próspera Cuesta
de Enero, y disfrutad de vuestro turrón blando, sin preocuparos porque otros
lo tengan duro. Mira a tu alrededor; más allá de los arbolitos hay gente que
pasa hambre, que sufre torturas, que ve vulnerados sus derechos más
esenciales, y un tristemente largo etcétera.