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domingo, 22 de noviembre de 2009
El año que tampoco hicimos la revolución
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Portada de "El año que tampoco hicimos la revolución", del colectivo TodoazenImaginamos que la crítica literaria al uso (es decir, burguesa) habrá tenido verdaderos quebraderos de cabeza con este libro. Cualquier intento de definirlo con los estándares conceptuales burgueses, desde los más tradicionales hasta los más postmodernos, acabaría por afirmar que"El año que tampoco hicimos la revolución" es un experimento narrativo, que no es más que una forma directa de tratar de desanimar a cualquier lector a enfrentarse con este texto (no hace falta haber leído ningún experimento literario, bastaría con conocer a cualquiera que afirme haberlo leído, para estar convencido de que "experimento literario" equivale a "rareza para estúpido integral"). Desde luego, cualquier lector que busque en la literatura una feliz evasión del mundo que le ha tocado en suerte padecer va a sentir decepcionadas sus expectativas con un libro como este.

El colectivo Todoazen presenta como origen de este texto una pregunta en forma de pasmo: ¿sabiendo lo que sabemos a través de la información diaria, cómo es que aún no ha estallado una revolución comunista? Para comunicar este misterio al lector, les basta organizar diversos materiales procedentes de los medios de comunicación de masas de modo que la violencia del sistema capitalista se muestre claramente. Como nosotros no somos críticos literararios (es decir, burgueses) no tenemos inconveniente en afirmar que ese es todo el mérito que posee este libro, que no es poco: el de haber seleccionado una serie de recortes de prensa y servírselos en disposición de guerra al léctor.  La vida de la familia real, los despidos masivos, los motines en las cárceles, los presuntos crímines pasionales, las declaraciones políticas... todo ello engrasado por una escalofriante escalada de beneficios empresariales y una cínica guía sobre cómo despedir a un empleado constituyen los datos del delito.

Todos nosotros formamos, en cada segundo, parte del cuerpo de este delito. Por ello, porque vivimos en este sistema demencial, "El año que tampoco hicimos la revolución" es un relato valiosísimo de nuestra debilidad y de nuestra apatía sucida. Aunque, sobre todo frente a tanta estupidez literaria, este libro resulta un texto necesario, como todo libro tiene sus limitaciones. Una de ella es que nos ofrece los datos de nuestra derrota, pero renuncia a dar una explicación sólida sobre sus causas (y por tanto, sobre nuestra posibilidades de superarla). Se nos ocurre, a bote pronto, que una forma de superar estas insuficiencias es considerar "El año que tampoco hicimos la revolución" como un catálogo de ilustraciones a, por ejemplo, El Capital.  ¿Qué no comprende Vd. la esclavitud moderna de la ley del valor? Pues nada, abandona por un momento la lectura de Marx y lee cualquiera de las páginas de "El año que tampoco hicimos la revolución". Esta lectura híbrida sería especialmente interesante ahora. Resulta que la narración de este libro se desarrolla durante los primeros años del 2000, en plena orgía de beneficios empresariales. Ahora, en 2009, inmersos en plena crisis, es bueno recordar aquellos momentos, para no olvidar que lo que pretenden vendernos como una crisis financiera, lo es de sobreproducción y que, en fin, de aquellos polvos aquestos lodos (y los que se nos vienen encima).

 
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